Alacrán, un escuadrón con gloria

Debemos recordar a estos hombres, que alguna vez fueron recibidos con recelo y poca consideración, pero que en 1982 se implicaron en la defensa de la República luchando frente a frente contra las fuerzas del Reino Unido de Gran Bretaña en la Guerra de Malvinas.

Los Gendarmes del Escuadrón Alacrán

Eran todos combatientes profesionales de la Gendarmería Nacional y habían pasado por un largo período de entrenamiento. Se trataba de comandos comprometidos con la ciencia de la guerra y el arte de la paz. Eran todo valor y ejemplo. Ellos tuvieron el honor de actuar en el Teatro de Operaciones Malvinas, junto a sus pares del Regimiento de Infantería 25.


Los cuadros de la Gendarmería Nacional tienen instrucción y estado militar. Toda vez que exista una situación de guerra en la que se encuentre amenazada la soberanía nacional, pueden ser convocados para integrar un componente terrestre.
En cualquier situación de conflicto bélico, las tropas de operaciones especiales se convierten en una herramienta indispensable para la conducción estratégica por contar con una capacidad de respuesta eficaz, inmediata y contundente
En mayo de 1982, en función de la situación bélica que se vivía en Malvinas, se conformó un elemento móvil de combate que se llamó tropa Especial 601. Luego, por iniciativa de los propios integrantes, se denominó Escuadrón Alacrán, nombre con el que pasó la historia.


Un relato nos dice que el 27 de mayo, en Comodoro Rivadavia, "compramos una bandera argentina con los únicos sesenta pesos que nos habían dado. Le dibujamos el símbolo bélico de nuestro Escuadrón en un negro intenso y, sumamente emocionados, juramos defenderla hasta perder la vida. Hoy, esa bandera nuestra tan querida, que no entregamos al enemigo, la conservamos como sagrado baluarte."


"Subimos al Hércules que nos transportaría a Malvinas. El viaje se produjo en total silencio. Cada uno inmerso en sus pensamientos. Sólo oíamos el imponente rugido de los motores y veíamos olas que empañaban las ventanillas. Prácticamente volábamos sobre ellas".


Los oficiales, suboficiales y gendarmes estaban bajo las órdenes del entonces comandante José Ricardo Spadaro. Eran todos combatientes profesionales y, como consecuencia de los enfrentamientos, sufrieron siete muertes; la mayor proporción de bajas en relación al número de integrantes de una unidad. En total, eran 40 hombres.


Los Alacranes puestos en acción dieron inmediata respuesta a los requerimientos estratégicos. Ellos, como todas las fuerzas de élite que operaron en Malvinas, estaban preparados para cualquier acción ofensiva. El 30 de mayo recibieron la orden de ocupar cinco alturas para actuar como alerta temprana, en el sector oeste, cubriendo una línea más allá de los cerros Dos Hermanas, dos riscos gemelos, pero sin llegar a Monte Kent, que en ese momento ya estaba en poder de los ingleses. El combate allí era letal. Los ingleses se habían infiltrado en nuestras posiciones y una patrulla del Ejército Argentino había caído en una contraemboscada. La situación que se vivía en Dos Hermanas indicaba que se acercaba el momento decisivo.


El movimiento de los Alacranes hasta la posición señalada se realizó en un helicóptero del Ejército, que fue alcanzado por un misil enemigo que lo precipitó a tierra y, apenas caído, fue atacado desde el aire por un avión Sea Harrier. Esta acción provocó la muerte instantánea de seis gendarmes y resultó gravemente herido el sargento primero Justo Rufino Guerrero.


Ese fue el día del bautismo de fuego del Escuadrón Alacrán. Esa página de gloria tiene un agregado: las actuaciones heroicas del segundo comandante Ramón Gumersindo Acosta y del sargento primero Carlos Pepe, quienes socorrieron y rescataron al subalférez Aranda y al mismo suboficial Guerrero.


También ayudaron a otros integrantes de la patrulla que se encontraban atrapados en el helicóptero abatido y que se hallaba a punto de estallar por el fuego que alcanzaba la munición que transportaba. El segundo comandante Acosta estaba muy golpeado, dado que antes que el helicóptero impactara sobre el suelo, logró desprenderse voluntariamente de la aeronave y golpeó fuertemente en la turba. Pensando en su familia, Acosta, esa misma noche, le escribe una carta a su hijo en la que contaba lo ocurrido ese día.


Sin embargo, nada era preocupante al extremo; los integrantes de Alacrán habían sido preparados para actuar en tiempos de tranquilidad, para reaccionar en momentos de crisis y para trabajar en conflictos abiertos. Los cursos teórico-prácticos les habían proporcionado conocimientos de inteligencia, sabían la técnica de la exploración, el reconocimiento estratégico y estaban aptos, llegado el caso, para llevar adelante un enfrentamiento no convencional.
Después se les asignó una nueva misión. Fue el 10 de junio, en cercanías del Monte Kent, donde, en una emboscada, resultó herido el gendarme Pablo Parada y fue herido de muerte el suboficial Ramón Gumersindo Acosta, quien cerró la página de los siete gendarmes que hicieron realidad la sentencia latina Dulce et decorum est pro patria mori (Es dulce y decoroso morir por la patria). Ellos eran: el primer alférez Ricardo Julio Sánchez, el subalférez Guillermo Nasif, los cabos primeros Marciano Verón y Víctor Samuel Guerrero, el cabo Carlos Miguel Pereyra y el gendarme Juan Carlos Treppo.


Sobre el final de la guerra, Alacrán fue destinado a defender una posición cercana a Puerto Argentino. Luego de resistir victoriosamente ataques de los ingleses, el comandante Spadaro entendió que había que abandonar algunas posiciones, por el riesgo de que fuese alcanzada por fuego de artillería. "A la mañana siguiente, después del bombardeo nocturno, había quedado en pie sólo la chimenea. Hasta el día de hoy, bendigo mi acertada premonición"


El jefe rescató su reencuentro con Dios y la paz de su espíritu después de haber vivido tantas situaciones límites. "Esta disposición espero que me acompañe toda mi vida".


El 14 de junio, dispuesto el cese del fuego, se inició el repliegue hacia Puerto Argentino. Dos días después, el grueso del escuadrón Alacrán era embarcado en el buque "Canberra"
rumbo al continente. La bandera volvía escondida entre las ropas del subalférez Aranda.


Un mes después de la rendición, el buque "Saint Edmund" trasladó a los jefes del Escuadrón, comandantes Spadaro y Díaz, junto a otros oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas.


De la participación casi olvidada de la Gendarmería Nacional en la guerra de Malvinas, se rescata la fortaleza de sus hombres, la valentía y el arrojo, la humildad, la perseverancia y la voluntad. Se trata de una rúbrica indeleble. El ejemplo, sin duda, alimenta el espíritu de quienes hoy portan las insignias de la fuerza.


"Gendarmes, centinelas de la patria, héroes caídos en Malvinas, honor y gloria es vuestro legado. Descansen en paz".


Carta de un gendarme a su hijo.
"Puerto Argentino, 02/06/82. Querido hijo Diego, ¿qué tal muchacho? ¿Cómo te encuentras? Perdóname que no me haya despedido de ti, pero es que no tuve tiempo. Por eso te escribo para que sepas que te quiero mucho y te considero todo un hombrecito y sabrás ocupar mi lugar en casa cuando yo no estoy.
"Te escribo desde mi posición y te cuento que hace dos días iba en un helicóptero y me bombardearon. Cayó el helicóptero y se incendió. Murieron varios compañeros míos, pero yo me salvé y ahora estamos esperando el ataque final.
"Yo salvé a tres compañeros de entre las llamas. Te cuento para que sepas que tienes un padre del que puedas sentirte orgulloso y quiero que guardes esta carta como un documento por si yo no vuelvo, o si vuelvo, para que el día de mañana, cuando estemos juntos, me la leas en casa.
"Nosotros no nos entregaremos, pelearemos hasta el final y si Dios y la Virgen lo permiten, nos salvaremos.
"En estos momentos estamos rodeados y será lo que Dios y la Virgen quieran. Recen por nosotros y fuerza hasta la victoria final. Un gran abrazo a tu madre y a tu hermana, cuídalos mucho, como un verdadero Acosta. Estudia mucho. Viva la Patria. Cariñosamente, Ramón Acosta".


Quiénes formaron el Escuadrón Alacrán
Jefe, comandante José Ricardo Spadaro; segundo jefe, comandante Hugo Alberto Díaz.
Integrantes: comandante Carlos Saturnino Vega; segundo comandante Jorge Enrique San Emetrio (+); segundo comandante Eduardo Miguel Santo (+); primer alférez Néstor Alfredo Gómez del Junco; primer alférez Ricardo Julio Sánchez (muerto en combate); subalférez Guillermo Nasif (muerto en combate); subalférez Miguel Angel Puente; subalférez Oscar Rodolfo Aranda; sargento ayudante Ramón Gumersindo Acosta (muerto en combate); sargento ayudante Natalio Jesús Figueredo; sargento primero Miguel Víctor Pepe; sargento Justo Rufino Guerrero; cabos primeros Carlos Alfredo Oliva, Blas Fanor Montellano, Miguel Edgar Echeverría, Juan Alberto Fleitas, Agustín Jara,
Luis Alberto Kovalski, Jorge Omar Trangoni, Marciano Verón (muerto en combate) y Víctor Samuel Guerrero (muerto en combate); cabos Carlos Misael Pereyra (muerto en combate) y
Miguel Angel Encina; gendarmes Juan Carlos Acosta, Julio Ramón Benito, Julio Oscar Gibbons Capandegui, Alfredo de Bernardo, Ramón Duarte, José Isidro Ferreira, Víctor Jorge Ferreira, Juan Carlos González, Angel Andrés Huenchul, Máximo Ramón Molina, Miguel Angel Notarnicola, Pablo Daniel Parada,
Juan Carlos Pardo (+), Santiago Ramón Sena y Juan Carlos Treppo (muerto en combate).
Material de consulta: documentos del comandante general
VGM José Ricardo Spadaro; libro Dios en las trincheras y sitio de Gendarmería Nacional.


guerrero
MONUMENTO UBICADO EN LA LOCALIDAD DE PIRANE FORMOSA
EN HOMENAJE A SAMUEL GUERRERO
(NUESTRO HEROE)


Gendarmería Nacional Argentina, destacó en las Islas Malvinas la compañía de Tropas Especiales 601. La cual por iniciativa de sus integrantes tomó el nombre de Escuadrón “Alacrán”, los hombres que integraban esta unidad poseían una capacitación especial para llevar a cabo operaciones de tipo comando siendo esa su misión en el teatro de operaciones.

El Escuadrón “Alacrán” participo en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur, juntamente con los Comandos del Ejército ya que eran una fuerza de “Elite”. Recibió la responsabilidad de un sector de defensa específico, en el cual se hallaba el Regimiento de Infantería 25.


El 26 de mayo fecha en la cual la contienda se encontraba próxima a su instancia mas dura, el entonces Comandante D José Ricardo SPADARO, fue llamado por el Subdirector Nacional de Gendarmería, Comandante General D Antonio BECICH, comunicándole lo que hacia mas de un mes querían oír los integrantes de la Fuerza.

Un día después de que fuera impartida la orden, los gendarmes de distintas unidades se reunieron en la localidad chubutense de Comodoro Rivadavia, a las 18:00 horas del 27 de mayo. Inmediatamente un grupo consiguió una bandera y con cinta adhesiva negra escribieron GENDARMERIA NACIONAL - ESCUADRON ALACRAN.

El 28 de mayo, partieron a bordo de un avión Hércules C 130 de la Fuerza Aérea Argentina, 40 gendarmes, serían los únicos en poder pasar a las islas. Por razones de seguridad el piloto que trasladaba al resto de los integrantes de la Unidad decidió retornar al continente, tras intentar llegar a las islas en dos oportunidades.

El Hércules toco la pista malvinense, luego de un vuelo razante sobre el mar. Una vez descendidos, fueron recibidos por un oficial del Ejército perteneciente al Centro de Operaciones Logísticas. Ignorando que los gendarmes pasarían a Malvinas, dispuso como alojamiento un galpón en la zona portuaria. Proporcionándole los medios de transporte necesario.



Al día siguiente el Cte Spadaro fue presentado ante el General Mario Benjamín Menéndez, Gobernador de las Islas. En esa oportunidad el Jefe del Escuadrón Alacrán le informó, sobre la organización y las capacidades del Escuadrón que comandaba.

Bautismo de Fuego
El 29 de mayo. Se efectuó la reunión de coordinación con los comandos del Ejército. Se estableció que se realizaría una operación en conjunto, es decir que participarían gendarmes y comandos. El transporte lo realizarían helicópteros del Ejército siendo los efectivos de Gendarmería quienes primero debían ocupar sus posiciones.

El 30 de mayo por la mañana, después de sobrepasar las últimas posiciones argentinas, el aparato se aproximaba a su objetivo, cuando fue alcanzado por un misil disparado por un avión Sea Harrier enemigo, impactando a la altura de la cola del helicóptero.

El piloto logró evitar que se estrellara la nave. En tierra comenzó a incendiarse y a explotar debido a la gran cantidad de munición que transportaba. El Sargento Ayudante Ramón Gumersindo Acosta logra rescatar al Subalferez Oscar Rodolfo Aranda tirando de su mano, era lo único visible en medio del denso humo.


El Segundo Comandante Jorge Enrique San Emeterio y el Sargento Primero Miguel Víctor Pepe sacan de entre las llamas al Sargento Justo Rufino Guerrero, quien poseía heridas de gravedad en sus dos piernas, una de ellas prácticamente seccionada. Este pedía a gritos ser dejado allí, temiendo por la vida de sus camaradas. Fue rescatado apenas segundos antes de que el helicóptero explotara. Muriendo el Primer Alférez Ricardo Julio Sánchez, Subalferez Guillermo Nasif, Cabo Primero (s) Marciano Veron y Víctor Samuel Guerrero, Cabo Carlos Misael Pereyra y el Gendarme Juan Carlos Treppo.

Los sobrevivientes se replegaron a Puerto Argentino. El herido junto con tres integrantes son rescatados después de esperar una tensa hora. El humo podría delatarlos y ser emboscados, entre los cerros aparecio un helicóptero Bell del Batallón de Aviación de Ejercito 601 para a rescatarlos. La última mirada al helicóptero abatido, lágrimas en los rostros y el saludo final a los compañeros caídos. La Patria los llamo y ellos respondieron, 6 gendarmes fallecidos en la primera misión.

El mismo día se recibió la orden de alistarse para una nueva tarea. La misma consistía en brindar seguridad a un grupo de ingenieros de la Infantería de Marina, ocupar posiciones en las cercanías del cerro Dos Hermanas, por espacio de 24 horas. La misión se realizo en forma satisfactoria tras lo cual se regresó a Puerto Argentino en horas de la noche.

MUERE OTRO VALIENTE

El 10 de junio, en cercanías del Monte Kent nuestros hombres fueron emboscados, resultando herido el Gendarme Pablo Parada y herido de muerte por el fuego enemigo el Sargento Ayudante Ramón Gumersindo Acosta. Otro valiente caía en Malvinas, con la tranquilidad del deber cumplido, los Montes Kent y Dos Hermanas lo vieron pasar por última vez.


El fin de la Batalla
El día 14 de junio con las noticias del cese de fuego, se iniciaron los repliegues hacia Puerto Argentino, preparados para resistir, si fuese necesario, hasta el final. En ese momento acude a despedirse el padre Astolfo (capellán de Gendarmería), partía rumbo al continente con un grupo de heridos. Con conocimiento de las horas críticas que se vivía, el Comandante Spadaro cerró el Libro de Guerra de la Unidad. Encomendándole al sacerdote lo hiciese llegar a la Dirección Nacional de Gendarmería.

Finalizados los combates dos días después, el grueso del Escuadrón Alacrán es embarcado en el buque Canberra, zarpando rumbo al continente. Volviendo la bandera del Escuadrón, escondida entre las ropas del Subalferez Aranda.

El día 14 de julio, un mes después de producida la rendición, el buque Saint Edmund entraba a Puerto Madryn, trayendo de regreso al Jefe y al Segundo Jefe del Escuadrón Comandantes Spadaro y Díaz junto a otros oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas.

“AL CERRAR ESTE EPILOGO DE UN GRUPO DE GENDARMES, SEPAN NUESTROS CAMARADAS QUE, EN CUANTO A NOSOTROS, HICIMOS LO QUE SE PUDO, LLEGAMOS TARDE, DIOS DIRA EN DEFINITIVO” ¡VIVA LA PATRIA!, ¡GLORIA A LOS CAIDOS!
(Ultimo párrafo del “Libro de Guerra” escrito por el Comandante Spadaro)


El Grupo “Alacrán”

Hubo siete muertos en combate, la mayor proporción de bajas en relación al número de integrantes de una unidad, que por imperio del bloqueo británico, debió operar durante la guerra como una unidad disminuida al no haber podido completarse su dotación.

Gendarmes especialmente seleccionados integraron, casi a último momento, un Escuadrón de Comandos de Gendarmería Nacional, que debió operar junto a las compañías de comandos 601 y 602 del Ejército Argentino.

Fueron cuarenta hombres (Oficiales, Suboficiales y Gendarmes) que tuvieron la fortuna de ser designados fueron sabiendo que representaban a otros miles de gendarmes que quedaron en el continente, todos los cuales, sin lugar a dudas, hubieran dado la vida por estar en Malvinas.

La naturaleza singular del trabajo profesional del Gendarme, que en la dualidad funcional que le otorga su condición de Fuerza de Seguridad Militarizada cumple día a día, hace que sus hombres estén preparados para cumplir misiones diversas, aun en las más adversas circunstancias.Los gendarmes llegaron a las islas a bordo de un Hércules, el 28 de mayo de 1982, casi a medianoche. Llegaron en los peores momentos, tras cuatro días de vuelo, con las luces del avión totalmente apagadas y el coraje casi inaudito de los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina, volando a ras del agua para no ser detectados, ante el alerta roja vigente en la Isla.

Los gendarmes al mando del Comandante de Gendarmería, don José Ricardo Spadaro, asignados a las compañías de comandos 601 y 602 del Ejército Argentino, al lado de cuyos integrantes combatieron durante la guerra, tenían la misión de intervenir en operaciones de comando, avanzadas de combate de infantería, emboscadas e infiltraciones; participar en arriesgadas tareas de exploración y la defensa del último baluarte: Puerto Argentino.

Dado que constituyeron una unidad especial, con capacidades para operaciones de comandos, bautizada con el nombre de “Escuadrón Alacrán”, desde su creación y hasta el final del conflicto cumplió misiones de combate importantes, pero la primera de ellas estuvo signada por el infortunio: a bordo de un helicóptero murieron 6 de sus hombres y que hoy recordamos.

La primera misión fue asignada al otro día de su llegada, es decir el 29 de mayo. Tenían que ocupar junto con otras patrullas determinadas alturas que estaban mas allá de las primeras líneas argentinas.

Como la operación era helitransportada fueron embarcados a primera hora en un helicóptero Puma. Iban al monte Kent tras un objetivo muy caro: sobrepasar las líneas inglesas y luego atacarlas por atrás. Encararon la situación con gran entusiasmo y hasta con gran ansiedad.

El día 30 de mayo, a las 8 de la mañana se inició el traslado, llevando gran cantidad de explosivos, artefactos preparados especialmente para batir al enemigo en su retaguardia. Tenían plena conciencia del peligro y que muchos de ellos iban a morir. Su máxima aspiración era la oportunidad del combate para demostrar sus capacidades como Gendarmes Centinelas de la Patria.

Después de haber arrancado y de haber dejado atrás las líneas argentinas y aproximándose al lugar indicado, un misil ingles había impactado en la cola del helicóptero, el cual también debía trasladar a las otras cuatro patrullas.

De todos modos el avezado piloto pudo retardar la caída, pero finalmente se desplomó. Entre el fuego y el humo, aturdidos por el impacto, sus integrantes trataron de ganar el exterior debido al gran peligro de los explosivos transportados allí. Sin contemplar razones, ganando el valor sobre el miedo, oficiales y suboficiales ilesos arriesgaron sus vidas para salvar la de sus camaradas que habían quedado aprisionadas dentro del helicóptero cuya acción valerosa permitió rescatar con vida al Subalférez Aranda y al Sargento Guerrero, no obstante este último, con fracturas en ambas piernas, pedía en alta vos que se le abandonara ante la inminencia de la explosión del aparato en llamas, de repente, el gran artefacto hizo explosión en mil pedazos llevándose la vida de seis gendarmes, inolvidables para la Institución y la Patria.

El jefe de patrulla, segundo comandante, Jorge San Emeterio conservó la serenidad pese al gran dolor y la angustia, con gran capacidad de decisión se sobrepone y ordena la formación de una patrulla a pie con el resto del personal sobreviviente.

En esa primera misión perdieron la vida los siguiente Gendarmes:

Primer Alférez Julio Ricardo Sánchez, Subalférez Guillermo Nasif, Sargento Ayudante Ramón Gumersindo Acosta, Cabo Primero Víctor Samuel Guerrero, Cabo Primero Marciano Verón, Cabo Carlos Misael Pereyra, Gendarme Juan Carlos Treppo.

Una vez finalizado el conflicto se promulga la ley Nro. 22.607, que instituye el régimen de condecoraciones militares a otorgar por el poder ejecutivo nacional a propuesta de las Fuerzas Armadas para premiar hechos heroicos y acciones de mérito extraordinario, individuales y de conjunto.En virtud de esa Ley se distinguió a los integrantes del Escuadrón Alacrán de Gendarmería Nacional con las siguientes condecoraciones: Condecoración " La Nación Argentina al Valor en Combate" Sargento Ayudante Ramón Gumersindo Acosta por: "Al ser abatido el helicóptero en que era transportado como integrante de una patrulla de exploración, rescatar de la aeronave en llamas a personal herido y atrapado, con riesgo inminente de perder su vida por la explosión del material bélico que se transportaba, hecho que se consumó a poco de concluido dicho salvataje. Posteriormente continuar en el cumplimiento de la misión asignada, combatiendo con valor ante enemigo superior, oportunidad en la cual ofrenda su vida

"Condecoración "La Nación Argentina al Muerto en Combate": Primer Alférez Julio Ricardo Sánchez. Subalférez Guillermo Nasif, Cabo Primero Marciano Verón, Cabo Primero Víctor Samuel Guerrero, Cabo Carlos Misael Pereyra, Gendarme Juan Carlos Treppo

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MONUMENTO UBICADO EN LA LOCALIDAD DE PIRANE FORMOSA
EN HOMENAJE A SAMUEL GUERRERO
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(NUESTRO HEROE)