Este es un cuento propio que escribí hace tres años. Espero les guste.

Un niño camina por un cementerio. Está nevando. Hace mucho frío, pero a él no le importa. Es solo una figura blanca vestida de negro. Se siente solo, pero es un sentimiento común y ya incorporado a su personalidad. Los padres siempre dijeron que había algo mál en él. ¿Pero que es lo que puede tener mal? ¿No existe acaso gente que le gusten los cementerios?

¿Existen?

No le importa. Si la gente no entiende esas cosas, es problema de ellos. ¿Hay quizá algún lugar en el que se sienta más paz?
Ve una lápida que le llama la atención más que el resto. Se acerca. No sabe qué es lo que lo atrae, pero sabe que algo tiene que ver consigo mismo.

Silencio. Lo demás no importa. Ya nada importa.

Un hombre camina por la calle. Hace mucho frío. Se dirige hacia un café en el cual espera encontrar al amor de su vida, como muchas veces lo hizo ya.
Entra, se sienta y deja el abrigo en la silla a su izquierda. Espera un momento y de repente la ve venir. La reconoce tal vez por las fotos que le pasó cuando el amor era solo de chat. Se sienta enfrente suyo y le sonríe. Él se siente extraño. De la misma forma que todas las otras veces. Y de la misma forma, sabe en que termina todo.

Ya es hora de terminar con toda esa farsa. Su mitad faltante no existe. Aunque siempre creyó saberlo, la certeza es más clara que nunca ahora. Se levanta y sale a la calle. Deja atrás a la chica que lo mira extrañádamente y a su abrigo, pero no le importa.

Se dirige hacia una estación de trenes. Está todo blanco, parece que en el poco momento que estubo ahí dentro cayó nieve. No hay nadie por ahí, es el momento y el lugar indicados.

Silencio.

Saca algo pesado del bolsillo de su pantalón y sin analizarlo completamente, acaba con su vida.

Lo demás no importa.

Anillos diferentes, uno de cada par que caen al suelo. Pasado y presente se juntan. Mil voces se mezclan. no ve ni escucha nada. El tiempo, su respiración y su corazón se detienen. Paz al fin.

Ya nada importa.

Nieve tiñéndose de rojo. Gente amontonándose alrededor del extraño que se suicidó.

'¿Que le habrá pasado por la cabeza?', Piensa alguien.
'¡Hay que estar muy mal para hacer eso!', Dice otro más del montón.

Nadie nunca va a saber su historia. Su historia de desamores y de soledades que nunca terminan. Al menos ya no más.

Paz. Lo último que sintió antes de perder la conciencia para siempre. La misma paz que siente el pequeño caminando por su cementerio.

El niño llega a la lápida. Lee su nombre en ella. No se sobresalta. Sabe (como de hecho siempre supo) que nunca será feliz. pero al menos sabe también que algún dia todo acabará.

Gracias por leer.


Fuente: El cuento es mío.