La voluntad de poder de Federico Nietzsche

Hola amigos taringueros. Les comporto unas reflexiones sobre la voluntad de poder, que juntos a los otros dos grandes temas de Nietzsche (el eterno retorno y el superhombre) valen la pena ser reflexionados.

El siguiente ensayo presupone una comprensión alta de la filosofía de Nietzsche. Porfavor, cualquier duda o comentario escríbanala. Trataré de contestarla cuanto antes y lo mejor que pueda. Aquí va pues:

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La voluntad de poder


La voluntad de poder, es el núcleo mismo de nuestra vida. No tenemos nada más que ella misma. Estamos en ella y por ella somos lo que somos.

Para los espíritus famélicos que están plagados del espíritu de pesadez, para los ascéticos que ven la vida con distancia y cinismo, para los que actúan por el “tú debes”, ¿Qué consejo se les puede dar? ¿Qué medicina hay que prescribirles? ¿Solamente a través de la seducción?

La voluntad de poder no se puede eliminar pero sí se esconde, se le pone máscaras. Pero, ¿Cómo hacerles ver que detrás de esa máscara existe una verdadera pujanza por el regocijo mismo de estar vivo? ¿Cómo levantar el velo de Maya para ver la realidad (Que ya en cada momento está operando)? Me refiero a ver lo diáfano.

La voluntad de poder no puede negarse a sí misma (contra Schopenhauer), sucede todo lo contrario: ¡Se quiere a sí misma! No necesita fundamentos más que ella a sí misma (Muerte de Dios). Entonces: ¿De dónde surge aquello que la debilita? ¿Si la voluntad de poder quiere poder, por qué “se engaña a sí misma”? ¿Es acaso esto posible?

¿Acaso la persona que acepta una moral (burro) lo hace con la ilusión del fortalecimiento de su voluntad (¡Sí a la vida!), pero termina por una amansamiento de ella misma gracias a cargar la pesada carga de la moral? Y, ya que la voluntad esta amansada, ¿de dónde nace ese “NO!” del león? Y de nuevo, ¿de dónde nace el olvido y la inocencia del niño? ¿Sería como Kierkergaard el equivalente al salto del estadio estético al ético y luego al religioso? Y si se puede cotejar estos saltos del filósofo danés con los que propone Nietzsche, entonces ¿también estamos hablando de “saltos de fe” o es más bien una simple afirmación de la vida desde lo más profundo de nosotros? Para Nietzsche ¿se sabe o no se sabe lo que se afirma?

¿Acaso la respuesta va por el lado de la ontología Nietzscheana? Me refiero a la insistencia de él por ver a lo que llamamos ser como lo dionisíaco, es decir, creación. El mundo es arte, poesía; y como tal es creación constante. Si el dar el sí afirmativo a la vida es acaso abrir las puertas a un mundo que es incognoscible pero divertido: creación y olvido. Si es el caso, entonces me parece que las posturas de ambos filósofos no dista tanto. Entonces la respuesta a la pregunta por el origen y dirección de la voluntad de poder ¿sería que se da desde lo más profundo de uno hacia lo más profundo del universo? ¿Un rencontrarnos (a la Platón) con lo que nos es más propio y que hemos olvidado?

Es decir, este “sí” del burro, este “no” del león y el olvido del niño, todos nacen de la voluntad de poder misma. Pero ¿en qué manera se distingue esta voluntad en los distintos estadios? ¿Tiene que ver con un grado de pureza? Y si sí, ¿de dónde viene la pureza sino de la voluntad de poder misma?

Esta pureza surge de adentro. El pastor del cual habla Zaratustra le cortó la cabeza al ouroboros con el estómago, desde dentro. La afirmación del eterno retorno desde lo más profundo que tenemos. Un amor fati que no se puede querer, pues quererlo implicaría que no se tiene. Es una amor fati que lo llevas a cabo, afirmándolo con un “Sí” que hace eco en toda la eternidad. Es un sí a la vida, tal cual se ha vivido, que viene a reivindicar el instante para alzarlo al estatuto de una eternidad deseable, digna de ser vivida infinidad de veces.

¿Ese “sí” cómo llega? ¿Es que llega como un relámpago, a manera de inspiración, que lo lame a uno con su lengua de fuego? Cómo si la voluntad de poder que mora en la naturaleza dejara caer el velo de Maya haciéndonos perder nuestra individualidad y con ella bendiciéndonos con un sentimiento de unidad orgiástica dionisíaca con la naturaleza. ¿Este “Sí” nos pertenece? O se puede hablar que nos pertenece, pero sólo en tanto que también le pertenece a la naturaleza, al cosmos, a la existencia; haciendo por ello de este “Sí” una afirmación de la existencia por la misma existencia. Un “Sí” que se alza al unísono con el cosmos mismo, cantando el canto de las estrellas y de las flores.

Esta afirmación de la vida siempre se da, aunque a veces de manera fría. Cuando la frialdad del tú debes nos nubla nuestra visón nos se nos hace difícil, casi imposible reconocer el núcleo que compone nuestra existencia; esta movilidad, espontaneidad, juego, olvido. La razón se hace petulante, insincera. Pero esta inautenticidad ¿De dónde viene? ¿Qué la hace surgir? ¿Podemos decir que existe (al igual que cuando nos preguntamos con respecto del mal en Platón)?

Me parece que la razón fría es olvido del olvido. Es este movimiento reflexivo que al flexionarse pierde su propio sentido, como si el intelecto que como espejo tuviera la consigna de reflejar el mundo se perdiera en sí mismo, que se queda sin contenido, como dos espejos puestos enfrente del otro. Este matiz es el que adopta la crítica de Schopenhauer y Nietzsche a Hegel. La intuición tiene un primado sobre la autoconciencia. Hegel y Platón hicieron del espejo, el intelecto, la imagen misma que debería de reflejarse y por tanto se perdían del mundo que se supone el intelecto debía de reflejar. La noción de Nietzsche con respecto al intelecto se parecería más a la concepción del Zen sobre la mente. Para ellos, la mente perfecta es como un espejo, puro y limpio. Acepta todo, niega nada. Recibe pero no retiene.

Esta manera que tenemos de entender el mundo es dual dijo Schopenhauer. El mundo lo podemos entender como voluntad y como representación. Pero la cosa en sí es una. Kant cometió el grave error de hablar de las cosas en sí, así en plural. Porque la multiplicidad del mundo tiene que ver con las categorías de percepción que limitan la riqueza indiscutible que la cosa en sí posee. Sólo se puede hablar de multiplicidad cuando se tiene el principio de individuación, y este corresponde al intelecto, no a la voluntad.

La verdad en Nietzsche trata de reconocer los límites de este entendimiento. Atrás de una máscara siempre habrá una máscara. La filosofía se hace para ocultar a la vez otra filosofía. ¿Habrá un fondo a todo esto? ¡Sí! Lo hay. ¡Pero este fondo no puede ser entendido, sólo puede ser vivido! Entender algo es encerrar algo, delimitar, pero la voluntad de poder no puede ser delimitada porque ella misma es creación. Entender algo es quitarle lo movible a algo y hacer un concepto acartonado, ¡pero esto no se puede lograr, porque la vida es danza! La verdad se vuelve cada una de estas máscaras, porque reconocemos que cada una de estas mascaras es una objetivación de la voluntad. Por ello, debemos encontrar una verdad, una máscara que sea la más movible de todas. La máscara que logre hacer incluir todas las demás máscaras. Un molde de moldes. Esto es: ¡la verdad es que no hay verdad! El sí que afirma la vida es un movimiento que deja de lado lo que se cree que es la realidad, el mundo, la vida para dar lugar a experimentar la realidad, el mundo y la vida. Experimentar significa vivir, sentir. Toda reflexión tiene que volver sobre esto.

El papel de lo apolíneo es el de ordenar lo dionisíaco. Pero este orden sólo se puede dar en la medida en que este mismo orden sea capaz de trascenderse a sí mismo. El arte solo será bueno en la medida en que logra transmitir la movilidad a través de las formas estáticas. El intelecto sólo será libre, puro y fiel en la medida que logre captar que nunca llegará captar aquello que quiere captar, esto es: la movilidad de Heráclito, la creación de Dionisos. ¡el mundo es mucha más profundo de lo que Sol jamás pudo imaginarse! Dice Nietzsche.

Por ello, me parece que el empoderamiento de la misma voluntad de poder sólo se puede dar desde sí misma, aunque esto implique que el ganarse es perderse. Esta es la verdad nietzscheana que destruye y crea a la vez. Verdad que sólo puede ser conferida por decir sí a la vida, desde su fugacidad eterna. El mayor impedimento para adoptar este nihilismo activo, creados perpetuo y rebosante de valores es el miedo que tenemos de reconocer lo que somos en profundidad. Este miedo, no es nuestro, no pertenece a nuestra “esencia” (para decirlo de una manera). La recibimos, nos hemos vueltos decadentes según Nietzsche al aceptar esa moral. Es esta moral fría que recibimos, contra la cual tenemos que revelarnos. Usando por arma y fundamente de esta rebelión nuestra voluntad de poder y la misma movilidad y creación constante que compartimos con todo el Cosmos, con todas las personas. Debemos de desatender esos intentos vanos de la sociedad que han querido tener control sobre algo incontrolable, que es la voluntad, para escuchar lo que nos es propio, lo único que tenemos. Lo que compone nuestra vida.

El fundamento con el cual hablamos es ¡no hay fundamento! No hay necesidad de tirar una ancla en una moral para entender este mundo. ¡Matemos a Dios para hacer que nazca! Pero ahora nacerá vigorizado. Con el poder de la creación de este cosmos. En la medida que nos hacemos creadores de morales se nos es conferida el poder divino. Cuando somos espontáneos somos seres divinos.

Entonces es el miedo que tenemos a nosotros mismos lo que nos impide dar ese “Sí” a la vida. Aquellos que necesitan de un fundamento son como niños o jóvenes que nunca dan el paso a la verdadera autodeterminación, a la libertad, demasiados miedosos de romper su cascarón. Aquellos que tienen miedo se quedan inmaduros, dentro de la parte intelectiva, son prisioneros de las relaciones causales y por ello son un vano producto de la historia en lugar de verse a sí mismos, directo a su corazón, su voluntad creadora; y con ello pasar a ser creadores y no meros productos de la historia.

¿Cuál es la medicina? ¿Cómo se sube la montaña? ¿Cómo se es feliz? ¡No hay fórmulas! Se necesita cortar la relación causal desde dentro, como el pastor. ¡Se feliz, sube la montaña! Danzar y jugar, encontrar el sentido de la tierra en la creación y en la risa.

La filosofía de Nietzsche es la filosofía de la no filosofía. Filosofía que no es filosofía en el sentido de que es juego, olvido. Algo que contrasta de verdad con lo que se nos enseña en las escuelas, esos malabares conceptuales en donde para hacer filosofía tienes que encontrar un sistema en el cual instalarte y desde el cual hablar. Estar en la realidad es intelegirla. Me parece un alejamiento más que un acercamiento a la vida, al mundo y a la persona como lo es un pensamiento que dice que la felicidad es lo que se tiene que tener pero que al pensarlo está cada vez más lejos de obtenerlo.

Pero sí es filosofía en el sentido de que es la verdadera sabiduría de la vida. Lo que es verdadero es aquel elemento insoluble para el intelecto pero primario en todas nuestras acciones. La voluntad de poder. Aquí el verdadero filósofo es aquel que se atreve a entrarle a la vida, con todas sus dificultades y recompensas. Y no necesita otra razón que la misma motivación que le nace desde adentro. La reflexión de la vida es válida, pero siempre y cuando esté partiendo desde la vida y vaya hacia la vida.

Por todas estas consideraciones me inclino a pensar que el elemento que nos permite ascender en la vida, a participar en la constante mutación de uno mismo hacia algo siempre desconocido, pero siempre propio; no es otro que el querer. No sé puede enseñar el amor a la vida, tiene que nacer desde dentro.

Por eso, no se puede enseñar. Sólo se puede sugerir, se puede seducir. Enseñarlo sería hacer de del movimiento algo estático, que se puede reducir a ciertas técnicas. Congelarlo en cánones. Así como no se puede enseñar la música, no se puede enseñar a querer. Pero lo que sí podemos hacer para enseñar a la presente y a las futuras generaciones es darles música para que ellos caigan en un arrobo y les llame a ellos mismos a hacer su propia música. Lo mismo con la voluntad, no se puede enseñar a querer sólo se puede seducir.

A manera de cierre de este pensamiento presento las siguientes consideraciones.

-Una voluntad amansada, es una voluntad enajenada.

-No se puede querer el querer, eso sería un proceso mental alejado de la fuente de donde nace la inspiración que es el simple querer. Esto significa que cuando algo se quiere, se debe de subir simplemente la montaña.

-El querer no se puede enseñar, pero sí seducir. Todo siempre en miras de volver hacia uno mismo, dejar de lado la moral decadente y abrazar lo desconocido.

-El debilitamiento de la voluntad, el espíritu de pesadez, está ligado de manera fortísima con el miedo de reconocer lo que nos es más propio. Es el miedo a darle validez a lo que tenemos por dentro (¡yo quiero!) antes de lo que es socialmente aceptado (¡tú debes!)

-La verdadera filosofía no es la que reflexiona, sino la que vive.

-Ser lo que somos, es decir, darle rienda a la voluntad de poder, es un acto de fe. La voluntad, aún siendo de nosotros, es para nosotros desconocida. Por ello, para ser lo que somos en profundidad debemos de olvidar lo que creemos saber que somos. Por ello, el superhombre es inocencia y olvido.

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