Leyendas urbanas de la OUIJA

La ouija de la vida
‚ÄúCameron Thompson, joven violinista de 21 a√Īos de edad famosa por toda Gran Breta√Īa, desapareci√≥ ayer a las 11 de la noche. Fue vista por ultima vez en la entrada de su apartamento a la 9 PM por un vecino‚Ķ‚ÄĚ
La noticia en la primera plana del diario resaltaba.
Desde el m√°s profundo abismo, observaba los matices del cruel mundo.
La noche escaseaba de estrellas. Solo la luna llena iluminaba mi habitación cuyas paredes expelían un frío glacial.
Escuché un estruendo que me alteró por un instante. Lo seguí insegura hasta llegar a la puerta principal de mi departamento. Desde el otro lado el sonido de su cálida y dulce voz llamándome hizo eco en mi alma.

Abr√≠ la puerta. El extra√Īo que me invocaba hizo rendir mi ser con tan solo ver su rostro. Era la exquisita belleza y al mismo tiempo el terror mas grande.

Tomó mi mano, su piel era suave y tan fría que me quemaba; luego mi cintura. Su mirada, su mirada era un viaje al cielo… o al infierno. Me sedujo lentamente y comenzó a besarme. No podía huir, no quería hacerlo.

Justo entonces despert√© de mi sue√Īo.

Al siguiente d√≠a mi hermana Elizabeth me llam√≥. Quer√≠a que fuera a su casa para festejar su cumplea√Īos. Camin√© hasta el centro comercial para comprarle un regalo.

Entonces la ví.

Una extra√Īa tienda con un alarmante camuflaje. Antig√ľedades. Aunque jam√°s hab√≠a visto ese local cerca de aqu√≠.

No me enga√Ī√© al ingresar a aquel lugar que lucia diferente a cualquier otro al que hubiese entrado en mi vida. No precisamente porque su aspecto tan macabro sino por la esencia que emanaba.

-¬ŅCu√°l es el precio del tablero de oujia?- pregunt√© a la mujer detr√°s del mostrador. Para ser sincera, ella al igual que la tienda, no se ve√≠a nada agradable.
-No jovencita. -resopl√≥ con voz grave- Eso que vez no es un tablero de ouija com√ļn, es un tablero de la vida. Se dice que quien juega con el puede estar en contacto con el mismo Dios.

Miré a la vieja con recelo. Siempre odie las supersticiones, era eso mismo lo que me llevaba a comprobar su falsedad fuera cual fuera la causa.

-Eso es lo m√°s est√ļpido que he escuchado. Mi religi√≥n va en contra de todas estas blasfemias, adem√°s es imposible.

La pálida mujer que había estado de espaldas hacia mi volteó su rostro. Nunca podría explicar la sensación que esto me provocó.

-¬°Nada es imposible! ‚ÄďExclam√≥- Vivimos en este universo el cual es enigm√°tico y revelador al mismo tiempo, esto es lo que lo hace ser tan maravilloso. El artefacto que tienes en tus manos es √ļnico en su clase, ¬°no hay dos!, y es tan real como que estas de pie aqu√≠ en este momento.

Sus palabras sonaban mon√≥tonas al principio, pero ¬Ņera acaso algo comprobable? .

Como nada costaba dejar ver la sabida mentira, decidí tomarlo.

-Bien ‚Äďle dije con aire superficial- S√≥lo d√≠game cuanto cuesta.
La mujer estuvo su escalofriante mirada acompa√Īada de una sonrisa torcida.
-Tu alma.
-Debe estar bromeando ‚Äďdije entre risas.
-De ninguna forma bromeo ‚Äďse acerc√≥ a mi con paso lento- ¬ŅAceptar√≠as este precio tan alto, Cameron Thompson?


Jaja! Esta bien, dime que tengo que hacer
Solo firma este documento:

……………..Firme
Tu √ļnica salvaci√≥n
Tu √ļnica salida
Ya no tienes esperanza


Eres mía

¬ŅQu√© paso?
¬ŅD√≥nde estoy?
Estoy.. en casa.. ¬ŅQu√© ha pasado? ¬ŅY que es esto?... ah.. ese est√ļpido tablero!
Vamos a ver.. si en verdad funciona! Jajajaja

…Apagué la luz y encendí unas velas…

Bien.. hare una pregunta.. hmmm haber.. ¬ŅEstoy sola?
La copa se movió sola.. no la he tocado..

…Ahora si lo estas…
¬ŅEres Dios?
...Ya viene por ti….
¬ŅQui√©n?
No hubo respuesta…
De pronto alguien toco a mi puerta entonces.. me aterre..y encendí la luz..
Quién es??!?!
Cameron…

Su voz era la más dulce y cálida que jamás había escuchado.. fue como un himno de cien ángeles que me hipnotizo de inmediato.

Cameron………

De nuevo ¬Ņqu√© hago? ¬ŅSer√° Dios?.. creo que abrir√©

..abrí lentamente la puerta…

Mi piel.. se hizo p√°lida como la nieve.. mis ojos se salieron de orbita.. comenc√© a llorar sangre.. todos mis huesos se hicieron ceniza y fue el dolor mas grande e insoportable que jam√°s haya sentido..mientras √Čl.. me miraba y se re√≠a a carcajadas.. extendi√≥ su mano y tom√≥ mi cr√°neo y dijo con su verdadera voz.. tan macabra y profunda con mucho odio.. causaba el terror m√°s grande √©l solo escucharla..

Vine por ti

Eres mia..

Cameron Thompson Fue encontrada en su departamento completamente desangrada y con una bala en el pecho, nadie sabe quien fue el asesino, los vecinos aseguran que no escucharon absolutamente nada en la noche…

Preg√ļntale a la Ouija

- Acabo de comprar un juego de la Ouija y puedes preguntar a los espíritus dónde está tu hija - dijo Arturo.
- ¬ŅEst√°s loco? -respondi√≥ Elena-. No pienso hacerlo, todos los que conozco que la han practicado dicen que pasan cosas horribles y no quieren volver a hacerlo.
Arturo negó con la cabeza.
- He leído que lo utilizaban antiguos eruditos para llegar al fondo del subconsciente. Los espiritistas la usan sin miedo porque la usan con el debido respeto y sabiendo lo que hacen. Podemos buscar a un espiritista y que haga la Ouija con nosotros. No tienes nada que perder.
- La polic√≠a ya est√° buscando a mi ni√Īa -replic√≥ Elena, malhumorada-. Conf√≠o mucho m√°s en ellos que en una tabla y un vaso.
- Pero podemos intentarlo. ¬ŅY si funciona?
Elena volvi√≥ a mirar a su novio con ciertas dudas. Har√≠a cualquier cosa por encontrar a Betti. Llevaba dos d√≠as desaparecida desde que fueran al centro de Madrid a hacer compras navide√Īas. Entre todo el tumulto de la Gran V√≠a se solt√≥ de su mano y pens√≥ que seguir√≠a all√≠, pero cuando se dio la vuelta ya no estaba. Nadie la vio, y la ni√Īa termin√≥ perdida. La polic√≠a aseguraba que la encontrar√≠a pero no hicieron nada hasta hac√≠a tan solo veinticuatro horas.
- ¬ŅLo haremos con un experto?
- Por supuesto.
- Entonces vale.
Buscaron por Internet médiums que vivieran cerca para acudir a ellos. Encontraron el siguiente anuncio clasificado:

Mariela vidente m√©dium, avalada por 20 a√Īos de videncia y un equipo de profesionales serios, deja que te ayude a encontrar y recuperar todo lo que te mereces atiendo personalmente 555718041

- Jamás pensé que llamaría a una vidente - dijo Elena, avergonzada.
- Adelante, cuanto antes lo hagas antes encontraremos a Betti.
A Elena le molestaban esas cosas de su novio. Se creía todas las historias que le contaban. Seguramente si le dijera que había visto un duende le entusiasmaría tanto que no la dejaría tranquila hasta conseguir hacerle una foto. Siempre decía que había que creer en las personas hasta que se demuestre que mienten y de eso debían aprovecharse todos y le contaban cada bulo que no se lo creían ni ellos.
Elena marc√≥ el tel√©fono y son√≥ un contestador. Sabiendo lo caro que era llamar a esos n√ļmeros colg√≥ de inmediato y se qued√≥ mirando a Arturo con cara de circunstancias.
- No pienso tirar mi dinero al retrete. Un contestador decía: "hola, soy Mariela, en este momento no puedo atenderte pero dime cual es tu problema y espera", que seguramente me tendría conectada más de una hora para que luego un "fantasma" me corte la comunicación... No gracias.
Arturo suspiró resignado.
- Enciende la tele, puede que digan algo de mi ni√Īa.
- Podemos hacerlo sin médium -dijo él-. Solo tenemos que seguir las instrucciones de la caja.
- ¬ŅEs que no te das cuenta de que eso no es m√°s que una tonter√≠a para ni√Īos?
- Todos los amigos que lo han probado - terció Arturo - aseguran que siempre obtienen respuestas desconcertantes y correctas. Luego pasan cosas aterradoras, pero bueno, es un riesgo que tenemos que correr. Si alguien puede ayudarnos son los espíritus.
- Est√° bien, est√° bien. Qu√© pesado eres, vamos a hacerlo solo por callarte la boca. A veces me pregunto si tienes realmente treinta y siete a√Īos o tienes doce.
Arturo fue a por su bolsa con la Ouija recién comprada y la abrió con cuidado.
- ¬ŅLa has comprado en el Toys "R" us? Espera...
Elena cogió la caja riéndose y leyó por detrás.
- ¬ŅDe ocho a catorce a√Īitos? - Elena solt√≥ una carcajada.
- Puede que para los ni√Īos sea un juguete, pero...
- ¬ŅTe has gastado 22 euros en esto? - se enfad√≥ Elena.
- Teníamos que intentarlo.
- Arturo, vamos a intentarlo -replicó ella-. Pero SOLO por que eres un pesado.
- Genial, aunque seg√ļn tengo entendido, solo funciona si los que lo hacen tienen fe en lo que hacen.
- Bueno pues vete a la iglesia para que suba el cura. √Čl pondr√° toda la fe que me falta a m√≠.
- Mujer, esto es muy serio. Confía por una vez en mí.
- Claro, y ma√Īana me convencer√°s para que te acompa√Īe a una cacer√≠a de gamusinos.
- Solo hoy, por favor. No tenemos nada que perder.
Elena quitó el plástico que envolvía el juego con evidente desgana y lo abrió buscando las instrucciones.
- "Colocar el vaso en el centro del tablero. Todos los presentes colocarán el dedo índice en su lado del vaso. A continuación se formularán las preguntas... bla, bla, bla."
Separaron la caja y pusieron el tablero. Elena se estaba riendo seg√ļn coloc√≥ el vaso en el centro del tablero.
- ¬ŅQu√© te hace tanta gracia?
- Lo ingenuo que eres, cari√Īo. Esto lo pod√≠amos haber montado nosotros con una cartulina y t√ļ vas y te gastas 22 euros... Con ese dinero pod√≠as haberme comprado un bolso o unos zapatos.
- Ya, claro -respondió Arturo, avergonzado. Era muy triste que por lo que tenían delante hubiera pagado esa cantidad de dinero. Eran un folio con instrucciones para cortos mentales, un tablero de cartón piedra con símbolos dibujados, letras y expresiones corrientes y un triste vasito de plástico malo.
- Est√° bien, empecemos - dijo ella, decidida.
- Espera, mujer, tenemos que ambientar la situaci√≥n. Hay que apagar las luces y encender un par de velas. Eso le dar√° m√°s misterio, ¬Ņno crees?
- Haz lo que quieras pero como hagas cualquier cosa para asustarme, te mato.
Arturo bajó todas las persianas y buscó en la cocina un par de velas.
Luego se sentó frente a ella y el juego y colocó el dedo en el vaso.
- Cuando quieras.
Ella puso su dedo en el lado contrario.
- ¬ŅAhora qu√©? -rezong√≥ Elena.
- Voy a ver las instrucciones -dijo él, abriendo el manual.
- "Esp√≠ritus del m√°s all√°... ¬ŅAlguien est√° ah√≠ que pueda respondernos?"
El vaso no se movió. Elena mostraba su cara de "ya te lo decía yo".
- Hay que poner más de tu parte. Concéntrate y trata de creer en lo que hacemos.
- Oh, claro, espera... - arrugó la frente y se concentró con una mueca exagerada en la cara.
- Así no vamos a conseguir nada -dijo Arturo, cansado de su falta de cooperación.
Entonces el vaso se movió bruscamente hacia el "Sí". Elena se asustó y miró enfadada a Arturo.
- Muy gracioso. Te voy a ...
- Te juro que no he movido nada.
- Ya, claro, a ver,... yo no he sido y cuántas personas más pueden ser... espera déjame pensar...
- Deja de faltar al respeto a esto. Tenemos un espíritu aquí.
- Hola se√Īor fantasma. ¬ŅC√≥mo se llama? - pregunt√≥ ella burlona.
El vaso se movió a toda velocidad por las letras formando una palabra.
- Víctor - dijo Arturo, asustado.
- Hola se√Īor Victor, ¬Ņcuantos a√Īos hace que est√°s muerto? - la voz de Elena era burlona.
El vaso volvió a moverse frenéticamente por el tablero formando palabras.
- No estoy muerto - dijo Arturo.
- Vaya, entonces ¬Ņd√≥nde est√°? por que no lo veo - el tono de Elena era cada vez m√°s enojado. Segu√≠a pensando que todo eso era cosa de Arturo y sus bromitas.
- Estoy justo encima de vosotros - el vaso se empezó a calentar por lo deprisa que se movía.
De repente las velas se apagaron y Elena y Arturo gritaron.
- ¬°Est√ļpido! Enci√©ndelas. No tiene gracia.
- Te digo que no he sido yo - dijo Arturo buscando frenéticamente el mechero. Dio con él y lo encendió.
Cuando volvía a haber luz vio a un hombre tras Elena y se llevó tal susto que se cayó de espaldas de la silla. La silla se partió y una de las maderas le hizo un corte en la mejilla. Volvió a encender el mechero con ansiedad y sudores fríos y esta vez solo veía a Elena, que se había puesto de pie y trataba de encontrarle con las manos.
- ¬ŅEst√°s bien? ¬ŅQu√© ha pasado?
- Nada, cari√Īo... solo me he asustado. Vi un... bueno cre√≠ ver... es igual.
Con las manos temblorosas volvió a encender las velas y luego se quedó mirando la silla.
- Eres un animal - dijo ella.
- Lo siento, ma√Īana compraremos otra.
Apart√≥ los restos de la silla y mientras lo hac√≠a una mano le toc√≥ la mejilla d√°ndole otro susto de muerte. Elena se hab√≠a levantado y le estaba tocando la mejilla ara√Īada por el palo.
- Ese corte tiene muy mala pinta. Espera que te lo cure... S√≠ que est√°s asustadizo t√ļ.
- No hace falta, terminemos con la sesión. No es bueno dejar al espíritu sin atender.
- ¬ŅQu√© esp√≠ritus y que ni√Īo muerto? S√© que me estabas tomando el pelo.
- Elena, te juro por mi madre que no he hecho m√°s que t√ļ.
- ¬ŅPor qu√© est√°s tan asustado?
- ¬°Lo he visto! Estaba justo detr√°s de ti cuando me asust√© y romp√≠ la silla. Era un hombre de unos cincuenta a√Īos, estoy seguro de que es V√≠ctor.
- Aqu√≠ no hay nadie m√°s que t√ļ y yo -le rega√Ī√≥ ella.
- ¬°Te lo juro!
- Está bien -aceptó ella de nuevo, harta-. Terminemos con esto.
Justo en ese momento son√≥ el tel√©fono. Ambos dieron un salto y despu√©s suspiraron. Elena lo descolg√≥ y sin esperar a que hablaran pregunt√≥: ¬ŅSaben algo de mi hija?
- Estoy vivo - se escuchó tras el auricular.
La voz era tan débil que Elena se quedó blanca por el pánico.
- ¬ŅQu√© pasa? ¬ŅQui√©n es? -pregunt√≥ Arturo.
Elena colgó el teléfono y miró aterrada a su novio.
- Tienes razón, hay que terminar con esto. Coge otra silla.
Arturo obedeció y se sentó frente a ella.
- ¬ŅLista?
- Adelante.
Pusieron la yema de los dedos en el vaso y lo miraron fijamente.
- ¬ŅQu√© intenciones tienes V√≠ctor, buenas o malas? - pregunt√≥ Arturo.
El vaso se movió directo a la palabra "Malas". El corazón de Elena se aceleró y miro con pánico a su novio.
- En ese caso no te molestaremos m√°s -dijo Arturo-. Puedes irte por donde has venido.
El vaso volvió a moverse con velocidad. Esta vez no formó palabras coherentes y después de unos segundos se detuvo en el centro. Tanto Arturo como Elena estaban aterrados. No se movieron de allí y mantuvieron el dedo en el vaso como si eso les salvara de otra secuencia de fenómenos paranormales. En un par de minutos casi ni respiraron.
- Parece que ha funcionado -dijo Arturo, al fin-. Podemos probar invocando a alguien bueno.
- ¬ŅConoces a alguien as√≠?
- Podemos llamar a San Antonio.
- ¬ŅCrees que vendr√°? ¬ŅPor qu√© San Antonio?
- Es el santo que te encuentra cosas cuando las pierdes, ¬Ņqui√©n mejor?
Elena puso los ojos en blanco.
- No creo que se digne a bajar del cielo para atendernos.
- Amor, ahora creo que hasta vendría Dios -respondió Arturo.
A Elena se le iluminó la cara.
- Y por qué no le llamamos a él.
- ¬ŅA Dios?
- Claro. Quién mejor que él puede saber dónde está mi hija. Y nadie es más bueno...
- Tienes raz√≥n... ¬ŅPero crees que alguien m√°s lo ha intentado invocar? Dicen que no le gusta que la gente use estas cosas. Ya sabes lo que dice la Iglesia que las brujer√≠as son cosas del diablo.
- Bueno, no me importa lo que hayan hecho otros y mucho menos lo que diga la Iglesia, ni que Dios fuera de su propiedad. Si tengo que hablar con un espíritu preferiría que fuera el más poderoso de todos.
- Lo cierto es que muchos han invocado al diablo y les ha funcionado -apoyó Arturo.
- Raz√≥n de m√°s para probar con Dios, ¬Ņno crees?
- Ni que esto fuera un teléfono directo con el más allá -dijo él.
- Bueno, eso parece, ¬Ņno?
Arturo tenía sus reservas, no se sentía cómodo hablando de Dios y mucho menos le gustaba la perspectiva de hablar con él. Hacía tanto tiempo que ni siquiera se confesaba, ni iba a misa que seguro que tendría muchas cosas que reprocharle. Aun así Elena estaba lista para un nuevo intento y tenía que admitir que le corroía la curiosidad. No sabía de nadie que nunca hubiera invocado a Dios, en serio, con una Ouija.
- De acuerdo, ¬Ņest√°s lista?
- Cuando quieras.
Arturo respiró hondo y miró hacia una de las velas. Luego comenzó a hablar.
- Dios todopoderoso. ¬ŅEst√°s ah√≠?
El vaso no se movió.
- ¬ŅTe invocamos Dios de los santos? -a√Īadi√≥ ella con una fe como nunca antes hab√≠a tenido.
De repente las persianas se subieron de golpe y se llen√≥ la sala de Luz. Elena mir√≥ a Arturo plet√≥rica de alegr√≠a ante esa se√Īal tan fuerte de su presencia.
- ¬ŅPuedes decirnos d√≥nde est√° mi hija? -se atrevi√≥ a preguntar Elena.
El vaso no se movió. Ambos se concentraron tanto en él que de alguna manera debería moverse, pero no hizo nada. La luz atravesaba el vidrio y las velas se habían apagado al abrirse las persianas. Elena suspiró y negó con la cabeza.
- Por favor, Dios todopoderoso, dime dónde está mi hija -pronunció esas palabras llorando.
Entonces el vaso de vidrio estalló en mil pedazos cortando a los dos en las manos. Apartaron los dedos, asustados y vieron que el tablero de la Ouija estaba como quemado por el Sol. Fueron a por yodo y se curaron los cortes. Limpiaron el suelo y la mesa de los cristales y los tiraron a la basura.
- Est√° claro que a Dios no le gusta este juego -dijo Arturo, resignado.
- ¬°Mira esto! - Elena miraba el tablero.
Se√Īal√≥ las gotitas de sangre que se le hab√≠an derramado encima del tablero. Era dif√≠cil saber el orden en el que deb√≠an leer pero las gotitas eran peque√Īas y todas las letras ten√≠an manchitas de sangre.
- Si leemos de las que tienen menos sangre a las que m√°s...
- T-u-h-i-j-a-e-s-t-...
- ¡Tu hija esta! - se entusiasmó Arturo.
De repente volvió a sonar el teléfono. Elena no se atrevió a cogerlo y se lo pasó a Arturo.
- ¬ŅDiga?
- Aqu√≠ la polic√≠a. Creemos que hemos encontrado a su hija. Un agente la acababa de encontrar con una mujer vagabunda y cuando la llamaron por su nombre la ni√Īa se puso a gritar. La tenemos ahora mismo con nosotros y responde al nombre de Betti.
- ¬ŅCu√°ndo ha pasado eso? -pregunt√≥ Arturo, apenas sin voz.
- Bueno, acaba de ocurrir hace escasos minutos.
- Está bien, iremos enseguida -y colgó.
- ¬ŅQu√© pasa? -pregunt√≥ Elena.
- Creo que han encontrado a Betti.

Para comerse las u√Īas buu (?) Ok ok comenten y punteen

Kaaru