Acá les dejo un resumen del texto de Kurt Dazinger "Hacia un marco conceptual para la historia crítica de la psicología"

Hacia un marco conceptual para la historia crítica de la psicología (Kurt Danziger)

Existen dos sentidos amplios en los que puede distinguirse una historiografía crítica, éstos son denominados sentido débil y sentido fuerte; el primero constituye un grado de acuerdo mínimo sin el cual no tiene sentido hablar de una historiografía crítica, mientras que el segundo implica compromisos teóricos que van más allá de ese nivel mínimo.
Cuando se habla de historia crítica no es el nivel táctico el que se tiene en mente, sino la estrategia general de la investigación histórica.
El compromiso con una historiografía crítica supone adoptar una postura frente a por lo menos tres coordenadas que conforman el marco inmediato de la actividad del historiador. La primera, está compuesta por las autoridades y las fuentes históricas tradicionales. Una historia crítica resulta incompatible con la aceptación ciega de los prejuicios tradicionales que estaban tan presentes en este campo hace al menos dos décadas. Una historiografía crítica debe ir más allá y adoptar una postura crítica y autorreflexiba dirigida a sus propios esfuerzos. Esta historia parece incluir la idea de poner de manifiesto que las relaciones históricas no constituye un ejercicio sin problemas, sino que depende de manera crucial de las suposiciones y los compromisos del historiador. Esta mirada crítica también debe extenderse a la disciplina misma. No se presupone que el desarrollo histórico de la disciplina deba haber sido necesariamente progresivo. En otros términos, el objetivo de una historia crítica entraña un intento conciente de evitar dar por sentados los prejuicios actuales y usarlos como un parámetro ahistórico según el cual se debe juzgar el pasado.
Existe una divergencia fundamental ente la historia crítica y el naturalismo ingenuo. De acuerdo con este último, la psicología encuentra sus objetos en el mundo natural, y de este modo la historia se convierte en la crónica de cómo una serie de descubridores hallaron una serie de objetos. Lo que implica que los objetos en los que los psicólogos se concentraron (sensaciones, comportamiento, etc.) ya existían en el mundo antes de que los psicólogos investigadores aparecieran en escena. Por otra parte, el enfoque crítico debe considerar un problema a aquello que se aceptaba sin reparos desde el punto de vista tradicional, es decir, el surgimiento histórico de los objetos psicológicos mismos. Los objetos como la inteligencia, no se dan en la naturaleza, no son materia dada, sino que son fruto de una construcción humana. La historia de estos objetos es en última análisis, la historia de su construcción.
Existe una versión subjetivista del naturalismo que considera que los objetos psicológicos se encuentran en las mentes de figuras históricas específicas. Los conceptos se les ocurren a los individuos, aquellos parecen surgir sin actividad humana, como otros hechos naturales. Solo cuando las ideas se analizan desde el principio como construcciones humanas producidas por agentes sociales en condiciones históricas especificas contamos con un marco aplicable a la historia crítica.
Los objetos de psicología históricamente constituidos deben analizarse en relación con la actividad constructiva de la que son producto. Estas actividades son de diversos tipos: actividades puramente teóricas que crean objetos conceptuales, actividades prácticas que construyen objetos técnicos como tests mentales y datos experimentales, y actividades institucionales que definen objetos sociales como los terapeutas y los clientes. Estas son distinciones analíticas que se aplican a características de la acción. Los orígenes de los cambios significativos en los objetos deben buscarse en los cambios en las actividades que los produjeron. Los objetos sólo pueden sucederse en una secuencia histórica por mediación de las actividades de las que son producto.
Debido a la manera tradicional de tomar la sucesión histórica de objetos psicológicos como una secuencia de hechos naturales, o tal vez como una serie de escenas que se desarrollan como en una película, muy a menudo pasamos por alto toda la compleja actividad constructiva que tiene lugar entre bastidores. Debemos desarrollar herramientas conceptuales adecuadas para intentar un análisis histórico en estas condiciones. Necesitamos hacernos preguntas distintas en relación con nuestro material histórico. ¿Qué procesos están implicados en el surgimiento de patrones nuevos de la actividad teórica, práctica e institucional? ¿Cómo cambian a lo largo de la historia las relaciones entre estas actividades, y cómo adquieren su estatuto de marcos epistémicos como marcos que generan productos con valor de conocimiento psicológico?
No hallaremos respuesta a menos que adoptemos un enfoque que caracteriza la historia crítica en sentido fuerte. Este implica ampliar el enfoque no naturalista de los datos históricos mismos. Rechazar la idea de que las respuestas a los problemas históricos pueden encontrarse en acciones e intenciones específicas de individuos históricos concretos. Las actividades constructivas ya mencionadas no deben identificarse con la manera en que las representan los actores históricos individuales. Tal identificación restablecería la perspectiva naturalista en otro nivel, resultado que solo puede evitarse profundizando más allá de la autorrepresentación de los actores históricos individuales. Estas autorrepresentaciones son producto de la reflexión de los actores sobre sus propios actos, y no deben confundirse con la realidad no reflexionada de su actividad constituyente de objetos.
El historiador crítico cuenta con una serie de medios para profundizar más allá del nivel de la autorrepresentación de individuos históricos. Puede examinar los datos de la actividad práctica concreta en la que participan los actores históricos relevantes, sin dejarse cegar por la representación reflejada de tal actividad por parte de los actores mismos.
En general, la autorrepresentación de los experimentadores, no toma en cuenta el hecho fundamental de que los experimentos psicológicos implican un sistema social que está sujeto al cambio histórico y que deja constancia de su cambio en documentos publicados. En su análisis de las actividades constituyentes de objetos, el historiador crítico nunca debe reemplazar la práctica no reflexionada de los actores por sus autorrepresentaciones.
El compromiso del historiador crítico con un tipo de análisis que profundiza más allá del nivel de autorrepresentación de los actores históricos individuales tiene implicaciones importantes para el análisis de la estructura de las actividades que generan conocimiento. Tales actividades suelen tener lugar en un contexto de resolución de problemas. Los objetos psicológicos se construyen en el curso de actividades que se emprenden con ciertos objetivos en mente. En general, los cambios históricos en estas actividades están asociados con cambios en sus metas.
Comprender dichas actividades exige comprender su estructura intencional. Resulta muy sensato, al examinar las actividades que generan objetos, buscar las situaciones-problema que generaron las actividades mismas.
Pero una investigación de este tipo no puede detenerse en la representación de las situaciones-problema por parte de los actores individuales. Primero, las convenciones de la exposición en un momento en particular pueden llevar a un actor a presentar su práctica y sus ideas en una forma acabada, objetivada, que oculta los problemas que les dieron origen. O bien puede considerar inapropiado o imprudente decir mucho acerca del fundamento problemático del que surge su actividad constructiva.
Es necesario hacer una distinción entre los problemas que se plantea un actor histórico y la problemática dentro de la que opera. Los problemas que aborda conscientemente tienden a ser de tipo específico, con frecuencia técnico. Surgen dentro de un marco mucho más amplio que marca los límites de los problemas posibles y establece los tipos genéricos de los cuales los problemas específicos son ejemplos. Una problemática define los esquemas, las imágenes, las metáforas en términos de las que se formulan los problemas específicos, y por lo tanto limita la gama de preguntas posibles dentro de su ámbito. Estas preguntas generan las actividades constructivas que producen objetos psicológicos, el análisis de la constitución de tales objetos debe continuarse hasta llegar a la problemática dentro de la que surgen. El análisis histórico crítico no puede detenerse cuando pone de manifiesto la representación de problemas específicos, sino que debe utilizar estas representaciones como indicios para llegar a la problemática subyacente.
Es posible que los problemas específicos sean formulados por actores históricos individuales, una problemática no es nunca propiedad de un único individuo sino que solo surge en el curso de la interacción social; implica las formas en que los individuos se comunican sobre problemas compartidos. Una problemática es un aspecto de la vida social. Esto presenta consecuencias, una de ellas deriva del hecho de que una problemática funciona como un proceso generador; configura problemas específicos y actividades constituyentes de objetos. Por consiguiente no son los actores individuales los que funcionan como sujetos históricos, sino los grupos que comparten una misma problemática.
Para operar la historia crítica en sentido fuerte tiene que concebir a los “sujetos colectivos”. Esto no significa que debe dejar de lado a los sujetos individuales, sino que debe intentar ir más allá de este nivel hasta hallar la formación general de la que el individuo es un caso.
Se han propuesto diferentes concepciones de tales formaciones generales, que abarcan desde “epistemes” deshumanizadas hasta clases sociales y comunidades intelectuales. La historia crítica en sentido fuerte supone reconocer que la actividad constructiva intencional de los individuos implica una estructura de problemas que existe en un nivel transindividual, y que debe analizarse en este nivel.
La historia crítica en sentido fuerte implica más que la determinación de estudiar las acciones y los pensamientos de los individuos históricos en su contexto social.
La misma palabra “medio” a menudo resulta inadecuada cuando se la combina con el adjetivo “social”. Sugiere un modelo erróneo cuando se refiere a la participación individual en un sujeto social que se encuentra tanto dentro como fuera del individuo.
La participación del individuo en el sujeto colectivo puede adoptar formas diversas, como por ejemplo la participación activa en una tradición intelectual o un grupo social. Pero desde el punto de vista de la historia crítica, una de las formas de esta manifestación resulta fundamental: la forma que un sujeto colectivo da a las actividades específicas de resolución de problemas. La problemática que proporciona la base de la actividad del individuo es una estructura abierta que define un área-problema y prescribe la naturaleza general de las soluciones aceptables. No es simplemente un conjunto de categorías cognitivas, sino siempre una expresión de intereses sociales. La existencia de una situación-problema implica interés por algún tipo de solución. Tales intereses siempre adoptan una forma específica que determinan las clases de objetos que pueden considerarse elegibles para resolver el problema.
La historia crítica en sentido fuerte involucra rechazar la idea de “cognición pura”, y además, reconocer el papel fundamental que desempeñan los “intereses constituyentes de conocimiento”.
En el nivel histórico concreto, estos intereses toman la forma de intereses sociales, es decir, son expresión, no simplemente de condiciones más generales de la actividad humana, sino de condiciones más especificas que caracterizan diversas situaciones en que operan los sujetos que producen conocimiento. Las condiciones significativas a las que se refieren los intereses sociales tienen que ver con la posición social de los productores de conocimiento psicológico en la estructura social como un todo, lo cual implica cuestiones como la relación de estos productores con sus competidores reales o potenciales, con los consumidores de sus productos y con los que controlan los recursos materiales de los que depende su trabajo.
Las actividades constituyentes de objetos psicológicos también presentan un aspecto socialmente reproductivo. Dichas actividades dependen de los productos de las actividades de generaciones anteriores que en gran parte se dan por sentadas. En cualquier momento, los nuevos productos aparecen dentro de un marco preexistente. Este marco, teórico, práctico e institucional, de hecho se reproduce en el proceso de constitución de una nueva serie de objetos, aunque a veces el marco puede cambiar también. Debe reconocerse que la reproducción de clases especificas de conceptos y prácticas implica intereses sociales, aunque los actores históricos puedan no haber entendido este aspecto de su actividad. La reproducción de una tradición social e intelectual –inseparable de la construcción de objetos psicológicos- naturalmente involucra intereses de significación mucho más amplia que los intereses particulares que caracterizan la situación especifica de los productores de objetos psicológicos. Estos intereses más amplios están relacionados con la perpetuación de las formaciones sociales generales en las que están inmersas las actividades conducentes a constituir objetos psicológicos. La historia crítica no puede pasar por alto este componente ideológico.
Otra implicación tiene que ver con la relación entre los aspectos intelectuales y los sociales de las actividades constituyentes de objetos en que se interesa el historiador. Por lo general, el análisis crítico en sentido débil, se basa en una separación dualista de estos aspectos en dos órdenes completamente distintos, de manera que la cuestión pasa a atener que ver con las “influencias” sociales sobre productos sociales o en la distribución de la influencia entre factores “externos” e “internos”. El objeto de estudio de una historia crítica no está compuesto por cuerpos inertes sino por actividades humanas en las que los aspectos sociales y los individuales son inseparables. Las actividades constituyentes de objetos psicológicos son sociales tanto como son intelectuales. En el acto mismo de producir un cierto contenido cognitivo reproducen formaciones sociales especiales y promueven los intereses de grupos definidos.
Sostener que los productos cognitivos son resultado de actividades insertas en lo social no necesariamente lleva a la conclusión de que la referencia objetiva a esos productos no son más que imágenes sociales más o menos disfrazadas.
Los conceptos que tiene que emplear la historia crítica cuando trata de dar una explicación metahistórica de su objeto de estudio, son conceptos que expresan la unidad de los aspectos sociales y los intelectuales. El concepto de problemática, por ejemplo, pertenece a esta categoría. Si bien un problema específico, generado dentro de una problemática general, puede tener una importancia puramente técnica, la problemática en sí misma siempre es al mismo tiempo una problemática intelectual y social. El hecho de que el aspecto psicológico y el social no son independientes uno del otro, no significa que uno sea la causa del otro. Más bien, al abordar una problemática en particular, los sujetos históricos abordan simultáneamente aspectos psicológicos y sociales. Sólo cuando un tema pierde su significación más amplia y pasa a ser de interés puramente técnico, este aspecto doble pierde vigor.
Los “intereses intelectuales” implican la definición de los objetivos científicos que a la vez expresa ciertos intereses sociales. Los productos cognitivos están determinados, entre otras cosas, por los objetivos que se proponen sus productores.
Son objetivos que tienden a legitimar ciertas clases de actividad en relación con los que controlan los recursos que dichas actividades requieren. Pero para la historia crítica el desafío radica en desarrollar modos de análisis que no perpetúen la separación artificial entre el “contenido” intelectual y las “condiciones” sociales sino que busquen hacer justicia al entretejido de los aspectos sociales e intelectuales en la actividad humana en el mundo real.
La noción de Khun de paradigmas científicos resultó valiosa en la medida en que reconoció este desafío e intentó enfrentarlo. Pero el concepto de paradigma científico está sujeto a una limitación fatal en el contexto de la historia de la psicología. Esta limitación surge del papel esencial asignado a las soluciones exitosas de problemas. En psicología esto no proporciona un principio convincente de unidad ya sea en lo social o en lo cognitivo. Las definiciones comunes de objetivos y las estructuras de problema han desempeñado un papel histórico notoriamente mayor que la confianza en la eficacia de ciertas soluciones. Las comunidades científicas importantes han sido aquellas unidas por intereses intelectuales compartidos y una definición común de la naturaleza de los problemas relevantes, aunque puede haber habido divergencias considerables con respecto a las soluciones preferidas.
Tal caracterización también parece aplicarse a la historia crítica de la psicología, y en este caso debemos considerar que se trata del estado “normal” del área, puesto que sin duda sería contradictorio equiparar la historia “crítica” con un modelo fijo de los procesos históricos en estudio.




espero ke les sirva!! besos!!