La Gran Cosnpiración III: Satanás, ese pobre diablo
[Todo plan malévolo que se precie de tal precisa de una mente siniestra elucubrándolo, y aunque se presume que en el fondo todos tienen el mismo origen, el que nos viene ocupando fue gestado, nos dicen algunos, por un malo de lujo, el Más Oscuro Angel, el Rebelde sin Causa por excelencia, el Príncipe de la Oscuridad, el Padre de la Mentira, el Rey de los Infiernos, Don Lucifer, alias Satanás. Luego de tanto tñitulo rimbombante lo menos que podríamos esperar es que su participación en el complot aporte un poco más de emoción a la aburrida teoría conspirativa. Qué va. El aporte del Diablo a la teoría de marras es más que mediocre y dudoso. Pero empecemos, en primer término, hablando un poco de este desagradable sujeto.
La creencia en el Diablo es una cuestión de fe. No hay pruebas contundentes o fehacientes que permitan demostrar la existencia o inexistencia del Diablo. Algunas personas que niegan su existencia real alegan que se lo ha inventado para tener alguien sobre quien echar culpas. Quienes sí creemos en él notamos cierta negación o temor, en quienes dicen no creer, a aceptar siquiera la posibilidad de la existencia del Diablo. En efecto, me ha pasado, por ejemplo, que una persona me relató acerca de una supuesta ceremonia espiritista de la que un muchacho salió muy inquieto y murió poco después. Esta persona atribuía ese fallecimiento, con mucha seguridad, a la influencia perniciosa de un fantasma invocado. Le repliqué que no creía que un ser querido tuviera motivos para regresar a nuestro mundo a hacer maldades a quienes los amaron; que en caso de ser algo más que una patraña, la historia tenía que ver con un demonio más que con un fantasma. Mi interlocutor me miró como si estuviera loco. Pero es curioso que no estuviera dispuesto a admitir la existencia de los demonios y sí de fantasmas malignos, cuando sería mucho más triste, creo, pensar que un ser querido tendría intenciones de regresar de la muerte con intenciones malévolas. Pienso que negaba la existencia de los demonios por temor, no porque le resultaran increíbles.
No obstante, quienes atribuyen la creencia en el Diablo a la necesidad de buscar un chivo expiatorio para nuestras falencias, desgracias y ruindades tampoco están del todo equivocados, y la misma Biblia nos lo muestra en los célebres párrafos en los que, tras comer del fruto del Arbol Prohibido, Adán, el primer machista, culpa de todo a Eva, y ésta, a su vez, a la Serpiente. En última instancia, Satanás termina siendo un pobre diablo y nada más, porque carga, no sólo con sus propias culpas, sino con las ajenas. Es un vulgar mercachifle que vende mercadería de dudosa calaña pero, aun sabiéndolo, la compramos gustosamente. Por más que nos pongamos de cabeza, sigue subsistiendo culpabilidad en nosotros, como la hay en quien acepta un soborno, incluso admitiendo que del otro lado hubo alguien que nos tentó a hacer lo indebido.
El camino de Cristo no resulta particularmente tentador por ser estrecho y plagado de espinas, de modo que, a la hora de avanzar por él, muchos andamos de un pie en otro antes de ponernos en marcha. Pero incluso quienes todavía no han empezado a transitarlo encuentran atractiva de un modo u otro la figura del Diablo. La Biblia nos dice que el peligro que representa es de índole espiritual, pero Hollywood, al abordar el tema, muchas veces ha dado a nuestro invitado del día un tratamiento muy distinto. Por lo general quienes se enfrentan al Diablo mueren de forma espantosa, pero sus almas, al parecer, sufren poco menoscabo. Llama también la atención que, en las películas, al Anticristo, para detenerlo, hay que matarlo, una acción que el mismo cristianismo repudia. En realidad, y puesto que según el cristianismo Jesús derrotó al Diablo gracias a su total fidelidad a su Padre, aún más humillante tendría que ser para el Diablo que su propio hijo, el Anticristo, se volcase también al bando rival.
Tras estas consideraciones, podemos pasar a examinar la supuesta participación del Diablo en la conspiración que con tanta angustia venimos desgranando desde hace tres posts. Dicho sea de paso, Satanás se ve que no tenía con quién dejar a su retoño y decidió venir en familia a la conspiración. Sí, damas y caballeros, el Anticristo, como veremos, es otro de los viles que están implicados en el complot y, todavía más, lo dirigen desde las sombras...
Entre las afirmaciones que involucran al Diablo en la conspiración, una que al menos ofrece algún síntoma de credibilidad es que los conspiradores, Skulls & Bones entre ellos, son satanistas. Esto sería posible por dos razones, la primera de las cuales, muy obvia, es que si el Diablo podría no existir, los satanistas, en cambio, son reales, y no se requiere de mucha imaginación para aceptar que podría encontrárselos en muchas partes, incluso en las altas esferas. La segunda es que lo que llamamos satanismo es algo muy vago y amplio, y casi tan diverso como el cristianismo. Si mi fe en Cristo me inspira obras de caridad, sin duda mi cristianismo será algo muy positivo, pero si en nombre de Jesús empiezo a matar uno a uno a quienes no crean en él, sin duda yo me sentiré cristiano, pero mis acciones contradecirán la validez de la afirmación; y algo parecido ocurre entre los satanistas.
En efecto, muchas veces vemos a los satanistas bajo la imagen simplista de los fanáticos que ofrecen sacrificios humanos al Diablo. Tal imagen sin duda corresponde a algunos grupos satanistas que existan o puedan haber existido, pero no a todos. Esto es así porque los motivos por los que la gente se acerca al Diablo son muy diversos. Algunos sienten que Dios es un juez brutal y caprichoso y, por lo tanto, prefieren ir en dirección contraria. Otros lo usan a modo de parafernalia, de ornamentación o como medio publicitario. Tal parece ser el caso de algunas bandas de rock pesado y derivados. De dichas bandas, algunas sostienen, además, una filosofía que ellos llaman satánica por oponerse a que la Iglesia les dicte pautas de conducta morales, pero no creen en Dios ni en el Diablo. El caso de Inferi, banda argentina que solía dedicarse al black-metal, parece ser de éstos. En Noruega, el satanismo, hace varios años, revistió un cariz más grave cuando algunos músicos se congregaron en una especie de sociedad satánica que se dio en llamar Inner Circle o Black Metal Mafia, protagonizando una serie de hechos violentos, de los cuales el más conocido fue el asesinato de uno de estos músicos, conocido como Euronymous, a manos de otro, Varg Vikerness. Pero incluso entonces el amarillismo exageró el incidente, haciendo aparecer a la Black Metal Mafia como una organización rayana en el crimen organizado. En realidad, de visita en Argentina y entrevistado por el periodista especializado César Fuentes Rodríguez, el líder de la banda noruega Therion, Christopher Johnson (también víctima de un episodio violento protagonizado por estos violentos colegas y compatriotas suyos) calificó a la Black Metal Mafia como "cuatro o cinco locos, y están todos presos".
Luego tenemos los diferentes credos satanistas más o menos organizados, de los cuales supongo que el más conocido es la Iglesia Satánica fundada por Anton LaVey. Este, en vida, no creía en el Diablo, según nos dice Jeffrey Burton Russell, quien en su HISTORIA DE LA BRUJERIA dedica algunos capítulos a la brujería moderna y al satanismo, aunque considerándolos como fenómenos ajenos a la vieja brujomanía. Su satanismo era más bien una filosofía. Al parecer, implementó ritos simplemente porque, en sus propias palabras, "el hombre necesita de la fantasía y el misterio", un juicio acertado sobre el que puede que volvamos varias veces mientras continuemos desgranando esta descabellada teoría de la conspiración. La filosofía de LaVey no incluía sacrificios humanos ni nada por el estilo. El sostenía simplemente que el cristianismo erraba en combatir defectos como el egoísmo, la avaricia, etc., pues éstas forman parte de la esencia humana y, según él, deben ser aceptadas.
Aunque, como cristiano, deba disentir de LaVey, es necesario admitir que su filosofía satánica está muy alejada del estereotipo habitual, el de los malvados adoradores de Satán que buscan venerar a su oscuro señor y anhelan la perdición del género humano. Es verdad que el célebre asesino Charles Manson al parecer estaba relacionado con esta Iglesia Satánica en particular, pero este caso aislado no alcanza para generalizar, toda vez que en nombre de Dios, y por desgracia también en el seno de la Iglesia cristiana, también se han perpetrado atrocidades, y mucho mayores, admitámoslo, que los crímenes de Manson.
En realidad, si no con palabras, los defectos que, según LaVey, deben ser aceptados antes que combatidos, son honrados en los hechos por mucha gente, además de practicados incluso por quienes renegamos de ellos y tratamos de combatirlos. Así que no vale la pena hacer alaraca por estos satanistas en particular. Con desinteresarnos de ellos, los cristianos tenemos bastante.
Ahora tenemos el derecho de preguntarnos: ¿qué tipo de satanismo practican los conspiradores, según los conspiracionistas? ¿El de LaVey? ¿Y a mí qué me importa, si es así? Ese tipo de satanismo, en sí mismo, no hace a una persona mejor ni peor que cualquier hombre de la calle. ¿El de los que hacen sacrificios humanos? Pero si es así, ¿dónde están las pruebas de tales sacrificios? ¿Dónde los cadáveres, los nombres de las víctimas? En tanto los conspiracionistas no respondan a todos estos interrogantes, la participación de los hipotéticos conspirados en ceremonias satánicas no merece mayores comentarios. Pero algo que merece señalarse es que otros conspiracionistas, o los mismos que se contradicen, anuncian que se nos intentará controlar mediante la religión. Este intento teórico es bastante plausible, porque ya en el Antiguo Egipto los sacerdotes eran poderosos en exceso y querían ser quienes movieran los hilos de la política. Pero en cualquier caso, no es nada novedoso, sino algo que ha ocurrido en todas las épocas, de modo que tampoco vale la pena hablar de ello como algo a realizarse en el futuro, ni con el tono dramático con que se lo pronostica. Simplemente, basta con mantener los propios criterios y cerebro a resguardo de cualquier posible manipulador. El cual, además, no necesariamente tendría que estar en el poder. Personas así hay en todos los estratos. Podríamos preguntarnos, además, qué tipo de religión será la que, según los conspiracionistas, será la usada para "dominarnos", pero sobre eso convendrá, quizás, hablar en un post aparte.
Por cierto, según otros conspiracionistas de ideas aún más estrafalarias e improbables, los "reptiloides" de los que hablábamos en el pasado post parecen ser algo así como la vanguardia del Anticristo. Se nos dice que, en algún momento, se nos intentará colocar un chip en el cerebro con el objeto de esclavizarnos (parece que con la religión, cualquiera que sea ésta, no bastará). Incluso en algún sitio web que visité, no recuerdo cuál, un comentarista exhortaba dramáticamente a no dejarse implantar el chip. Ese chip, parece, tendrá el número 666, el célebre número de la bestia mencionado por San Juan de Patmos en el Apocalipsis. Ardua tarea la de quien tenga que implantar todos esos chips, ¿no? Supongo que le serán negados feriados, francos y vacaciones para que pueda terminar el trabajo antes de pasar a mejor vida. O le tendrán que implantar el chip en primer lugar a él para esclavizarlo y evitar así que haga huelga. Dicho sea de paso, se entiende que parte del plan consista en un exterminio masivo para reducir la población a sólo quinientos millones de habitantes. Siguen siendo muchos, pero es más fácil ponerles el chip a quinientos que a seis mil millones. Creo que la reducción poblacional fue un aporte que en el plan hizo quien tendrá a su cargo la implantación de los chips.
Podríamos aquí ahondar en que, en base a un descubrimiento hecho en Egipto, ahora piensan algunos que el número de la bestia originalmente era 616 y no 666. Podríamos añadir que el Apocalípsis es un libro críptico y de difícil interpretación. Podríamos añadir que actualmente se tiende a creer que más que en profecías para el futuro, ese críptico mensaje del Apocalipsis era una exhortación a no rendirse en las difíciles épocas en que el cristianismo era perseguido. Podríamos explicar cómo, en ese contexto, tanto 666 como 616 podrían corresponder a odiados emperadores que atacaron la religión monoteísta (Nerón y Calígula respectivamente). Podríamos tratar de hacer ver que esclavitud hubo en muchas épocas y sigue existiendo, aunque encubierta, y que en ninguno de esos casos fue necesario implantar chips en los cerebros de los esclavos...Pero creo que no es esto lo que los conspiracionistas quieren oír. De hecho, ellos quieren sólo una buena y emocionante historia, que combine al parecer terror, ciencia ficción y posiblemente acción. En vista del escaso seso que demuestran algunos, es probable, después de todo, que el encargado de implantar los chips se encuentre con que en algunos cráneos no hay cerebro donde implantar chip. Mejor para él, tendrá menos trabajo... Y agradecemos, me asombra decirlo, la presencia de Satán e hijo en la teoría conspirativa, tratando de hacer de las suyas para salvar una idea que hace agua por los cuatro costados, aunque hayan tenido tan poco éxito. Esta vez, los eximimos de culpa y cargo. No fue culpa suya. Sencillamente, no se puede salvar lo insalvable...
La creencia en el Diablo es una cuestión de fe. No hay pruebas contundentes o fehacientes que permitan demostrar la existencia o inexistencia del Diablo. Algunas personas que niegan su existencia real alegan que se lo ha inventado para tener alguien sobre quien echar culpas. Quienes sí creemos en él notamos cierta negación o temor, en quienes dicen no creer, a aceptar siquiera la posibilidad de la existencia del Diablo. En efecto, me ha pasado, por ejemplo, que una persona me relató acerca de una supuesta ceremonia espiritista de la que un muchacho salió muy inquieto y murió poco después. Esta persona atribuía ese fallecimiento, con mucha seguridad, a la influencia perniciosa de un fantasma invocado. Le repliqué que no creía que un ser querido tuviera motivos para regresar a nuestro mundo a hacer maldades a quienes los amaron; que en caso de ser algo más que una patraña, la historia tenía que ver con un demonio más que con un fantasma. Mi interlocutor me miró como si estuviera loco. Pero es curioso que no estuviera dispuesto a admitir la existencia de los demonios y sí de fantasmas malignos, cuando sería mucho más triste, creo, pensar que un ser querido tendría intenciones de regresar de la muerte con intenciones malévolas. Pienso que negaba la existencia de los demonios por temor, no porque le resultaran increíbles.
No obstante, quienes atribuyen la creencia en el Diablo a la necesidad de buscar un chivo expiatorio para nuestras falencias, desgracias y ruindades tampoco están del todo equivocados, y la misma Biblia nos lo muestra en los célebres párrafos en los que, tras comer del fruto del Arbol Prohibido, Adán, el primer machista, culpa de todo a Eva, y ésta, a su vez, a la Serpiente. En última instancia, Satanás termina siendo un pobre diablo y nada más, porque carga, no sólo con sus propias culpas, sino con las ajenas. Es un vulgar mercachifle que vende mercadería de dudosa calaña pero, aun sabiéndolo, la compramos gustosamente. Por más que nos pongamos de cabeza, sigue subsistiendo culpabilidad en nosotros, como la hay en quien acepta un soborno, incluso admitiendo que del otro lado hubo alguien que nos tentó a hacer lo indebido.
El camino de Cristo no resulta particularmente tentador por ser estrecho y plagado de espinas, de modo que, a la hora de avanzar por él, muchos andamos de un pie en otro antes de ponernos en marcha. Pero incluso quienes todavía no han empezado a transitarlo encuentran atractiva de un modo u otro la figura del Diablo. La Biblia nos dice que el peligro que representa es de índole espiritual, pero Hollywood, al abordar el tema, muchas veces ha dado a nuestro invitado del día un tratamiento muy distinto. Por lo general quienes se enfrentan al Diablo mueren de forma espantosa, pero sus almas, al parecer, sufren poco menoscabo. Llama también la atención que, en las películas, al Anticristo, para detenerlo, hay que matarlo, una acción que el mismo cristianismo repudia. En realidad, y puesto que según el cristianismo Jesús derrotó al Diablo gracias a su total fidelidad a su Padre, aún más humillante tendría que ser para el Diablo que su propio hijo, el Anticristo, se volcase también al bando rival.
Tras estas consideraciones, podemos pasar a examinar la supuesta participación del Diablo en la conspiración que con tanta angustia venimos desgranando desde hace tres posts. Dicho sea de paso, Satanás se ve que no tenía con quién dejar a su retoño y decidió venir en familia a la conspiración. Sí, damas y caballeros, el Anticristo, como veremos, es otro de los viles que están implicados en el complot y, todavía más, lo dirigen desde las sombras...
Entre las afirmaciones que involucran al Diablo en la conspiración, una que al menos ofrece algún síntoma de credibilidad es que los conspiradores, Skulls & Bones entre ellos, son satanistas. Esto sería posible por dos razones, la primera de las cuales, muy obvia, es que si el Diablo podría no existir, los satanistas, en cambio, son reales, y no se requiere de mucha imaginación para aceptar que podría encontrárselos en muchas partes, incluso en las altas esferas. La segunda es que lo que llamamos satanismo es algo muy vago y amplio, y casi tan diverso como el cristianismo. Si mi fe en Cristo me inspira obras de caridad, sin duda mi cristianismo será algo muy positivo, pero si en nombre de Jesús empiezo a matar uno a uno a quienes no crean en él, sin duda yo me sentiré cristiano, pero mis acciones contradecirán la validez de la afirmación; y algo parecido ocurre entre los satanistas.
En efecto, muchas veces vemos a los satanistas bajo la imagen simplista de los fanáticos que ofrecen sacrificios humanos al Diablo. Tal imagen sin duda corresponde a algunos grupos satanistas que existan o puedan haber existido, pero no a todos. Esto es así porque los motivos por los que la gente se acerca al Diablo son muy diversos. Algunos sienten que Dios es un juez brutal y caprichoso y, por lo tanto, prefieren ir en dirección contraria. Otros lo usan a modo de parafernalia, de ornamentación o como medio publicitario. Tal parece ser el caso de algunas bandas de rock pesado y derivados. De dichas bandas, algunas sostienen, además, una filosofía que ellos llaman satánica por oponerse a que la Iglesia les dicte pautas de conducta morales, pero no creen en Dios ni en el Diablo. El caso de Inferi, banda argentina que solía dedicarse al black-metal, parece ser de éstos. En Noruega, el satanismo, hace varios años, revistió un cariz más grave cuando algunos músicos se congregaron en una especie de sociedad satánica que se dio en llamar Inner Circle o Black Metal Mafia, protagonizando una serie de hechos violentos, de los cuales el más conocido fue el asesinato de uno de estos músicos, conocido como Euronymous, a manos de otro, Varg Vikerness. Pero incluso entonces el amarillismo exageró el incidente, haciendo aparecer a la Black Metal Mafia como una organización rayana en el crimen organizado. En realidad, de visita en Argentina y entrevistado por el periodista especializado César Fuentes Rodríguez, el líder de la banda noruega Therion, Christopher Johnson (también víctima de un episodio violento protagonizado por estos violentos colegas y compatriotas suyos) calificó a la Black Metal Mafia como "cuatro o cinco locos, y están todos presos".
Luego tenemos los diferentes credos satanistas más o menos organizados, de los cuales supongo que el más conocido es la Iglesia Satánica fundada por Anton LaVey. Este, en vida, no creía en el Diablo, según nos dice Jeffrey Burton Russell, quien en su HISTORIA DE LA BRUJERIA dedica algunos capítulos a la brujería moderna y al satanismo, aunque considerándolos como fenómenos ajenos a la vieja brujomanía. Su satanismo era más bien una filosofía. Al parecer, implementó ritos simplemente porque, en sus propias palabras, "el hombre necesita de la fantasía y el misterio", un juicio acertado sobre el que puede que volvamos varias veces mientras continuemos desgranando esta descabellada teoría de la conspiración. La filosofía de LaVey no incluía sacrificios humanos ni nada por el estilo. El sostenía simplemente que el cristianismo erraba en combatir defectos como el egoísmo, la avaricia, etc., pues éstas forman parte de la esencia humana y, según él, deben ser aceptadas.
Aunque, como cristiano, deba disentir de LaVey, es necesario admitir que su filosofía satánica está muy alejada del estereotipo habitual, el de los malvados adoradores de Satán que buscan venerar a su oscuro señor y anhelan la perdición del género humano. Es verdad que el célebre asesino Charles Manson al parecer estaba relacionado con esta Iglesia Satánica en particular, pero este caso aislado no alcanza para generalizar, toda vez que en nombre de Dios, y por desgracia también en el seno de la Iglesia cristiana, también se han perpetrado atrocidades, y mucho mayores, admitámoslo, que los crímenes de Manson.
En realidad, si no con palabras, los defectos que, según LaVey, deben ser aceptados antes que combatidos, son honrados en los hechos por mucha gente, además de practicados incluso por quienes renegamos de ellos y tratamos de combatirlos. Así que no vale la pena hacer alaraca por estos satanistas en particular. Con desinteresarnos de ellos, los cristianos tenemos bastante.
Ahora tenemos el derecho de preguntarnos: ¿qué tipo de satanismo practican los conspiradores, según los conspiracionistas? ¿El de LaVey? ¿Y a mí qué me importa, si es así? Ese tipo de satanismo, en sí mismo, no hace a una persona mejor ni peor que cualquier hombre de la calle. ¿El de los que hacen sacrificios humanos? Pero si es así, ¿dónde están las pruebas de tales sacrificios? ¿Dónde los cadáveres, los nombres de las víctimas? En tanto los conspiracionistas no respondan a todos estos interrogantes, la participación de los hipotéticos conspirados en ceremonias satánicas no merece mayores comentarios. Pero algo que merece señalarse es que otros conspiracionistas, o los mismos que se contradicen, anuncian que se nos intentará controlar mediante la religión. Este intento teórico es bastante plausible, porque ya en el Antiguo Egipto los sacerdotes eran poderosos en exceso y querían ser quienes movieran los hilos de la política. Pero en cualquier caso, no es nada novedoso, sino algo que ha ocurrido en todas las épocas, de modo que tampoco vale la pena hablar de ello como algo a realizarse en el futuro, ni con el tono dramático con que se lo pronostica. Simplemente, basta con mantener los propios criterios y cerebro a resguardo de cualquier posible manipulador. El cual, además, no necesariamente tendría que estar en el poder. Personas así hay en todos los estratos. Podríamos preguntarnos, además, qué tipo de religión será la que, según los conspiracionistas, será la usada para "dominarnos", pero sobre eso convendrá, quizás, hablar en un post aparte.
Por cierto, según otros conspiracionistas de ideas aún más estrafalarias e improbables, los "reptiloides" de los que hablábamos en el pasado post parecen ser algo así como la vanguardia del Anticristo. Se nos dice que, en algún momento, se nos intentará colocar un chip en el cerebro con el objeto de esclavizarnos (parece que con la religión, cualquiera que sea ésta, no bastará). Incluso en algún sitio web que visité, no recuerdo cuál, un comentarista exhortaba dramáticamente a no dejarse implantar el chip. Ese chip, parece, tendrá el número 666, el célebre número de la bestia mencionado por San Juan de Patmos en el Apocalipsis. Ardua tarea la de quien tenga que implantar todos esos chips, ¿no? Supongo que le serán negados feriados, francos y vacaciones para que pueda terminar el trabajo antes de pasar a mejor vida. O le tendrán que implantar el chip en primer lugar a él para esclavizarlo y evitar así que haga huelga. Dicho sea de paso, se entiende que parte del plan consista en un exterminio masivo para reducir la población a sólo quinientos millones de habitantes. Siguen siendo muchos, pero es más fácil ponerles el chip a quinientos que a seis mil millones. Creo que la reducción poblacional fue un aporte que en el plan hizo quien tendrá a su cargo la implantación de los chips.
Podríamos aquí ahondar en que, en base a un descubrimiento hecho en Egipto, ahora piensan algunos que el número de la bestia originalmente era 616 y no 666. Podríamos añadir que el Apocalípsis es un libro críptico y de difícil interpretación. Podríamos añadir que actualmente se tiende a creer que más que en profecías para el futuro, ese críptico mensaje del Apocalipsis era una exhortación a no rendirse en las difíciles épocas en que el cristianismo era perseguido. Podríamos explicar cómo, en ese contexto, tanto 666 como 616 podrían corresponder a odiados emperadores que atacaron la religión monoteísta (Nerón y Calígula respectivamente). Podríamos tratar de hacer ver que esclavitud hubo en muchas épocas y sigue existiendo, aunque encubierta, y que en ninguno de esos casos fue necesario implantar chips en los cerebros de los esclavos...Pero creo que no es esto lo que los conspiracionistas quieren oír. De hecho, ellos quieren sólo una buena y emocionante historia, que combine al parecer terror, ciencia ficción y posiblemente acción. En vista del escaso seso que demuestran algunos, es probable, después de todo, que el encargado de implantar los chips se encuentre con que en algunos cráneos no hay cerebro donde implantar chip. Mejor para él, tendrá menos trabajo... Y agradecemos, me asombra decirlo, la presencia de Satán e hijo en la teoría conspirativa, tratando de hacer de las suyas para salvar una idea que hace agua por los cuatro costados, aunque hayan tenido tan poco éxito. Esta vez, los eximimos de culpa y cargo. No fue culpa suya. Sencillamente, no se puede salvar lo insalvable...
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6 comentarios
Excelente. Andá ahora a explicárselo a los defensores de esta bella teoría.