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Bicentenario (ensayo mio)

Un ensayo que hice sobre el bicentenario... a ver que opinan...

¿Libres por revolución o prisioneros de la tradición?




La Revolución de mayo tuvo lugar en el marco de un período de levantamientos en gran parte de Latinoamérica. Éstas revueltas no tuvieron sino un objetivo en común: Destronar a las potencias europeas que, durante décadas, habían dominado sus territorios.
La ruptura de estas relaciones (más bien colonizaciones) tuvo como finalidad la liberación de las naciones latinoamericanas, sin embargo éste fue un largo y arduo proceso que costo muchas vidas e ideologías. Generando así gran cantidad de adverisades que perduran hasta hoy en día.
Una pregunta que vale la pena hacerse es: ¿Realmente nos independizamos?

Hace doscientos veintiún años un grupo de visionarios se cuestionaba su postura ante un régimen monárquico que sucumbiría ante su propia rigidez en el contexto de un mundo cambiante, dando origen a la Revolución Francesa, que diez años después triunfaría, estableciendo nuevos conceptos en cuanto a las libertades individuales y aquello que le corresponde al hombre por el simple hecho de ser hombre: Los Derechos humanos.

Años más tarde, llegó a tierras americanas ésta nueva ideología liberal que inmediatamente hizo reflexionar a quienes, tiempo después, impulsarían las revoluciones, independizándonos de los países opresores y forjando nuevos rumbos en base a sus gobiernos.

Ahí es cuando entramos nosotros en la historia. Once años después de ésta revolución, llego la noticia de que nuestra “nación madre”, España, había entrado en crisis y su rey había sido destituido. Fue entonces cuando, en vista de esta inestabilidad, y tomando la idea del ya citado hecho histórico, nuestros héroes anónimos dieron comienzo a uno de los hechos más trascendentales de nuestra historia nacional, del que muchos se aferran para declarar nuestra libertad ante España y otros desprecian dándole una relevancia casi nula, argumentando que la verdadera independencia la logramos seis años después.

De una manera u otra, la revolución del 25 de Mayo de 1810 representa algo más que una simple anécdota de matiz legendario para los habitantes del suelo argentino, es una fecha que se celebra año tras año (con una pecaminosa tradición diría yo…) recordando aquel día en el que, por primera vez, el pueblo argentino dio a conocer su punto de vista ante ésta incipiente monarquía.

Viendo la Revolución como el inicio de una nación, o como un hecho histórico pasajero, aun existe una gran incógnita, una pregunta que podría derivar en varias respuestas pero ninguna lo suficientemente consistente como para acallar la duda: ¿Somos realmente independientes?

Podríamos tomar el hecho de que ningún país es autosuficiente ante el mundo contemporáneo, seria sencillo hablar de un neo-colonialismo escondido detrás de un sentimiento patriótico que lo niega, diciendo que el mundo mismo se encuentra controlado por una organización conspiradora que no permite la real libertad, sino una utopia de la misma.
Pero lo que realmente importa aquí es la postura que toma Argentina frente al mundo.
Varias décadas después de ésta independencia, surgieron gran cantidad de ideologías y posturas que no hicieron mas que complicar la formación del país y, de algún modo, condenarlo a las inevitables adversidades internas a las que esta sometido hoy en día.

Seria un gran error concluir que mi hipótesis acerca de la cuestionable independencia con un solo ejemplo, pero de este modo puedo demostrar que tan poco independientes somos, si aun nos es difícil unificarnos como nación, ¿Cómo podríamos pretender autoproclamarnos libres?
Otro ejemplo citable es el de la gran problemática (interna, nuevamente) de la inseguridad, es increíble como cada día hay mas casos de robos, homicidios, violaciones, secuestros, etc. Es una lamentable demostración de que somos literalmente prisioneros en nuestra propia sociedad, no es cuestión de crear una gran campaña contra la inseguridad, salir a la calle y golpear cacerolas, solo se necesita un poco de sentido común.
Seguramente aparezca alguien que diga “esto con los militares no pasaba” “necesitamos una nueva dictadura”… No voy a hondar en cuestiones ideológicas ni voy a convertir un simple ensayo en un tema de debate controversial ni mucho menos, pero si hay algo peor que vivir condenado por la misma sociedad, es vivir condenado por las mismas autoridades.

La ola de inmigrantes que llegó al país a fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX de algún modo nos quito la libertad de la identidad (no son inocentes las cruzas entre europeos y nativos en los siglos previos a la revolución). Ya que no es posible definir la verdadera raza argentina, nos cuesta identificar nuestras raíces autóctonas. Un argentino puede ser un mulato mezclado con una española, o un italiano con una paraguaya y así podríamos enumerar infinitas posibilidades genéticas que lo único que harían seria reafirmar la teoría de nuestra “esclavitud de estirpes”.

Muchas culturas influyeron también en esta privación de la libertad. Es así como, absorbiendo paradigmas (y conceptos) propios de otras sociedades, nos convertimos, sin quererlo, en una comunidad cosmopolita. Hay diversas interpretaciones de esto, yo por mi parte podría contradecirme diciendo que lo mencionado no es una privación de libertad, sino que más bien se trata de una característica autóctona, de un libertinaje que hace del argentino un ser único y especial, hasta cierto punto.

Hay muchos ejemplos que podría exponer con la intención de arrancarle el nacionalismo hasta la persona más conservadora e idealista (que no es lo que busco). Pero la idea es hacer ver que todavía hay un largo camino por recorrer, y dar cuenta de un gran error del argentino: Buscar distintos resultados haciendo siempre lo mismo.

En ésta fecha recordamos como, por primera vez, nos dimos cuenta quienes éramos realmente y nos cuestionábamos nuestra postura frente a un mundo que crecía a pasos agigantados.
Hay que destacar que, a pesar de todas las vicisitudes a las que el argentino se enfrenta, aun quedan esperanzas para hacer de éste un país mejor. Creer que no hay solución y emigrar hacia países mas desarrollados no es una salida valiente, no se estarían respetando las raíces de uno.

Es cuestión de cambiar nuestra mentalidad, de entender el verdadero significado de ser argentino, de respetar nuestras raíces, y de ser quienes logremos cambiar el rumbo de nuestro país, o, dicho de otra manera… Ser la revolución.

Bicentenario (ensayo mio)



- Desde mi punto de vista tengo ciertos problemas para expresarme, quizas a veces no encuentro las palabras adecuadas, pero espero hayan comprendido lo que quiero decir.
Debido a que es un texto altamente cuestionable solo pido respeto en los comentarios.

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