El Romanticismo Rioplatense


Génesis; contexto político en el que se desarrolló;
sus características, principales exponentes y su relación
con los movimientos políticos, sociales y culturales europeos


Introducción al tema

En el presente trabajo, intentaremos internarnos en el mundo del movimiento del Romanticismo, en su faz político literaria, específicamente, en lo referente a la zona rioplatense.

Buscaremos los motivos de su aparición en estas tierras, su formación y características generales, como así también nos dedicaremos a sus exponentes más notables, centrando nuestro trabajo en la figura de Esteban Echeverría, considerado como líder del movimiento, el cual se concentró en la llamada Generación del 37 y que tuvo, como uno de sus principales centros, al Salón Literario.

Si bien la primera manifestación del Romanticismo rioplatense tuvo lugar en la Argentina, con la aparición, en 1832, del poema Elvira o la novia del Plata de Esteban Echeverría, se produjo íntimamente ligado con el romanticismo uruguayo. También en Hispanoamérica, el contenido nacionalista del romanticismo confluyó con la culminación de las Guerras por la Independencia (1810–1824), convirtiéndose en un medio de consolidación de las nuevas naciones independientes, recurriendo al costumbrismo como una herramienta de autonomía cultural. Estamos en condiciones de afirmar que el romanticismo argentino integró la lengua tradicional española con los dialectos locales y gauchescos, incorporó el paisaje rioplatense a la literatura y los problemas sociales locales.

Pero, para la presente monografía, también tuvimos que tener presente el nacimiento y desarrollo del movimiento romántico en Europa, como así también la relación que existió entre nuestro movimiento local y los sucesos políticos, culturales y sociales que ocurrieron en el continente europeo. La relación nos resultó obligada, ya que los principales exponentes del Romanticismo rioplatense tenían como fuente de inspiración y modelo lo que ocurría más allá del Océano Atlántico.

A lo dicho, debemos agregar que el Romanticismo se dio dentro del contexto histórico de los dos Gobiernos de Juan Manuel de Rosas, en donde la lucha feroz entre unitarios y federales, y el exilio que se impusieron las principales figuras de este movimiento cultural rioplatense, sumado a su abierto enfrentamiento con Rosas, llevado a cabo en sus obras (cuando pudieron publicarlas aquí), y por lo tanto, los llevó a ser fuertemente perseguidos y acosados por el gobierno rosista.

Ellos no eligieron la lucha armada, sino la literatura, en todas sus facetas (poesía, prosa, ensayo, teatro), para hacer oír su voz opositora al régimen gobernante. Y nos resultó muy interesante que, luego de la caída de Rosas y durante el período de la organización nacional, algunos de los integrantes de la Generación del 37, llegaron a ser grandes políticos y hasta Presidentes de la Nación, que nunca dejaron a un lado el favorecimiento e impulso constante de la cultura y la educación.

I. El Romanticismo en Hispanoamérica
y en el Río de la Plata


El período romántico fue el más fecundo movimiento literario en el siglo XIX hispanoamericano, y al mismo tiempo, fue el de más larga vigencia, pues dos generaciones de escritores y poetas escribieron dentro de esta concepción estética.
Hispanoamérica se incorporó a este movimiento unos pocos años después de que el Romanticismo ya se había consagrado en Europa y la puerta de entrada al continente americano fue, precisamente, el Río de la Plata, por obra del argentino Esteban Echeverría quien, en 1832, inició este movimiento con la publicación del poema Elvira o La novia del Plata. Ésta se anticipó, incluso, a la primera obra propiamente romántica de España, El moro expósito (1833) del Duque de Rivas.

a) Tipos de romanticismo en Hispanoamérica: Se han señalado dos clases de este movimiento en el continente americano: el de imitación francesa, cuyo foco de irradiación estuvo en Buenos Aires, y el de inspiración española, con sus centros en México y Lima. Podemos decir entonces, aunque sea una simplificación algo extrema, que habría habido un romanticismo “afrancesado” en la costa atlántica y un romanticismo “españolizado” en la costa del Pacífico. Creemos que esta afirmación puede aceptarse con ciertas reservas, pero sin dejar de reconocer que los exponentes rioplatenses tenían como fuente de inspiración e información a Francia y otros países europeos (donde muchos se habían formado), en cambio, tanto México como Perú estuvieron mucho más tiempo influenciados –y hasta podríamos decir “absorbidos”─por la cultura española.

Avanzando un poco más sobre el Romanticismo Rioplatense, los principales exponentes de la Generación del ´37, de la cual hablaremos más adelante, seleccionaron momentos del pasado, dividiéndolos en aceptables y no aceptables; por ello, consideraban a la Revolución de Mayo como “aceptable”, y descubrieron aquello que, por no cumplido hasta entonces, apuntaba como promesa y programa de acción a realizar en el futuro.

Consideraron como “no aceptable” el absolutismo español ─de allí su mirada enfocada hacia el liberalismo europeo en Alemania, Inglaterra y sobre todo, Francia─ y, evidentemente, lo vieron proyectado en Juan Manuel de Rosas y sus gobiernos, prolongados en odios y luchas, durante años. Esto los hizo apartarse del federalismo, ya que sostenían que dicha posición política atentaba en contra de la unificación como estado nacional.

"Busco una razón argentina -decía Esteban Echeverría- y no la encuentro, en sus discursos en el Salón Literario. Esta preocupación y reflexión podría ser vista desde dos direcciones: por un lado, para observar al pueblo, al que se busca educar y dirigir, a la vez que lo registra como una “turba semisalvaje; y por el otro, hacia una teoría de gobierno, cuyo propósito sería terminar, en forma definitiva, con la anarquía política y la improductividad económica. Estos intelectuales quisieron asumir la tarea de alcanzar la emancipación intelectual para concluir la tarea comenzada en mayo de 1810 con la emancipación política: la etapa desorganizadora y destructiva de la espada, debía ser sucedida por la inteligencia, la razón y las letras, colocando el énfasis en la necesidad de adaptar las ideas europeas para resolver los problemas específicamente americanos y la búsqueda de una organización política.

b) Caracteres del romanticismo rioplatense: La literatura romántica ─si bien el movimiento abarcó todas las ramas de la cultura: política, religión, filosofía, la sociedad, pintura, entre otras─ significó, hasta su época, la más profunda modificación estética que hubo en Europa y en América.

Entre sus características podemos citar:

* El americanismo: la literatura debía, también, independizarse de España, como lo había sido en lo político y administrativo, además de ser nacional y representar a cada país geográfica, física, humana, histórica y culturalmente (p. ej.: Amalia de José Mármol, La cautiva y El Matadero, de Esteban Echeverría, el Martín Fierro de José Hernández). Este americanismo debía manifestarse en las ideas, la historia, el paisaje, los temas y la lengua. Esta característica fue compartida por el movimiento romántico en general, cuya cuna fue en Alemania e Inglaterra ─seguidas por Francia, Italia y España─ mediante el impulso que tomó el estudio de la literatura popular (romances o baladas anónimas, cuentos tradicionales, coplas, refranes) y de las obras en lenguas regionales (gaélica, escocesa, provenzal, bretona, catalana, gallega, vasca). Este auge de lo nacional y del nacionalismo fue una reacción a la cultura francesa del siglo XVIII, de espíritu clásico y universalista, dispersada por toda Europa mediante Napoleón, y en la propia Francia, contra el imperialismo napoleónico.

* El sentimiento popular: la literatura debe ser la expresión de un pueblo y el escritor debía representarlo en sus obras; lo popular es preferible a lo aristocrático.

* El artista y el “Yo”: el escritor debía ser un representante de una vasta cantidad de gente y por su intensa sensibilidad y su capacidad de inspiración, tenían personajes heroicos, con voluntad de gloria, preferían lo sentimental a lo racional, poseían una insatisfacción por el mundo contemporáneo, una gran originalidad y rebeldía. Específicamente en el caso del romanticismo rioplatense, se trató, por un lado, de una reacción contra el gobierno de Rosas, y por otro, de una exaltación de lo folclórico, como fue la literatura gauchesca; por lo que podríamos afirmar que nos encontramos ante un escritor como Domingo F. Sarmiento en su Civilización y Barbarie, y ante un José Hernández, con su Martín Fierro, o sea dos ópticas diferentes de una misma nación.

* Profunda reacción contra el despotismo y la autoridad: en el Río de la Plata, esta actitud se puso de manifiesto en abierta confrontación con los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, mientras que en el resto de Europa se produjo, en Inglaterra, en contra de la autoridad victoriana, en Francia, contra Napoleón.

* La actitud libre frente al arte: el romanticismo fue la revolución de la literatura y el artista debía romper con las normas y las reglas clásicas, que limitaban el arte. Se desafió la métrica, se mezcló prosa con poesía, en suma, no se sujetaban más que a su propia originalidad (Lord Byron, Percy Shelley y John Keats en Inglaterra; Goethe en Alemania; Leopardi y Manzoni en Italia, entre algunos). En el movimiento rioplatense, fue la producción poética la que, durante esos años, consolidó los prestigios literarios: los escritores entendían, ante todo, a la literatura como poesía. La prosa, en cambio, resultaba para ellos un instrumento de pensamiento y arma de combate político. Sin embargo, tanto Esteban Echeverría como José Mármol, trascienden más por sus obras en prosa que por sus versos.

* El sentimiento del amor: El principal sentimiento fue el amor, porque no es racional; debía ser idealizado y ennoblecido, y prevalecía sobre la tradición o los prejuicios sociales.

* Géneros preferidos: la poesía (La Cautiva de E. Echeverría), la novela histórica (Sarmiento, Echeverría, Walter Scott ─Inglaterra─), el drama (Amalia y Juan Moreira, en el Río de la Plata; Fausto, de Goethe, y los Cuentos de Hoffman en Alemania), las biografías (Historia de San Martín e Historia de Belgrano de Bartolomé Mitre); los ensayos políticos (Las Bases y Puntos de Partida... de Juan B. Alberdi) y el cuento (El Matadero, de Echeverría) considerado como el primer cuento argentino)

* Lenguaje propio: se produce una importante independencia idiomática utilizando las lenguas locales como forma de expresión (El Matadero, Martín Fierro, Juan Moreira).

II. La Generación del ´37


La denominación habitual de "Generación del ´37" para designar, en forma grupal, a escritores como Esteban Echeverría, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, José Mármol, creemos que oscurece, bajo la forma de cierta unidad, la diversidad de los escritores a los que se alude. Sin embargo, es cierto que los escritores proyectaron una sólida imagen como generación, presentándose a sí mismos como ciudadanos, jóvenes y exiliados, tres figuras muy instaladas en el imaginario europeo de comienzos del siglo XIX (a través de asociaciones como la Joven Italia o la Joven Europa), o de los escritos de los diversos exiliados en el interior del continente europeo (los españoles liberales, los aristócratas franceses).

En 1837, en la librería porteña de Marcos Sastre, se constituyó el "Salón Literario", espacio donde escritores como Echeverría y Alberdi realizaban lecturas de sus ensayos. Cada uno de los trabajos apuntaba la mirada hacia la patria como objeto central de reflexión, y la convicción de que eran los escritores quienes debían asumir la tarea de pensar un destino para el país naciente. La modificación de las costumbres, la propuesta de un sistema legislativo y constitucional coherente, la búsqueda de una teoría política, la necesidad de crear una literatura nacional son algunas de las cuestiones que preocupan a estos intelectuales.

La posición frente al gobierno de Juan Manuel de Rosas, en cambio, resulta todavía vacilante en el "Salón Literario". Mientras algunos consideraban a su figura como la del “gran hombre”, destinado a pacificar y unificar a la Nación, otros, con reticencias, señalan que ese rol estaba aún vacante. El Salón Literario, si bien se desarrolló por pocos meses en un ámbito limitado ─el porteño─, resultó representativo de las discusiones que otros intelectuales, como el sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento, estaban llevando adelante en otras provincias argentinas. En los años posteriores, sobre todo después de 1840, los escritores de esta generación, proscriptos por Rosas, fueron partiendo, uno a uno, hacia el exilio, refugiándose en las ciudades de Montevideo (donde se congregará el mayor número de exiliados), Santiago de Chile o Río de Janeiro.

Si el exilio y la discusión en común de un destino para la nación agrupa a estos escritores como generación, el otro gran factor aglutinante será la adscripción generalizada a la estética romántica. La relación ya la había precisado Víctor Hugo en una frase que circuló mucho entre los intelectuales argentinos: “El romanticismo, si se lo considera en su aspecto militante, no es otra cosa que el liberalismo en literatura”. En esta frase, vieron los escritores una síntesis que abarcaba también otra de sus búsquedas: la libertad formal en literatura, a través de la emancipación de la opresiva normativa retórica de los neoclásicos; la libertad temática que les permitiera alejarse de la transitada mitología clásica para prestar mayor atención a asuntos nacionales y americanos.

En sus producciones literarias, la realidad aparece para retratar al pueblo adicto a Rosas y a sus funcionarios, y degradarlos a través de su pintura. Paradójicamente, esta inmersión en el mundo de sus enemigos los lleva a explorar y a descubrir la estética realista, desvío que -pensamos- se transforma en su mejor hallazgo, porque redunda en una mayor eficacia y originalidad literarias. El origen del género narrativo en la Argentina lo encontramos en El Matadero ─difundido en 1871 por un discípulo de Echeverría, Juan María Gutiérrez, (1809-1878)─; en Amalia encontramos los orígenes de la novela.

a) Principales representantes: La Generación del ’37 fue un grupo de intelectuales argentinos nacidos en torno a la Revolución de Mayo y a la Independencia. En general, se caracterizaron por adherirse a los principios del romanticismo, especialmente al francés, y los textos ingleses y alemanes traducidos en París.

El 8 de julio de 1830, "La Gaceta Mercantil" publicó un poema ─El regreso─ de un joven argentino llegado recientemente desde Francia; era algo inesperadamente nuevo. El joven compatriota tardó muy poco en hacerse conocer: se llamaba Esteban Echeverría. Con él ingresaba, en nuestro país la sensibilidad romántica, que acababa de imponerse en Europa occidental.

Todo un conjunto de nombres de ensayistas, poetas, dramaturgos, novelistas, de Alemania, Inglaterra y Francia especialmente, había logrado remozar airosamente a la literatura; Schlegel, Stäel, Chateaubriand, Lamartine, Victor Hugo, Scott, Lord Byron, entre otros, liberaron a las llamadas “bellas letras” de las rígidas normas tradicionales que los neoclásicos habían acatado. A partir de aquí solo contarán la espontaneidad, el auténtico lirismo, la expresión de los sentimientos.

En junio de 1837, abrió sus puertas el Salón Literario del librero y escritor Marcos Sastre, contando entre sus socios, con una gran mayoría de estudiantes de la Universidad de Buenos Aires –principalmente de la Facultad de Derecho–. Las obras de Cousin, Guizot, Lerrninier, Quinet, Villemain, Saint Simon, Leroux, Lamennais, Mazzini, Tocqueville, entre tantos otros, a través de libros y artículos periodísticos, ofrecían un complejo y apasionante mundo de inquietudes filosóficas, sociales, históricas, políticas, etc., que por su diversidad, les permitió realizar una elaboración doctrinaria original. Al cabo de varios meses culminaron las actividades del "Salón Literario" con una serie de disertaciones que pronunció Echeverría, donde hizo un minucioso inventario de los factores negativos culturales y socio-económicos que frenaban el progreso nacional, y verificó el divorcio que existía entre los propósitos transformadores de la Revolución de Mayo y la agobiante realidad. Y, al señalar el puente ideológico que siempre nos liga a Europa, puntualizó que no se trataba de adoptar premisas extrañas sino de adaptarlas a nuestra específica peculiaridad nacional.

En cuanto a la literatura, sostuvo que la misma no puede desentenderse del medio social que la engendra. Era enemigo de poemas y prosas que no dejan rastro alguno en el corazón ni en el sentimiento.

Entre sus miembros se destacan Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi y, como ya dijimos, Esteban Echeverría, como su líder formador. Podríamos considerar a Juan María Gutiérrez como el fundador de la crítica literaria, y a Bartolomé Mitre, como el primer historiador moderno del continente americano con sus Historia de San Martín e Historia de Belgrano.

Opuesto al criterio científico de Mitre fue el de Vicente Fidel López, cuya atractiva y colorida Historia de la República Argentina se vale de tradiciones y leyendas orales, y se lo considera el iniciador de la novela histórica con La novia del hereje y La loca de la guardia.

José Mármol fue poeta y novelista, rosista primero y antirrosista más tarde, diplomático y director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Escribió versos y dramas, pero su novela Amalia (historia romántica y folletinesca durante la dictadura de Rosas) es la que sobresale.

Olegario V. Andrade, basó sus poesías en temas patrióticos como: La Libertad y La América, entre otras.

Florencio Varela, a los veinte años se graduó de doctor en la Facultad de Jurisprudencia y era de raíz fervorosamente unitaria. En 1829 fue desterrado y vivió en Montevideo, desde donde realizaba su campaña contra Rosas. Fundó "El Comercio del Plata", en 1845, periódico de gran influencia política y cultural.

Dalmacio Vélez Sársfield era el "sabio jurisconsulto", versado en Derecho y Ciencias Políticas. Cursó sus estudios en la Universidad de Córdoba. Sus creaciones orgánicas y fundamentales son el Código Civil Argentino, promulgado en 1871 y, anteriormente, el Código de Comercio de la República Argentina, en 1857.

Alberdi, Sarmiento y Mitre fueron los continuadores del pensamiento y sentimiento nacionalista que nació con la Revolución de Mayo. Las obras Civilización y Barbarie. Vida de Facundo Quiroga de Sarmiento; Bases y puntos de partida para la Organización política de la República Argentina, de Alberdi, y la Historia de Belgrano de Mitre, realizaron un importante aporte de Argentina a la cultura Latinoamericana.

Esteban Echeverría, sociólogo, historiador, poeta y escritor, representante de la escuela romántica y del liberalismo político, fue uno de los redactores del Dogma Socialista y autor de La cautiva y El Matadero, al que luego nos dedicaremos con mayor detenimiento.

El género novelístico tuvo, hasta la publicación de Amalia en 1851, algunos exponentes poco significativos, o bien porque la circulación de los textos fue muy acotada o porque su eficacia literaria resulta escasa: Apenas más atención merecieron las incursiones novelísticas de Juana Manso (Los misterios del Plata, 1851; y La familia del comendador, 1854), las novelas de Miguel Cané, padre (Esther, 1851; Una noche de bodas, y La familia Sconner, 1858) y las de los historiadores Bartolomé Mitre (Soledad, 1847) y Vicente Fidel López (La novia del hereje, 1846, y La loca de la guardia, concluida en 1890). Aunque pueden rastrearse muchos otros exponentes secundarios del género, habrá que esperar hasta la década del ochenta para encontrar un proyecto novelístico del relieve de la Amalia de José Mármol.

Tampoco, curiosamente, proliferan los relatos. Si la postulación de El Matadero de Esteban Echeverría como primer cuento argentino no es producto de una fatalidad cronológica sino de una operación crítica, apenas podrían citarse hacia esos años los cuentos de Juana Manuela Gorriti (1819-1892) recopilados en Sueños y realidades (1865) -hasta la década del ochenta, única escritora que perseveró en el género-; alguna incursión de Bartolomé Mitre (Memorias de un joven botón de rosa, 1848) o de Juan Bautista Alberdi (Tobías o La cárcel a la vela, 1851, y Peregrinación de Luz del día, 1878); y textos que encuadran mejor en el marco del género de costumbres como El hombre hormiga (1838), de Juan María Gutiérrez.

En 1838, ya cerrado el "Salón Literario", se funda la "Asociación de Mayo". A Esteban Echeverría se le encomienda redactar el programa de la asociación, llamado "Código o Declaración de principios que constituyen la creencia social de la República Argentina", luego difundida con el nombre de Dogma socialista de la Asociación de Mayo. Este texto, junto con el Fragmento preliminar al estudio del Derecho, difundido por Juan Bautista Alberdi en el "Salón Literario", el año anterior, resultan fundamentales como síntesis del pensamiento de la generación. Alberdi escribe también obras dramáticas (La revolución de Mayo y El gigante de Amapolas) e incursiona en el relato, pero son sus ensayos los que más se destacan: en 1852 -luego de la caída de Rosas- escribe un texto fundamental en el derecho constitucional argentino, Bases y puntos de partida para la organización nacional, entre muchos otros textos como Elementos de derecho público provincial para la República Argentina o El imperio del Brasil ante las democracias de América (1869).

Otro de los escritores más importantes del siglo XIX argentino es Domingo Faustino Sarmiento. En su ciudad natal, Sarmiento se adhirió a la "Sociedad Literaria", filial de la porteña "Asociación de Mayo", aunque, en parte, su pensamiento y su escritura adoptaron rasgos divergentes a los de Alberdi y Echeverría. Su obra es muy extensa (sobre todo, su labor periodística) y, en este sentido, es importante recordar que la edición de sus obras completas ocupa cincuenta y dos gruesos volúmenes. Entre sus libros más importantes pueden destacarse tres, de carácter profundamente autobiográfico, aunque la crítica literaria ha señalado con frecuencia que casi la totalidad de la escritura de Sarmiento puede leerse como una autobiografía: Mi defensa (1843), Recuerdos de Provincia (1849) y Vida de Dominguito (1886). En estos textos, Sarmiento organiza con mayor intensidad su figura de intelectual y escritor, aunque esta imagen está también muy presente en sus biografías de caudillos provinciales: Vida del general Fray Félix Aldao (1845), El Chacho, último caudillo de la montonera de los llanos de La Rioja (1886) y en uno de sus libros más importantes por la incidencia persistente que tuvo sobre la cultura argentina, Civilización y barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga, más tarde conocido simplemente bajo el título de Facundo. En estas obras, Sarmiento, a través de la biografía de los caudillos protagonistas, desarrolla una versión de la historia patria mientras, a la vez, alude en forma militante contra Juan Manuel de Rosas. La dualidad enfrentada “civilización y barbarie” organizó otras polarizaciones: la ciudad en confrontación con la campaña, los federales con los unitarios y -en última instancia- a Rosas con el mismo Sarmiento. Este modo de sistematización de la sociedad argentina, aunque corroído en la escritura del texto por la fascinación que, a la vez, le provoca la figura de su biografiado, será uno de los modelos que con más ardor se adoptarán o impugnarán en la historia de la cultura argentina. Sarmiento publica en 1849 sus Viajes en Europa, África y América, donde reseña las impresiones que le suscita el viaje emprendido desde Chile en 1845. Entre las cartas que integran ese volumen, Sarmiento, como gran parte de la Generación del 37, visualiza en España el origen del mal nacional. Pero interesa en ella sobre todo su escritura, porque allí el escritor adopta la pose de un inquisidor americano y pone en marcha los mecanismos que a la vez denuncia: España es escudriñada a través de una maquinaria de interrogatorios, imputaciones y hostigamientos, porque en ella se está también mirando un mal que marcó a la patria americana y no puede ser removido en su presente. Si en la carta a España Sarmiento lee las limitaciones que impone la historia a las antiguas colonias americanas, en Estados Unidos redescubre los brillos de un nuevo modelo político y económico. Parte de ese deslumbramiento todavía reluce en su libro Argirópolis (1850).

La caída de Juan Manuel de Rosas, en febrero de 1852, apenas logra sosegar al incansable Sarmiento. El mismo año publica su Campaña en el ejército grande, texto donde narra su conflictiva relación con el caudillo que venció a Rosas, Urquiza. Nuevamente exiliado en Chile, mantiene (también en 1852) una de las más estruendosas polémicas del siglo XIX con Juan Bautista Alberdi, a través de cartas: las de Sarmiento se publican bajo el título de Las ciento y una, mientras las de Alberdi se imprimen como Cartas quillotanas.

b) Extracción social de este grupo generacional: Eran jóvenes intelectuales, hijos de comerciantes (de la burguesía) criollos con acceso a la educación universitaria y favorecidos por las reformas universitarias llevadas a cabo por la presidencia de Rivadavia, aunque muchos de ellos perfeccionaron sus estudios en las mejores universidades de Europa. Eran jóvenes provenientes de distintos rincones del país que se dieron cita en las aulas universitarias de Buenos Aires, creación de Rivadavia, particularmente la Facultad de Derecho (o Departamento de Jurisprudencia, según la denominación de la época), resultaba la de mayor atracción.

c) Etapas de la Generación: El movimiento cultural identificado como la Generación del ´37 se divide en cinco etapas. La primera de ellas. entre 1830-1839, en la cual los escritores románticos publican sus primeros ensayos intelectuales, se organizan en un movimiento de perfiles relativamente nítidos y definen en los periódicos que redactan hacia el final de esos años, un temario de problemáticas centrales y un programa intelectual.

La segunda etapa, de 1839-1844 tiene su origen en las condiciones políticas del Río de la Plata de entonces: la del “romanticismo revolucionario”, integrado en su totalidad por exiliados, y concentrado, casi exclusivamente, en el propósito de derrocar al régimen rosista. En esta etapa, la Generación del ´37 se compenetró, plenamente, con las prácticas de la política facciosa de entonces, articulando, en consecuencia, un discurso público, caracterizado por la violencia de su lenguaje.

Una tercera etapa, de 1844 a 1852/1854, el movimiento siguió manteniendo cierta identidad común, a pesar de la dispersión geográfica de sus miembros, mientras que, al concentrarse, sucesivamente, la mayor parte de los románticos argentinos en Chile, las condiciones de ese país promovieron un desplazamiento hacia posiciones menos extremas que las de la etapa anterior y permitieron una renovada concentración en los debates y empresas intelectuales asociados con el programa romántico.

Se redactaron varias obras importantes como: América poética(1846-1847), de Juan María Gutiérrez; Veinte días en Génova (1844), Bases... (1852), y Acción de Europa en América (1847), de Alberdi; Facundo (1845), Viajes (1847) y Recuerdos de provincia (1851) de Sarmiento.

Las últimas etapas refieren al romanticismo más que a la "Generación del ´37".
De las dos, la más significativa fue la primera que abarca de 1852-1854 y 1880, no sólo de plena madurez intelectual para los miembros de la Nueva Generación, sino también años en que sus ideas supieron concitar consenso prácticamente total entre los sectores letrados de la población.

La quinta etapa, por el contrario, es de lenta declinación y pérdida de protagonismo de los más longevos del movimiento.

d) Ideas y principios que sustentaban: Se basaban en cinco ordenamientos básicos interrelacionados:

* Estructuración de una cultura nacional.
* Difusión democrática y popular de los bienes intelectuales.
* Conocimiento y estudio de la realidad social y material del país.
* Integración realista en el movimiento de ideas y tendencias renovadoras vigentes en el mundo.
* Enfrentamiento activo de las tradiciones "retrógradas".


Estaban educados en otra concepción de lo tradicional y lo clásico, formados espiritual y científicamente por la enseñanza universitaria o superior, influidos por las ideas liberales e imbuidos del concepto de progreso constante, muy propio del siglo XIX. Pero su mayor influencia fue ejercida por el Romanticismo, que les hizo ver que las instituciones y los logros políticos, sociales y económicos eran siempre graduales, producto tanto de la evolución y educación constante, espontánea y dirigida, como de la revolución. Les inculcó además, el concepto de nacionalidad, con las naturales semejanzas entre todos los hombres, por ser todos obra de un mismo Creador.
También eran liberales y progresistas, y endiosaban al pasado, desde mayo de 1810 hasta tiempos cercanos.

e) Desacuerdos y enfrentamiento con Rosas: En un principio, consideraban a Rosas como un producto de la evolución nacional o americana, algo propio del nuevo medio en formación, una etapa ineludible y necesaria para alcanzar realidades mejores. Más tarde, los jóvenes románticos y del Salón Literario cambiaron de posición, en parte por sus ideas liberales, que contrastaron cada vez más con las situaciones y hechos violentos que veían y que no toleraban.

El 8 de julio de 1838, Esteban Echeverría creó una sociedad secreta, de carácter político, llamada "La Joven Argentina" y conocida, tradicionalmente, como "Asociación de Mayo". Más tarde surgiría el Dogma Socialista. La vigilancia de Rosas impedía actuar a la asociación, debiendo emigrar la mayoría de sus integrantes. Desde el exilio, crearon filiales en el Interior, como el caso de Tucumán, de actuación decidida contra la dictadura. Cuando Rosas se enteró que los exiliados organizaban en el exterior grupos de resistencia, ordenó a la policía y a la Mazorca la vigilancia estricta de los bajos del río, lugar donde los fugitivos solían embarcar en forma clandestina.

f) Importancia: Las ideas de Alberdi, de Sarmiento y de otros intelectuales contemporáneos sobre las perspectivas del desarrollo futuro de la Argentina, vinculadas a las condiciones favorables que abría el avance del capitalismo industrial en Europa, influyeron sobre las elites dirigentes argentinas. Expresaban a la vez, las aspiraciones de esos sectores para superar las limitaciones de su expansión. La mayoría de esas ideas o proyectos fueron llevados a la práctica en las décadas que siguieron a la caída de Rosas.

III. Esteban Echeverría


Ser grande en política, no es estar a la altura de la civilización del mundo,
sino a la altura de las necesidades de su país

(Esteban Echeverría, Dogma Socialista)


Esteban Echeverría (Buenos Aires, septiembre 2, 1805 - Montevideo, enero 19, 1851) fue un escritor romántico argentino, perteneciente a la denominada “Generación del ´37”, autor de famosas y novedosas obras como La cautiva y El Matadero, en cuanto al género literario, y el Dogma Socialista, un ensayo político de gran importancia.

Era hijo de la porteña doña María Espinosa y del español vizcaíno José Domingo Echeverría. A temprana edad perdió a su padre y fue iniciado, por su madre, en sus primeras letras. Comenzó la escuela primaria en la escuela de San Telmo, pero al poco tiempo, quedó también huérfano de su madre, quien falleció en 1822. Ingresó en el flamante Departamento de Estudios Preparatorios de la Universidad de Buenos Aires y en su Escuela de Dibujo, a la vez que, en 1823, comenzó a trabajar como dependiente en el comercio de los hermanos Lezica, que tenía representación en países de Europa y América.

A los veinte años, resolvió completar su educación en Europa y partió hacia Francia. Años más tarde, en El ángel caído, un poema épico con fuertes influencias de Lord Byron y José de Espronceda, Echeverría dejará testimonio de su travesía en barco, algo accidentada.

La ausencia de la patria (1825-1830) le fue provechosa. Ya instalado en París, desde el 6 de marzo de 1827, estudia Ciencias en el Ateneo, Dibujo en una academia y Economía Política y Derecho en la prestigiosa Universidad La Sorbona. Allí mismo se interesó por las tendencias literarias de la época, y estudió con afán ejemplar, logrando una sólida cultura.

En junio de 1830, regresó a Buenos Aires, e introdujo en la zona del Río de la Plata el romanticismo literario. En 1831, publicó sus primeros versos breves en el periódico "La Gaceta Mercantil" y también los versos de La Profecía del Plata en el periódico "El Diario de la Tarde". Al año siguiente, en 1832, editó en forma de folleto, Elvira o La novia del Plata, la cual es considerada la primera obra romántica en lengua castellana. En 1834, publicó el primer libro de versos de la literatura argentina (anteriormente, sólo se publicaron poemas sueltos), Los Consuelos.

Por estos años, sus reiterados problemas de salud, lo llevan a pasar un tiempo en la ciudad de Mercedes, actual capital del departamento de Soriano, República Oriental del Uruguay. De vuelta en Buenos Aires, participó activamente en el "Salón Literario".En 1837, el mismo año, se estima que escribió el cuadro de costumbres Apología del Matambre y publicó Rimas, que incluye su obra poética más reconocida: La Cautiva.

En 1838, Juan Manuel de Rosas ordenó la clausura del "Salón Literario", y Echeverría funda y preside la “Asociación de la Joven Generación Argentina”, luego denominada “Asociación de Mayo”, inspirada en las agrupaciones carbonarias italianas, como “La Joven Italia” de Giuseppe Mazzini. Fue en esta asociación donde expuso su ideal de recuperar el espíritu de la Revolución de Mayo, redactó y leyó el Credo de esta Asociación, compuesto por quince Palabras Simbólicas, y que servirán de base para la redacción posterior de el Dogma Socialista de 1846.

Si bien justificaba que las guerras de la independencia fueron una primordial e ineludible preocupación para los hombres de Mayo, no dejaba de anotar que les había faltado dirección, e inteligencia, y que se habían extraviado e inutilizado su energía, a la par que se habían soltado “las pasiones”. Por dicha razón, la consecuencia era notoria: no se había creado nada estable y adecuado en materia de instituciones orgánicas. Para Echeverría, las faltas fueron muchas: faltaron pensadores, faltaron escritores; a su vez, la prensa, en parte, se volcaba a las facciones y partidos.
Presumiblemente, entre 1838 y 1840, mientras residía en la estancia "Los talas", cerca de Luján, Provincia de Buenos Aires, escribe El Matadero, que se publicará póstumamente, gracias a su amigo Juan María Gutiérrez. En 1839, Echeverría, a pesar de estar de acuerdo con la toma del poder por métodos no violentos, adhiere al fracasado "Levantamiento de Dolores" contra el gobierno rosista, por el cual se dicta la Ley del 9 de noviembre de 1839 que, entre otras cosas, identifica a los unitarios como autores de dicha insurrección.

A finales de 1840, se autoexilia en la República Oriental del Uruguay. Primero vive en Colonia del Sacramento y en 1841 se instala en Montevideo, donde vivió dedicado a la literatura. Durante ese periodo, escribe A la juventud argentina, un poema revolucionario y redacta, además, Avellaneda, El ángel caído y La guitarra.

Esteban Echeverría falleció el 19 de enero de 1851, víctima de una dolencia pulmonar. Fue el más importante poeta del primer período romántico en el Río de la Plata e introductor de este movimiento. Impuso la temática del indio y del desierto en la manifestación poética y es considerado por muchos teóricos como el autor del primer cuento argentino, El Matadero, aunque, por carecer de una única unidad temática, una parte de la crítica señala que este escrito, como cuento, no puede considerarse dentro de los cánones tradicionales. Por nuestra parte pensamos que, precisamente, por adherir a los caracteres del Romanticismo, es lo lógico y natural que no sea considerado dentro de los parámetros tradicionales del cuento, ya que ese era uno de los signos distintivos de dicho movimiento. Luego de su fallecimiento, su amigo, el escritor Juan María Gutiérrez, recopiló y editó todos sus escritos en cinco tomos, aparecidos entre 1870 y 1874, bajo el título Obras Completas.

IV. “El Matadero”


El Matadero es una de las obras más conocidas de Esteban Echeverría y fue considerado como el primer cuento realista del Río de la Plata. Fue escrito durante el exilio de Echeverría y no fue publicado hasta muchos anos después de su muerte. El tono crudo, violento y graficó del cuento resume muy efectivamente el ambiente de barbarie y miedo que existía durante la dictadura de Rosas, desde el punto de vista del escritor. Es una crítica fuerte de aquel régimen y una llamada al pueblo en oposición de tal violencia.

a) Argumento: El marco del relato se encuadra durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, en un matadero vacuno situado en la provincia de Buenos Aires. Más concretamente, el marco temporal se ubica en algún momento de la década de 1830, luego de la muerte de la esposa de Rosas, Encarnación Ezcurra, y durante la época de cuaresma. El relato comienza con la descripción de un gran diluvio que duró 15 días y que afectó la economía del país, causando una crisis y la imposibilidad de utilizar el matadero en este período de tiempo, por lo que hubo falta de carne. Esta carencia, que iba acorde a los mandatos de la iglesia en lo referido a la abstinencia de carne, produjo un aumento en los precios de los otros productos como aves y pescados, además de la muerte de mucha gente. Sin embargo, aunque la iglesia dictó que no se debía comer carne bajo el pretexto del pecado, no fue igual de rígida con los gobernantes y el cuerpo religioso, lo que demostraría, una vez más, la hipocresía del gobierno y la iglesia. Echeverría narra que ante la crisis, Rosas envía una reducida cantidad de novillos al matadero, los cuales son recibidos con algarabía por la gente, que se pelea para conseguir su carne y achuras. Entre uno de esos animales se encuentra un toro, que se escapa tras producir indirectamente la muerte de un niño, rápidamente olvidada. El brioso ejemplar es perseguido por varios jinetes, que al final de una larga persecución, logran atraparlo y matarlo. Luego de narrar la muerte del toro, entra en escena un joven que es identificado rápidamente como unitario por no llevar luto ni la divisa punzó. El mozo es atrapado y llevado a la casilla del juez del matadero, donde es interrogado y torturado por los federales. El joven unitario se resiste, manteniendo una actitud desafiante y digna ante las crueldades de los federales. Finalmente, en el momento en que lo pensaban torturar, el joven literalmente estalla de rabia, y muere heroicamente sin haber sido desmoralizado por la tortura, y luego de haber expresado sus pensamientos respecto del régimen federal.

b) Macrocosmos y microcosmos en El Matadero: Teniendo en cuenta la bipolaridad de ideologías que convivían en Argentina durante el siglo XIX, no es difícil deducir los conflictos y la crispación que se vivían por aquel entonces. Fueron estos hechos los que motivaron e inspiraron a Esteban Echeverría en la realización de su obra.
En lo que corresponde al microcosmos y macrocosmos que se muestra implícito en el texto, de lo general a lo concreto, el autor escogió, para su obra, un espacio situado a las afueras de la urbe, un espacio fronterizo, un “no-espacio”, en el cual situó el Matadero de la Convalecencia o del Alto. El Matadero es un escenario que, por su naturaleza, ya connota ideas y sensaciones más próximas a la barbarie que a lo civilizado: en él, conviven personas y animales y su única función es matar el ganado, como propiamente cita su nombre. De tal modo, plantea un paisaje que corresponde al país argentino según Echeverría, la Argentina bajo el dominio de Rosas, por lo que puede relacionarse la figura del gobernador a la del matadero; el espíritu demagógico con el que tacha el autor al ideal federalista.

También, las fuertes lluvias torrenciales que arrasan por completo el lugar narrado, inundando caminos, pantanos, las calles de entrada y salida de la ciudad; ejemplifican, de un modo indirecto, el tormentoso vivir que soportaba la sociedad argentina por aquel entonces.

Por otra parte, en el relato aparecen diversas figuras que también simbolizan elementos propios de la sociedad que critica. Es el caso de un grupo de personajes, como el toro que se escapa embravecido cuando lo van a matar, el joven muchacho que muere en el matadero y las cincuenta reses que matan para ser comidas, que el autor relaciona con la figura del unitario, personaje no correspondido con la vida que le ha tocado y que no se encuentra en el lugar en que debiere estar: la sociedad está en deuda con él. Viene a ser un espacio sin salida para sus víctimas.

Es necesario recalcar que Echeverría descubre notoriamente su posición totalmente anticlerical. El autor reprocha a la iglesia y su modo de hacer las cosas, la cual se basa exclusivamente en el propio beneficio. Satiriza la imagen que tiene el poder eclesiástico en Argentina y se opone a sus valores jugando a crear humor con sus palabras: “¡Cosa extraña que haya estómagos privilegiados y estómagos sujetos a leyes inviolables y que la iglesia tenga la llave de los estómagos! / “Pero no es extraño, supuesto que el diablo con la carne suele meterse en el cuerpo y que la iglesia tiene el poder de conjurarlo…”.

En suma, el juego que realiza Esteban Echeverría en la composición de su obra, extrapolando las imágenes e ideas que aparecen en el relato a la inestable y desastrosa situación que soporta el país argentino, pretende establecer la función social didáctica de crear conciencia al lector de tan grotesco escenario, del cual no se puede evadir.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL


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