El Valor de Educar 5

En el capítulo cinco del libro El Valor de Educar, Fernando Savater, en relación a la disputa de la enseñanza de las ciencias en contraposición con las humanidades en la escuela, sostiene que el problema no estriba en el título de las materias que se enseñan, ya que todas son útiles. El problema es que constantemente se agregan nuevas asignaturas y no hay tiempo para darlas todas ni personal que pueda hacerse cargo de su enseñanza. El autor está de acuerdo con Closets en cuanto a que lo importante no es lo que se enseñe sino que el docente despierte la curiosidad y el placer por aprender, y sentencia: no es cuestión del qué, sino del cómo.

El Valor de Educar 5
El Valor de Educar, Editorial Ariel

Uno de los obstáculos que afectan el modo de enseñar es la pedantería, sostiene Savater, que consiste en tratar de confundir, deslumbrar o inspirar reverencia en lugar de ilustrar o de animar al aprendizaje. Y agrega que todos los profesores son pedantes en algún momento. El pedante, sostiene el autor, se dirige a sus alumnos como si estuviese presentando una comunicación ante sus colegas. En lugar de esto, el profesor tiene que suscitar en el estudiante el deseo de aprender.

El ser humano tiene una naturaleza histórica, por eso el docente debe destacar los aspectos narrativos que engloban y totalizan los conocimientos. La enseñanza debe narrar cada una de las asignaturas en relación con su pasado y los cambios sociales que acompañaron su desarrollo. Todo conocimiento implica la transmisión de una tradición intelectual de modo que la memorización de datos o fórmulas es inútil si el estudiante no dispone de las capacidades de indagar y razonar.

El profesor, sostiene Savater, tiene que fomentar las pasiones intelectuales, pero esto no implica el uso de un lenguaje afectado, ni el rechazo de lo popular y el humor. Antes de aprender a disfrutar con los mejores logros intelectuales hay que aprender a disfrutar intelectualmente. El ejercicio del intelecto implica el uso de la razón que es lo que hace semejantes a los humanos. La educación humanista, agrega Savater, consiste ante todo en fomentar e ilustrar el uso de la razón, que permite observar, abstraer, deducir, argumentar y arribar a conclusiones lógicas. Según el autor, el estudiante debe adquirir herramientas para el análisis del mundo social y las condiciones en la cuales se encuentra el ser humano y aprender a respetar su propia capacidad mental y su confianza. También, aprenderá a respetar la humanidad como especie y reconocer que la evolución humana es un proceso no acabado.

Otro de los obstáculos que describe Savater, consiste en la relativización posmoderna del concepto de verdad ya que si no hay una verdad que transmitir, no puede haber educación. Si todo es más o menos verdad, agrega el autor, si cada cual tiene su verdad igualmente respetable es imposible una decisión racional. La metodología científica indica que las verdades no son absolutas, pero esto no significa que dejen de ser verdades más sólidas que otras creencias que se les oponen: si los principios de la aviación no ofrecieran veracidad nadie subiría a un avión.

La búsqueda racional de la verdad, argumenta Savater, choca con dos obstáculos: las opiniones sagradas y la incapacidad de abstracción. La noción de que todas las opiniones son válidas, ya se trate de la opinión educada de un docente, como la opinión del estudiante que parte de la ignorancia, es irracional, sostiene el autor. En la sociedad plural lo que se debe respetar es a las personas y no sus opiniones, por lo tanto, el derecho de la opinión de cualquier persona es de que ésta sea escuchada y discutida. Las opiniones, según Savater no son sagradas y el estudiante debe aprender a discutir, a refutar y a justificar lo que se piensa. Además de expresarse en forma clara y precisa, sostiene el autor, el estudiante debe desarrollar la facultad de escuchar lo que se propone en la discusión. El ejemplo de esta actitud de escucha y participación tiene provenir del maestro que debe potenciar en quienes aprenden la capacidad de preguntar y preguntarse.

Otra tarea importante de la educación consiste en fomentar la lectura y la escritura, enuncia Savater, y esto no es tan fácil de llevar a la práctica. Después de la palabra hablada, el texto escrito es el más poderoso incentivo para el crecimiento intelectual que se ha inventado, sostiene el autor. El placer de la lectura se puede transmitir si se produce en una situación creativa, donde se privilegian las vivencias y no la mera ejercitación, en cambio, si se produce en una situación burocrática, podrá lograrse transmitir la técnica de la lectura, pero no el gusto por ella.

Sergio Otaño