La completa:
Y, por supuesto, no podemos olvidar ese compendio de todas las facetas que Jorge Manrique (1440 - 1479) condensa en las Coplas por la muerte de su padre. El enorme poder igualador de la muerte, ante la cual los más espectaculares logros y hazañas no valen lo que una mortaja:
Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir;
allí van los señoríos derechos a su acabar y consumir.
Jorge Manrique (1440 - 1479), poeta español.
¡Un pensamiento alegre, sí señor!
¡Ahí os quedáis, pardillos!
Hay quien se marcha con cierto estilo. Gentes luchadoras, inconformistas o simplemente amargadas, que ven en la muerte una oportunidad… para hacer la puñeta a quien le ha amargado la vida.
Tal vez uno de los más famosos es el faraón Tutankamón. En general, todos los faraones nos han dejado espléndidos epitafios y los más espectaculares son sus megalómanos mausoleos. Sin embargo, desde que Sir Howard Carter desenterró sus restos, la leyenda de la maldición hizo fortuna:

La muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del faraón.

Tutankamón (1336-1325 a.C.), faraón egipcio.

Vaya, ¡eso sí es un epitafio con mala leche! Aunque, en sentido estricto, su epitafio sería la inscripción mucho más benévola que muestra el sarcófago de Tut:

¡Oh Madre Uut! Extiende sobre mí tus alas como las estrellas eternas!


En cualquier caso, otros famosos personajes se fueron a la tumba con bastante resquemor y así lo expresaron:

Volveré y seré millones.

Túpak Katari (1750 - 1781), líder aimara, al ser descuartizado.


Ingrata patria, ni siquiera tienes mis huesos.

Publio Cornelio Escipión "Africano" (236-183 a.C.), general y político romano.

Muerto en el exilio pese a su victoria frente a Aníbal, ha sido definido como "el hombre más poderoso del mundo, pero también el más traicionado".


Famoso, también, el epitafio de los espartanos caídos en las Termópilas:

Diles a los espartanos, viajero que pasas por aquí, que obedientes a sus leyes, aquí yacemos.

Infructuoso intento por hacer que sus desconsiderados paisanos se sintiesen culpables. Aunque en el monumento actual, aparecen las no menos famosas palabras atribuidas a Leónidas ante el requerimiento de rendición por parte de Jerjes: “ΜΟΛΩΝ ΛΑΒΕ”.


Odiado por sus enemigos y temido por sus amigos.
Cayo Mario (157 aC. - 87 aC.), político y militar romano.

No debió dejar muchos amigos, en todo caso...


Asesinado por un cobarde y traidor cuyo nombre no merece figurar aquí.
Jesse James (1847 - 1882), forajido estadounidense.

No seremos nosotros quienes citemos aquí dicho nombre.


También consiguen venganza póstuma otros que, denostados en vida, dedicaron unas palabritas a quienes les habían mortificado:

Al morir échenme a los lobos. Ya estoy acostumbrado.
Diógenes (412 aC. - 323 aC.), filósofo griego.


Si queréis los mayores elogios, moríos.
Enrique Jardiel Poncela (1901 - 1952), escritor y dramaturgo español.