guerra triple alianza contra paraguay 1865
ACABO DE VER LA SEGUNDA TEMPORADA DE ALGO HABRAN HECHO(POR TERCERA VEZ) Y DEBO CONFESAR QUE SE ME PIANTO UN LAGRIMON, SOBRETODO, EN LA MUERTE DE SOLANO LOPEZ HIJO.NO ME VOY A PRIVAR DE MI OPINION, QUE HIJOS DE PUTA QUE FUIMOS, QUE INDIGNACION!!!!
EL DESTINO DE PERSONAJES COMO SOLANOLOPEZ,BELGRANO,MORENO,ALEM,ILLIA,CASTELLI,
ALBERDI,ETCHEVERRIA... HAY TANTOS... DESPUES LE HECHAMOS LA CULPA A LO QUE NO HICIERON NADA...
ME QUEDO CON UNA FRASE DE PERGOLLINI
"QUE ARGENTINA LA HISTORIA ARGENTINA"
SEÑORES...
LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA CONTRA EL PARAGUAY:
INTRODUCCION
El presente trabajo constituye un esfuerzo sistemático por abarcar en una obra de conjunto los complejos y múltiples factores que, de modo mediato e inmediato han concurrido a precipitar la Guerra de la Triple Alianza. El suceso de los acontecimientos se relata de la misma forma en cualquiera de los libros que han sido investigado pero la interpretación que se le da a estos acontecimientos varía de acuerdo a los distintos autores, así también varían las visiones de éstos hacia los protagonistas de los hechos y sus objetivos.
Por medio del análisis, el estudio, la comparación de las distintas versiones de los hechos presentados por los diferentes autores; cada uno puede imaginarse lo que realmente sucedió y lo que hasta hoy no puede ser contestado: ¿Por qué?, ¿Cuál fue el verdadero motivo que empujó al Mariscal López a esta trágica guerra cuya consecuencia fue la devastación de toda una nación?.
No pretendemos hallar culpables, el único fin de este estudio es profundizar nuestro conocimiento acerca de las causas posibles de la Guerra de la Triple Alianza, y todo lo que a ella se refiere, se da gran importancia a los antecedentes de ésta ya que estamos buscando una clave que nos explique o nos haga concordar ciertos aspectos en los que difieren los diferentes autores. Tratando de explicar estas posibles causas, nuestra investigación sobre la guerra en todo momento trata de penetrar y encontrar dentro de la forma de ser y de pensar del Mariscal Francisco Solano López la respuesta a tantas incógnitas, no es su vida lo que nos interesa, sólo aquella parte que se relaciona con los antecedentes y el desarrollo de esta guerra que para muchos fue inmotivada, o podía ser evitada; ya que como consecuencia de ésta fuimos condenados a la pobreza y el atraso.
También buscamos exponer ciertos datos que durante muchos años fueron errados, o en algunos casos desconocidos acerca de la guerra, y que varían según los diferentes textos estudiados.
FRANCISCO SOLANO LOPEZ
Desde la óptica de Juan Crisóstomo Centurión, contemporáneo de López; en su libro "Memorias o reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay", testigo y protagonista de los acontecimientos de la época podemos concluir que este nunca pudo superar la acentuada ambivalencia que sentía hacia la figura del Mcal Francisco Solano López a quien vio como encarnación del sacrificio supremo que toda patria pide a sus hijos y también anoto con amargura rasgos despóticos, mezquinos y una idea exagerada de su propio rol como líder del estado. Su educación Europea le había permitido a Centurión armarse de una visión critica de las cosas que lo empujo a estudiar a fondo las causas de la guerra y las circunstancias que rodearon las primeras decisiones bélicas del Gral. López. A estas Centurión las encuentra francamente deplorables. López no estaba en condiciones de llevar adelante una guerra ofensiva. Los recursos humanos y logísticos de su atrasado país no lo permitirían. Y por si todo fuera poco , el sistema personalista y excesivamente centralizado del mando político-militar, no podía augurarle halagos al futuro guerrero paraguayo. La sucesión desconcertante de errores paraguayos en el primer año de la contienda, en la que la falta de preparación militar del Brasil y la Argentina le permitió a López una cierta iniciativa, iba del campo diplomático al estrictamente militar con las expediciones a Uruguayana bajos jefes que en realidad tenían jerarquía y mandos subalternos de facto, configuraba la hora mas negra de la conducción paraguaya de la guerra. De un zarpazo, en una operación sin sentido ni objetivo realizable, López pierde todo un ejercito. Por su capacidad económica y demográfica suponiendo que en Uruguayana se venciese a los ejércitos argentino y brasileño, estos piases fácilmente podían armar y entrenar varios mas. Un gobernante sin diplomáticos ni diplomacia, que apenas se manejaba con "agentes confidenciales personales" en lugar de diplomáticos residentes profesionales, no podía abrigar la esperanza de comprender muy a fondo las realidades políticas del mundo exterior. Anteriormente, el Gral. López había cometido el error de mediar en el Pacto de San José de Flores, entre la Provincia de Buenos Aires y la Confederación de Provincias del Exterior. Con la ayuda de López la Argentina intenta unificarse bajo la hegemonía porteña. Si la guerra, como afirman los apologistas de López, era inevitable, ?que hacia el comandante de nuestro ejercito en un rol protagónico unificando a su futuro enemigo?. Centurión, que tuvo activa participación en la campaña que ocupara el puerto de Corrientes por poco tiempo, se siente desolado al examinar los primeros pasos bélicos de López y prácticamente condena cada paso tomado por el Mcal. incluyendo los severos castigos en el terreno de la derrota. Centurión en él consigna todo lo que a su criterio era repudiable y reprensible en el comportamiento de Mariscal-Presidente y en el sistema que lo encumbro y mantuvo en el poder. A las penurias psicológicas pronto seguirían sufrimientos físicos, "el que por cualquier motivo no estaba mas en la gracia y en el buen concepto del Mariscal, vivía aislado: todo el mundo le huía, lo miraban de reojo y le despreciaba". Una muestra de compasión cualquiera hacia el ciado en desgracia era tomada por el Mariscal como causa con el reo y las declaraciones eran torrenciales, "El delator era tenido por el mas leal y adicto ciudadano, y de consiguiente premiado con demostraciones de aprecio y consideración". El Mariscal López, cuyo egoísmo y desconfianza no tenían limites, observaba la mas rigurosa reserva en todas sus determinaciones y cuando tenia el buen humor de hacerlas saber, no era nunca en busca de nuevas luces o de mejor parecer (puesto que él estaba en la firma creencia que ningún otro en el país era capaz de concebir mejores ideas que las suyas), sino mas bien para tener la satisfacción de escuchar los elogios y lisonjas que le hacían los aduladores que le rodeaban. La megaloma Lopizta parecía no tener limites: "Las columnas de los periódicos salían llenas de artículos insulsos y fastidiosos que casi no tenia otra coma que alabanzas a su persona, advirtiendo que no se publicaba una línea sin la previa censura de él".
Nada de lo que afirma Centurión sobre el sistema Lopizta puede ser desmentido categóricamente y distintos testigos presenciales corroboraron sus afirmaciones, algunos incluso con mayor rigor que el de Centurión en cuanto a condena. Es que el periodo cubierto por el volumen es el de mayores desaciertos y escasisimas hazañas. No se sabia nada aun del Tratado Secreto de la Triple Alianza, el mas eficaz de los instrumentos de propaganda de la causa de López, ni los aliados habían aun comenzado su campaña de crímenes de guerra que incluía la decapitación de oficiales y tropas una vez rendidas en el campo de batalla. En comparación a tales monstruosidades hasta López y sus crueldades contra sus propia gente parecía inocuo. Asentada la condena de la figura de López, sin embargo, Centurión también encuentra en él características de humanidad y heroísmo. Y así se alimentara la eterna dialéctica paraguaya con relación a López y se acentuara la ambivalencia que hoy ya no es solamente de Centurión, Fidel Maíz y otros que vivieron y combatieron bajo su mando, sino que es compartida por toda la ciudadanía , a excepción de aquellos que por motivos políticos o personales se esmeran en presentarlos como una caricatura grotesca de maldad insuperable o como un compendio inmejorables de virtudes cívicas. No existe aun en idioma alguno una biografía definitiva de López y posiblemente no haya nunca, a pesar de su importancia clave, dado que en la América Hispánica la historia de las naciones inventada por su clase dirigente es generalmente la biografía de sus gobernantes. La propia Primera República Paraguaya de los dictadores que duro entre 1813 y 1869 no tiene otra historia que el recuento de las existencias de sus absolutistas gobernantes. El problema de López, que surge al intentar estudiarlo como sujeto de una biografía no es simple, su verdadera motivación al desencadenar la terrible guerra permanece en el misterio, pues si bien se tiene amplio material fragmentario, el rompecabezas que emerge carece de al mismo tiempo de algunas piezas y en ciertos aspectos las originales sobran. En él hay una mezcla inédita para el Paraguay de excesivo orgullo y sed de gloria militar con la incapacidad de discernir la carencia real de medios. se siente defensor de su "causa americana" que ni existía entonces ni aun hoy. Francisco Solano López, quien se lanzo a una guerra de exterminio en nombre de un "equilibrio de poderes regionales" que no podía existir sino en su mente, cuyo contenido total, como bien nos documenta Centurión , recibía constantes y calurosos aplausos del siempre numerosos de adulones y cortesanos. Y así, cuando a punto se esta de envolver a toda la figura de López en un manto de condena, aparecen los asientos de la otra columna contable. Su egoísmo de otrora, en medio de la contienda se convierte en sus supremos altruismo, pues conocedor que el futuro solo le depara sacrificio, no rehuye sino; es mas, hasta lo desencadena. Y este acto de desprendimiento, que siempre bordea lo grotesco, pues innecesariamente hace fusilar a sus familiares mas íntimos, creyéndose el paladín de una justicia veramente "ciega", aunque en esos actos solo logre demostrar una arbitrariedad desmedida y una crueldad inusitada, le sirve a López de expiación ante propios y extraños. Era un caso donde en el propio pecado se hallaba gran parte de la penitencia y la absolución por la horrible pertinacia del protagonista. A pesar de haberse inmolado en el desenlace de la guerra que él iniciara y de haber conducido a su país a la ruina, López fue el "ganador moral" de la misma mucho antes de que los cronistas deportivos acuñaran la frase. La contienda apenas sirvió para exacerbar las terribles limitaciones en todo orden dentro de los emergentes estados-naciones de la América del Sur. El académico norteamericano Harris G. Warren confeso, que un siglo de estudios científicos había sido incapaz de mejorar las conclusiones sobre la guerra y López aparecidas en el respetado periódico porteño en lengua inglesa The Standard a escasos nueve días de la muerte del Mariscal Presidente.
"Si la vanidad y la ambición provocaron la guerra que ha concluido en el Aquidabán, la imbecilidad y la intriga la habían prolongado... La victoria ha sido adquirida a un precio tan elevado y ella sugiere reflexiones que en cierta medida roba a la victoria su gloria y a la derrota su humillación.
El extraño que intente estudiar esta guerra memorable a pesar de todas las atrocidades acumuladas a las puertas de López encontrara mas difícil admirar la brillante táctica de los aliados que la inmutable tenacidad de Solano López... En consideración a este punto, que ahora con calma podemos examinar con imparcialidad, pero no con indiferencia, una dificultad surge - aquella de dilucidar con precisión el objetivo de López al invitar - una lucha que significo su propia destrucción y la de su país. Algunos escritores políticos urgen persuadir que era apenas el resultado de la vanidad y la ambición personal, pero parece luego de un análisis mas intimo del estado de las cosas al romperse las hostilidades, que López fue menos la víctima de su concupiscencia de conquista que de las circunstancias de entonces que él permitió lo llevaran a la vorágine final".
Una vez iniciada las batallas, las cavilaciones concluyeron y los paraguayos liderados por López se aprestaron a defenderse contra el "invasor". Pronto se olvido que fue López quien la causara y este encuentra su reivindicación ( realmente valida solo a medias ) en la publicación del Tratado Secreto de la Triple Alianza, firmado el 1º de mayo de 1865 posterior a las declaraciones de guerra de López al Brasil y a la Argentina e incluso algunas incursiones militares a territorios de esos piases.
Desde su acceso al poder, a la edad de 36 años, López fue tallándose posiciones limites para si mismo y se embarco en el reparto de ultimátums hasta que, como si la cosa mas natural del mundo, tenia en su mano una guerra de exterminio cuyo resultado fue fiel a su denominación. Antes de cumplir sus 44 años, López, ejecutor de su propio slogan, no habiendo podido vencer, había muerto de modo prometido en sus arranques de patriotismo. Ninguno de los muchos que alegan tenerlo como paradigma de comportamiento ha sido capaz de emularlo hasta la fecha.
SEMBLANZA DE SU PERSONALIDAD
Efraim Cardozo en su libro: "Apuntes de Historia Cultural del Paraguay", nos dice ... Solano López poseía una personalidad poco común. Era, sin disputa, el hombre mas ilustrado del Paraguay y también el mas experimentado en las cuestiones de Estado. Se debe también al Padre Fidel Maíz, que mucho lo conoció, la siguiente semblanza: "Todos los que han tenido que tratar y escuchar a López no podrán menos que confesar que poseía una vasta preparación en todo genero de conocimientos. Sus correspondencias y notas diplomáticas prueban que era capaz de desempeñarse con habilidad y altura, sin que haya tenido ningún consejero superior a su talla. Poseía una gran facilidad de expresar sus pensamientos por escrito, y todavía mas, para producirlos a la voz, y entonces, con elocuencia casi conmovedora, en ocasiones arrobadora, arrastrada a sus oyentes. Esto principalmente en su arengas militares, sea que hablase en castellano, sea que lo hiciese en guaraní, idioma que mucho estimaba, hablándolo con especial agrado y hasta con elegancia... De modales cultos, jamas se lo oyó proferir palabras groseras o epítetos injuriosos; de animo siempre reposado, dominaba en el, el estoicismo, aun en medio de los mas inesperados contrastes y en presencia de las mas funestas decepciones y fracasos por los que tuvo que pasar fatalmente. Hombre de rara firmeza en sus resoluciones, sin vacilar entre obstáculo alguno, obraba con decisión, afrontando hasta lo imposible. Apremiado en tales transes, su expresión favorita era esta: "La copa esta servida... es preciso beberla!".
IDEOLOGIA POLITICA DEL NUEVO PRESIDENTE
A Solano López no se le escapo que el pueblo anhelaba la reforma constitucional y que ella le hubiera reportado prestigio dentro y fuera del país. Confeso, años después, a Juan Centurión, según este en su libro: "Yo pudiera haber sido el hombre mas popular, no solo en el Paraguay, sino tal vez en toda la América del Sur. Para llegar a serlo nada mas hubiera sido mas fácil que promulgar una Constitución. Pero yo no lo he querido porque no deseo la desgracia en mi patria. Cuando leo las Constituciones de los piases vecinos, me quedo extasiado al contemplar tanta belleza, pero cuando del papel vuelvo la vista hacia la practica, me quedo horrorizado". Pensaba como Francia y como su padre en 1854, sin haber acompañado a este en su evolución posterior. Consideraba que cada país tiene "su peculiar modo de ser o de marchar", y que el orden publico y la tranquilidad reposaba en el Paraguay sobre "los hábitos de su misión y respeto a la autoridad", según explico en una carta a Moreira de Castro. Proveniente de las filas del ejercito, su creación y orgullo principal, veía en él - según lo expreso en su Proclama inaugural - "el ejemplo practico de la subordinación y fiel observancia de las leyes y el sostén de nuestros sagrados derechos". En ese mismo documento manifestó: " Es posible que ningún país alcance su felicidad sin que le animen sentimientos de justicia, orden y moralidad. Paz, unión, concordia, son los fundamentos mas sólidos de nuestro porvenir y engrandecimiento. Al abrigo de esos sanos principios cultivara nuestra patria el árbol de la libertad, y ajenos a la ardua discusión de los principios abstractos de la política agrupémonos frente a su altar para trabajar por el bienestar general".
GOBIERNO
TENTATIVA DE REFORMA POLITICA
Pronto el país advirtió que no se admitiría ningún genero de reformas ni siquiera que se las propusiera. El Rector del Seminario, Padre Fidel Maíz, nos cuenta Efraim Cardozo en su libro " Apuntes de Historia Cultural de la Sociedad", encabezo un movimiento para mejoras las instituciones políticas. El docto sacerdote y otros ciudadanos fueron a para a la cárcel, acusados de promover una "revolución social, moral y política", que con la base y palanca del clero, debía obrar "sobre el bello sexo, las masas sencillas de la población, sobre las autoridades de la campaña y del Ejercito y luego refluir sobre las altas clases de la sociedad", según denuncio "El Seminario". Muchos años el Padre Maíz explico los sucesos: "Yo conocía bien a fondo el carácter del general López, y el poder omnímodo que iba a embestirse al ser electo Presidente de la República; y por eso mismo deseaba una Constitución que le quitara las facultades absolutas y pusiera frenos a las posibles arbitrariedades. Conocía también como había sido mimado desde la mas temprana edad: acotó también que cuando apenas tenia 15 años, cuando ya Coronel organizo la guardia nacional, y de 17 años, cuando accedió a General de Brigada, Comandante en jefe del ejercito paraguayo en operaciones fuera del país; en seguida Ministro de Guerra y Marina... Aquel joven militar, mandatario supremo de la edad, con la conciencia de su dignidad y el mayor celo del orden publico, mal podría transigir con ideas alguna que pudiera traducirse, pero ni lejanamente, en una oposición a su persona, mucho menos al sistema establecido de gobierno. Y en tal sentido fue tomando cabalmente su deseo de hacer una nueva Constitución que estableciera la independencia de los tres poderes, el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial".
ANTECEDENTES DE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA
EL PARAGUAY Y SUS VECINOS
Según el testimonio del ministro americano acreditado en Asunción, el Señor Charles Ames Washburn en su libro: "Historia del Paraguay con Notas de Observaciones Personales y Reminiscencias de la Diplomacia en Dificultades", se describe a Francisco Solano López como desafiando a muerte a Brasil, Argentina y Uruguay, que se unieron en legítima defensa contra el demente que, a semejanza del viejo de la montaña, el primer "asesino", aterrorizó a su propio pueblo para reducirlo a la sumisión abyecta, y luego lo explotó en una expedición depredadora contra sus vecinos.
El hecho patente de que la figura de Francisco Solano López se destaque heroicamente a través de las fugaces llamaradas de la incomparable resistencia opuestas por el Paraguay a las fuerzas abrumadoras de la Triple Alianza, a prestado color a esta manera de ver la gran lucha. Apenas se necesita decir que, como todas las interpretaciones puramente personales de la historia, ésta no puede resistirse a la prueba de un examen cuidadoso.
Los orígenes de la guerra del Paraguay arrancan del crecimiento y constitución de la Argentina y el Brasil, dos estados que van ahora en rápida ascensión hacia el nivel de las grandes potencias. Puede considerarse dicha guerra como un episodio de la constitución de la nacionalidad argentina, o puede considerársela como una fase del desenvolvimiento económico del Brasil, lo cierto es que se trata de un suceso inmensamente significativo para la historia de las tierras situadas al este de los Andes y al sur del Amazonas.
LA DOCTRINA DEL EQUILIBRIO
Solano López introdujo innovaciones fundamentales en la política exterior. Hasta entonces el Paraguay se había cuidado de participar en los asuntos del Río de la Plata, fiel a la doctrina de la no intervención. En el concepto del nuevo gobernante, había llegado el momento de abandonar esa táctica en cuanto los conflictos afectaran los intereses fundamentales del Paraguay, sobre todo la conservación de su independencia. Ésta dependía en gran parte al equilibrio de fuerzas entre los dos poderosos vecinos, el Imperio del Brasil y la República Argentina. Si ese equilibrio se rompía en favor de uno de esos países o si los dos se ponían de acuerdo, la independencia paraguaya estaría en mortal peligro. En consecuencia el gobierno del Paraguay proclamó como norte de su política exterior el mantenimiento del equilibrio en el Río de la Plata y su propósito de impedir cualquier atentado contra el mismo. La ocasión de hacer valer la nueva doctrina se presentó, cuando, con motivo de un movimiento armado iniciado en el Uruguay en 1863, intervinieron primero los argentinos y luego los brasileños en apoyo de los revolucionarios y el gobierno de Montevideo les atribuyó propósitos contrarios a la independencia uruguaya. López invocó como base de su protesta el mantenimiento de dicho equilibrio político del Río de la Plata, por lo que fue vivamente ridiculizado por los "aliados" ( históricamente no se había hablado de ninguna alianza) llamándolo "equilibrista", ninguno que estudie desapasionadamente los acontecimientos políticos que más de una vez han agitado a las Repúblicas del Plata, podrá negar que allí existe una cuestión de equilibrio político. El gobierno de Asunción, por la voz del ministro de Relaciones Exteriores José Berges declaró, que de ninguna manera consistiría el avasallamiento de la autonomía uruguaya pues consideraría violatorio del equilibrio del Río de la Plata y amenazante para la independencia del Paraguay.
CUESTIÓN DE LÍMITES CON LOS PAÍSES VECINOS
En el año 1862 vencían los plazos de 6 años fijados por los tratados Berghes-Paranhos con el Brasil y Vásquez-Guido con la Argentina. No se había podido llegar a un acuerdo definitivo sobre la cuestión de los límites con ambos países y el entredicho se agrava mediante el transcurrir del tiempo. Algunos hablaban desembozadamente de una guerra como el único medio e salir del punto muerto en que se encontraban las negociaciones.
Los brasileños fundaron las colonias de Dorados y Miranda en la margen derecha del Río Apa. Esta zona estaba neutralizada por el tratado de 1856.
En el Río de la Plata los acontecimientos se precipitaban rápida y peligrosamente para el Paraguay, obedeciendo a combinaciones de intereses políticos en pugna en ambas orillas. Los paraguayos exiliados residentes en Bs. As. alentaban las pretensiones porteñistas
como un medio de apoderarse del poder en su patria, aún a costa de los grandes sacrificios que ineludiblemente acarrea una guerra.
LA OPINIÓN PÚBLICA
El deterioro de la situación del Río de la Plata, en coincidencia con el fenecimiento de los plazos para la solución de las graves cuestiones de límites con el Brasil y la Argentina llevó a una crisis grave en la que la República jugaba su destino. El país no fue informado de la situación sino ya al borde de la guerra. No hubo ocasión de debatir los problemas, pues no existía prensa, tribuna, ni parlamento donde la discusión fuera posible. El pueblo debía atenerse a la palabra oficial. Dentro del régimen estatal, todo pendía del juicio y la decisión del presidente. No cabía controvertir opiniones, ni escuchar consejos, ni analizar los motivos sobre los cuales estaba actuando el gobierno. A nadie le estaba permitido el menor reparo. Tampoco había el modo de investigar si el Paraguay se hallaba en condiciones de afrontar un conflicto bélico. Era evidente que, pese a la cuantía bélica del ejército, sus armas eran anacrónicas, la marina de guerra prácticamente no existía, se carecían de jefes y oficiales en número suficiente y no estaban organizados los grandes servicios de estado mayor y de administración militar. Pero nadie podía señalar las deficiencias ni los errores que se pudieran cometer en la conducción diplomática. No obstante el pueblo en masa acompañó a López en su política. Intuía que estaba en juego su suerte y que nuevamente era llamado a los cuarteles para defender la sagrada causa de la independencia nacional. Se confiaba plenamente en el patriotismo y la clarividencia del gobernante.
Aparte de las razones patrióticas, motivos psicológicos poderosos guiaron los pasos del Mariscal López al rectificar los rumbos de la tradicional diplomacia paraguaya. Tenía en alto grado el concepto de decoro y de la dignidad nacional. Era como un personaje de Calderón, que ponía al honor por encima de todos los valores. A su juicio, el honor nacional iba a ser menoscabado si se seguía aceptando la prescindencia del Paraguay en los asuntos del Río de la Plata, que podría afectar más o menos directamente, sus más caros derechos. En su discurso al pueblo el 16 de setiembre de 1864 dijo: " Será ciertamente doloroso interrumpir la larga paz con que el Paraguay ha conseguido enriquecerse y progresar; pero cuando esa paz, en lugar de proporcionarnos las ventajas que hasta ahora, se convierte en un silencio culpable, y en una prescindencia degradante ".
GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA
ALGUNOS DATOS SOBRE EL EJÉRCITO
¿De donde viene el mito de los ochenta mil hombres, atribuidos al ejército paraguayo en el momento de comenzar las hostilidades?. De considerar como parte de ese efectivo, a los urbanos, que carecían de preparación militar adecuada, y a los jefes y oficiales en situación de retiro, en su mayor parte ancianos que sirvieron bajo la dictadura de Francia y en los primeros tiempos de la presidencia de Carlos A. López. El documento siguiente mal interpretado es el origen de dicha fábula:
" Resumen del estado que manifiesta la milicia efectiva de las villas y partidos de todo el territorio de la República, en el mes de enero de 1863.
- Servicio activo: Jefes, 22; Oficiales, 373; Tropa, 12945.
- Retirados: Jefes, 3; Oficiales, 255; Tropa, 16482.
- Urbanos: Oficiales, 109; Tropa, 43846.
- Total: Jefes, 25; Oficiales, 737; Tropa, 73273.
¿Y con qué armas contaba el Paraguay al iniciarse la contienda?. Con muy pocas, y casi todas anticuadas. La resistencia paraguaya pudo prolongarse, pese al bloqueo, gracias a estos factores:
La rígida y eficacísima organización del país, que se debe al genio fértil y voluntarioso del Mcal. López.
La obra inmensa cumplida por los arsenales y las fundiciones de hierro con los que contaba la nación.
A algunas partidas de armas modernas que fueron introducidas al comienzo de las hostilidades.
Los botines tomados al enemigo, que nutrieron muchas veces los parques paraguayos.
ASPECTOS ECONÓMICOS
La Guerra de la Triple Alianza fue una de esas empresas en la que todos los socios terminan en la ruina arrastrando consigo a la competencia. Ostensiblemente, sin embargo sólo el Paraguay terminó derrotado en ella. Y eso es incuestionable; es el episodio más traumático de toda su historia, fuente inagotable de mitología, hagiografía y propaganda populista de izquierda, derecha y centro. Los presuntos victoriosos de la contienda, Argentina y Brasil - el Uruguay fue siempre un socio menor que se limitó a enterrar sus muertos luego de las batallas sin recibir siquiera parte de los dudosos " premios " - hicieron descomunal sacrificio en la búsqueda de un objetivo elusivo que se dibujaba progresivamente y que al final resultó nimio, pues de la guerra no lograron algo inasequible por medios racionales. Para apropiarse de los territorios disputados por el Imperio no hubo necesidad alguna de embarcarse en una aventura bélica para la que nadie estaba preparado, pues el arte de la guerra de conquistas es un bien desconocido en la América Latina. Además, el valor real de los territorios así conquistados por las armas imperiales era muy inferior al costo total de la deuda externa, desequilibrio social, muertos y continuo subdesarrollo. Se quedaron los brasileños dueños de las inmensidades amazónicas, con miles de hectáreas de bosque virgen, omitiendo apropiarse de lo único que quizás hubiese justificado el esfuerzo - aunque anacrónicamente -, los Saltos del Guaira. Todo el drama actual de la deuda impaga e impagable de los brasileños a la Banca Internacional nació con la Guerra Grande condenándose así el país a ser un gigante, en potencia muy rico, pero realmente mendigo. La Guerra, iniciada por el exceso de romanticismo ensoñativo de Francisco Solano López, pero continuada por la tozudez irracional del Emperador Pedro II, terminó devorando a éste y a toda la estructura política cuyo eje era su propia persona. Terminadas las batallas, el Paraguay seguía siendo bravoso al Brasil, pues su ejército de ocupación hacía sangría de recursos, recibiendo a cambio el Imperio el dudoso honor de ser árbitro final de la siempre despelotada política paraguaya. Y aún con ese ejército, en el momento de tener que recibir sanción parlamentaria paraguaya el tratado Loizaga-Cotegipe, que concluía la Guerra y afirmaba la paz, los brasileños tuvieron que desembolsar oro a fin de obtener la aquiescencia guaraní. El Paraguay era en el siglo XIX un barril sin fondo para las finanzas brasileñas, le costó dinero al Brasil hacer la Guerra, le costó dinero lograr la paz y le costó dinero mantener las ambiciones argentinas a buen recaudo. A cambio de eso, el Imperio se contentó con unos kilómetros cuadrados de selva virgen. Obviamente, la reputación de habilidad y astucia con que muchos se empeñaban en revestir a la diplomacia luso-brasileña no fue ganada en el Paraguay el siglo pasado. El Paraguay fue un dolor de cabeza para el Brasil durante López; y después de López todo siguió igual.
La Argentina ni siquiera logró la extensión de territorio que codiciaba, por obra y gracia de su "aliado" el Brasil; y su economía, floreciente mientras la guerra devoraba productos, cae en una profunda depresión al finalizar ella, y no se recupera hasta el influjo masivo de inmigración europea que la convierte en potencia económica mundial. Esa era la Argentina proyectada por Bartolomé Mitre, el estadista más claro y exitoso de toda la historia rioplatense. De todos los contendientes, Mitre fue el único que tenía una meta clara, la unión y el fortalecimiento del estado argentino bajo el liderazgo económico e intelectual del puerto de Buenos Aires. Por medio siglo a partir de 1870, la argentina "mitrista" obtiene un grado de desarrollo económico similar al de los más avanzados países europeos y es capaz de competir ventajosamente con los propios Estados Unidos de América en la captación de inmigrantes europeos productivos. Desde la década del 30 del presente siglo se hicieron cargo de la conducción política argentina unos militares "nacionalistas" que en medio siglo lograron borrar el desarrollo económico y convirtieron al país en uno de los líderes mundiales del endeudamiento externo. Así, Mitre, acusado de "vender el país a los ingleses", realmente lo había convertido en aventajada potencia económica mundial y, muy irónicamente los nacionalistas con el ejército a la cabeza, que decían buscar independizar el país económicamente, lo convierten en deudores dependientes de la voluntad de los acreedores. La historia de Latinoamérica está plagada de éstas contradicciones.
POST-GUERRA
ESTADO DEL PARAGUAY
En la guerra de la Triple Alianza poco faltó para que el Paraguay quedara exterminado totalmente. La población, que superaba los 1 300 000 habitantes antes de la conflagración, quedó reducida a apenas 200 000 habitantes de los cuales aproximadamente el 10% eran hombres en su mayoría niños, ancianos y extranjeros.
La industria y el comercio sufrieron un rudo golpe. Los templos y casas particulares fueron saqueados cargándose el fruto de la rapiña en los barcos brasileños y argentinos surtos en el puerto de Asunción.
En estas condiciones las mujeres debieron empuñar el arado para arrancar a la tierra el sustento para sus hijos.
Los primeros hombres que se reintegraron a la patria de la post-guerra, fueron los excombatientes que escaparon con vida de la contienda bélica, los que durante el conflicto permanecieron en el extranjero o vinieron con los aliados perteneciendo a la Legión Paraguaya y los que estaban estudiando becados en Europa al iniciarse la guerra y no pudieron entrar al país por esta causa.
La guerra devastó el Paraguay en una medida desconocida en los tiempos modernos. De la nación floreciente de la época de los López sólo restaron ruinas y escasos sobrevivientes. Destruida la riqueza pública y privada, desaparecidos los organismos jurídicos y culturales, reducida la población a su mínima expresión, todo había que hacer nacer de nuevo. La inmensa desgracia paraguaya despertó la compasión mundial, pero ésta no se tradujo en ningún socorro al infortunio. El pueblo paraguayo quedó entregado a sus propias y decaídas fuerzas, y para peor los vencedores le abrumaron con una fabulosa deuda de guerra superior a la que Alemania impuso a Francia después de la guerra de 1870. La parte más dura de la gigantesca empresa de resucitar a la patria recayó sobre las mujeres; se hicieron agricultoras, comerciantes, industriales, y crearon un género de sociedad poligámica, revivencia forzada de las costumbres del siglo XVI, que permitió al Paraguay reponer rápidamente sus pérdidas demográficas. En esta nueva etapa, la ocupación principal de los hombres fue la política, que absorbió gran parte de sus actividades, aunque también dedicaron energías a la reconstrucción económica y a la reorganización cultural, con no escasos frutos.
CONSECUENCIAS DEMOGRÁFICAS SOCIALES DE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA
Las consecuencias demográficas y sociales de la Guerra de la Triple Alianza basadas en un estudio realizado por la historiadora norteamericana Bárbara Ganson de Rivas en su libro nos dice que la Guerra de la Triple Alianza fue costosa y sangrienta para todos los combatientes, especialmente para el Paraguay que perdió más de la mitad de la población. Para 1870 el Paraguay fue una tierra de mujeres, niños e inválidos; un país sin hogar y en desesperación.
Durante mucho tiempo ha predominado un desconocimiento respecto de las consecuencias demográficas y sociales de la Guerra de la Triple Alianza en el Paraguay. Muchos historiadores han hecho suposiciones, presentando cifras muy elevadas, provenientes de las estimaciones hechas por los viajeros extranjeros que publicaron sus memorias de la guerra y que es muy dudable puedan tener mucha exactitud, por lo tanto para medir los efectos demográficos y sociales de la guerra, la única fuente histórica que tenemos es el censo de 1886, el primero de post-guerra, concluido durante la presidencia del Gral. Patricio Escobar bajo la dirección de la Oficina General de Estadísticas. Por otra parte, hay un censo de 1846 hecho durante la época de Don Carlos que es muy interesante y sirve para comparar con este primero de post-guerra.
El censo de 1846 es el único hecho después de la independencia. De acuerdo con éste, había 238.862 habitantes en el Paraguay. Es probable que los difíciles accesos a los puntos más distantes del país haya hecho que estas estadísticas no reflejen con exactitud la cantidad total de habitantes del Paraguay. Surge evidente en el censo de 1886 que habían tres paraguayas mayores de 30 años por cada varón, más no la proporción de diez a uno, como han afirmado algunos historiadores. Ese desequilibrio entre los sexos de todos modos, constituye un hecho sin precedente en la historia latinoamericana, y debe haber reforzado el rol central de la mujer en la familia paraguaya, creándose así, de hecho, una sociedad de tipo marcadamente matriarcal, que hasta hoy es distintivo en el Paraguay.
Los pocos extranjeros que llegaron en el Paraguay, en las décadas de post-guerra, casi todos se casaron con paraguayas. La gran mayoría de los inmigrantes eran hombres de 20 a 40 años de edad. Debido a la guerra y a los pocos casamientos, el número de hijos naturales creció en relación a la población total.
A pesar de los cambios demográficos producidos por la guerra y los grandes sacrificios de la mujer paraguaya, durante la misma hubo pocos cambios en su posición o status en la vida paraguaya de la post-guerra. Las campesinas conservaron su rol predominante en la agricultura.
No se alteran las costumbre de antes, a pesar de la Guerra de la Triple Alianza. Las costumbres en el Paraguay eran comunes y extendidas a todos los estamentos sociales y había actuado como un nivelador nacional; a lo que se unía la gran solidaridad que las vicisitudes históricas habían creado. Las familias que llegaron a diferenciarse sin conformar un sistema aristocrático, reconocían razones para ello, en las tradiciones de los apellidos, en una mejor educación o cultivo de la inteligencia y sólo accesoriamente en causa de recursos económicos.
Así se fue constituyendo un grupo social que a través de la educación o de la moda, se apartaron de las viejas costumbres populares.
CONCLUSIÓN
Es suficiente una ojeada al terreno que hemos atravesado en esta investigación de los orígenes de la Guerra del Paraguay, para demostrar la inmensa complejidad de las fuerzas en juego. Lo que surge más claramente, es el hecho que la guerra germinó en la inestabilidad política y económica de los estados de Río de la Plata en este período de la historia sudamericana. Los factores inciertos y cambiantes fueron la Argentina, el Uruguay y en menor grado, el Brasil. En un país de trayectoria tan accidentada como el nuestro menester es admitir a Francisco Solano López como expresión acabada de una visión histórica anacrónica, pero no por eso extraña. Inaceptable también nos resulta la pintura paradigmática de su actuación realizada con exclusivos fines de acercarse o alejar a otros del poder político. López es un patrimonio a ser heredado sin reproches ni ditirambos. Incluso, ya para la contradictoria Latinoamérica resulta un abuso semántico tener villanos identificados por decreto ejecutivo o héroes impuestos por coacción políticas. López vive en el recuerdo y no debe su memoria migrar al campo de la vida cotidiana. SU ROL COMO SIMBOLO ES IMPERECEDERO, SU ACTUACION HISTORICA NO LO FUE.
Por último quisiera agregar que la Guerra de la Triple Alianza fue una de esas empresas en que todos los socios terminan en la ruina arrastrando consigo a la competencia. Ostensiblemente, sin embargo sólo el Paraguay terminó derrotado en ella. Y eso es cuestionable, es el episodio más traumático de toda su historia. Los presuntos victoriosos de la contienda, Argentina y Brasil - el Uruguay fue un socio siempre menor - hicieron descomunal sacrificio en la búsqueda de un objetivo elusivo que se dibujaba progresivamente y que al final resultó nimio, pues de la guerra no lograron algo inasequible por medios racionales.
Fuentes:
Texto:monografias.com
Imagenes:wikipedia.com
A PEDIDO DE robr_ninioska:
Las venas abiertas de América Latina
El hombre viajaba a mi lado, silencioso. Su perfil, nariz afilada, altos pómulos, se recortaba contra la fuerte luz del mediodía. Íbamos rumbo a Asunción, desde la frontera del sur, en un ómnibus para veinte personas que contenía, no sé cómo, cincuenta. Al cabo de unas horas, hicimos un alto. Nos sentamos en un patio abierto, a la sombra de un árbol de hojas carnosas. A nuestros ojos, se abría el brillo enceguecedor de la vasta, despoblada, intacta tierra roja: de horizonte a horizonte, nada perturba la transparencia del aire en Paraguay. Fumamos. Mi compañero, campesino de habla guaraní, enhebró algunas palabras tristes en castellano. «Los paraguayos somos pobres y pocos», me dijo. Me explicó que había bajado a Encarnación a buscar trabajo pero no había encontrado. Apenas si había podido reunir unos pesos para el pasaje de vuelta. Años atrás, de muchacho, había tentado fortuna en Buenos Aires y en el sur de Brasil. Ahora venía la cosecha del algodón y muchos braceros paraguayos marchaban, como todos los años, rumbo a tierras argentinas. «Pero yo ya tengo sesenta y tres años. Mi corazón ya no soporta las demasiadas gentes.»
Suman medio millón los paraguayos que han abandonado la patria, definitivamente, en los últimos veinte años. La miseria empuja al éxodo a los habitantes del país que era, hasta hace un siglo, el más avanzado de América del Sur. Paraguay tiene ahora una población que apenas duplica a la que por entonces tenía y es, con Bolivia, uno de los dos países sudamericanos más pobres y atrasados. Los paraguayos sufren la herencia de una guerra de exterminio que se incorporó a la historia de América Latina como su capítulo más infame. Se llamó la Guerra de la Triple Alianza. Brasil, Argentina y Uruguay tuvieron a su cargo el genocidio. No dejaron piedra sobre piedra, ni habitantes varones entre los escombros. Aunque Inglaterra no participó directamente en la horrorosa hazaña, fueron sus mercaderes, sus banqueros y sus industriales quienes resultaron beneficiados con el crimen de Paraguay. La invasión fue financiada, de principio a fin, por el Banco de Londres, la casa Baring Brothers y la banca Rothschild, en empréstitos con, intereses leoninos que hipotecaron la suerte de los países vencedores".
Hasta su destrucción, Paraguay se erguía como una excepción en América Latina: la única nación que el capital extranjero no había deformado. El largo gobierno de mano de hierro del dictador Gaspar Rodríguez de Francia (1814–1840) había incubado, en la matriz del aislamiento, un desarrollo económico autónomo y sostenido. El Estado, omnipotente, paternalista, ocupaba el lugar de una burguesía nacional que no existía, en la tarea de organizar la nación y orientar sus recursos y su destino. Francia se había apoyado en las masas campesinas para aplastar la oligarquía paraguaya y había, conquistado la paz interior tendiendo un estricto cordón sanitario frente a los restantes países del antiguo virreinato del Río de la Plata. Las expropiaciones, los destierros, las prisiones, las persecuciones y las multas no habían servido de instrumentos para la consolidación del dominio interno de los terratenientes y los comerciantes sino que, por el contrario, habían sido utilizados para su destrucción. No existían, ni nacerían más tarde, las libertades políticas y el derecho de oposición, pero en aquella etapa histórica sólo los nostálgicos de los privilegios perdidos sufrían la falta de democracia. No había grandes fortunas privadas cuando Francia murió, y Paraguay era el único país de América Latina que no tenía mendigos, hambrientos ni ladrones; los viajeros de la época encontraban allí un oasis de tranquilidad en medio de las demás comarcas convulsionadas por las guerras continuas. El agente norteamericano Hopkins informaba en 1845 a su gobierno que en Paraguay «no hay niño que no sepa leer y escribir...» Era también el único país que no vivía con la mirada clavada al otro lado del mar. El comercio exterior no constituía el eje de la vida nacional; la doctrina liberal, expresión ideológica de la articulación mundial de los mercados, carecía de respuestas para los desafíos que Paraguay, obligado a crecer hacia dentro por su aislamiento mediterráneo, se estaba planteando desde principios de siglo. El exterminio de la oligarquía hizo posible la concentración de los resortes económicos fundamentales en manos del Estado, para llevar adelante esta política autárquica de desarrollo dentro de fronteras.
Los posteriores gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano continuaron y vitalizaron la tarea. La economía estaba en pleno crecimiento. Cuando los invasores aparecieron en el horizonte, en 1865, Paraguay contaba con una línea de telégrafos, un ferrocarril y una buena cantidad de fábricas de materiales de construcción, tejidos, lienzos, ponchos, papel y tinta, loza y pólvora. Doscientos técnicos extranjeros, muy bien pagados por el Estado, prestaban su colaboración decisiva. Desde 1850, la fundición de Ibycui fabricaba cañones, morteros y balas de todos los calibres; en el arsenal de Asunción se producían cañones de bronce, obuses y balas. La siderurgia nacional, como todas las demás actividades económicas esenciales, estaba en manos del Estado. El país contaba con una flota mercante nacional, y habían sido construidos en el astillero de Asunción varios de los buques que ostentaban el pabellón paraguayo a lo largo del Paraná o a través del Atlántico y el Mediterráneo. El Estado virtualmente monopolizaba el comercio exterior: la yerba y el tabaco abastecían el consumo del sur del continente; las maderas valiosas se exportaban a Europa. La balanza comercial arrojaba un fuerte superávit. Paraguay tenía una moneda fuerte y estable, y disponía de suficiente riqueza para realizar enormes inversiones públicas sin recurrir al capital extranjero. El país no debía ni un centavo al exterior, pese a lo cual estaba en condiciones de mantener el mejor ejército de América del Sur, contratar técnicos ingleses que se ponían al servicio del país en lugar de poner al país a su servicio, y enviar a Europa a unos cuantos jóvenes universitarios paraguayos para perfeccionar sus estudios. El excedente económico generado por la producción agrícola no se derrochaba en el lujo estéril de una oligarquía inexistente, ni iba a parar a los bolsillos de los intermediarios, ni a las manos brujas de los prestamistas, ni al rubro ganancias que el Imperio británico nutría con los servicios de fletes y seguros. La esponja imperialista no absorbía la riqueza que el país producía. El 98 por ciento del territorio paraguayo era de propiedad pública: el Estado cedía a los campesinos la explotación de las parcelas a cambio de la obligación de poblarlas y cultivarlas en forma permanente y sin el derecho de venderlas. Había, además, sesenta y cuatro estancias de la patria, haciendas que el Estado administraba directamente. Las obras de riego, represas y canales, y los nuevos puentes y caminos contribuían en grado importante a la elevación de la productividad agrícola. Se rescató la tradición indígena de las dos cosechas anuales, que había sido abandonada por los conquistadores. El aliento vivo de las tradiciones jesuitas facilitaba, sin duda, todo este proceso creador.
El Estado paraguayo practicaba un celoso proteccionismo, muy reforzado en 1864, sobre la industria nacional y el mercado interno; los ríos interiores no estaban abiertos a las naves británicas que bombardeaban con manufacturas de Manchester y de Liverpool a todo el resto de América Latina. El comercio inglés no disimulaba su inquietud, no sólo porque resultaba invulnerable aquel último foco de resistencia nacional en el corazón del continente, sino también, y sobre todo, por la fuerza de ejemplo que la experiencia paraguaya irradiaba peligrosamente hacia los vecinos. El país más progresista de América Latina construía su futuro sin inversiones extranjeras, sin empréstitos de la banca inglesa y sin las bendiciones del comercio libre.
Pero a medida que Paraguay iba avanzando en este proceso, se hacía más aguda su necesidad de romper la reclusión. El desarrollo industrial requería contactos más intensos y directos con el mercado internacional y las fuentes de la técnica avanzada. Paraguay estaba objetivamente bloqueado entre Argentina y Brasil, y ambos países podían negar el oxígeno a sus pulmones cerrándole, como lo hicieron Rivadavia y Rosas, las bocas de los ríos, o fijando impuestos arbitrarios al tránsito de sus mercancías. Para sus vecinos, por otra parte, era una imprescindible condición, a los fines de la consolidación del estado oligárquico, terminar con el escándalo de aquel país que se bastaba a sí mismo y no quería arrodillarse ante los mercaderes británicos.
El ministro inglés en Buenos Aires, Edward Thornton; participó considerablemente en los preparativos de la guerra. En vísperas del estallido, tomaba parte, como asesor del gobierno, en las reuniones del gabinete argentino, sentándose al lado del presidente Bartolomé Mitre. Ante su atenta mirada se urdió la trama de provocaciones y de engaños que culminó con el acuerdo argentino–brasileño y selló la suerte de Paraguay. Venancio Flores invadió Uruguay, en ancas de la intervención de los dos grandes vecinos, y estableció en Montevideo, después de la matanza de Paysandú, su gobierno adicto a Río de Janeiro y Buenos Aires. La Triple Alianza estaba en funcionamiento. El presidente paraguayo Solano López había amenazado con la guerra si asaltaban Uruguay: sabía que así se estaba cerrando la tenaza de hierro en torno a la garganta de su país acorralado por la geografía y los enemigos. El historiador liberal Efraím Cardozo no tiene inconveniente en sostener, sin embargo, que López se plantó frente a Brasil simplemente porque estaba ofendido: el emperador le había negado la mano de una de sus hijas. La guerra había nacido. Pero era obra de Mercurio, no de Cupido.
La prensa de Buenos Aires llamaba «Atila de América» al presidente paraguayo López: «Hay que matarlo como a un reptil», clamaban los editoriales. En septiembre de 1864, Thornton envió a Londres un extenso informe confidencial, fechado en Asunción. Describía a Paraguay como Dante al infierno, pero ponía el acento donde correspondía: «Los derechos de importación sobre casi todos los artículos son del 20 o 25 por ciento ad valorem; pero como este valor se calcula sobre el precio corriente de los artículos, el derecho que se paga alcanza frecuentemente del 40 al 45 por ciento del precio de factura. Los derechos de exportación son del 10 al 20 por ciento sobre el valor...» En abril de 1865, el Standard, diario inglés de Buenos Aires, celebraba ya la declaración de guerra de Argentina contra Paraguay, cuyo presidente «ha infringido todos los usos de las naciones civilizadas», y anunciaba que la espada del presidente argentino Mitre «llevará en su victoriosa carrera, además del peso de glorias pasadas, el impulso irresistible de la opinión pública en una causa justa». El tratado con Brasil y Uruguay se firmó el 10 de mayo de 1865; sus términos draconianos fueron dados a la publicidad un año más tarde, en el diario británico The Times, que lo obtuvo de los banqueros acreedores de Argentina y Brasil. Los futuros vencedores se repartían anticipadamente, en el tratado, los despojos del vencido. Argentina se aseguraba todo el territorio de Misiones y el inmenso Chaco; Brasil devoraba una extensión inmensa hacia el oeste de sus fronteras. A Uruguay, gobernado por un títere de ambas potencias, no le tocaba nada. Mitre anunció que tomaría Asunción en tres meses. Pero la guerra duró cinco años. Fue una carnicería, ejecutada todo a lo largo de los fortines que defendían, tramo a tramo, el río Paraguay. El «oprobioso tirano» Francisco Solano López encarnó heroicamente la voluntad nacional de sobrevivir; el pueblo paraguayo, que no sufría la guerra desde hacía medio siglo, se inmoló a su lado. Hombres, mujeres, niños y viejos: todos se batieron como leones. Los prisioneros heridos se arrancaban las vendas para que no los obligaran a pelear contra sus hermanos. En 1870, López, a la cabeza de un ejército de espectros, ancianos y niños que se ponían barbas postizas para impresionar desde lejos, se internó en la selva. Las tropas invasoras asaltaron los escombros de Asunción con el cuchillo entre los dientes. Cuando finalmente el presidente paraguayo fue asesinado a bala y a lanza en la espesura del cerro Corá, alcanzó a decir: «¡Muero con mi patria!», y era verdad. Paraguay moría con él. Antes, López había hecho fusilar a su hermano y a un obispo, que con él marchaban en aquella caravana de la muerte. Los invasores venían para redimir al pueblo paraguayo: lo exterminaron.
Paraguay tenía, al comienzo de la guerra, poco menos población que Argentina. Sólo doscientos cincuenta mil paraguayos, menos de la sexta parte, sobrevivían en 1870. Era el triunfo de la civilización. Los vencedores, arruinados por el altísimo costo del crimen, quedaban en manos de los banqueros ingleses que habían financiado la aventura. El imperio esclavista de Pedro II, cuyas tropas se nutrían de esclavos y presos, ganó, no obstante, territorios, más de sesenta mil kilómetros cuadrados, y también mano de obra, porque muchos prisioneros paraguayos marcharon a trabajar en los cafetales paulistas con la marca de hierro de la esclavitud. La Argentina del presidente Mitre, que había aplastado a sus propios caudillos federales, se quedó con noventa y cuatro mil kilómetros cuadrados de tierra paraguaya y otros frutos del botín, según el propio Mitre había anunciado cuando escribió: «Los prisioneros y demás artículos de guerra nos los dividiremos en la forma convenida». Uruguay, donde ya los herederos de Artigas habían sido muertos o derrotados y la oligarquía mandaba, participó de la guerra como socio menor y sin recompensas. Algunos de los soldados uruguayos enviados a la campaña del Paraguay habían subido a los buques con las manos atadas. Los tres países sufrieron una bancarrota financiera que agudizó su dependencia frente a Inglaterra. La matanza de Paraguay los signó para siempre.
Brasil había cumplido con la función que el Imperio británico le había adjudicado desde los tiempos en que los ingleses trasladaron el trono portugués a Río de Janeiro. A principios del siglo XIX, habían sido claras las instrucciones de Canníng al embajador, Lord Strangford: «Hacer del Brasil un emporio para las manufacturas británicas destinadas al consumo de toda la América del Sur». Poco antes de lanzarse a la guerra, el presidente de Argentina había inaugurado una nueva línea de ferrocarriles británicos en su país, y había pronunciado un inflamado discurso: «¿Cuál es la fuerza que impulsa este progreso? Señores: ¡es el capital inglés!». Del Paraguay derrotado no sólo desapareció la población: también las tarifas aduaneras. los hornos de fundición, los ríos clausurados al libre comercio, la independencia económica v vastas zonas de su territorio. Los vencedores implantaron, dentro de las fronteras reducidas por el despojo, el librecambio y el latifundio. Todo fue saqueado y todo fue vendido: las tierras y los bosques, las minas, los yerbales, los edificios de las escuelas. Sucesivos gobiernos títeres serían instalados, en Asunción, por las fuerzas extranjeras de ocupación. No bien terminó la guerra, sobre las ruinas todavía humeantes de Paraguay cayó el primer empréstito extranjero de su historia. Era británico, por supuesto. Su valor nominal alcanzaba el millón de libras esterlinas, pero a Paraguay llegó bastante menos de la mitad; en los años siguientes, las refinanciaciones elevaron la deuda a más de tres millones. La Guerra del Opio había terminado, en 1842, cuando se firmó en Nanking el tratado de libre comercio que aseguró a los comerciantes británicos el derecho de introducir libremente la droga en el territorio chino. También la libertad de comercio fue garantizada por Paraguay después de la derrota. Se abandonaron los cultivos de algodón, y Manchester arruinó la producción textil; la industria nacional no resucitó nunca.
fuente:http://www.prodiversitas.bioetica.org/nota87.htm
MOCION PARA CREAR UNA CATEGORIA DE HISTORIA, POR LA MEMORIA Y LA JUSTICIA!!!
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19 comentarios
pensa por vos mismo si podes
http://taringa.net/posts/videos/2574040/olvidalo-y-volvera-por-mas.html
Que hubiese sido de latinoamerica si esa guerra no se hubiese hecho...
Su padre antes de su muerte le advertio, diciendo que tenia mas fuerza la pluma que la espada.
De haber podido hubiera anexado parte de Braail, principalmente Mato Grosso que fue lo primero que invadio del território brasileño y los estados del sur para tener acceso al mar, segurmante de argentina como minimo se hubiera quedado con misiones.
Brasil y Argentina perdonaron a Paraguay, no hubiera sido nada exagerado la division de esa nación entre esos dos países.
muchos son las versiones de esa guerra, muchos los supuestos héroes.
pero la única constante entre tantas variantes es que Solano Lopez jugo una carta muy arriesgada y perdió.
entraran en uruguayana como se fueran inmortales, eran en unica gran fuerza militar de la región, superaban en numero y armas el ajercito de la alianza, pero se olvidaran que Brasil aplasta por su peso.
Y se olvidaron que en la Argentina habia un hombre llamado Mitre,que supo sacar provecho de la guerra, algo que encuentro bien hecho.
No fue Argentina la que tiró la primera piedra, portanto...
el aqua clara y el chocolate espeso.
Podríamos hablar de todo lo malo de Mitre, del imperio Brazilero y las ansias de poder y rivalidades locales. Podríamos hablar de traición y egoísmo y mucha mas cosas vergonzosas que sucedieron en esa época; pero no hay otro culpable por el casi exterminio Paraguayo que este líder soberbio y culto.
Puede que los paraguayos aquí en Taringa no compartan mi opinión; pero me gustaría que alguien haga un post explicando cuando se festeja y por que, el día del niño en Paraguay, y sabrán que es por que miles de niños y algunos viejos y heridos hicieron la ultima defensa del Paraguay para darle tiempo a ese señor,su familia y su séquito pudieran escapar hacia el norte del país.
Se negó a entregarse, clausula para negociar un alto el fuego (cuando todo estaba perdido), y mandó al extermino a toda la población masculina del hermano país.
Mas allá de todo esto, leer esa historia de coraje y muerte causa algo de vergüenza por semejante ultraje y salvajismo con los hermanos paraguayos y solo podemos pedir disculpas por ello (cuando hablo de coraje, no me refiero a Solano Lopez precisamente) .
hay paises hoy en dia que no pueden lograr lo que paraguay en esa epoca, potencias, y eso... no es poca cosa
Buenisimo loco, sencillamente espectacular. Acabo de gastar mis 10 del dia, pero mañana sino me acuerdo mandame un privado y te los doy.
Saludos.
Saludos.
me voy a privar de mi opinion, devuelvan las tierras que nos robaron paraguayos, que idnignacion!!!!
pd: segui leyendo historia y capaz entiendas
PERO LOS MALEFICOS BRASUCAS Y ARGENTOS NO DEJARAN, QUE MALOTES.
ERAMOS UN PAIS PROSPERO, ERAMOS PRIMER MUNDO, PERO NOS TENIAN ENVIDIA.
SOLANO LOPEZ NO ERA UN LOCO QUE LLEVO TODO NUESTRA NACION A LA RUINA Y DESTRUCCIÓN ERA UN BUEN HOMBRE, TODOS LOS QUE MORÍAN EN LA GUERRA RENACÍAN EN ASUNCIÓN
QUE VALIENTES ERAMOS, NOSOTROS NO VIOLABAMOS NI MATABAMOS A NADIE, DURANTE NUESTRA INVASIÓN, SOLO REGALÁBAMOS AMOR.
QUE SOMOS HERMANOS, PERO BRASIL Y ARGENTINA ERAN CAIN.
Y LOS BRITANICOS FUERON LOS QUE NOS GANARAN LA GUERRA, PORQUE TENÍAN MIEDO DE NUESTRO MATE, ÍBAMOS DOMINAR EL MUNDO CON EL.
SIEMPRE FUIMOS PACÍFICOS, NO INVADIMOS BRASIL Y ARGENTINA POR CUESTIONES EXPANSIONISTA SOLO PENSAMOS QUE NOS IBAN A REGALAR TODOS ESOS TERRITORIOS.
TAMPOCO INVADIMOS BOLIVIA MEDIO SIGLO DESPUÉS, SABÍAMOS QUE NO HABÍA PETROLEO EN EL CHACO, LA CULPA DE NUEVO ES DE LOS INGLESES QUE NOS TENÍAN MANÍA
Tanto el Brasil como la Argentina tenían conflictos limítrofes con el Paraguay que no se pudieron resolver durante el gobierno de Carlos A. López. Este sabía que la guerra era inevitable. Si el Uruguay caía, la independencia del Paraguay se vería amenazada.
LA DOCTRINA DEL EQUILIBRIO
Solano López introdujo innovaciones fundamentales en la política exterior. Hasta entonces el Paraguay se había cuidado de participar en los asuntos del Río de la Plata, fiel a la doctrina de la no intervención. En el concepto del nuevo gobernante, había llegado el momento de abandonar esa táctica en cuanto los conflictos afectaran los intereses fundamentales del Paraguay, sobre todo la conservación de su independencia. Ésta dependía en gran parte al equilibrio de fuerzas entre los dos poderosos vecinos, el Imperio del Brasil y la República Argentina. Si ese equilibrio se rompía en favor de uno de esos países o si los dos se ponían de acuerdo, la independencia paraguaya estaría en mortal peligro. En consecuencia el gobierno del Paraguay proclamó como norte de su política exterior el mantenimiento del equilibrio en el Río de la Plata y su propósito de impedir cualquier atentado contra el mismo. La ocasión de hacer valer la nueva doctrina se presentó, cuando, con motivo de un movimiento armado iniciado en el Uruguay en 1863, intervinieron primero los argentinos y luego los brasileños en apoyo de los revolucionarios y el gobierno de Montevideo les atribuyó propósitos contrarios a la independencia uruguaya. López invocó como base de su protesta el mantenimiento de dicho equilibrio político del Río de la Plata, por lo que fue vivamente ridiculizado por los "aliados" ( históricamente no se había hablado de ninguna alianza) llamándolo "equilibrista", ninguno que estudie desapasionadamente los acontecimientos políticos que más de una vez han agitado a las Repúblicas del Plata, podrá negar que allí existe una cuestión de equilibrio político. El gobierno de Asunción, por la voz del ministro de Relaciones Exteriores José Berges declaró, que de ninguna manera consistiría el avasallamiento de la autonomía uruguaya pues consideraría violatorio del equilibrio del Río de la Plata y amenazante para la independencia del Paraguay.
En Corrientes no hubo resistencia a la invasión paraguaya, incluso se creó un gobierno formado por correntinos. Lo de las cautivas es un invento, no hay ningún documento que pruebe la veracidad de esa leyenda.
Sobre los niños, en ese tiempo había niños en todos los ejércitos de la región, principalmente como tamborileros y ordenanzas. El niño de la foto en este post era un tamborilero argentino. Todo el mundo sabía lo que los aliados les hacían a los niños, eran llevados como esclavos al Brasil, y los que tenían familia con una posición financiera acomodada eran secuestrados y se pedía rescate por ellos. Las familias pagaban mucho dinero para recuperar a sus niños. Uno de esos niños fue el Almirante argentino Manuel Domeq García. No solo pelearon los niños en Acosta Ñu, pelearon sus madres y abuelos, todos pelearon. De todos modos los aliados, al darse cuenta de que eran niños pudieron detener la batalla, no lo hicieron, mataron a todos.
Sobre que López no quiso rendirse porque era soberbio o loco: López intentó terminar la guerra en la llamada entrevista de Yataity Corá, pero no consiguió nada porque el tratado secreto de la triple alianza, que ya era público gracias al parlamento inglés, estipulaba que la Argentina se quedaría con todo el Chaco boreal, nada más y nada menos que el 60% del territorio paraguayo actual. Firmar la rendición en en los términos del tratado era impensable, significaría la desaparición de la República del Paraguay. López hizo el máximo sacrificio en pos de la patria, sacrificó su fortuna personal, sacrificó a su familia; dos de sus hijos murieron en Cerro Corá, Panchito y José Félix, de 15 y 10 años respectivamente, y se sacrificó él mismo luchando hasta el final. Fue el eco de la resistencia lo que hizo que las naciones del mundo pusieran sus ojos en la región y que el Paraguay pudiera sobrevivir.