¿Quien no fue alguna vez al Médico y luego de recibir la receta preguntó...Doctor, puedo tomar bebidas alcoholicas?

Muchas veces habremos oido a alguien decir “estoy tomando antibióticos, así que no puedo beber alcohol” o conocemos anécdota de quien no guardó esa precaución y estuvo un par de días bastante mal. Esa persona sufrió en sus propias carnes el “efecto Antabus“.
El etanol contenido en cualquier bebida alcohólica es degradado por el hígado para ser posteriormente eliminado por los riñones en forma de agua o por los pulmones en forma de dióxido de carbono. En el interior de las células hepáticas el etanol sufre una serie de cambios, siendo transformado en sustancias más sencillas e inocuas que sean fácilmente eliminables gracias a la acción de unas enzimas hepáticas, la alcohol deshidrogenasa y la aldehído deshidrogenasa. La alcohol deshidrogenasa convierte el alcohol en acetaldehido, y la aldehido deshidrogenasa continúa la cadena de reacciones para formar dióxido de carbono y agua que se eliminan con la respiración y la micción.

Existen sustancias que al ser ingeridas consiguen alterar la aldehido- deshidrogenasa, lo que impide que el etanol se degrade de forma correcta, formándose un producto derivado del él, acetaldehído, que no puede seguir degradándose y se acumula en el organismo. A la unión de la sustancia a esa enzima y el posterior acúmulo de acetaldehído se le denomina “efecto Antabus”. Poniendo un ejemplo algo grotesco, es como si hiciéramos la masa de un bizcocho pero no la cociéramos y la tomáramos de esa forma, sin terminar de hacerse. Ese acetaldehído es un tóxico que provoca malestar general, mareos y vértigos, rubor facial, ojos rojos, palpitaciones, bajada de tensión, náuseas y vómitos. También pueden aparecer sudoración, visión borrosa y disminución del nivel de conciencia ( una somnolencia bastante profunda, “atontamiento”, etc).

Los medicamentos que provocan estos efectos son, principalmente, antibióticos, como las cefalosporinas y los nitroimidazoles, antimicóticos como la griseofulvina y antidiabéticos como la clorpropamida y el metronidazol, un buen antiinfeccioso ( tiene efecto bactericida y antiparasitario, por lo que se le pone este nombre tan general). En todos ellos, en los prospectos viene indicado de forma clara que la ingesta de alcohol al mismo tiempo causa el efecto Antabus. El nombre del efecto proviene de un medicamento, Antabus (nombre comercial) cuyo principio activo es el disulfiram. Este fármaco se emplea en la deshabituación al alcohol, de modo que el paciente que lo ingiera sufrirá todos los efectos anteriormente mencionado. Tal como indica el Medimecum, los efectos del disulfiram duran hasta 14 días y son lo suficientemente potentes como para ayudar a quien padezca alcoholismo crónico a abandonar el hábito de beber.

Así que ya saben…si beben, no se mediquen

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Interaccion de Farmacos y bebidas alcoholicas
Prof. Esmeralda Salazar

Prof. Eva Pimentel
Suele ser conocido por los pacientes el potencial de efectos adversos que puede tener el consumo de alcohol durante un tratamiento farmacológico y es una pregunta habitual el conocer si está permitido tomar alcohol mientras se toma un determinado fármaco.

El alcohol etílico o también conocido como etanol es una de las sustancias psicoactivas más consumidas en el mundo industrializado. A dosis moderadas es un ansiolítico socialmente aceptado; tras ingerir pequeñas cantidades se registra una relajación y desinhibición del individuo con una mayor capacidad para relacionarse. No obstante, si se mantiene la ingesta de alcohol, se produce una pérdida gradual del control, con progresiva disminución de la conciencia y en último extremo puede llegar a producirse la muerte por depresión respiratoria. Todos estos efectos no son más que la muestra de la creciente y profunda depresión del sistema nervioso central (SNC) que provoca el consumo de alcohol.

El consumo de alcohol etílico puede modificar de forma importante el efecto de los fármacos. El metabolismo de los fármacos se altera de forma distinta cuando el consumo es agudo o crónico.

En pacientes que consumen alcohol de manera crónica se produce una inducción de las enzimas hepáticas que da lugar a un aumento de la tasa de biotransformación y una disminución de la actividad de algunos fármacos como, warfarina, acetaminofén, antidiabéticos orales y rifampicina. Por este motivo, los alcohólicos presentan tolerancia a estos medicamentos y necesitan dosis más altas de estos fármacos para conseguir el efecto terapéutico deseado, excepto si llegan a una situación de cirrosis hepática en la que está disminuida la función hepática y por lo tanto la biotransformación.

Por el contrario, el consumo agudo de alcohol es decir, de forma ocasional, produce la inhibición de las enzimas hepáticas involucradas en la biotransformación, observándose un aumento de las concentraciones de algunos fármacos como benzodiacepinas, fenobarbital, fenitoína, clorpromacina, clometiazol y ciclosporina, pudiendo prologarse su actividad farmacológica así como una mayor incidencia de efectos adversos.

Por otra parte, la ingesta aguda de alcohol con fármacos depresores del SNC como son los fármacos ansiolíticos, hipnóticos, opiodes, antihistamínicos, entre otros, produce una mayor alteración psicomotora porque además de la inhibición del metabolismo se potencia el efecto depresor del SNC de cada uno de ellos.

El alcohol también puede aumentar el riesgo de lesiones de la mucosa gástrica además de prolongar el tiempo de hemorragias cuando se ingiere conjuntamente con antiinflamatorios no esteroideos (AINEs).

El alcohol tampoco se debe ingerir con acetaminofén ya que se incrementa el potencial tóxico a nivel hepático de este analgésico-antipirético tan ampliamente utilizado tanto en la población pediátrica como en el adulto. Otro efecto estudiado es que el alcohol aumenta la accion de todos los farmacos antihipertensivos(enalapril, captopril, nifedipino, atenolol, etc.)

En otras situaciones se ha observado que al administrarse alcohol y ciertos medicamentos conjuntamente, se inhibe el metabolismo del alcohol, ésto hace que la concentración del alcohol etílico en sangre, aumente de manera desproporcionada lo que provoca una serie de manifestaciones clínicas desagradables en el paciente tales como náuseas, vómitos, sudoración y enrojecimiento de la cara, a los pocos minutos de la ingestión alcohólica, este fenómeno se conoce como efecto antabuse. Entre estos medicamentos están el disulfiram, algunas cefalosporinas (cefamandol, cefoperazona, cefotetán), la clorpropamida, el ketoconazol y el metronidazol.

Cabe destacar que esta reacción puede producirse cuando ciertos medicamentos se administran conjuntamente con el alcohol o con fármacos que en su forma de presentación contengan alcohol como por ejemplo los elíxires, incluso 72 horas después de haber finalizado el tratamiento. Cuando el alcohol se ingiere antes que el fármaco no se produce este efecto antabuse.

Para finalizar y contrario a lo anteriormente mencionado la ingestión de alcohol en una proporción adecuada puede mejorar la actividad farmacológica de algunos medicamentos, como los utilizados en el tratamiento de la hipertensión arterial.


Posible Interacción Posible Consecuencia
Alcohol-Acido acetil salicílico Mayor riesgo de lesiones de la mucosa gástrica Riesgo de hepatotoxicidad
Alcohol-Acetaminofén Riesgo de hepatotoxicidad
Alcohol-Analgésicos Opiodes Riesgo de depresión respiratoria del SNC
Alcohol-Antihistamínicos Alteración significativa de la función motora
Alcohol-Barbitúricos Potencia efecto depresor del SNC y depresión respiratoria
Alcohol-Benzodiacepinas Potencia efecto depresor del SNC
Alcohol-biguaninas antidiabéticas Posible riesgo de hipoglicemia
Alcohol-Cefalosporina(cefamandol, cefoperazona, cefotetán) Efecto antabuse
Alcohol-Cimetidina Riesgo de intoxicación etílica
Alcohol-Fenitoína Aumentan los niveles séricos de fenitoína, con riesgo de toxicidad
Alcohol-Fenobarbital Aumentan los niveles séricos de fenobarbital, con riesgo de toxicidad
Alcohol-Ketoconazol Efecto antabuse y riesgo de hepatotoxicidad
Alcohol-Metronidazol Efecto antabuse
Alcohol-Penicilina G
Alcohol-Rifampicina Disminución de la actividad farmacológica de la penicilina G y de la rifampicina respectivamente
Alcohol-Warfarina Disminución de la actividad farmacológica de la warfarina




Bibliografía

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Flórez J. Farmacología humana. Tercera edición. Editorial Masson. Barcelona España. p.p 169,574. 2001
Guía de Especialidades Farmacéuticas en Venezuela. 2002
Salazar E. Manual para medicar en odontología pediátrica. Caracas Venezuela. p.p 160-162. 2000.