"PAÑALES DESCARTABLES" un cuento de musica y humo

Esta es una pequeña historia de pueblo que quería compartir con ustedes, la idea es que sea entretenida y los divierta. Desde ya les agradezco el tiempo que le dedican al leerla. Es pura ficción y espero que les guste.
Gracias.


"PAÑALES DESCARTABLES" un cuento de musica y humo

PAÑALES DESCARTABLES



Fue en la primavera del 96´, yo trabajaba en un periódico local cubriendo eventos musicales y tuve que entrevistar a un grupo de cumbia muy valorado en el pueblo por sus canciones con letras comprometidas. Entre las que se destacaban “donde dejo su bombacha wanda”, “la suegra del intendente”, “me fumo un fasito y voy”, y su hit, el numero uno en el pueblo, “el elefante anaranjado”. El grupo se llamaba PAÑALES DESCARTABLES en obvia alusión a sus hijos, pues los integrantes (eran nueve) tenían entre todos 36 hijos y si no había plata para pagarles el show ellos pedían que por lo menos les paguen con pañales descartables y así fue como nació ese nombre emblemático que los acompañaba ya desde hacia casi 20 años. En ese momento, por supuesto, ya no tocaban por pañales debido a que sus hijos habían crecido y sobre todo a que ya tenían un nombre, eran “PAÑALES DESCARTABLES” la más grande banda de todo el pueblo. En esa época cobraban en efectivo y si no les podían pagar no tocaban… por menos de un “chori y un vaso de vino”.
Recuerdo que Ernesto “el chancho” Velásquez, cantante y autor de las canciones de la banda me había confiado todas estas intimidades en la nota que le hice para el periódico, también recuerdo que me invitó para esa noche que tocaban en la sociedad de fomento “25 de Mayo” en la fiesta del asado con cuero que todos los años para la primavera se celebraba en ese prestigioso club de barrio. Y ellos como siempre desde 1977 participaban con sus grandes éxitos para el deleite de los comensales. Por supuesto acepte la invitación que sin lugar a duda enriquecería mi nota sobre el grupo ya que jamás los había visto en vivo, y de paso, debo reconocer, me fascina el asado con cuero sobre todo cuando no tengo que pagar para comerlo.

Llegué al club a las 21hs, más o menos, y al llegar a la puerta un señor muy amable me miró a los ojos y me dijo- donde va´ papá- Hola, buenas noches –respondí- soy invitado del “chancho” Velásquez, le estoy haciendo una nota- El señor de la puerta que no medía mas de 1.70mts y pesaría, calculo, 190 o 200 kgs, me volvió a mirar fijo y con una pequeña sonrisa que dejaba ver su encías carentes de dientes pero con restos óseos amarillentos como testificando que en efecto, alguna vez en esa boca existió una dentadura, dijo simpáticamente- ahhh, ¿le vení a hacer una nota?... bueno, tonce anotá que son $ 25, andate a tu casa, mirá lo que anotastes, agarra la guita y venite que te espero papá- creo que quiso decirme que si no pagaba no entraba. No hizo falta ir hasta casa, afortunadamente traía efectivo.
Al entrar al club me recibió el “cochino” Velásquez, hijo del chancho, un joven muy amable de unos 25 años de edad – como andás flaco ¿vos sos el del diario no?- si que tal- mi viejo me dijo que te diera la mejor mesa vení, seguime- y así fue, me dieron la mejor mesa, era la única que tenía mantel y compartía ese evento con la mujer del chancho y cuatro de sus hijos, además de la hija del “mosca” (guitarrista de la banda), su esposo y sus seis hijos, la hermana de “Pachi”(corista) y seis de los nueve hijos del mono, gran baterista que había llegado a tocar una vez con los legendarios y ya extintos beatleses six.

“LOS BEATLESES SIX” fue una banda muy conocida en el pueblo, el Líder y creador de la misma era el mismísimo Alfonso “johny” Agüero. Según cuentan los vecinos del “Johny”, como lo llamaban, el le había prometido a su viejita en su lecho de muerte que formaría una banda y que esta sería mas grande que los BEATLES, y de hecho cumplió su promesa. El menor de la banda tenía 42 años, el nombre de la misma era los beatleses six con 5 letras mas que los fabulosos cuatro y eran cinco integrantes. Por supuesto fueron mas grandes que los Beatles.

Cuando se acercaba el momento de la cena el “cochino” Velásquez vino a mi mesa acompañado de un mozo muy alto y de muy buen porte- che, periodista, quiero presentarte a quien comanda la parrilla, nuestro Chef- de inmediato me levanté y estreché su mano- un gusto- me dijo y dejó mi mano completamente engrasada en el saludo- Ricardo Guevara, es mi nombre- Ricardo era muy conocido en la zona y respetado en los dos clubes del pueblo, el “25 de Mayo” y el “20 de Junio”, por haber sido un revolucionario en el arte de cocinar el asado con cuero, el había sido el primero en no utilizar leña de zauce, algarrobo o quebracho sino que innovó con leña de pino. Dicen que se enfrentó con su abuelo, quien en su época fue discípulo del mismísimo Antonio Gonzaga* en Buenos Aires, por esta modalidad revolucionaria.
*Antonio Gonzaga fue el chef mas famoso de Buenos Aires en la primera treintena del siglo.
Ricardo, por su profesión, apellido, revolución y por comandar la parrilla, era conocido como el comandante “CHEF GUEVARA”.
“EL CHEF” se acerco a mí y de manera cómplice me dijo, casi al oído,- ahora le voy a traer la mejor porción de mi obra- y se alejó. Cuando regresó a la mesa comprendí que era absolutamente revolucionario, el asado estaba completamente cubierto de pelos chamuscados de la misma vaca y al quitarle esa corteza (el cuero) me encontré con la sorpresa de una carne totalmente jugosa nadando en un rojo lago sanguíneo, creo que le faltaba cocción. Por supuesto agradecí a “EL CHEF GUEVARA” y pedí un vaso de vino para pasar el mal rato. Estaba seguro que con un buen vino varietal suave todo sería mas fácil y… fue así. El encargado de atender las mesas, Rosendo Funes, se aseguró que no faltara el vino y esparció dos cajas (tetra) de “resero” y vasitos de plástico blanco en cada una.
Ya no importaba nada, el tema era no desviarme de lo que me había traído a esta reunión, y desde luego no era la comida ni el vino sino escuchar y ver a los “PAÑALES DESCARTABLES” para cerrar mi nota.
A la una de la mañana comenzaron a tocar los “Sin Pañales” que no eran otros que el cochino Velásquez y los hijos de algunos de los integrantes de “Pañales Descartables” Entre sus temas más destacados figuraban “mañana no sé si me levanto”, “Que tendrá ese alto” (Homenajeando al comandante Chef Guevara) y “El caballo anda sin nafta”. Cuando estaban tocando “que tendrá ese alto” el “CHEF” se me acerco y me dijo- es la hicieron para mí, ¿le traigo otro “cacho?- no, gracias- le dije- todavía estoy disfrutando este- señalándole con mi cuchillo tramontina la porción de carne sangrienta en mi plato- cuando quiera, me pide- dijo mientras miraba cantar al cochino Velásquez meneando su cadera y acompañando el compás con su pie derecho.
2:30 Am subió el chancho Velásquez al escenario, entre gritos desaforados y aplausos ensordecedores potenciados por el vino, que a esta altura me parecía delicioso- Dijo, mientras el resto de la banda se acomodaba, - esta noche es muy especial para nosotros. Nos acompaña un periodista que está escribiendo sobre el grupo y esto no es más que un reconocimiento a nuestra trayectoria en este pueblo. Por eso les pido un fuerte aplauso para quien nos honra con su presencia- en ese momento se acerco a el “loco González” (tecladista) y le pregunto algo al oído, el “loco “respondió en voz baja y el chancho tomo aire
miró al público y dijo en voz muy alta, casi gritando- Essstebannn Ro-ro-ro Rojasssss- si, ese es mi nombre. En ese momento me paré y la gente me aplaudió con vehemencia, saludé a los asistentes levantando mi mano cual presidente en el balcón de la casa rosada y volví a sentarme haciendo lugar entre mi ego y la carne cruda de el comandante.
Fue ahí cuando comenzó la fiesta, con los primeros acordes de “me fumo un fasito y voy” la gente estaba como loca saltando en las sillas y todos los que estaban en pareja salieron a bailar empujando las mesas que obstruían la pista. Fue increíble, aun hoy, al recordarlo, se me eriza la piel. Todo se había transformado en una incontrolable maza de cuerpos transpirados moviéndose de un lado a otro al compas de la música – escuchá papá, escuchá- me decía el señor de la puerta que no sé ni como ni cuando me abrazó, ni donde estaba antes- Son lo´ma´grande que hay, papá- gritaba mientras sus caderas empujaban las mías de izquierda a derecha con una fuerza inusitada. Y la verdad, tenía razón.
A las cuatro de la mañana todo seguía igual de descontrolado, los “PAÑALES DESCARTABLES” llevaban tocando una hora y media y era el momento de dar “la estocada final”.- Bueno, para terminar…- dijo el Chancho, acercándose al micrófono y entre los gritos de la gente pidiendo que nunca terminen-…vamos a cantar todos juntos- y de repente la gente enloqueció por completo, los acordes de “el elefante anaranjado” inundaron el salón, pude ver al “chef Guevara”, quien, por su altura era fácil identificar, cantar como si nunca mas pudiese volver a hacerlo enredado entre un manojo de paisanos que parecían un coro de ángeles devenidos en alcohólicos conocidos.
La letra era fantástica:


“Tu Amor me tiene envenenado
Yo entré a esta fiesta de colado
Aunque creas que soy tarado
Soy el elefante anaranjado”


Creo que era así, pero lo mejor era el estribillo. En ese momento creí que no saldría vivo del club, las sillas volaban por el aire, las cajas de vino de una mano a la otra, cuando le daba el tetra a alguno con una mano en la otra recibía una nueva caja mientras, en el fragor del alcohol yo también cantaba:


“Anaranjado, anaranjado
Elefante anaranjado
Anaranjado, anaranjado
Yo no soy ningún tarado”

Al terminar la canción “el Chancho Velásquez” se despidió del público y bajo de el escenario mezclándose entre la gente, saludado por todos vino a mi encuentro. La sillas seguían volando y en ese momento comenzaron a elevarse las tablas de las mesas con tanta mala suerte que una de ellas dio de lleno en mi sien derecha. Caí desvanecido mientras una de las sillas voladoras golpeó también mi brazo izquierdo quebrándolo en tres partes.
Al abrir mis ojos, un señor de blanco me dijo- tuviste suerte pibe, pensé que te perdíamos.
Estaba en un hospital de Buenos Aires, mi cuarto estaba lleno de flores, ositos y tarjetas de gente que no conocía deseándome una pronta recuperación.- parece como si te hubiera pisado un elefante- me dijo el doctor- si- contesté- y era anaranjado.


Lo que supe más tarde es que estuve en coma por dos semanas. Lo que me sucedió tomó estado público en Buenos Aires, aparentemente los noticieros nacionales estaban carentes de noticias y la mía se transformo en la historia del día o de la semana. Las cartas y tarjetas que recibí eran de televidentes de noticieros y programas de chimentos, pero entre ellas había una que llamó mi atención, era del chancho Velásquez y me agradecía lo que había hecho por ellos, al hacerse conocido mi caso los medios buscaron el origen y así invitaron a los “PAÑALES DESCARTABLES” a Buenos Aires.
Hoy, hace ya varios años, son una de las bandas más importantes y conocidas del país. Tocaron varias veces en el elefante de once y llenaron 6 luna park. El Elefante Anaranjado es disco de platino.
Afortunadamente me recuperé completamente y hace diez años que escribo para una famosa revista de importante tirada. Es una revista que se dedica a el arte culinario. En el 99´entreviste a comandante “CHEF GUEVARA” y esa nota me valió un viaje a Cuba para llevar los secretos del asado con cuero.





Fin

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1 comentario - "PAÑALES DESCARTABLES" un cuento de musica y humo

@Atreviidoo Hace más de 5 años
Mucho viaje leerla pero debe estar buena (Y)