Dentro del escolasticismo medieval se fundaron las bases para el pensamiento posterior, al distinguirse la razón de la fe, en lo que se destacó la influencia de Abelardo (cuya historia es famosa), y el aporte decisivo de Ockham. Para iniciar el tema, dejo un resumen del indispensable libro:




“Los intelectuales en la edad media” Jacques Le Goff


Las universidades pueden ser consideradas catedrales del saber debido a que son el espacio cultural común.

El paisaje intelectual se desarrolla en medio de las ciudades emergentes (en las que se montan las escuelas urbanas laicas), la división del trabajo, las nuevas instituciones y estas catedrales del saber; que a diferencia de lo que encontramos en la Alta Edad Media (cultura parcelada), se agrupan en el espacio común de la cristiandad.

Gracias a las escuelas urbanas se crea un panorama de democratización de la educación en el que el ascenso social de campesinos (de muy pocos), es posible gracias al sistema que occidente adopta de los chinos: el examen. Por lo tanto, de ese modo la impermeabilidad de la sociedad, al añadirse otro modo de acceso al poder a los tres ya existentes (nacimiento, riqueza o sorteo) se hace un poco más transpirable. Y en la teoría, la iglesia cristiana abre el camino a todos a los honores eclesiásticos.

Los nuevos intelectuales son vendedores de palabras, se ponen al servicio de la Iglesia y el estado, pero no pierden su espíritu crítico. También son los maestros de escuela, cuyo oficio es pensar y enseñar su pensamiento.

Con el establecimiento de este estamento universitario, encontramos una sociedad trifuncional: la función religiosa, la función políticoguerrera, la función universitaria (como símbolo de la economía productiva, la abundancia). La universidad se establece como poder político.

El siglo XII. Nacimiento de los intelectuales

El intelectual nace con las ciudades, es un hombre de oficio como los demás. Antes, la intelectualidad no era un oficio en si, si no una parte de un todo más ancho: los clérigos.

El autor niega el renacimiento carolingio, o lo acepta pero solo para una élite; ya que los libros eran considerados como un bien más y si la mayoría de libros son un bien material (riqueza), esto es una barrera para la transmisión de saber.


El intelectual del siglo XII tiene como material de saber a los antiguos y como técnica la imitación de éstos. No quiere decir que los plagie, los utiliza para ir más lejos (sentido del progreso de la cultura).

La ciudad es un lugar de comercio, y también de comercio intelectual: “junto con las especias, la seda, llegan los manuscritos que aportan al Occidente cristiano la cultura grecoárabe”.

Se traducen originales árabes y griegos para combatir la ignorancia. Se llenan lagunas (helenismo, la ciencia -“cuadrivio”-, ...); “despojemos a esos infieles para enriquecernos con sus despojos en la fidelidad”, proclamaba Daniel de Morley.

Encontramos una división entre teología y dialéctica, la escuela de la soledad y la del ruído, la escuela del claustro y la de la ciudad, entre Cristo y Aristóteles e Hipócrates; hay una paradoja entre el misticismo del Oriente y la cultura grecoárabe.

Los goliardos, considerados vagabundos intelectuales, son producto de la movilidad social del siglo XII; escapan a las estructuras establecidas. Son considerados evadidos e indeseables, rebeldes (joculator); su obra tiene un carácter revolucionario que proclama la libertad de espíritu y de costumbres.

Su crítica ataca a los que están directamente relacionados con la estructura de poder, y tiene algo de anarquista. Critican la relación de la Iglesia con el dinero, justificando al cura y atacando al monje.

La primera gran figura del intelectual moderno es Abelardo, también es el primer profesor considerado como tal (el caballero de la dialéctica).

En su vida personal encontramos a Eloísa; alumna suya que terminó siendo su pareja, aunque la historia terminó mal debido a la visión que se tenía de la mujer y el matrimonio en el siglo XII.

Existía una corriente antimatrimonial, relacionada con los inicios de la liberación de la mujer. Además el hombre (el intelectual), no podía establecer relaciones que lo disminuyeran como tal. Abelardo, contra las normas, se casa en secreto. Al final, todo termina mal y lo capan. Se retira a la vida monástica hasta el fin de sus días, manteniendo la correspondencia con Eloísa, también retirada en un convento.

Abelardo era nominalista, pensaba que el esfuerzo de la lógica se debe dirigir a la adecuación del lenguaje a la realidad que manifiesta. Así como también realza la importancia de la introspección, en la “Ética” hace un análisis del libre consentimiento, reflexiona sobre el pecar o no pecar, el pecado se convierte en una falta, una ausencia más que una presencia; es importante la contricción a diferencia de la Alta Edad Media en la que eran importantes la penitencia y el castigo.

Era humanista en tanto que buscaba una alianza de la razón y la fe, sigue el camino de San Anselmo la fe en busca de la inteligencia. Además para él las tres grandes religiones (cristianismo, islamismo, judaísmo) eran la suma del pensamiento humano; esta visión implica tolerancia respecto a aquello que es diferente.


En Chartres encontramos el centro científico del siglo. El estudio estaba dividido en las artes del trivio (gramática, retórica, lógica) que eran el estudio de las voces y tenían menos importancia que las del cuadrivio (aritmética, geometría, música, astronomía) que eran el estudio de las res, de las cosas.

El espíritu científico estaba impregnado de investigación, observación y curiosidad, todo esto alimentado por la ciencia grecoárabe. “El exilio del hombre es la ignorancia; su patria es la ciencia.”.


Se cree en la omnipotencia de la naturaleza (mater generationis). Se vive un optimismo naturalista sin dejar de estar determinado por Dios. Se cree en el cosmos, la armonía y el orden frente al caos primitivo, lo que lleva a buscar explicaciones y motivos para los fenómenos.

El hombre es el centro de su ciencia, filosofía y teología. Es el objeto y centro de la creación, es un ser racional (unión razón y fe), no es un animal pero está integrado en la naturaleza y en el orden del mundo.

Adelardo de Bath dice que es una falacia creer en algo por el simple criterio del magister dixit.

El hombre reproduce el universo y está en su centro (microcosmos), se le considera con toda totalidad y [con su cuerpo], puede transformar la naturaleza con su actividad (anticipación).

En el siglo XII el intelectual ve el universo a imagen de un taller de oficios; la visión del mundo como fábrica en la que el hombre (artesano) transforma y crea (homo faber). Esto le da dignidad a los oficios menores.

Honorio de Autun hace una clasificación de las artes (vistas como ciudades): 1. Gramática. 2. Retórica. 3. Dialéctica. 4. Aritmética. 5. Música. 6. Geometría. 7. Astronomía. 8. Física. 9. Mecánica. 10. Economía. 11. Política

Las principales figuras intelectuales que encontramos son: Bernardo, profesor que se dedicaba a la formación gramatical, la cultura básica y a métodos de pensamiento; Bernardo Silvestris, Guillermo de Conches, Abelardo y Roberto de Chester, hombres de ciencia que enfatizaban la literalidad en detrimento de la literatura; Juan de Salisbury en el otro lado, afirmaba que la elocuencia daba fuerza a la ciencia; Gilberto de la Porreé, metafísico.

Chartres formó pioneros, el ambiente intelectual adoptó luego sus ideas más moderadas (Pedro Lombardo, Pedro el Comedor).

El intelectual urbano del siglo XII es un artesano (Ars es tekhné). Todo arte es como una herramienta para construir un producto. La gramática, construcciones de palabras; la dialéctica, silogismos; la retórica, discursos; la aritmética, números; la geometría, medidas; la música, melodías; la astronomía, cálculos del curso de los astros.

Abelardo: “incapaz de trabajar con mis manos, me vi reducido a valerme de mi lengua”.

Hay una relación necesaria entre ciencia y enseñanza (generosidad del intelectual), la ciencia no puede ser atesorada, si no puesta en circulación. Las escuelas son talleres de donde salen las ideas (mercancías) usando como instrumentos el espíritu y los libros.

El siglo XIII. La madurez y sus problemas

Es el siglo de las universidades y de las corporaciones (organización de los intelectuales como miembros de un mismo gremio para defender sus intereses). A partir de esto las universidades se institucionalizan y se crean estructuras rígidas.

Los universitarios son clérigos, hay una confrontación con el poder eclesiástico. El canciller pierde sus poderes en beneficio de los profesores y la política interna (secularización).

En 1229 hay un enfrentamiento entre los estudiantes y la policía real, se consigue la autonomía de la universidad: independencia de la universidad tras una lucha cultural. La población universitaria escapa al poder burgués, su poder (el poder estudiantil) recae en la huelga y la secesión.

Los estudiantes encuentran un aliado todopoderoso: el papado. Muchas universidades están bajo la jurisdicción de la Iglesia, en contra del laicismo natural intelectual. Los intelectuales de Occidente se convierten en agentes pontificios.

Las corporaciones eclesiásticas son monopolios locales, aunque internacionales por sus miembros (la ciencia que no conoce fronteras) ya que su ámbito es la cristiandad, que supera el ámbito urbano en el que nació.

En las corporaciones universitarias encontramos cuatro facultades: decreto o derecho canónico, medicina, teología (consideradas estas tres como facultades superiores) y artes.

En las facultades superiores los profesores titulares o regentes estaban bajo el mando de un decano. La facultad de artes funciona por el sistema de naciones: francesa, picarda, normanda, inglesa; cada nación está presidida por un procurador, elegido por los regentes. Los cuatro procuradores asisten al rector. El director de la universidad era el rector de la facultad de las artes, aunque su autoridad estaba limitada por el tiempo.

Ésta estructura podía variar dependiendo del sitio.

No se distinguían bien los grados de la enseñanza: entre 14 y 20 años se estudiaban artes, entre 20 y 25 medicina y derecho, y luego teología.

En cuanto a los exámenes había dos programas tipo: el del jurista boloñés y el artista parisiense. El jurista tenía un examen private y uno público; en el público tenía que defender una tesis delante de los estudiantes y ya era licenciado. El artista tenía el grado preliminar, la determinatio, y la segunda etapa que era el examen con el cual ya se lo consideraba licenciado.

Había ritos de iniciación como celebración de la admisión en el grupo. Era la ceremonia de purificación, en la que metafóricamente el estudiante pasaba de la bestialidad a la humanidad.

Se observa también una tendencia a la espiritualidad y actos de devoción (piedad mariana).

El libro es la base de la enseñanza, es un material físico, en contraposición a la oralidad y a los clérigos de la Alta Edad Media.

El libro es la expresión de otra civilización. Se hacen tamaños más pequeños, se simplifica el formato para su consulta rápida y para las facilidades económicas, empieza a desarrollarse la industria del libro.

El método en boga es el escolasticismo. Se estudian las leyes del lenguaje primario, las relaciones palabra-concepto-ser (nominalistas).

A través de la dialéctica se resuelven los problemas usando la retórica: expositio, se defiende el problema (y se ataca), y se resuelve (convicción).

El escolasticismo se nutre de textos: “ a hombros de gigantes se ve más lejos”.

La imitación está ligada a la razón, la autoridad a la ciencia, la teología apela a la razón: se convierte en ciencia. La razón iluminada por la fe.

Había una técnica didáctica llamada lectio, comentario de textos: análisis gramatical de la letra (littera), explicación lógica, sentido (sensus), exégesis que revela el contenido (sententia). Del comentario nace la discusión (quaestio) para llegar a la determinatio.

Disputa cuodlibética: se trataba de un problema planteado por cualquiera sobre cualquier tema.

La vida intelectual plantea el conflicto de donde sacar el capital para vivir. Se proponen dos opciones: el salario es la primera y el beneficio para el maestro y la beca para el estudiante la segunda. Con el salario, si paga el estado, el maestro se convierte en funcionario, o en comerciante si el capital es privado.

La Iglesia declara la gratuidad de la enseñanza, esto da posibilidades a los alumnos pobres, pero establece la ciencia como don de dios y no como mercancía. Se pone un freno al laicismo (se olvida la necesaria división: religión/docencia). Sigue habiendo estudios laicos (derecho, medicina, comercio), pero en escuelas privadas y muy técnicos. Se produce un divorcio entre arte y técnica.

Hay una oposición de los seglares a la extensión que ocupaban los maestros pertenecientes a las nuevas órdenes mendicantes (dominicas), porqué rompen la solidaridad universitaria: siguen impartiendo clase cuando hay huelga, no cobran por sus servicios.

El escolasticismo, al imitar a los antiguos no le dan valor al trabajo manual (“Yo no soy obrero de las manos” Rutebeuf), y la teoría del arte queda ligada a una visión mimetista, el arte como imitación de la naturaleza.

El naturalismo lleva a la exaltación de la naturaleza, el desafío de la muerte y a una visión de la jerarquía social como negativa frente a la igualdad primitiva.

Encontramos en los averroístas que el mundo está compuesto por dos verdades (razón y fe), frente a Santo Tomás, Alberto el Grande (platonistas). Los averroístas tenían una visión magnánima: buscaban la espiritualidad a través del hombre y del mundo.

Hay que usar la experiencia para demostrar la razón. El escolasticismo corre el riesgo de convertirse en abstracción, además el uso del latín descalifica a la intelectualidad laica, y existe el peligro de convertir la búsqueda de la verdad en una historia del pensamiento

Del universitario al humanista

En la decadencia de la Edad Media se amplían las diferencias económicas y sociales entre burguesía y proletariado. El poder se organiza alrededor del príncipe (fuente de poder).

Cada vez hay menos universitarios pobres, ya que para estudiar se necesita un protector económico; se empuja a los universitarios hacia los nuevos centros de riqueza, cortes de los príncipes y mecenas eclesiásticos y laicos.

Los derechos universitarios se hacen hereditarios, llevan una vida propia de nobles. El magister se convierte en dominus (relación de vasallaje). La ciencia es considerada una posesión y un tesoro: un instrumento de poder. Hay una separación entre el mundo de los sabios y el mundo de los prácticos.

Se construyen los colegios, donde se localizan los tipos de enseñanza que no tenían edificio propio, son centros del señorío de las universidades, se produce una oligarquización.

El escolasticismo evoluciona en diferentes corrientes: corriente crítica y escéptica (Duns Scoto, Ockham); experimentalismo científico ([mestorianos] de Oxford, doctores parisienses), empirismo; averroísmo, la vertiente más política; al antiintelectualismo de Eckhart.

La razón no puede confirmar la creencia, hay que dejar hablar a la experiencia o a la duda. Se genera un antidogmatismo, un escepticismo teológico.

La ciencia no avanza a causa de la falta de un simbolismo científico, el atraso de las técnicas y la tiranía de la teología. Además el misticismo postula la santa ignorancia.

Las universidades se han convertido en potencias políticas. Se oponen los principios de la unidad y el averroísmo político.

En Praga, la primera universidad nacional se oponen los alemanes (aristocracia) y los checos (pueblo).

El prestigio poderoso universitario se encuentra atado por la influencia del papado.

Dos corrientes escolasticistas: los antiguos (aristotélicos y tomistas) y los modernos (nominalistas, con Ockham como líder).

Se empieza a estudiar griego, surge un interés por las letras clásicas. El intelectual medieval se está quedando atrás para dejar paso al humanista del Renacimiento.

Se considera a Platón el filósofo supremo, que llega a la verdad a través de un conocimiento contemplativo. La filosofía está envuelta en retórica y poesía, como los diálogos platónicos.

Se intenta volver a una expresión bella, los humanistas se preocupan por la forma, los escolásticos solo por el fondo (“la ciencia no tiene necesidad de un lenguaje bello” Juan Mair).

El humanista aristócrata usa una academia cerrada y la idea de grupo (“Colegio de lectores reales” futuro Colegio de Francia) para proteger la riqueza material y a los que la poseen.


Se llega al aislamiento del humanista, el retorno al campo, así que deja de ser didáctico para sus contemporáneos.



http://html.rincondelvago.com/los-intelectuales-en-la-edad-media_jacques-le-goff.html


Guillermo de Ockham

Separación entre razón y fe

La primera ruptura del pensamiento de Ockham respecto a toda la filosofía medieval, es su defensa de la separación absoluta entre razón y fe. Ambas son, para Ockham, facultades distintas, y carece de sentido pretender que existan verdades comunes o que puedan conocer un mismo ámbito de la realidad. Esta tesis se distancia, por tanto, de la propuesta tomista de las verdades comunes, o también del punto de vista agustiniano, que no encontraba la necesidad de separar razón y fe. El pensamiento de Ockham se ha caracterizado, a este respecto, como agnosticismo fideísta. Agnosticismo, en tanto que niega la capacidad de la razón para alcanzar las verdades de fe; y fideísta, en la medida en que sólo un acto de fe permite acceder a este tipo de verdades. Sólo la fe puede llevarnos a admitir la existencia de Dios o la inmortalidad del alma. Como consecuencia, la existencia de Dios será, a juicio de Ockham, indemostrable. Ni las vías tomistas (“a posteriori”) ni el argumento ontológico (“a priori”) son demostrativos. La existencia de Dios (al igual que al inmortalidad del alma o la ley ética natural) no son verdades a las que la razón pueda acceder por sí sola. En el fondo, lo que está proponiendo Ockham es que la razón humana es mucho más limitada de lo que en un principio cabría esperar. Esta desconfianza respecto a la capacidad de la razón sitúa a Ockham dentro de la tradición empirista y es, además, plenamente coherente con su propuesta nominalista, que comentaremos más adelante.

Como consecuencia de la separación entre razón y fe, se rompe también la subordinación de la filosofía a la teología. Ambas son ciencias distintas, y no hay por qué condicionar los resultados de una a la otra. La filosofía comienza así a independizarse del dogma religioso, que hasta ahora había venido fijando el marco teórico en el que podía desarrollarse su tarea, y tampoco va a tener como misión la defensa de los dogmas religiosos, o la crítica de las herejías. Esto, evidentemente, es la condición necesaria para que en el renacimiento la filosofía desarrolle de un modo específico (y no subordinado a la teología) otros temas como la teoría del conocimiento, el pensamiento político, metodología de la ciencia… Precisamente, lo que está haciendo Ockham en cierto modo, es liberar a la razón humana de lo que podríamos llamar un imperativo teológico: la razón puede ya olvidarse de cuestiones teológicas que nunca podrá resolver, para empezar a ocuparse del mundo y sus problemas, de todo lo que nos rodea. Así, en el fondo, estamos permitiendo que la razón estudie el mundo, la naturaleza, primer paso que es indispensable para el desarrollo de la ciencia. Considerando a la razón como una facultad de conocimiento muy limitada, Ockham estaba haciéndole un gran favor, pues abría la posibilidad de que comenzara a enfrentarse a problemas en los que sí se puede avanzar gracias a la razón, como la estructura del Universo (Copérnico-Kepler-Galileo) o el movimiento de los cuerpos (Descartes-Newton…), o el mismo funcionamiento del cuerpo humano. A partir de la separación entre razón y fe propuesta por Ockham, ya no será Dios ni los dogmas religiosos el primer objeto de estudio de la razón, sino que ésta podrá centrar su mirada en la naturaleza, y en el ser humano mismo, lo que será una característica esencial en el renacimiento y la modernidad.

Otro de los efectos de la separación de razón y fe, será también la separación de la Iglesia respecto al Estado. Hasta el siglo XIV, el poder político estaba directamente relacionado con el poder religioso: se revestía de un carácter divino a aquel que ostentaba el poder, y por ello las autoridades políticas y las religiosas estaban íntimamente unidas. De hecho, la separación del poder político respecto al poder religioso será uno de los acontecimientos que marquen el cisma del cristianismo. Ockham será uno de los primeros filósofos que defenderán la necesidad de la separación de la Iglesia respecto al Estado. Su comprometida defensa de la pobreza (uno de los valores centrales de la orden franciscana) le llevará a criticar también el privilegio y la posición de poder que la Iglesia había venido ocupando a lo largo de toda la Edad Media. Este proceso, iniciado en el siglo XIV, culminará en el Renacimiento con la aparición de la política como una disciplina autónoma, que podemos personificar en la figura de Maquiavelo


http://www.boulesis.com/didactica/apuntes/?a=150&p=2


La navaja de Ockham: http://es.wikipedia.org/wiki/Navaja_de_Ockham




Pedro Abelardo

Trabajo de Síntesis entre Teóricos y "Los Intelectuales en la Edad Media"


El siguiente trabajo se propone trazar una relación entre la posición de Pedro Abelardo con respecto al problema de los universales, su giro hacia una subjetividad, visto en teóricos, con su crítica a las instituciones, su humanismo y su influencia goliarda, aspectos que se extraen del libro de Le Goff.

En el siglo XII hubo un movimiento de intelectuales bastante particular, a cuyos miembros se los llamaba goliardos. Este movimiento (no era nada homogéneo ni organizado, sino que a quienes se los etiquetaba como pertenecientes a el compartían características comunes) se distinguía por ser un producto social causado por el crecimiento demográfico y de las ciudades, el nacimiento del comercio, y otros factores que trastocaron la estructura socioeconómica feudal.

Los goliardos aparecen como los desplazados de este nuevo orden (en el anterior ni siquiera existían como movimiento social o intelectual). Podían ser de los más diversos orígenes de clase (campesino, urbano, noble) y por ende, sus aspiraciones sociopolíticas eran también de las más diversas, a veces podían ser hasta contradictorias.


Una característica común a los goliardos era que su pensamiento y en consecuencia, su obra, era altamente "subversiva" y temáticamente, revolucionaria. Temáticamente revolucionaria porque algunos de sus obras tocaban temas que desafiaban a la moral tradicional y a las enseñanzas de la iglesia, como así también la crítica social, temas como el vino, el amor, el juego, en fin, placeres de la carne.

Estas obras se volvieron un lugar común dentro de la literatura burguesa. También planteaban ellos la creación de una nueva moral, criticaban el hecho de que el noble sea noble desde nacimiento, y no por sus actos e intenciones.

Los goliardos eran duros críticos de la sociedad en la cual vivían. Criticaban con dureza y sagacidad a los personajes claramente comprometidos con ese orden sociopolítico que los excluía: el clero, la nobleza, incluso al campesinado. Su blanco principal (y esto es probable que sea por influencia gibelina) es la figura que para ellos está ligado mas estructuralmente al orden de las cosas: el Papa. Ahora se entienden mas claramente sus intenciones de una cultura laica.

No podían conciliar la idea de las aspiraciones terrenales y políticas de la autoridad espiritual. Subyace aquí una crítica al neoplatonismo (en tanto fue utilizado como separador de dos mundos, planteando que al mundo inteligible sólo acceden los privilegiados de los estratos superiores de las sociedad, y que a este, el sensible, hay que dejarlo de lado, solo hay que utilizarlo como una vía de salvación para llegar al paraíso, sin considerar a este mundo en si mismo, denigrando la materia –postura que los goliardos demostraron que criticaban duramente- y eliminando, en consecuencia, toda posibilidad de crítica al status-quo) que también se da en Pedro Abelardo.

Pedro Abelardo fue un crítico de las instituciones de su tiempo. Su enfrentamiento con San Bernardo y con la iglesia provocó su desilusión con respecto a las instituciones cristianas. Incluso pensó en cruzar las fronteras geográficas del cristianismo e instalarse del otro lado. La postura de Pedro Abelardo frente al matrimonio demuestra claramente su espíritu goliardo. En el siglo XII se produce toda una corriente antimatrimonialista.

Surgen también en los ambientes escolares teorías acerca del amor natural, etc. La situación entre Eloísa y Pedro Abelardo se inserta en esta corriente apoyados por los goliardos. Se hace manifiesto el interés por los placeres carnales. A Pedro Abelardo, según Le Goff "Su humanismo le exige que sea plenamente hombre. Por lo tanto, rehusa todo lo que podría parecer como una disminución de si mismo".

¿Hay aquí relación entre la postura abelardiana con respecto al matrimonio y su postura frente al problema de los universales? Si. Es un salto temático bastante grande, pero nuestra idea es que la coherencia del pensamiento abelardiano es tal que en ambos casos subyacen los mismos supuestos y se abren similares perspectivas.

En la polémica sobre el punto de referencia de los universales, había dos posturas principales enfrentadas; una de Guillermo de Champeaux, realista extremo, y otra de Rossellino de Compiégne, nomimalista. El primero sostenía una postura neoplatónica, postulaba que hay esencias que determinan los particulares del mundo sensible. Postulaba que la esencia, al apoyarse en los particulares, se accidentaliza de diferentes maneras.

Hay que diferenciar entre accidentalización y participación, ya que esta última implica separación. La crítica mas usual a esta postura es que tiende a multiplicar realidades (similar a lo que Aristóteles dijo sobre el platonismo).

Para la postura de Guillermo, la realidad estaría en los individuos entre los cuales no habría diferencia de esencia, solo variedad determinada por los accidentes. Pedro Abelardo lleva esta postura al extremo para poder desacreditarla (por ejemplo, habría dos realidades en un individuo –la esencia y el individuo-, etc.). Rossellino proponía que no existe nada mas allá de los entes particulares, que no existen esencias y que para los términos universales su única consistencia material y/o existencial es la emisión de una voz que por convención utilizamos para determinar un conjunto de particulares.

Sobre esta postura Pedro Abelardo afirma que "son avaros en realidades pero generosos en nombres". Hay que rescatar el porqué de sus críticas, ya que tiene cosas en común con esta postura (Pedro Abelardo toma la "parte destructiva" de Rossellino para con Guillermo); Pedro Abelardo critíca esta postura ya que si no se pueden universalizar los entes (de un modo que no sea arbitrario) no se puede construir un conocimiento acerca del mundo sensible.

Pedro Abelardo, al realizar su crítica al sistema de Guillermo de Champeaux, destruye el sistema agustiniano que había sido de gran importancia durante siglos. Pedro Abelardo destruye el concepto de rationes agustinianas al afirmar que no hay una realidad que sea universal. Al desmantelar este esquema ( sobre lo siguiente no estamos diciendo que fue adrede y consciente) tira abajo uno de los cimientos de la estructura ideológica que era la del platonismo que desvalorizaba el mundo sensible y que había legitimado la estructura social, política y económica durante los últimos siglos. En la postura abelardiana acerca del problema de los universales, afirma que solo existen particulares que se nos presentan en determinado estado o condición, status.

Es a partir de cómo se nos presentan las cosas que generalizamos, no es de modo arbitrario, es una convención pero que se basa en cómo se presenta la res. Esta visión de la realidad es, realmente, un cambio enorme. Al plantear el conocimiento y la relación sujeto-objeto en base a cómo se presenta el objeto y cómo lo recibe el sujeto, Pedro Abelardo un avance filosófico enorme. Al afirmar que no hay realidades universales, separadas o no, que determinan los particulares, está destruyendo toda la tradición neoplatónica precedente.

Se diferencia, además, con Agustín en que para este el universal está contenido en el intelecto divino, mientras que para Pedro Abelardo se encuentra en la ratio humana. Lo universal esta dentro del sujeto particular.

Pedro Abelardo revaloriza el mundo sensible contrariando a toda la tradición precedente, permitiendo una ciencia del mismo ya que es como este se nos presente que nosotros conceptualizamos términos universales. Se aleja así, junto con Anselmo, de la idea de Dios como interviniendo constante y directamente en el mundo sensible.

Respondiendo a la pregunta que nos formulamos mas arriba, ahora podemos agregar que en ambos casos se perfila la crítica (o la posibilidad de esta) a las instituciones tradicionales.

Además, así está revalorizando lo subjetivo por sobre lo (supuestamente) objetivo. Esto se encadena con otro salto revolucionario que da Pedro Abelardo.

En Pedro Abelardo se conceptualiza un supuesto medieval fuertemente arraigado, que es el de la conciencia en los actos morales. Durante toda la edad media, las acciones se habrán juzgado de modo externo, es decir, sus actos eran juzgados de modo objetivo. Pero hete aquí que ¿Qué es bueno y qué es malo y quién lo decide? Aquí surge el problema.

Son las instituciones y los altos cargos eclesiásticos (a quienes los goliardos criticaban duramente por denigrar los placeres corporales) quienes se atribuyen el poder de elaborar leyes e imponer castigos sobre cuestiones morales, se creen (y con claros intereses políticos y económicos) los representantes incuestionables de Dios y eso hacen creer a la gente.

Pero como ya mostramos que la filosofía abelardiana abre la posibilidad (y en algunos casos la hace) de criticar a lo instituido, con el tema del pecado, Pedro Abelardo hace hincapié en el pecador, en la intención del sujeto agente mas que en el hecho mismo. Se preocupa por la subjetividad, en lo que está dentro del individuo, su interioridad. El problema que surge es que así se corre el riesgo de caer en el otro extremo: no poder juzgar los actos reales de la gente, ya que lo que importa es la intención.

Este tema tiene relación con un aspecto del espíritu goliardo (no quizá en los aspectos concretos, pues si en cuestionar los juicios que se establecen contra los hombres que gozan de los placeres corporales y el concepto tradicional de pecado), con sus intenciones de fundar una moral natural basada en el hombre y su naturaleza y no en los preceptos de las instituciones mantenedoras del statu-quo. No hay que olvidar que Pedro Abelardo era un humanista que prefirió dedicarse al pensamiento antes que a la guerra; no en vano lo llamaban el caballero de la dialéctica.

Otro ejemplo es el de su choque con San Bernardo, donde este último querrá aplastar por medio de la violencia al mundo musulmán, mientras que Pedro Abelardo tenia una postura mas conciliatoria, buscaba lo humano común a las tres grandes religiones monoteístas.

Concluyendo, vemos como el espíritu goliardo, un sentimiento profundamente humanista y un estilo agresivo se conjugan en Pedro Abelardo para dar lugar a un fortalecimiento de la subjetividad, una critica a las instituciones tradicionales y a las postulaciones de entes superiores al hombre, ya que parecería que intuye que las estructuras pueden coartar el desarrollo del hombre y del individuo como tal. Pedro Abelardo fue un gran ejemplo del intelectual y su espíritu que, utilizando el método dialéctico, años después se corporativizaria en las Universidades del siglo XIII.


http://www.monografias.com/trabajos29/teoricos-intelectuales-edad-media/teoricos-intelectuales-edad-media.shtml