La Sociedad Capitalista

Muy Buena Data
La Sociedad Capitalista

El marxismo-leninismo, es un método, una guía, un instrumento, una herramienta que todo revolucionario debe seguir usando en la solución de los problemas que se presentan.
Este método nos enseña a analizar, a pensar, pero el pensamiento debe ligarse a la acción práctica transformadora. Después del triunfo de la Revolución Cubana, el compañero Fidel Castro nos advirtió contra el vicio del teoricismo, cuando recalcó: “Es importante sobre todo que entiendan que el marxismo-leninismo no es una doctrina muerta, que no es catecismo, que no es un esquema que llega y se le pone a cualquier problema; que no se trata de uniformes o de modelos de vestidos que se escogen para este caso o para otro, sino que es un método, es una guía, es un instrumento que, precisamente, tiene que usarlo el revolucionario en la solución de los problemas que se presentan. Es una doctrina viva, que al individuo lo arma, lo prepara, lo capacita, lo lleva a resolver adecuadamente los problemas; de lo contrario se vuelven cerebros muertos, y los cerebros tienen que ser vivos para aplicar fórmulas vivas a cada problema concreto.” (GARCÍA GALLÓ. 1985:1) Lenin también explicaba que uno de los males peores que fomenta la sociedad capitalista es el divorcio entre el libro y la vida y que, por eso, no debemos limitarnos a aprender el marxismo-leninismo solamente en los libros, porque si así lo hiciéramos, mantendríamos el divorcio entre la teoría y la práctica. Así debe enseñarse el marxismo-leninismo a la joven generación: “Sólo ligando cada paso de su instrucción a la lucha incesante de los proletarios y de los trabajadores, contra la sociedad de los explotadores, puede esta generación aprender el marxismo-leninismo.” IBID:4) Es de señalar que, la participación de los facilitadores: César Reyes, Brisna n. (subtema: Opresión de Género) y Rafael Herrarte (subtema: Opresión Étnica), en el primer módulo del taller realizado (19-9-2009) en Chiquimula que reunió a los departamentos de Jutiapa, Jalapa, Izabal, Zacapa y Chiquimula como parte de la Región de Oriente, fue muy importante, porque utilizaron como método el Materialismo Histórico y Dialéctico; pero quien hizo más énfasis en el mismo fue César Reyes con el tema: Grandes desigualdades sociales y como subtema el Sistema Capitalista. El compañero César Reyes nos hace recordar que el Materialismo Histórico y el Materialismo Dialéctico siguen vigentes, que los demás métodos, si bien son importantes, no deben sustituir al Materialismo Histórico y Dialéctico, que hemos observado se ha hecho a un lado en los últimos tiempos, mientras las fuerzas reaccionarias de la oligarquía se arman cada vez más con sus instrumentos de dominación para mantener a las grandes masas adormecidas y encandiladas. A continuación presentamos la transcripción del documento de apoyo utilizado en dicho taller por César Reyes:

LA SOCIEDAD CAPITALISTA

-El capitalismo como modo de producción y reproducción-
En miles de películas de Hollywood nos han intentado convencer de que el capitalismo es sinónimo del “mundo libre”. Supuestamente cualquier persona, de la clase social que sea, del color que sea, puede llegar a millonario. Sólo bastaría el esfuerzo y el ahorro… Quien no llega, es simplemente… “un perdedor”. La culpa del fracaso es personal.
En los grandes diarios sensacionalistas del sistema se insiste con la misma idea. Se pone en la tapa el caso de un ex obrero o empleado que llega a ser millonario por haberse ganado la lotería. O se destaca que el padre de un futbolista estrella a nivel mundial, antes vivía en la villa miseria o en la favela, y luego pasó a vivir en un palacio.
En el caso de los varones, también suele machacarse con la trayectoria clásica del campeón mundial de boxeo: del hambre y la miseria del barrio marginal al estrellato, la farándula, los autos y las mansiones.
Para el caso de las mujeres, la televisión presenta un supuesto atajo. Miles de novelas recrean día a día en la TV el viejo cuento machista de Cenicienta. La empleada doméstica se casa con el patrón y, con vestidos nuevos y grandes alhajas, asciende milagrosamente de clase social.
Siempre se trata de un ascenso individual. Los antiguos compañeros de miseria seguirán en la miseria. Ahora se los mirará desde arriba.
Esos relatos periodísticos, esas novelas y esos cuentos infantiles reproducen cotidianamente la concepción del mundo de las clases dominantes. Transforman en sentido común los mitos ideológicos fundantes y las fantasías perversas de la sociedad capitalista.
En la vida de todos los días, el capitalismo realmente existente es muy distinto. Habrá entonces que estudiar cómo funciona realmente.

¿Qué es el capitalismo?

Es un modo de producción históricamente determinado. Todo modo de producción es un conjunto articulado de relaciones sociales. En la historia existieron muchos modos de producción. Antes del capitalismo, existieron otros modos de producción:
• La comunidad primitiva: basada en lazos de sangre, de parentesco, de lengua, de costumbres. En ella predominan la propiedad comunitaria de la tierra (cuando se supera la etapa de la recolección de frutos y la caza de animales), la producción y consumos de autosubsistencia –fundamentalmente sin excedentes-. Todavía no existe un Estado separado de la sociedad.
• El modo de producción asiático: surge cuando ya existe un excedente económico a repartir. Se sustenta en un germen de poder Estatal centralizado que organiza las grandes obras de regadío –necesarias en Asia- y explota en forma despótica a las comunidades rurales apropiándose de su excedente, aunque manteniendo la posesión comunitaria de la tierra. En las civilizaciones americanas precolombinas este modo de producción (que no sería asiático sino americano) combinaba la propiedad comunal con la existencia del tributo al poder centralizado.
• La esclavitud: presupone –en Grecia y Roma antiguas- la producción de un excedente y la propiedad privada de la tierra. Se basa en el empleo de mano de obra esclava, junto a la existencia de campesinos libres. Presupone la separación de la agricultura y la artesanía. Ya existe el Estado, que garantiza la dominación necesaria para controlar a los esclavos y apropiarse de manera coercitiva del excedente. En Estados Unidos, por ejemplo, durante el siglo XIX (19) se mantiene la esclavitud, pero subordinada completamente al capitalismo.
• El feudalismo: en Europa occidental se basa en la servidumbre de la mano de obra empleada en las grandes extensiones territoriales, la pequeña producción artesanal en las ciudades incipientes, el predominio de la producción de valores de uso por sobre productos fabricados para el mercado y el contrato jurídico entre el señor y el siervo (Valores de uso son todos aquellos objetos que satisfacen necesidades humanas). La propiedad del señor está subordinada a su vez a la jerarquía de los señores. El señor feudal es a su vez vasallo del rey. Los campesinos deben realizar un tributo en especie y en dinero con el excedente de lo que producen en forma privada. Se agrupan en aldeas.
A lo largo de la historia de la humanidad, estos modos de producción nunca han existido en forma “pura”. Cada una de sus relaciones sociales se combinan entre sí y con otros modos de producción, aunque finalmente, en cada sociedad concreta, un tipo de relaciones sociales termina predominando sobre el conjunto.
Cuando surge y se consolida el modo de producción capitalista –principalmente en Europa occidental- las relaciones sociales de capital terminan predominando y subordinando las relaciones sociales anteriores. El capitalismo reorganiza la sociedad bajo nuevas bases –por primera vez a escala mundial-. Este nuevo tipo de orden social está basado fundamentalmente en:
• La producción de mercancías
• La producción de plusvalor
• La producción (alienada) de subjetividad
• La producción de hegemonía
• La producción de violencia sistemática
• La producción y reproducción de la relación social de capital.

¿Cómo era antes del capitalismo?

En las sociedades previas al capitalismo (sea el feudalismo europeo, el modo de producción asiático o el modo comunal-tributario de América antes de la conquista) existía una relación directa entre el ser humano y sus condiciones de vida. Las condiciones de vida son todas aquellas instancias que permiten al ser humano trabajar y reproducir su vida día tras día, año tras año. Antes del capitalismo, la principal condición de vida era la tierra. Por entonces, la inmensa mayoría de lo que se producía eran valores de uso. Su finalidad era el consumo directo y la autosubsistencia, y estaban destinados a satisfacer necesidades humanas (comida, vestidos, vivienda, etc.). Sólo una pequeñísima parte se producía para comerciar e intercambiar. Por eso, antes del capitalismo, la producción de objetos como valores de cambio –es decir como mercancías destinadas al intercambio y al mercado- era marginal y minoritaria. Es recién con la emergencia del capitalismo cuando la producción de mercancías –objetos destinados al intercambio- se vuelve absolutamente predominante sobre otras formas de producción.
Igualmente, antes del capitalismo, el concepto de “propiedad” expresaba esa relación directa entre el ser humano (o sujeto) y sus condiciones de vida (u objeto), mediadas por la comunidad.
Para que el capitalismo se pueda constituir sobre sus propias bases se hacen necesarias grandes sumas de dinero para lanzar al mercado y así obtener ganancias. Una vez que el modo de producción capitalista ya existe, esas inmensas sumas de dinero provienen de la explotación de los trabajadores y del trabajo impago del que se apropian los empresarios, los banqueros y los terratenientes.
Pero antes de que el modo de producción capitalista se haya constituido:
¿De dónde provienen las primeras grandes sumas que se invierten en el mercado?
La única fuente de origen es bien distinta de lo que nos dicen las novelas y los cuentos infantiles. La primera acumulación, la originaria, la que inicia todo el ciclo de la explotación obrera y el enriquecimiento capitalista, no proviene del “ahorro y el esfuerzo individual”. Tampoco de la lotería…
Proviene de la expropiación violenta de los campesinos, de la conquista y el saqueo del tercer mundo y de la ruptura de la propiedad (es decir, del quiebre de la relación directa entre el ser humano y la tierra).
Este quiebre y esta expropiación no se hicieron según el “mutuo acuerdo”. No hubo un “contrato social” donde todos acordaron, por consenso, dejar la posesión directa de sus tierras. Lo que hubo fue violencia extrema. La sociedad moderna capitalista es hija de esta violencia. No nació producto del libre acuerdo sino de la brutal coerción e imposición capitalista.
Mediante esta violencia extrema (robos, torturas, encarcelamientos, violaciones, masacres, conquistas, esclavización, etc.) se fractura la propiedad de la tierra. EnEuropa occidental y en el Tercer Mundo. De un lado quedaron los campesinos europeos y los pueblos originarios americanos. Todos ellos perdieron su vínculo con la tierra. Quedaron desnudos y “libres” (libres porque ya no tenían encima un señor feudal –en el caso europeo- o un rey-dios –en el caso americano- pero también libres porque no tenían propiedad, libres para ser contratados por cualquier capitalista). Sólo les quedó su “capacidad corporal de trabajar” (a esta última Marx denominó “fuerza de trabajo”). La existencia de fuerza de trabajo “libre” es, entonces, un producto artificial –y violento- de la historia moderna.
Del otro lado quedaron las tierras y las condiciones materiales de vida (a ello Marx los denominó medios de producción). Como los esclavos –mayormente de origen africano- eran considerados por sus amos como cosas y como objetos, en esa fractura de la propiedad comunitaria de la tierra, quedaron del lado de los medios de producción. En la mirada de sus amos, los esclavos no eran más que un tipo especial de “herramientas” y de cosas…aquellas que hablaban.
En el capitalismo, tanto la capacidad humana de trabajar o fuerza de trabajo como los medios de producción se transforman completamente en mercancías. Se compran y se venden en el mercado.
Entonces, luego de las rupturas de la propiedad comunitaria (“llamada expropiación”), de un lado quedaron los sujetos, del otro lado el objeto. Entre ambos polos se interpusieron los banqueros, los mercaderes y los incipientes empresarios, imponiéndoles su disciplina de hierro. Así nació la relación social que Marx denominó “capital”.

¿Qué es el capital?

El capital no es una cosa, una suma de “factores de producción”, una suma de máquinas y herramientas, una simple suma de dinero. El capital es una relación social de producción que relaciona en un polo a los dueños del dinero y de los medios de producción (previamente expropiados), y en el otro polo, a los trabajadores que son dueños sólo de sus cuerpos, de su capacidad de trabajar, de su fuerza de trabajo.
Dado que la sociedad capitalista se basa en el mercado, y como el mercado implica falta de control de los productores sobre sus propios productos, sobre sus prácticas y sobre sus relaciones sociales, la sociedad capitalista genera invariablemente alienación y fetichismo.
La alienación constituye un proceso de pérdida de control.

¿Qué es lo que se pierde en el capitalismo?

Se pierde la posibilidad de gestionar racionalmente la economía, basándose en las necesidades de la inmensa mayoría de la sociedad, en lugar de basarse en la búsqueda frenética de ganancia para la pequeña minoría de los empresarios. Al perder toda racionalidad, el mercado capitalista se independiza de las personas, adquiere vida propia, y se vuelve contra la gente. Los trabajadores, que son los creadores de la sociedad, de sus riquezas y sus valores, terminan sojuzgados por el producto de su propio trabajo.
Cuando más brilla el mundo de las mercancías y de los valores en el Mercado, menos vale y menos importa el ser humano.
A esa inversión (donde las cosas valen más que el ser humano y las personas) se la denomina alienación.
El fetichismo es aquel proceso de inversión por el cual los seres humanos y sus relaciones sociales se vuelven cosas “cosificación” y las cosas, adquieren características de seres humanos “personificación”. A esa inversión entre el sujeto y el objeto, entre las cosas y los seres humanos, se la denomina fetichismo porque adorar una cosa consiste, precisamente en adorar un fetiche.
Entonces, la relación social de capital constituye una relación social alienada, cosificada y fetichizada: los medios de vida han cobrado existencia autónoma, y los trabajadores se han vuelto cosas, se han convertido en simples mercancías que se compran y se venden en el mercado (es allí donde el patrón compra la capacidad de trabajar mediante un salario), como si fueran cualquier otra mercancía.
El capital es una relación social que “vive”, que tiene existencia autónoma, es dinero que por sí mismo genera más dinero, gracias a la explotación productiva de la fuerza de trabajo. Sin esta explotación no puede crecer. Incluso cuando se deposita una suma de dinero en el banco y al mes ese dinero aparentemente “creció” solo, en realidad…ese “crecimiento” proviene de otro lado. El interés bancario –la forma más engañosa del capital pues, aparenta crecer sola sin el trabajo obrero- no tiene vida propia. Su “crecimiento” se origina en la extracción de un trabajo impago a los trabajadores de la industria, una parte del cual los industriales ceden a los banqueros bajo la forma de interés por el dinero que los banqueros le habían prestado.
Siempre, en todos los casos, el crecimiento y la acumulación del valor del capital se originan en la explotación del trabajo.
Un ejemplo: los capitalistas pagan bajo la forma de salario sólo una parte del trabajo incorporado en las mercancías por el obrero. Toda una parte del trabajo realizado e incorporado que encierran las mercancías (luego vendidas en el mercado) “no entra” en el cálculo del valor que el capitalista paga al obrero por haber empleado su capacidad de trabajar. Esa parte que “no entra”, pero que sí fue realizada, es el plusvalor, núcleo de la ganancia empresaria.
Dentro de ese trabajo explotado, que alimenta la ganancia empresaria, no solamente está el trabajo impago realizado por el obrero o la obrera en el espacio de la fábrica o la empresa. También hay otro trabajo impago…menos “visible” todavía que el trabajo fabril, pero no menos explotado por el sistema capitalista:
El trabajo realizado en el hogar para que cada trabajador o trabajadora y su familia puedan comer cada día, pueda vestirse y pueda volver al día siguiente a ser explotado a la empresa, también es un trabajo impago. Suele denominarse TRABAJO DOMÉSTICO. En la sociedad capitalista –centralmente machista y patriarcal- ese trabajo doméstico suelen realizarlo LAS MUJERES.
El capitalismo no paga ese trabajo, pero se sirve de él. No sólo se apropia del trabajo doméstico en forma gratuita (porque no ingresa en el cálculo del salario) sino que ni siquiera lo reconoce como tal. Aparece envuelto, gracias a diversos mecanismos hegemónicos vinculados a la cultura, a las tradiciones, etc, bajo la APARIENCIA de “puro efecto” (de la madre por con sus hijos y el marido, de la esposa para con su compañero, etc.). Al interior de la familia el efecto existe, pero está yuxtapuesto con la necesidad de la reproducción social capitalista que no tiene nada que ver con el “afecto”, sino con la explotación.
Si se calcula el valor del salario incluyendo el gasto de trabajo doméstico, la ganancia empresaria se reduciría en forma galopante y el salario obrero aumentaría en forma inversamente proporcional.
La explotación del trabajo doméstico es VITAL para el sistema capitalista
Esa es una de las tantas razones por las cuales el sistema capitalista necesita reproducir en el plano de la subjetividad y en las relaciones de género las normas y conductas de sumisión patriarcal, culturalmente consideradas como “normales” y “naturales”.
El capitalismo es un sistema de explotación que, necesariamente, se alimenta de diversas dominaciones yuxtapuestas y combinadas. La explotación de las mujeres –doblemente explotadas: como trabajadoras en la empresa y como trabajadoras en el espacio doméstico- es uno de los instrumentos fundamentales para la reproducción del capital. La dominación de la mujer no atañe solamente a las formas tradicionalistas o conservadoras de la vida cotidiana (las más “visibles” y, por otra parte, también las culturalmente más cuestionadas en las relaciones de género, incluso por la derecha liberal o las películas norteamericanas). Su dominación se encuentra en el corazón mismo de la sociedad y del sistema capitalista y de su reproducción.
No podrá haber emancipación real de la mujer al margen o al costado o bajo una forma excluyente de la lucha contra el sistema capitalista
Tanto hombres y mujeres, tanto capitalistas y trabajadores, constituyen grandes aglomerados de personas que se denominan clases sociales. Las clases sociales se definen tanto por su posesión o no posesión de los medios de producción como por su experiencia de lucha y su conciencia de clase. La clase obrera, la clase genuinamente revolucionaria de la sociedad moderna, se constituye como tal en la medida en que toma conciencia de que ha sido expropiada, de su antagonismo y contradicción con su enemigo, la clase capitalista. Esa conciencia nunca surge automáticamente. Es producto del conflicto y la confrontación. Así se forma y así se desarrolla en la historia.
En el capitalismo, la fuerza de trabajo produce más valor que lo que ella misma vale. El valor de la fuerza obrera de trabajo equivale a la suma total de los valores de todas aquellas mercancías necesarias para que la familia obrera subsista y el trabajador pueda volver a trabajar al mes siguiente. El precio de lo que vale la mercancía fuerza de trabajo tiene un nombre: salario. En el capitalismo (aunque varía) el salario siempre es menor al valor total de lo que produce la fuerza obrera de trabajo. La diferencia entre el valor de todo lo que se produce y el valor de todo lo que se paga en salarios, tiene otro nombre: plusvalor.
El plusvalor es la expresión del trabajo excedente que en la sociedad capitalista realizan los trabajadores. El plusvalor expresa aquel trabajo obrero que el patrón no paga. Pero no es un “robo”, o en todo caso, es un robo absolutamente legal. El plusvalor es un trabajo impago. Esa es la fuente auténtica de la ganancia empresarial. La ganancia no proviene de “comprar barato y vender más caro”, sino de la explotación del trabajo impago realizado por la fuerza de trabajo y apropiado por los patrones.
Cuando el plusvalor y la ganancia que los patrones extraen de los trabajadores se gastan en objetos de consumo superfluos y lujosos –típicos de la vida burguesa- no se reinvierten en la producción. En ese caso el plusvalor y la ganancia se destinan al rédito. Pero si el trabajo impago que ha sido obtenido de la explotación de los trabajadores se vuelve a invertir, en ese caso lo que existe es una acumulación. La acumulación consiste en la reinversión del plusvalor en el proceso productivo. Así se incrementa el valor del capital inicial por medio de la transformación del plusvalor en capital adicional. Aquel empresario que no acumula, a la larga, no puede competir con otros empresarios y va a la quiebra. Más allá de las buenas o malas intenciones de cada patrón o de lo que desee hacer con su capital particular, la lógica capitalista de toda la sociedad se rige por la acumulación. Su lógica es de hierro, no permite la libre discusión. Aquel capitalista que sueñe con desafiarla, irá irremediablemente a la quiebra.

¿En qué consiste esta lógica, esta forma en que el modo de producción capitalista se reproduce y recrea cotidianamente sus propias relaciones sociales?

En que existe una tendencia a que el capital se concentre y se centralice. La centralización del capital consiste en la fusión de varios capitales bajo un solo mando común (por lo general, el más poderoso). El pez gordo se come al pez chico. El empresario más poderoso se traga al empresario más pequeño. Esa es una tendencia de toda sociedad capitalista.
La concentración del capital –o acumulación- consiste en el crecimiento en el valor del capital en cada una de las formas capitalistas como resultado de la acumulación y la competencia.
Como la fuente de la ganancia capitalista surge de la explotación del trabajador, la relación social de capital no es armónica. Tampoco es pacífica. Tiene una tensión interna. Está atravesada por una contradicción. La relación entre la clase capitalista y la clase obrera es contradictoria. Esa es la base de la lucha de clases.
Toda la historia de la humanidad no es más que la historia de estas luchas de clases
Es más, sin estas luchas no habría historia. Seguiríamos igual que hace miles de años.
La lucha de clases no es una lucha personal entre individuos. No depende de la bondad o maldad de un patrón individual (o de sus intenciones personales). Es el conjunto de la clase capitalista la que tiene intereses contradictorios con el conjunto de la clase trabajadora. La lucha de clases se expresa tanto en el nivel económico, como en el político y en el ideológico. En los momentos de crisis aguda, la lucha de clases se expresa en el plano político-militar. Es el momento más alto de la lucha, el de la guerra civil entre las clases sociales.
Según el método dialéctico, la contradicción está en el corazón mismo de la sociedad de clases. La lucha entre las clases no es un “accidente” ni una casualidad.
El modo de producción capitalista está atravesado por múltiples contradicciones. Una de las principales consiste en que las fuerzas productivas son cada vez más sociales mientras las relaciones sociales de producción son cada vez más privadas y concentradas.
Las fuerzas productivas están constituidas por los instrumentos de trabajo, la tecnología, los medios técnicos y la propia destreza de la clase obrera. Marx señala, en su libro Miseria de la filosofía (1847), que: “la existencia de una clase oprimida es la condición vital de toda sociedad fundada en la contradicción de clases. La emancipación de la clase oprimida implica, pues, necesariamente la creación de una sociedad nueva. Para que la clase oprimida pueda liberarse, es preciso que las fuerzas productivas ya adquiridas y las relaciones sociales vigentes no puedan seguir existiendo unas al lado de las otras. De todos los instrumentos de producción, la fuerza productiva más grande es la propia clase revolucionaria”
Las relaciones sociales de producción son aquellas relaciones que los seres humanos entablan entre sí para reproducir sus vidas trabajando sobre la naturaleza.
Las diversas épocas históricas y los diversos modos de producción se distinguen entre sí, fundamentalmente, según qué tipo de relaciones sociales predominan en cada época.
La contradicción antagónica y la lucha entre las clases (entre quienes producen cada vez en forma más social y entre quienes se apropian cada vez en forma más privada) anidan en el centro de la sociedad capitalista. La dinámica de la acumulación no es independiente de esta contradicción de clases.
Ni la base de la ganancia es entonces “el ahorro” ni los ricos son ricos por haberse “esforzado”. La base de su riqueza y de la acumulación es la violencia y la explotación de una clase sobre otra. Ambas sólo se entienden a partir de su propia historia (que los ideólogos capitalistas ocultan sistemáticamente con sus relatos infantiles).
La base de la sociedad capitalista es la explotación y la dominación de una clase por otra. No hay un capitalismo “bueno” y un capitalismo “malo”, un capitalismo “puro” y un capitalismo “impuro”, un capitalismo “humano” y un capitalismo “inhumano”
El capitalismo es uno solo: un pequeño sector –cada vez más minoritario- vive a costillas de la inmensa mayoría de los pueblos del mundo. Sin esta relación de dominación y explotación el capitalismo no podría sobrevivir.
Aunque a primera vista el capitalismo genera caos y desorden (los capitalistas compiten entre sí, hay crisis, se desperdicia el trabajo social, hay guerras, etc.), en realidad este tipo de organización social tiene una lógica bien precisa: el capitalismo genera siempre más capitalismo. Por eso el capitalismo genera siempre nuevas relaciones sociales. No de cualquier tipo, sino capitalistas. El capitalismo se autoproduce, vuelve a producirse, diariamente se reproduce.

¿Por qué se reproduce el capitalismo?

Porque la sociedad capitalista está organizada de tal manera que en un polo se acumulan todas las riquezas, los capitales y los valores producidos por el conjunto de los trabajadores de todos los países y en el otro polo se acumula la miseria, el hambre, la desnutrición y el analfabetismo de los pueblos. La minoría cada vez tiene más, la mayoría cada vez tiene menos. Eso no es un “accidente” o una casualidad que pronto se superará, como dice la TV…Es la esencia del sistema.
Este fenómeno no depende de las buenas o malas intenciones de los empresarios, de la decencia o la corrupción de los políticos burgueses que los representan ni del profesionalismo o el golpismo de los militares que los defienden. Más allá de las intenciones personales de empresarios, políticos burgueses o militares, la lógica del sistema capitalista genera esa polarización. Esto repercute sobre el conjunto de la vida social.
El capitalismo es además, un tipo de sociedad donde predomina la cantidad sobre la cualidad; las mercancías y el capital sobre las personas; el mercado y el intercambio sobre la razón y el amor; el frío interés material sobre la ética y los valores; el cálculo sobre la amistad y el fetiche del dinero sobre los seres humanos. Todo se compra. Todo se vende. ¡Todo tiene un precio!
El capitalismo rompe todos los prejuicios y los sentimentalismos de las sociedades anteriores (como la sociedad medieval) y los reduce a una sola fórmula: la del DEBE y el HABER. Cada quien vale según cuanto tenga. El dinero se convierte en el Dios todopoderoso de este tipo de sociedad.
El capitalismo siempre fue así. No es que “ahora funciona mal”. Fue así desde su inicio. Pero a partir de la última década del Siglo XX, este tipo de organización social ha experimentado una violenta expansión. ¡Se devoró todo el globo! Aunque desde su origen se estructuró como sistema mundial, a partir de la década del 90 el mercado mundial arrastró con su corriente, todas las sociedades nacionales.
La lucha actual de los trabajadores contra los patrones no se origina en “la envidia” o “el resentimiento”. Los trabajadores luchan contra el capitalismo porque la única manera de vivir mejor presupone terminar con este tipo de sociedad. Mientras que un obrero logra ascender por ganarse la lotería o porque su hijo se hizo estrella de fútbol o de boxeo; mientras que una empleada logra ascender por casarse con el patrón –estos casos son extraordinariamente raros y excepcionales- millones seguiremos hundidos en el pantano de la miseria y la explotación. ¡La única salida es colectiva! No provendrá de las “buenas intenciones” o “los buenos sentimientos” de un patrón “al que le importa su país”. Tampoco dependerá de la suerte individual. Dependerá de la lucha de clase de los trabajadores de todo el mundo. La lucha contra el capitalismo es una lucha por toda la humanidad.

BIBLIOGRAFÍA

Carlos Marx. La acumulación originaria del capital. Capítulo 24 Tomo I, volumen I de El Capital, ediciones varias.
Carlos Marx. Formas que preceden a la producción capitalista. Parte final Tomo I de los Grundrisse. Borradores de El Capital. También están editadas bajo el título: Formaciones económicas precapitalistas, con prólogo del historiador Eric Hobsbawm, ediciones varias.
Carlos Marx. El Manifiesto Comunista. Ediciones varias.
Carlos Marx. La transformación del dinero en capital. Capítulo 4 Tomo I de El Capital, ediciones varias.
========================================================================================

EL CAPITALISMO COMO SISTEMA MUNDIAL EN EXPANSIÓN

El capitalismo constituye una manera de organizar la sociedad a escala mundial.
Aunque nació históricamente en Europa occidental, el capitalismo se estructuró desde su inicio como una sociedad en permanente expansión. El capitalismo no puede existir sin conquistar nuevos territorios geográficos y nuevas relaciones sociales.
Las primeras formas que asumió estuvieron centradas en el capital bancario y en el capital comercial.
Durante la Edad Media europea, los primeros prestamistas y mercaderes aparecieron en el siglo XI (11). Aunque los prestamistas y mercaderes perseguían la obtención de interés y ganancia comercial, todavía en ese entonces, a nivel social predominaba la producción de valores de uso para el consumo.
Más tarde, en los siglos XV y XVI, las grandes casas comerciales europeas –principalmente italianas- financiaron los viajes expedicionarios en busca de nuevas rutas comerciales. Nacía el colonialismo moderno. La primera división del mundo en metrópolis y dominios coloniales.
Desde ese momento, el capitalismo occidental europeo se expandió a nivel mundial. Fue la primera “globalización”, todavía incipiente. A fines del siglo XV y comienzos del XVI, a partir de los viajes de Colón y sus colegas, el mundo se empieza a unificar bajo la tutela y expansión de Occidente, que produce un aplastamiento brutal de las sociedades periféricas. Es “la carga del hombre blanco” que lleva sobre sus espaldas el deber de “civilizar” y evangelizar a los bárbaros (los pueblos coloniales).
América Latina, sojuzgada y conquistada, ingresa en “la civilización” occidental capitalista de la misma manera que África y Asia: como parte de la naturaleza a conquistar y evangelizar. La “humanidad” llegaba hasta donde llegaban los blancos, occidentales, propietarios y varones. No resulta por ello casual que los pueblos originarios americanos hayan sido comparados con los animales (es decir, como si pertenecieran a la naturaleza y no a la sociedad) por los conquistadores europeos. Exactamente lo mismo sucedió a los habitantes de África, que alimentaron la sed capitalista de riquezas como mano de obra esclava.
El saqueo colonialista del Tercer Mundo posibilita la acumulación originaria europea. Ésta, a su vez, permite el desarrollo de la revolución industrial a fines del siglo XVIII. Con la introducción de la máquina de vapor y el pasaje de la producción artesanal y manufacturera a la gran producción industrial, el capitalismo de las metrópolis (principalmente Inglaterra) se expande aún más por el mundo conquistando nuevas colonias (o robándoselas a otras potencias como España y Portugal).
Hacia fines de ese mismo siglo XVIII, se produce en Francia la principal revolución política de los tiempos modernos: la revolución burguesa de 1789.

¿Qué fue la revolución burguesa?

El arquetipo de revolución burguesa europea fue la encabezada por la burguesía francesa, la más radical de todas (porque a diferencia de la burguesía inglesa, no negoció con la monarquía y le cortó la cabeza al rey). La burguesía realizó su propia revolución política liderando a todas las clases postergadas por la realeza, la nobleza, el clero y la monarquía. Lo hace tomando el poder e instaurando la república parlamentaria. Lo hace en nombre de todo el “pueblo” pero en realidad inaugura la dominación política burguesa, es decir, de una pequeña minoría social. Una dominación anónima, impersonal, generalizada, realizada en nombre de “todos los ciudadanos” pero en beneficio exclusivo de la burguesía.
Aunque diversas corrientes de ideas coexisten en el seno de la revolución francesa (incluyendo a los primeros comunistas como Franςois-Noël Graco Babeuf), el liberalismo se torna hegemónico.

¿Qué es el liberalismo?

El liberalismo es la doctrina que plantea en el terreno económico la libre circulación de mercancías. “Dejar hacer, dejar pasar” es su lema, con el cual enfrenta las trabas que la nobleza ponía a la expansión del comercio burgués. En el terreno político, el liberalismo propicia una forma de gobierno republicana donde la burguesía puede ejercer su dominio de manera anónima, general e impersonal, sin las “molestias” de la dictadura o la monarquía.
El siglo XIX fue en Europa el de la consolidación económica del capitalismo industrial y, en todo el mundo, el de la segunda etapa –posterior a los viajes de Colón- de la “globalización”. Si en sus orígenes el capitalismo comenzó acumulando a partir de los bancos y el comercio, en el siglo XIX fue la producción industrial –bajo el supuesto reinado de la libre competencia- la que consolidó el predominio mundial del capital sobre un conjunto muy heterogéneo de relaciones sociales.
En América Latina, bajo el impulso y el apoyo del colonialismo inglés (en disputa con las otras potencias), las nacientes repúblicas latinoamericanas se independizan de los viejos imperios coloniales de España y Portugal. Pero esa independencia será sólo formal. Rápidamente, las nacientes repúblicas se convierten en semicoloniales y dependientes. Surge entonces una clase dominante local, la burguesía dependiente, estrechamente ligada y asociada –en lo económico, en lo político, en lo militar y en lo cultural- al dominio de las metrópolis. Las burguesías dependientes son socias menores de la dominación, primero colonial, luego neocolonial e imperialista.
Es en ese siglo cuando Carlos Marx escribe en el Manifiesto Comunista (1848) acerca de la expansión del capitalismo y la unificación tendencial del mundo, bajo el reinado del valor de cambio y la producción para el mercado. Allí habla, en otro lenguaje, con otra terminología, de lo que hoy se conoce como “globalización”.
Marx plantea, entonces, que con el capitalismo “el mundo se unifica”. También plantea que “el mundo empieza a ser redondo, por primera vez”, a partir de los barcos de vapor, el ferrocarril, el telégrafo, es decir, de los medios de comunicación que marcaron aquella época.
El capital se expande por el mundo en extensión y en profundidad. Por su propia lógica interna, el capital necesita expandirse, tanto en extensión como en intensidad, hacia “afuera” y hacia “adentro”, fagocitando todo tipo de relaciones sociales que le son adversas, externas o extrañas, que resisten, o sociedades que no han sido incorporadas aún a la lógica capitalista. Para dar cuenta de ese proceso, Marx utilizará dos expresiones que explican la subordinación y la unificación mundial bajo el reinado del valor de cambio, el mercado y el capital; “subsunción formal” (para la expansión en extensión) y “subsunción real” (para la expansión en profundidad).
Como el capital necesita expandirse permanentemente, el capitalismo nace como un tipo de sociedad internacional, nace de manera mundial. Se estructura luego a partir de Estados Nacionales –lo primero que en cada sociedad intenta construir la burguesía, históricamente, es el mercado interno, el ejército nacional y el Estado Nación- pero, a partir de allí, se proyecta siempre a nivel internacional, desde sus mismos orígenes.
A fines del siglo XIX por su misma lógica, las grandes potencias capitalistas occidentales se lanzan a la disputa por la conquista del planeta. Francia competirá con Estados Unidos para alcanzar a Inglaterra (que entonces lleva la delantera). Alemania e Italia van detrás, pues todavía no se habían unificado como Estados-Naciones modernos.
A fines del siglo XIX el mundo ya está repartido. Quien quisiera nuevos mercados para exportar sus capitales (no sólo sus productos mercantiles) necesitará comenzar una guerra de conquista. Es el tiempo en que el capitalismo pega un salto cualitativo. El crecimiento de la competencia entre las firmas empresariales nacionales dará lugar al nacimiento de grandes monopolios. La libre competencia metropolitana y el colonialismo moderno dejarán su paso al nacimiento del imperialismo.
Lenin fue uno de los principales teóricos del movimiento revolucionario a nivel mundial (ya que en Rusia dirigió, en octubre de 1917, la revolución bolchevique, la primera revolución socialista triunfante en la historia de la humanidad). En su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916) Lenin sostiene que con la emergencia del capitalismo imperialista, se termina la vieja dicotomía y competencia entre capitales industriales y bancarios. Se produce una nueva fusión donde los mismos capitales se dedican a la producción industrial y al mundo de las finanzas. Este nuevo tipo de capital es el capital financiero, hegemónico en los tiempos del imperialismo. Este tipo de capital ya no alienta la expansión territorial de las grandes potencias –típica de la época colonial donde la gran potencia invade y conquista sociedades menos poderosas- sino un tipo de expansión asentada en la exportación de capitales. Estos persiguen obtener a cambio de sus inversiones, diversos tipos de rentas de los países sojuzgados a los que le conceden una independencia política formal pero manteniendo una dependencia económica.

¿Cuáles son las características del imperialismo?

Lenin resume las líneas centrales de esa nueva fase del capitalismo mundial identificando determinadas características generales:
• Concentración de la producción, centralización de los capitales y emergencia de inmensos monopolios, oligopolios, empresas multinacionales, trust, corporaciones y cárteles.
• Nuevo papel de los bancos, que abandonan su antigua competencia con los capitales industriales para vincularse a ellos en el mundo de las finanzas.
• Surgimiento del capital financiero como fusión de los capitales bancarios e industriales.
• Emergencia de un sector sumamente concentrado del capital financiero que Lenin denomina “oligarquía financiera”.
• Exportación de capitales desde las grandes potencias metropolitanas a las zonas periféricas con el objetivo de disminuir costos en materias primas y fuerza de trabajo y maximizar las rentas.
• Reparto del mundo entre grandes corporaciones multinacionales acompañada del reparto del mundo entre las grandes potencias capitalistas.
No se pueden entender las dos grandes guerras mundiales (y todas las guerras “menores” que las acompañaron a lo largo del siglo XX si se desconoce la existencia del imperialismo. Sólo a la luz del imperialismo se puede comprender el genocidio nazi en Europa y el genocidio latinoamericano llevado a cabo en los 70 y 80 por las dictaduras militares de Paraguay, Brasil, Bolivia, Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, etc. Un genocidio impulsado metódicamente –con sus instructores en tortura y en guerra contrainsurgente- por el imperialismo norteamericano- Un genocidio “científico” y racionalmente planeado.
Una vez que el capitalismo logra frenar la expansión de la revolución bolchevique de 1917 y disciplinar a la fuerza de trabajo a nivel mundial en la segunda posguerra, el imperialismo ingresa en una nueva fase.
Si el imperialismo “clásico” existe en Europa Occidental y Estados Unidos entre 1890 y 1940 aproximadamente, la nueva fase imperialista se inaugura a partir de la segunda posguerra.
Desde 1945 hasta principios de los años 70 el capitalismo imperialista de los países metropolitanos se solidifica sobre una base común: el Estado comienza a intervenir sistemáticamente en el mercado (a favor de los monopolios); se le otorga cierta estabilidad laboral a los segmentos más altos de la clase obrera europea (la aristocracia obrera) a cambio de que sus sindicatos respeten el “nuevo orden” capitalista; se expande el sector capitalista de los servicios generando una sociedad de fuerte consumismo. Además, se genera una inflación permanente como modo de financiar los créditos para la industria y el consumo de masas. En la industria, sigue creciendo –fundamentalmente en EE.UU- el sector armamentístico que llega a formar un complejo militar-industrial, todavía reinante en nuestros días.
Esta nueva fase del capitalismo imperialista metropolitano (que algunos autores denominan “neocapitalismo”, otros “capitalismo tardío”, “capitalismo de organización” o “capitalismo fordista”) se combina hacia el exterior con el neocolonialismo.
Sin colonias formales la dominación imperialista continúa en el terreno económico. En total esta fase del capitalismo dura aproximadamente treinta años. Tres décadas de mansa sumisión de la clase obrera europea y norteamericana a los dictados del capital.
Mientras tanto, después de la derrota de los nazis a manos del Ejército Rojo soviético durante la segunda guerra mundial, se forma un bloqueo eurooriental de países postcapitalistas (autodenominados oficialmente “socialistas”) liderados por la Unión Soviética. Estos países corren entonces con la desventaja de haber sido devastados en su propio territorio (a diferencia de Estados Unidos) por la invasión de los nazis. Además, se consolida en ellos el poder elitista de una fuerte burocracia política –formada en Rusia tras la muerte de Lenin y de la época gloriosa de la revolución socialista de 1917- que frena todo desarrollo de la conciencia socialista y todo poder de los trabajadores. Freno que asume diversas “teorías” y “doctrinas” oficiales en aquellos países (la más conocida de todas es la de “coexistencia pacífica” con el imperialismo, mediante la cual la URSS SE COMPROMETE A NO APOYAR LAS REVOLUCIONES DE PAÍSES DE LA ÓRBITA OCCIDENTAL. Esta doctrina se implementa tras la muerte de Stalin, quien previamente había disuelto la Internacional Comunista para ganar el favor de los líderes capitalistas occidentales).
En el tercer mundo, por la misma época, se suceden diversos procesos revolucionarios. De algunos de ellos (como las revoluciones de Vietnam, China, Corea y Cuba) emergen revoluciones socialistas. En muchos otros casos (Argelia y diversas colonias africanas) ese proceso se limita a la independencia nacional y la descolonización política.
En América Latina, a excepción de Cuba, se vive el auge de diversas experiencias nacionalistas y populistas encabezadas por las burguesías locales (y sus fuerzas armadas) que ensayan modelos industriales sustituyendo lo que no llega del área metropolitana y cubriendo los agujeros vacíos por las industrias monopólicas. Esta industrialización latinoamericana, deformada y dependiente, no modifica la estructura agraria atrasada de nuestros países. Al estar encabezada por los socios locales del imperialismo y el neocolonialismo, no logra romper el estrecho marco del capitalismo periférico. Es una industrialización “a medias” o “seudoindustrialización”, como la llamaron algunos autores.
El imperialismo consolida, entonces, entre 1945 y principios de 1970, su hegemonía para los países capitalistas metropolitanos, pero va lentamente perdiendo la iniciativa en la periferia del sistema mundial.
A comienzos de los años 70, producto de la insubordinación generalizada que se había experimentado durante el año 1968 en las metrópolis y de diversas luchas insurreccionales del tercer mundo (encabezadas por la revolución cubana en América Latina), el modelo hegemónico de capitalismo tardío de posguerra entra en crisis. A ello se suma una crisis aguda del petróleo y otra crisis del dólar, en el terreno económico.

¿Cómo nace el neoliberalismo?

Producto de esas múltiples crisis a nivel mundial, el capitalismo retoma la ofensiva económica, política, militar e ideológica que había ido perdiendo a lo largo del siglo. De allí en más se impone como tarea doblegar a la clase obrera metropolitana, derrotar a los movimientos insurreccionales del Tercer Mundo y fracturar a los países del bloque del Este. La ideología que legitima esa ofensiva a nivel mundial se llama: neoliberalismo. Éste retoma del antiguo liberalismo del siglo XVIII la bandera de la apertura comercial sin límites y la libre circulación económica del capital, pero combinada con formas políticas dictatoriales, fascistas y represivas e ideas culturales extremadamente conservadoras y autoritarias.
El primer “experimento” político a nivel mundial de la nueva ofensiva capitalista neoliberal fue el golpe de Estado de Chile en 1973 realizado por el general Pinochet contra el presidente socialista Salvador Allende. De allí en más, luego de generalizar la experiencia capitalista de nuevo cuño a sangre y fuego por todo el continente latinoamericano, Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en EE.UU aplicaron las nuevas recetas para el mundo metropolitano. A esto se le sumó la crisis terminal interna del bloque del Este (que derivó en la caída del muro de Berlín y la desaparición de la URSS) y una nueva revolución tecnológica de las comunicaciones.
Producto de esa gama de procesos articulados, el capitalismo, que había nacido hacía cinco siglos como sociedad en expansión, vuelve a sufrir una nueva expansión planetaria.
Una de las principales características de esta nueva etapa del imperialismo –cada vez más agresivo y guerrerista- es la internacionalización de la producción. No sólo de las finanzas, como dicen los periódicos burgueses.
Con el neoliberalismo, el Estado no desaparece, como afirman las academias universitarias latinoamericanas: cambia de función.
Abandonando el estilo de intervención que venía realizando desde aproximadamente 1930 y principalmente desde fin de la segunda guerra mundial, el nuevo Estado capitalista neoliberal continúa interviniendo para garantizar la renta, la ganancia y el interés de los empresarios. Se retira de los servicios (salud y educación, por ejemplo) pero cada vez más está presente en el terreno de la represión interna y la criminalización de las protestas obreras y campesinas. Junto a la represión política, crece el militarismo y la súper explotación de la clase obrera.
El nuevo capitalismo imperialista redobla la asimetría de poder y la dominación a escala mundial hasta grados inimaginables. Actualmente, 600 empresas monopólicas transnacionales controlan los Estados de las grandes potencias capitalistas y el mercado mundial. Los pueblos del Tercer Mundo –no sus burguesías, socias serviles del imperialismo- cada vez están más sometidos. Según un informe de las Naciones Unidas, la fortuna de los 358 individuos más ricos del planeta es superior a las entradas anuales sumadas del 45% de los habitantes más pobres de la Tierra. Según ese mismo informe, más de 800 millones de seres humanos pasan hambre y alrededor de 500 millones de individuos sufren de malnutrición crónica.
No es entonces verdad que el capitalismo sigue exactamente igual que en la época de Lenin, a comienzos del siglo XX. Pero tampoco es cierto que haya desaparecido el imperialismo o que se hayan extinguido los Estados Naciones. Sigue habiendo imperialismo. Sigue habiendo capitalismo. Sigue habiendo guerras. Sigue habiendo luchas de clases. La clase trabajadora sigue luchando por otro mundo posible, un mundo socialista.
La “globalización” actual no es más que una nueva etapa de esa larga historia. Como todas las fases previas, no es un proceso ineluctable ni inevitable. Es un producto de la lucha de clases. Dado que el capital se universaliza cada vez más, la lucha de los trabajadores y las resistencias populares también se globalizan.

BIBLIOGRAFÍA
Carlos Marx. La ley general de acumulación capitalista. Capítulo 23 Tomo I de El Capital, ediciones varias.
Vladimir Ilich Lenin. El imperialismo, fase superior del capitalismo, ediciones varias.
Ernesto Che Guevara. Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, ediciones varias.
Noam Chomsky. Estados canallas. El imperio de la fuerza en los asuntos mundiales. Buenos Aires, Argentina. Editorial Paidos, 2002.
Atilio Borón. Imperio e imperialismo. Una discusión con Toni Negri. Buenos Aires, Argentina, Editorial CLACSO, 2002.
Néstor Kohan. Toni Negri y los desafíos de <Imperio>. Madrid, España. Campo de Ideas, 2002.
Claudio Katz. Cómo estudiar hoy al capitalismo. En Herramienta. Buenos Aires, Argentina. Invierno de 1998.
Samir Amin. Imperialismo y globalización.

Fuentes de Información - La Sociedad Capitalista

Dar puntos
0 Puntos
Votos: 0 - T!score: 0/10
  • 0 Seguidores
  • 17.724 Visitas
  • 4 Favoritos

4 comentarios - La Sociedad Capitalista

@abejorrovolando Hace más de 4 años
todos hablan pero la verdadera riqueza se hace trabajando no con papelitos de colores ni ideas que le dan poder a algunos nomas como dice la sociologia moderna. todas las ideologias son malas.. estoy seguro que muchos no van a entender eso por que se creen dueños de la verdad
@juacodz Hace más de 1 año
estoy seguro que muchos no van a entender eso por que se creen dueños de la verdad
que contradicción...!
odos hablan pero la verdadera riqueza se hace trabajando no con papelitos de colores ni ideas que le dan poder a algunos nomas como dice la sociologia moderna. todas las ideologias son malas (tenes una mescolanza terrible en la cabeza)
@ikoten11 Hace más de 4 años
El grande se come al chico SIMPLEMENTE si eres el pez grande ganas asi uno aprende a la buena o mala manera u.u
@banatu23 Hace más de 2 años -1
Socialismo o Muerte
@VibracionPositiv Hace más de 10 meses
lindo post pero le faltaron imagenes.