Civilización Perdida: Los Diaguitas

Hola amigos, les cuento que el siguiente material es un trabajo que hice hace muchos años (1987) cuando estaba en el Liceo (Mis mejores años… ¡Disfruta tu juventud!), trabajo que tenía guardado en una caja junto a mis cuadernos, libros y varios cachureos de entonces como tambien algunas las pruebas y los memorables "torpedos"… En este trabajo sudé gota gorda juntando material y haciendo los dibujos pero disfruté mucho todas esas horas que me llevó haciéndolo y ahora mismo también reescribiendo todo el material lo que me trajo muchos recuerdos.
La temática es la de los primeros habitantes de la zona donde en lo particular habito, es decir la zona de los Valles Transversales en el Norte de Chile, culturas que estaban ligadas en parentezco y costumbres con muchas otras de Perú, Bolivia y Argentina y donde los Incas en su paso compartieron sus costumbres y su cultura.

cultura
El trabajo en cuestión se llamaba "Culturas de la IV Región", pero siendo Taringa un portal Universal cambié el titulo a "Civilización Perdida: Los Diaguitas". Antes escribíamos todo a mano porque nadie tenia PC, pero ahora me di el trabajo de transcribir todo y de escanear los dibujos porque teníamos prohibido entregar trabajos fotocopiados. Probablemente la temática no es del interés general pero sé que ayudará a quienes busquen información respecto al tema, ya que está bien recopilada. Espero sea de utilidad para investigadores y estudiantes.

precolombino
indígenas
Animas

Los pueblos precolombinos en el área circundante a los Valles Transversales eran pacíficos, se dedicaban a labores como la pesca, alfareria y agricultura, la que los distinguía entre pequeñas mini culturas, las que sabían convivir y entre las cuales tenían relaciones comerciales.

diaguitas
Escudilla Diaguita (1000-1470 d.c.).

alfarería
Jarro Pato.

molles
Piedras Geométricas, elementos de los que se desconoce su uso.

chrisarmand
Cerámica El Molle II .

Civilización Perdida: Los Diaguitas
Diaguita II: Escudilla.

cultura
Diaguita III: Escudilla.

precolombino
Cultura Diaguita: Jarro Zapato.

indígenas
Cerámica El Molle II.

Animas

INTRODUCCIÓN
Las culturas prehispánicas, localizadas en los oasis de las quebradas y valles de ríos entre Arica y Puerto Montt, recibieron por contacto de otras comunidades el uso del maíz y de otras semillas y frutos. Al adoptar este avance, ingresaron a lo que los especialistas llaman “Período Agro-Alfarero”.
Pertenecen a esta clasificación, las culturas de Arica, San Pedro de Atacama o Atacameños, El Molle, Diaguitas y Mapuches. Incluyendo en estas últimas a Pincunches, Araucanos y Huilliches.
Las fuentes para el estudio de ellos es más accesible que para las comunidades preagrícolas; en gran parte se debe a que la ocupación española coincidió con la localización de los pueblos agroalfareros o quedó imitándolos, como ocurrió con los araucanos. Además, la cerámica, alfarería, adornos, tejidos y otros que expresaban su cultura, fueron conservados en los ajuares funerarios de las tumbas, después de la extinción de los pueblos.
Por último, en el estudio de cada comunidad, se podrá ir apreciando el valor de ellas; la partida en la cultura de Arica que nos dejó sus antiguas “Momias con Turbantes” que requirió de técnicas especializadas; la de San Pedro, que debió luchar por cada centímetro de tierra cultivable para sobrevivir; El Molle, donde destacamos el “tembetá”, para adornarse y sus pipas de piedra. Los Diaguitas con su más hermosa cerámica, única entre los pueblos prehispánicos chilenos, y de los mapuches, debemos apreciar especialmente a los araucanos, por la fusión racial y cultural que se produjo con nosotros.

ERASE UNA VEZ
Conchales, cementerios primitivos, pinturas rupestres y petroglifos. Son el testimonio de la historia de la cuarta región. De los trabajos arqueológicos ha podido deducirse que la primera de las culturas establecidas en el Valle de Elqui correspondió a un pueblo agrícola asentado en la zona alrededor del año 310 d.c.. Como los vestigios fueron encontrados en la localidad llamada El Molle, se identificó así la cultura aborigen que dejó allí testimonios de sus conocimientos agrícolas, metalúrgicos y alfareros.
Sin embargo, los antecedentes de vida en la región se remontan a varios milenios previos a la cultura de El Molle. El pueblo ceramista que habitó en los comienzos de la era cristiana es casi moderno si lo comparamos con los antecedentes recogidos, también en esta zona, y que nos hablan de pueblos pescadores y recolectores que vivieron en la franja costera hace 4 mil años.
Así continúa el curso de las excavaciones y retroceso en el tiempo, se llega a la conclusión de que hay rasgos de vida animal, vegetal y humana hasta unos 100 mil años atrás.

EL HORIZONTE TEMPRANO
Está representado por el Complejo El Molle, que hace su aparición probablemente con la introducción de nuevas poblaciones, que sin dudas se mueven desde allende Los Andes, con conocimientos agrícolas de mayor desarrollo y con una actividad ganadera, preponderantemente. Esta afirmación se basa en la dispersión de los sitios conocidos en áreas de interfluvios, quebradas y caletas secundarias. Cuando los encontramos presentes en los valles, no coinciden con sectores de fácil utilización para la agricultura, a menos que supongamos la existencia de complejos sistemas de canales o andenerías, lo cual no es posible con la información que hasta el momento manejamos. Salvo el sitio tipo de El Molle, el resto lo ubica en áreas más bien aptas para la actividad ganadera, con posibilidades agrícolas reducidas.

CULTURA EL MOLLE
En los valles transversales, entre los ríos Copiapó y Choapa, se localizó esta cultura, en el mismo lugar en que años más tarde lo haría la cultura Diaguita. A diferencia de ésta, El Molle se difundió abarcando hacía el Sur un área más extensa.
Su nombre se debe al sitio tipo descubierto en 1938 por Francisco L. Cornely en el Valle de Elqui. Los hallazgos de sus restos fueron encontrados sobre el límite del horizonte pre agroalfarero, y eso hace deducir que El Molle ocupó el primer lugar de los pueblos agro alfareros de esa área geográfica.
Como ya se ha dicho, el cambio de la actividad económica de la caza a la agricultura resultó lenta, por eso en la 1ª Fase, los mollenses combinaron ambas actividades más la recolección, para quedar predominando la agricultura finalmente en el curso de su evolución cultural.
En cuanto a su procedencia, los investigadores han tomado muy en cuenta un adorno labial muy difundido en la etapa de EL Molle I, que estaría generalizado en comunidades prehistóricas de las selvas tropicales de Africa, Asia y América. Por este motivo, se les cree originarios del Amazonas o del Chaco, y su llegada a Chile correspondería a los años 300 d.c. más o menos.
*ECONOMIA: Se fundamentó en la agricultura y su producto central fue el maíz.
*CREENCIAS RELIGIOSAS: Se expresó igual a la de los otros pueblos aborígenes de acuerdo al grado de su desarrollo.
*CARACTERISTICAS DE SU ALFARERIA, INPLEMENTOS Y TUMBAS (Molles): Es de un solo color: roja, negra pulida con decoloraciones incisas y de formas geométricas. Sus formas son esbeltas, el fondo plano y en general sin asas.
Los elementos más propios del período son el tembetá y las pipas de piedra. El primero es un adorno de piedras de colores o por excepción greda; los indígenas se lo incrustaban en el labio inferior. En la boca quedaba una delgada lámina y al exterior sobresalís un pequeño botón a través del labio. Las pipas de piedra para fumar se usaban seguramente en ceremonias rituales y estaban formadas por dos brazos, uno de ellos perforados, comunicándose por un hornillo central.
Hay que agregar a estos elementos, puntas de proyectiles, raspadores, morteros, brazaletes, aros, pinzas para depilar y anillos de cobre que se trabajan a través de la fundición y el maquillaje.
Las tumbas se rodeaban de piedras de diferentes tamaños y colores. Algunos yacimientos encontrados en esta en esta fase son los de Copiapó, Huasco y Hurtado, que corresponden a los valles del sector.

CARACTERISTICAS DE EL MOLLE II
Se expresó a través de una cerámica pintada con decoloraciones de animales y vegetales. A la metalurgia del cobre se agregarán los trabajos de oro y plata. Las tumbas quedarán tapadas en forma de túmulos por acumulaciones de tierra.
A este período corresponden entre otros, los yacimientos de Hurtado y Combarbalá.

diaguitas
Botella. Cerámica EL Molle (0-700) dc.

COMPLEJO EL MOLLE
La cultura o complejo EL Molle, estudiado desde un principio por Fco. Cornelly en el sitio epónimo y en otros lugares de la región, ha sido difundido y caracterizado por las investigaciones de Jorge Iribarren, ampliamente conocidas sus excavaciones en Turquía, le dieron las evidencias para postular dos fases en su desarrollo, tomando como evidencia la diferencia de contexto que presentaban los hallazgos frente a los del sitio tipo. Añadió a esto, gran caudal informativo para otros sitios, tanto de la provincia de Coquimbo como de Atacama. En sus últimos trabajos sobre el particular, agrega nuevos elementos, reafirmando sus postulados.
Con anterioridad hemos puesto en duda la hipótesis de Iribarren, por considerar que la enorme diversidad que presentan las evidencias Molloides a lo largo de dos provincias, la falta de registros estratigráficos que fundamenten estas dos fases y la debilidad de los contextos definidos para cada una de ellas, no satisfacen lo postulado.
Proponemos el estudio del problema, definiendo como Complejo Cultural a los contextos asignados hasta ahora al Molle sin tener por el momento una respuesta totalmente elaborada, creemos que la llave se encontrará al estudiar las evidencias bajo la luz de nuevos hallazgos en intima relación que pueden entregar los estudios de las áreas vecinas, tanto chilenas como argentinas.
Sobre el origen de este complejo, se han manejado diversas hipótesis. Es evidente, según las observaciones de Iribarren, la existencia de rasgos amazónicos, como es el uso del tembetá. Por otro lado, la cerámica muestra una variedad de técnicas y confección en la definición de tipos, y que dadas las observaciones que existen hasta el momento, no nos permite avanzar mucho más en este problema, por cuanto los contextos de sepulturas son de por si registros receptivos. Los sitios habitacionales aun esperan ser descubiertos y excavados sistemáticamente.
Los pocos que ya lo han sido, no han aclarado el problema, sino demostrar que existen unas ciertas uniformidades en la técnica de la cerámica y una relativa asociación de los tipos conocidos. En general, los contextos de EL Molle se resumen en una serie de rasgos que se refieren a 3 aspectos básicos:
1.- Tipo de sepulturas
2.- Cerámica; y
3.- Presencia de pipas y tembetás de piedra.
Las sepulturas presentan 4 tipos bien definidos:
a.- Los Túmulos: De forma de cono truncado y confeccionados básicamente de piedra;
b.- Los círculos: O ruedas confeccionadas con guijarros como señalización en superficie. Hasta el momento sólo conocidos en el sitio epónimo y con cierta probabilidad en Quebrada Honda, desembocadura del Norte.
c.- Los emplantillados: Que consisten en acumulación de piedras con cierta ordenación dentro de la fosa sepulcral, excavadas a profundidades que alcanzan los 2 metros. Este tipo es propio del Valle de Hurtado.
d.- La señalización simple: Entre las que existen mayor variabilidad, siendo en general de poca profundidad, con algunas piedras sobre la superficie como señalización. En algunos casos, coinciden sepulturas de este complejo en sitios con piedras tácitas, dentro de sitios habitacionales. La distribución de estas sepulturas es mucho más amplia y abarca por o menos desde el Río Huasco hasta Choapa.
Con respecto a la cerámica, tanto Cornelly como Iribarren han realizado los estudios pertinentes. Los importantes hallazgos de la Turquía en el Río Hurtado, aumentaron grandemente la información, con la cual Iribarren elaboró una tipología de formas, con un total de 12 tipos y 17 variantes, las que en los últimos años se han enriquecido con nuestros aportes.
Las técnicas cinematográficas también han sido aplicadas para la descripción y fundamentación de diversos tipos. De acuerdo a la periodificación de Iribarren, son la Fase I y II.

COMPLEJO LAS ANIMAS
Las investigaciones que realizara Julio Montané y Hans Niemeyer en Puerto Aldea y Punta Teatinos, demostraron estratigráficamente la secuencia postulada para la “Cultura Diaguita Chilena”. Más aún, el detallado estudio ceramográfico correspondiente a los diversos niveles, permitió separar claramente “tipos cerámicos” muy característicos para la llamada “Fase Incaica” de Latchman y Cornelly. En sucesivas publicaciones, Julio Montané demostró que no podía seguirse sustentando una simple evolución estilística de los tiempos Diaguitas.
Denominó Las Animas a 4 tipos cerámicos bien definidos correspondientes al sitiotipo primitivo, y que están comprendidos en el arcaico.
Su argumentación concluyó que: Lo expuesto a parte de un conjunto ERGOLOGICO posterior a la de EL Molle y anterior a la Diaguita.
La asociación de tipos cerámicos Animas I y II con variedades asignadas a la cultura de aguada del noroeste argentino.

alfarería
Cuenco. Complejo Las Animas.

LOS DIAGUITAS
Los Diaguitas probablemente procedieron del otro lado de la cordillera de Los Andes. Una vez cruzado este macizo, se mezclaron con los pueblos de la cultura El Molle y Las Animas, generando un mestizaje cultural del cual derivan las diferencias que presentan con sus parientes más próximos los Diaguitas argentinos.
Los especialistas distinguen tres periodos en el desarrollo de la cultura Diaguita chilena. EL primero se caracteriza porque los cadáveres se sepultaban a unos 80 cms. De profundidad, con las piernas dobladas y rodeados de grandes piedras. Los ejemplares de cerámica más característicos de esta etapa son los JARRO ZAPATO, de boca ancha y cuerpo modelado hacia el lado opuesto de ésta. Lo que le daba un aspecto de bota. Junto a ellos se encuentran platos semiesféricos, llamados PUCOS, decorados en su interior con grandes figuras y motivos geométricos pintados en rojo, blanco y negro. En el 2º período, las tumbas son más profundas (1.20 mts.). EL cadáver se colocaba en la misma forma que en la etapa anterior, pero esta vez cubierto con piedras ajas (no redondeadas). Los Platos son más profundos, decorados en su parte exterior con motivos geométricos.
La forma de las tumbas del 3er período es irregular: anchas en la cabecera y angostas en los pies. Los cadáveres están dentro de verdaderos ataúdes de piedra laja. Los platos tienen paredes rectas (En los períodos anteriores éstas eran inclinadas) y decorados con motivos geométricos. Aunque en algunos casos aparecen caras de aves o animales. El interior es de color blanco. También hay hermosos JARROS PATOS, de forma similar a la de los JARROS ZAPATO, pero profusamente decorados con figuras geométricas, y el cuerpo termina con una pequeña protuberancia que simula la cabeza de un ave, animal u hombre.

DIAGUITAS HISTORICOS
Al llegar a Chile, los conquistadores españoles traen con ellos la escritura sacando a este pueblo de la etapa prehistórica (es decir, sin testimonios escritos).
En el siglo XVI, los Diaguitas eran un pueblo de agricultores y ganaderos que vivían en los valles transversales entre Copiapó al río Aconcagua, irrigaban sus tierras por medio de canales de regadío. Como fertilizante, en la costa, utilizaban cabezas de sardina, y en el interior, guano de llama y alpaca. Sembraban fundamentalmente maíz, porotos, papas, quinoa, teca y calabazas.

VIVIENDA Y FAMILIA
Los pueblos diaguitas eran pequeños. Las chozas estaban hechas de un armazón de palos cubiertos por ramas y vegetales. La más grande pertenecía al jefe, y era la única que poseía más de una habitación.
La unidad básica de organización era la familia. Practicaban la poligamia y varias familias consanguíneas vivían en las aldeas, teniendo como jefe al más anciano de ellos. La tierra era de propiedad común, siendo tarea del jefe asignarla a las diferentes familias.

SEÑORES DE ARRIBA Y DE ABAJO
Varias familias unidas formaban un señorío. En cada valle había dos señoríos. Uno que iba desde la mitad de este hasta la cordillera, y otro que iba hasta la costa. Se les conocía como “Señores de la parcialidad de arriba y de la parcialidad de abajo”. Y lo más probable es que “El Señor de Arriba” tuviese cierta preponderancia social sobre “El de Abajo”.
En la época en que entraron en contacto con los españoles, los diaguitas habían adoptado ciertas costumbres, creencias y tecnologías incaicas, de cuyo imperio habían pasado a formar parte.

CULTURA DIAGUITA
Se les llama DIAGUITAS CHILENOS a los grupos semejantes a los diaguitas argentinos que llegaron a ocupar la misma área geográfica que los mollenses entre los años 500 y 1000 de nuestra era. Hablaban el idioma KAKAN. Igual que sus predecesores, los diaguitas fueron agroalfareros que utilizaron técnicas mucho más evolucionadas.
ORGANIZACIÓN SOCIOECONOMICA: Su actividad económica fundamental era la agricultura y aunque no desarrollaron técnicas de regadío tan complejas como los atacameños, de igual modo aprovecharon las faldas suaves de los cerros del interior en forma de terrazas o andenes. Cultivaban el maíz, la teca, porotos y calabazas; fabricaban chicha de algarrobo.
Las ganaderías de llamas y alpacas fue muy importante en su forma de vida y así lo demuestran los restos de auquénidos encontrados en las sepulturas. La caza de roedores y aves les proporcionó carne.
Se dedicaron también al comercio utilizando la llama como medio de transporte; de la costa traían pescado, mariscos, conchas, guano, plumas de aves marinas y cueros de lobos de mar, y del interior importaban metales, sal, coca, plumas de loro y alimentos vegetales.
Sus aldeas construidas con materiales vegetales no dejaron restos por la acción de la humedad. Levantaron también fortalezas para protegerse de los peligros en las cumbres de los cerros con espesos muros de piedra. En su interior se construían las habitaciones.
En cuanto a su organización social no lograron evolucionar del nivel de TRIBUS al de JEFATURAS, de la misma forma como les ocurrió a los atacameños, sus actividades económicas no sólo eran suficientes para sus poblaciones, quedaba además un excedente que se intercambiaba en la costa o en el interior. Se agrupaban en aldeas con numerosa población; alcanzaron un alto nivel en la cerámica, trabajaron los metales, etc. Tal vez la influencia incásica, junto con favorecerlos con elementos positivos a su cultura, los perjudicó, impidiéndoles su evolución sociopolítica.
IMPLEMENTOS DE LA CULTURA: De piedra confeccionaron puntas de flecha, voceadoras, raspadores, cuchillos y morteros. De cobre o bronce fabricaron aros, brazaletes, anillos y pinzas depilatorias. De hueso hicieron espátulas, punzones y agujas. De malaquita y ofus son sus collares y adornos. De oro y plata se han encontrado muy pocos objetos.
CREENCIAS RELIGIOSAS: Sus tumbas y ajuares funerarios ratifican nuevamente las creencias en la vida futura que practicaron los diaguitas. Se agrega la costumbre de enterrar a las viudas junto a sus maridos, para equilibrar así la población. Si los indígenas fallecidos resultaban ser personas destacadas en las comunidades, se acompañaban de esclavos.

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Escudilla Diaguita.

Al sur de los atacameños, separados por 80 leguas de desierto, en las provincias de Atacama y Coquimbo, estaba radicada, desde una época que aún no se ha podido precisar, una rama de los Diaguitas o CALCHAQUIES, que se ha denominado posteriormente DIAGUITAS CHILENOS.
A juzgar por los restos momificados, eran MESATICEFALOS, usaban el cabello largo, trenzado y recogido en moño sobre las orejas, vestían una camisa larga, usaban ojotas y se adornaban la cabeza con plumas de aves, sujetas con una vincha, que prendían con joyas de plata y de oro.
Habían progresado mucho en la agricultura. Empleaban el riego sobre terrazas escalonadas, que labraban en la ladera de los cerros. Conocían la metalurgia de bronce, y fabricaban azadones, cinceles, campanillas, agujas, etc. Su alfarería estaba adornada por decoraciones modeladas o pintadas, que representaban con frecuencia cabezas de tigres, avestruces y serpientes. Habían hecho igualmente progresos grandes en el tejido. Cultivaban el maíz, las patatas, calabazas, etc. Fabricaban Chicha de Molle y de Algarrobo.
Según Latchman, su idioma era el kakán que ha tenido influencia en nuestro lenguaje actual. Las palabras Palqui, Chañar, Gualtaca, etc. Y numerosos apellidos de las provincias de Atacama y Coquimbo serían de origen diaguita.

LA GENTE DE LOS TUMULOS
Una incógnita en las investigaciones antropológicas y arqueológicas es el pueblo que se ha denominado GENTE DE LOS TUMULOS. Esta raza colocaba a sus muertos recostados o tendidos en pequeña cámaras, formadas por lajas o por simples pircas de piedra. Las cámaras parecen cubiertas por montones de piedras que, comúnmente, tienen 2 mts. De largo, un metro de ancho y 80 cms. De alto. Se colocaban junto al cadáver los utensilios de uso doméstico. La alfarería es casi siempre negra y lisa, pero admirablemente pulimentada.
Habitaron la región central y sur hasta el canal de Chacao y parece que alcanzaron una cultura mediana, que se sostenía en la época de la invasión Chincha-Diaguita, o del avance hacia el sur de pueblos que la asimilaron.

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Vasos comunicantes Fase III Diaguita Inca (1470-1536).

CHILE BAJO LOS INCAS
A partir del siglo XV, las culturas aborígenes del norte chileno, sometidas en diversas oportunidades a las influencias de pueblos vecinos, cayeron bajo el dominio del imperio incaico, que había establecido su capital en la ciudad del Cuzco (Perú).
La conquista inca de nuestro país posiblemente se realizó en tres etapas: La primera correspondió al reinado de PACHACUTEC INCA YUPANQUI, y alcanzo hasta la zona situada al norte del rio Copiapó. Su dominio debe conectarse con la incorporación de las sociedades altiplánicas que poseían colonias en los valles transversales bajos o que mantenían relaciones del intercambio con los Oasis y poblados Atacameños. Tentativamente, podría situársela entre los años 1450 y 1470.
La segunda etapa, bajo el reinado de TUPAC INCA YUPANQUI (1471-1493), se orientó al dominio de los diaguitas, situados en la frontera sur del imperio Inca, y debió realizarse entre los años 1480 y 1490.
La tercera, dirigida por HUAYNA CAPAC (1493-1525). Extendió el dominio de los Incas a los territorios sur del rio Choapa. Sus ejercicios parecen haber avanzado más allá del rio Maule, pero solamente lograron dominar efectivamente hasta la región del rio Aconcagua. Esto habría sucedido entre 1510 y 1520.

Civilización Perdida: Los Diaguitas
Cadáver momificado de niño en un santuario en la cumbre del cerro El Plomo, en las cercanías de Santiago. Su atuendo y objetos que le acompañan evidencian la influencia de la cultura incaica en la región chilena comprendida entre Arica y Rio Aconcagua.

LOS VALLES TRANSVERSALES
Encima de las últimas capas pertenecientes al período preagroalfarero en los “Valles Transversales” de las provincias de Atacama y Coquimbo, se han encontrado estratos ceramíferos, que contenían fragmentos de alfarería roja pulida y negra pulida, aunque se suele hablar de cerámica “negra”, existen todas las tonalidades de gris, lo mismo que en que la cerámica “roja”, este color se da en todas sus gamas, in decoración o con motivos geométricos incisos. Ellos pertenecen a la cultura de “El Molle” llamada así por el sitiotipo, descubierto en 1938 por Francisco L. Cornely en el valle de Elqui. En ese entonces se pensó que se trataba de un enclave cultural reducido, en una región que hasta entonces había sido conocida únicamente como territorio de la cultura Diaguita. A través de investigaciones posteriores, se vio que no solamente ocupaba esta cultura nueva, la misma área de la Diaguita, sino que su extensión era mucho mayor, formando parte de un verdadero horizonte cultural.
Por la posición de sus restos en yacimientos estratigráficos inmediatamente encima de las capas pre agro alfareras, quedó comprobado que los forjadores de la cultura de El Molle eran el 1er pueblo de agricultura en ocupar la región, combinando al principio, el cultivo con las actividades de caza y recolección, para transformarse en el curso de su desarrollo, en agricultores plenos y forma parte de un horizonte agroalfarero temprano.
Su desarrollo local se divide en dos fases, llamadas Molle I o inicial y Molle II o avanzado.
EL MOLLE I, se caracteriza por su cerámica de superficie negra y roja pulida, de formas esbeltas, altas, de fondo plano, a veces con una base anular y en general sin aros con pequeñas orejas perforadas. Cuando se aplican motivos decorativos ellos son incisos, de formas geométricas: líneas paralelas quebradas, chevrones, figuras escalonadas y la zona preferida para su aplicación es la del cuello o de la parte superior del cuerpo. Una sola pieza, que se conoce del cementerio del Molle I es zoomorfa con decoración negra, pintada sobre fondo rojo.
La cerámica de la fase avanzada del Molle es mucho más variada. Siguen los tipos de la fase precedente, especialmente el negro pulido inciso con las incisiones muchas veces rellenadas con pigmento blanco. Entre las formas nuevas preponderan las del cuerpo globular, base plana, asa hueca y un gollete; Formas con dos golletes y asa en estribo (En este caso un gollete está cerrado por un disco cribado); Formas que imitan frutos, animales y hombres (Biomorfas), recipientes de fondo color crema o ante sobre el cual se han aplicado motivos pintados de rojo ; el tipo “zonal postcocido”, en el cual se aplica a zonas delimitadas por líneas grabadas, pintura roja o verde después de la cocción de la pieza, y finalmente cerámica con pintura negativa, que resultó al cubrir el fondo rojo del recipiente con una capa de otro color, reservando en ella solo las áreas que debían formar los motivos decorativos. Los motivos rojos sobre fondo blanco o claro del tipo bicolor representan figuras zoomorfas –quizás auquénidos- esquematizadas, que reaparecen, completamente geometrizadas, en un motivo escalonado característico tanto de la cerámica incisa como de la de Condorhuasi y del “Cuarto estilo” local. Como se ha visto, varios elementos que se combinan en la cerámica de El Molle pueden derivarse con bastante facilidad de las culturas agroalfareras tempranas del noroeste Argentino, pero hay elementos que faltan en aquella región trasandina, como ser el asa estribo, el asa fuente, la pintura postcocción, y que en cambio existen en las culturas tempranas agroalfareras del Perú y que insinúan influencias llegadas de la costa Peruana, reforzando el carácter complejo de la cultura El Molle.
Otro elemento característico para la cultura de El Molle es el tembetá (botoque, bezote), un adorno que se introducía en una perforación practicada para este fin debajo del labio inferior. Se fabricaba de piedra, preferentemente de hermosos colores, y consiste de una delgada plaquita curva que se amoldaba en las encías y de cuyo centro sobresale un botón, cilindro o espiga botelliforme, que traspasa el labio; se les ha encontrado también hechos de greda. El tembetá es un rasgo cultural de distribución muy amplia; ha sido usado entre pueblos prehispánicos y actuales de Africa, Asia y América y tenía muchas veces, aparte de su valor decorativo, un significado social, que variaba según los pueblos que lo usaban. Se les ha encontrado en San Pedro de Atacama y en Condorhuasi y en tiempos históricos entre las tribus amazónicas (Botocudos) y Chaqueños.
Entre los ajuares mortuorios que corresponden a la fase I, se han encontrado pipas para fumar, que se componen con dos brazos, uno de ellos perforado y en comunicación con un hornillo central; la mayoría está hecha de de piedra talcosa y aunque son relativamente frecuentes en El Molle Inicial, no se han encontrado hasta ahora en yacimientos de El Molle Avanzado, lo que puede deberse a la casualidad.
La metalurgia era bien conocida en ambas fases. El cobre fue trabajado por procedimientos de fundición y martillaje, fabricándose pinzas para depilar, brazaletes, anillos, pendientes en forma de placas rectangulares durante la 1ª Fase añadiéndole en la 2ª, el trabajo de oro y plata y las técnicas de laminado, trefilado, repujado y aleación. En ambas fases se usaban también adornos de nacas, cuencas discoidales de ofus –un collar se componía de 1500 disquitos- cuentas tubulares de hueso y adornos recortados de trozos de mica.
Una pieza única hasta ahora, encontrada en un yacimiento del Molle II, es una figurilla de greda, que tiene modelada la cabeza con los detalles de la casa, al cuerpo sin brazos y con las piernas insinuadas,
Las sepulturas presentan algunos rasgos, que son únicos en las culturas precolombinas chilenas. En el sitiotipo de El Molle, las tumbas estaban marcadas por grandes ruedas de piedra rodada de rio, y tenían un diámetro entre 1.9 y 6 Mts.; En las más grandes, la rueda tenía cerca de 5 cms de ancho y entre piedras blancas que la formaban estaban colocadas intencionalmente algunas rojas; en el centro del círculo había otras piedras blancas y rojas, que en algunos casos formaban dibujos geométricos. Debajo de ellos estaba la excavación propiamente tal de la tumba que alcanzó hasta cerca de 2 mt. De profundidad y en su interior se hallaban los esqueletos de adultos. Generalmente uno solo, a veces dos. Rodeados por su ajuar. Entre el relleno de la tierra se colocaba gran cantidad de piedras planas de río, algunas encima del esqueleto y su ajuar, otras formando verdaderos “emplantillados” debajo de la superficie. Los niños se sepultaban debajo de la rueda, a mucho menos profundidad. En ningún otro yacimiento se le ha encontrado una señalización de superficie tan elaborada como en los cementerios del sitiotipo; en otros lugares había solamente sencillos círculos de piedra o pequeños túmulos de piedra y tierra.
Lo Que estaba presente en todos era la profusión de grandes piedras planas.
Yacimientos de la fase El Molle I, se han encontrado, a parte de las cercanías del pueblo homónimo, en los valles de Copiapó, del Huasco, de Hurtado (Turquía A.), de Elqui, en la caleta de Arrayán, Combarbalá, etc. A la Fase II corresponden cementerios en el valle de Hurtado, Cochihuaz, Alcohuaz, Combarbalá, etc.
Se posee una fecha radiocarbónica a base de material procedente de un cementerio de túmulos en la Quebrada de Durazno (Valle del Huasco) que pertenece a la fase inicial: India 3.10 =/ 90 d.c., prácticamente contemporánea con la 2ª Fase de San Pedro de Atacama, para la Fase avanzada existe la fecha de 665 d.c.
En la misma región, donde estaba asentada la gente de El Molle, aparecieron nuevos grupos humanos con una cultura diferente, aunque también alfareros y cultivadores. A esta cultura, Ricardo Latchman ha dado el nombre de Diaguita Chilena, debido a las semejanzas con las culturas Diaguita Argentina, nombre con el cual se designo entones a las culturas indígenas del noroeste de la nación trasandina, el nombre del pueblo histórico es aplicado a una cultura prehistórica, del cual no se sabe quienes han sido sus portadores. Mientras que el nombre “Atacameños” ha sido reemplazado con éxito por los nombres de los sitiotipos de aquella región, los prehistoriadores actuales aun no han encontrado una designación que les parezca más expresiva para las culturas de los Valles Transversales. Se han propuesto los nombres de cultura “Coquimbo 0” o cultura de “La Serena” sin mayor aceptación. Han preferido seguir usando el término “Diaguita” ya que el nombre no es sólo una designación étnica, sino también el de una aldea en el Valle de Elqui, en donde se han encontrado restos de esta cultura, manifestamos nuestra inconformidad por lo inadecuado de este sitiotipo y esperando que algún día se encuentren un mejor nombre.
En ella se distinguen cuatro fases de desarrollo y se supone que habría llegado a la segunda mitad del primer milenio d.c. , después de la gente de El Molle, porque en conchales y cementerios, los restos diaguitas se encuentran depositados encima de aquellos. Esta teoría está corroborada por una fecha radiocarbóica de 905 d.c, que corresponde a la primera fase de Las Animas, con la cual se inicia la Cultura Diaguita.
Durante mucho tiempo, las dos culturas coexistieron. Adoptaron de la Cultura El Molle algunas técnicas y algunos motivos, pero nunca abandonaros su propio estilo tricolor para reemplazarlo por la cerámica Monocroma o de decoración incisa, y aunque fabricasen alfarería roja engobada y a veces usasen el negro, como color de fondo para pintar sobre él motivos de otros colores. Posiblemente aprendieron de El Molle el uso del Cobre y, Aunque las sepulturas no la marcaban en la superficie con un “circulo” tomó forma rectangular, al colocar las piedras como un marco alrededor del esqueleto dentro de la tumba.
A la fase Diaguita I, pertenece un cementerio en el sitio Las Animas, en una quebrada lateral del Valle de Elqui. Las tumbas son excavaciones rectangulares de 80 cms de profundidad y de un largo que hace suponer que el cuerpo no pudo haber sido colocado allí completamente extendido, sino con las piernas flectadas; estaba rodeado de piedras de río, colocadas a lo largo de las cuatro paredes. Los huesos han desaparecido debido a la humedad del sitio, lo mismo que los tejidos y vestidos con los cuales los cuerpos fueron sepultados; solamente restos de oxido de cobre parecen indicar pequeños adornos y ese metal que tal ves había sido cocido sobre las telas. Los acompañaba también un ajuar de cerámica, tanto del tipo corriente de uso doméstico como decorado. Entre los primeros figuran recipientes asimétricos, de boca ancha, con un asa y el cuerpo desviado en dirección opuesta a esta, que suele designarse como Jarro Zapato por su forma. Un tipo de cerámica engobada de rojo presenta formar de ollas y escudillas, adornadas con protuberancias o asas en los bordes. En la cerámica pintada predominan las escudillas, rasgo que se mantiene a través de todo el desarrollo cultural diaguita, aunque con cambios en la forma y decoración. Las escudillas o pucos de la Fase I, son semiesféricas y en general los dibujos van aplicados en su interior. Se usaban los colores rojos, blanco y negro; a veces el blanco es reemplazado por el amarillo, lo que, tal vez se deba a efectos posteriores del ambiente sobre el pigmento blanco. Los motivos son figuras de gran tamaño o motivos geométricos que convergen hacia el centro del fondo, formando arreglos crucis y estrelliformes. A veces estos mismos dibujos cubren la superficie externa de las escudillas, otras, ésta luce solamente una delgada franja amarilla alrededor del borde. A parte de estas piezas, en una de las tumbas de Las Animas se encontraron 2 recipientes grandes, de factura tosca, de cerca de 60 cms. De alto. En el interior de uno se guardaban dos cerámicos pequeños; el otro, de igual tamaño y dos eras, exhibía grandes dibujos. Se trata, probablemente, de precursores de las urnas de la Fase III, que figuran entre los productos más hermosos de la cerámica Diaguita; el primer tipo sigue en uso en la cultura Diaguita con motivos geométricos aplicados directamente sobre la greda del fondo, sin enlucidos, y se designa cerámica “Burla Pintada”.
Además de la cerámica se encontró en este cementerio un cincel o perforador de cobre y un objeto de piedra que, según la descripción de su descubiertos, podría ser una parte del brazo perforado de una pipa de el tipo de El Molle.
En excavaciones estratigráficas, en algunos conchales de la costa, especialmente en Punta Teatinos, al norte de La Serena, se ha encontrado figuritas antropomorfas de barro cocido, de forma plana, sin diferenciación entre cabeza y tronco, con los rasgos de la cara bien marcados, sin brazos y con las piernas poco desarrolladas que pertenecen a la fase I.
En la Fase II (de transición) se observa un cambio bastante profundo en el cuadro cultural Diaguita; da la impresión de haberse emancipado y liberado de las influencias de la cultura de l Molle y experimentado un desarrollo propio, acelerado. Varios investigadores consideran a esta fase de muy corta duración, solo una especie de introducción a la siguiente, a la Fase III, sea esto efectivo o no, es sin duda sumamente importante en el contexto del desarrollo cultural regional.
En el cementerio de Altovalsol, en el Valle de Elqui, a pocos kilómetros de Las Animas, se encontró representada la Fase Diaguita II. Las tumbas seguían siendo rectangulares, de mayor profundidad (Apróx. 1,2 mt.) y el esqueleto estaba recostado con las piernas flectadas. En vez de alineamiento de piedras de rio, se encuentran una o dos piedras lajas puesta de canto, ligeramente inclinadas sobre la cabeza y el cuerpo del muerto.
En la cerámica corriente se sigue la forma asimétrica del Jarro Zapato, la de urnas sin decoración; en la cerámica decorada se nota en cambio en la forma de las escudillas, son menos profundas y muchas veces de mayor diámetro ya no está en la boca, que es ligeramente encogida. La decoración ahora se aplica en una ancha franja alrededor del borde exterior y con este cambio de posición se modifican también los motivos. Muchos de los motivos nuevos parecen derivar del arte textil, aunque los tejidos no se han conservado, debido a la humedad del suelo.
Las figurillas de greda de ésta época, encontradas en el contexto estratigráfico de los conchales son redondeadas y con indicación de todos los miembros. Entre los pocos objetos de cobre figuran aros, cuchillos y cinceles.
En la fase Diaguita III es el momento de culminación de esta cultura. Todo lo que había esbozado en las etapas anteriores, llega a su pleno florecimiento.
Los cementerios, muy frecuentes y extensos, se componen de tumbas más anchas en la cabecera que en la parte opuesta, de 0,80 a 1,2 mts. De profundidad, formadas a veces enteramente por grandes piedras lajas y cubiertas por otras.
Dentro de estas verdaderas cistas de esqueleto está recostado, con las piernas flectadas y un ajuar abundante, en el vual está a veces incluido con llama y cerámica de formas nuevas y evolucionadas, mejor ejecutadas.
La escudilla, que es el mejor indicador de estilo, sólo conserva el fondo curvado de los períodos anteriores. Ahora las paredes son rectas, desprendiéndose del fondo un marcado ángulo; a veces la verticalidad de las paredes es exagerada y se inclinan algo hacia el interior o adoptan una forma ligeramente cóncava. La decoración, siempre una franja que cubre toda la pared, es sumamente minuciosa y los diferentes motivos entran en continuo en nuevas combinaciones. El interior es ligeramente engobado de blanco mientras que el fondo exterior conserva el color rojo. Aproximadamente un 10 porciento de las escudillas tiene la franja decorativa interrumpida para dar cabida a una raza antropo o zoomorfa con los rasgos pintados o modelados. A cada lado de la cara, el borde de la escudilla se levanta en semicírculo; en el lado opuesto puede haber una pequeña protuberancia o una ligera depresión. Otra forma que se anuncia en a Diaguita I y III es la de las urnas, que ahora alcanzan un apogeo. Ellas son de cuello cilíndrico ancho y cuerpo globular, con dos asas en la parte de su mayor diámetro, en el cuello casi siempre llevan pintadas unas caras humanas y en el cuerpo los motivos geométricos; pero hay algunos que se distinguen por otro tipo de motivos. Que son las mismas que se encuentran aplicadas en la cerámica de Condorhuasi Tricolor, que a su vez está emparentada con la de El Molle. Como ya se dijo más adelante. La aplicación de estos motivos tempranos en la cerámica Diaguita III es una de las razones que nos hacen creer en la supervivencia del horizonte a que pertenece El Molle hasta los tiempos tardíos, inmediatamente anteriores al horizonte incásico.
Otro tipo de cerámica es la llamada Totémica. Se trata de recipientes zoo y antropomorfos, que según Cornely tendrían que ver en la organización totémica de los Diaguitas. Los Jarros Patos, otro tipo que pertenece a los más hermosos de la cultura Diaguita, también están relacionados con la organización social de estos habitantes prehistóricos de los Valles transversales. En los grandes cementerios, como el de la Compañía Baja, cerca de La Serena, por ejemplo, las sepulturas están dispuestas en grupos y en cada uno aparece un Jarro Pato diferente en sus detalles. La forma general es de cuerpo ovoide. Del cual se desprende (en un extremo) una cabeza humana con los rasgos modelados y en el otro un gollete, ambos comunicados por un asa levemente arqueada. Parece que representan a un jefe o a un personaje importante, lo que insinúa también en la rica vestimenta en que se reconoce claramente el escote en forma de V con faja transversal, del mismo tipo que aun de usa en ponchos araucanos. Los finos ornamentos geométricos que cubren el cuerpo del vaso, representan probablemente motivos tejidos.
Al lado de esta cerámica decorada y de uso ceremonial, se encuentra la alfarería doméstica en forma de ollas y jarros. Un desarrollo interesante se nota en el Jarro Zapato, que aparece en la primera fase Diaguita y sigue a través de todo su desarrollo: al cuerpo asimétrico de este recipiente se han añadido, a veces, altos con una cola rudimentaria, que lo asemeja a un ave que nada. Otra línea del desarrollo de la misma forma representa una cara humana en el cuello, brazos en relieve, y a veces, indicaciones de otros rasgos corporales.
En las tumbas de este período se han encontrado objetos de metal, en general, de cobre o bronce, pinzas para depilar, cuchillos, hachas, cinceles, aros, anzuelos, agujas, pequeñas campanitas y unas escasas manoplas. El uso del oro y plata está restringido a ocasionales aros.
En la medida que se haya conservada, llama la atención la escultura en hueso. Existen cucharas y espátulas, decorados con la figura de un ser humano, vestido de túnica; caja ancha y gorros de dos puntos y frecuentemente tocando una flauta de pan. A veces este personaje es representado junto a un felino o el felino aparece solo. Se supone que las tabletas y tubos de madera han desaparecido por la humedad. También existen fusaiolas de hueso o piedra que representan seres humanos contrapuestos a manera de figuras de naipes.
La cultura Diaguita parece haberse encontrado en pleno apogeo cuando se produjo la expansión del imperio incaico hacia el sur. Sus influencias se notan en la cerámica; las escudillas se tornan “Campanuliformes”, muchas veces lucen fondo blanco y son decorados con motivos negros; los jarros patos tienen cuerpo de cilindro achatado, igualmente con preponderancia de fondo blanco; entre los motivos diaguitas se mezclan elementos incásicos y a su vez, las formas típicamente incaicos, como los “aríbalos” , adquieren caracteres distintos y lucen motivos diaguitas. En el arte, a lo menos, se ha logrado una profunda compenetración de ambas culturas.
Para la cultura Diaguita no se posee todavía ninguna fecha radiocarbónica. Ella hizo su aparición en los valles transversales en posterioridad a la cultura d El Molle, probablemente en la segunda mitad del primer milenio d.c., alcanzando la supremacía hasta el momento en que fue dominado por los incas (mitad siglo XV d.c.).

cultura
Escultura con forma de hombre (antropomorfa) encontrada cerca de Copiapó.

precolombino
Recipiente en forma de pez (ictioforma) hallada en Cogotí.

indígenas
Jarro Pato. Diaguita-Inca (1470-1536).

Animas
La alfarería Diaguita tenía una finalidad utilitaria.

diaguitas
Cerámica Diaguita del Valle de Limarí.

alfarería
Jarro Pato – Fas III, Diaguita-Inca (1470-1536).

molles
Escudilla. Complejo Las Animas.

chrisarmand
Escudilla Diaguita I (1000-1200 d.c.).

Civilización Perdida: Los Diaguitas
Escudilla Diaguita II (1200-1470).

cultura
Urna Diaguita II (1200-1470 d.c.).

precolombino
Escudilla Diaguita I (1000-1200 d.c.).

indígenas
Cerámica fase II Diaguita Clásico (1200-1470).

Animas
Vasija Complejo El Molle (0-700 d.c.).

diaguitas
Bibliografía: Prehistoria de Chile (Crete Mostny).; Icarito Nº42 Indígenas Chilenos.; Icarito Nº72 Todo el Norte Chico.; Biblioteca Fundamental Apuntes Nº8 Historia de Chile.; Preuniversitario Apuntes Nº1 Historia y Geografía de Chile.; Historia de Chile Nº1 (Fco. A. Encina).; Chungará Arica; Antiguas Culturas del Norte Chico.
“Agradezco la valiosa cooperación del Museo Arqueológico de La Serena y la Biblioteca Municipal Alonso de Ercilla y Zúñiga, que sin su ayuda no hubiera podido realizar este trabajo.”
C. L. J. - 3ºN Liceo A-2 “Gregorio Cordovez de La Serena”.
alfarería
Portada original.
Realizado entre los meses de Agosto y Septiembre de 1987.
Todos los dibujos (hechos con lápices comunes de color, grafito y tinta china) y todos los separadores los hice yo.