La Iglesia, el bien y el mal

El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo.Mt 13, 24.

La Iglesia, el bien y el mal

Así describe el Señor Jesús a la Iglesia: un campo donde crece la buena semilla que él ha sembrado. Sin embargo, ¿cuántas veces nos hemos encontrado con gente que va a misa, que reza en el templo y que, cuando salen de la iglesia, no parecen cristianos? ¿Cuánta gente nos ha dicho alguna vez: “yo no soy católico, pero soy buena persona, no como otros/as que van a misa y se golpean el pecho y luego son más malos que Satanás”?Seguramente, incluso nosotros lo hayamos dicho o pensado alguna vez.

Otras veces, vemos en las noticias que sacerdotes, que deberían ser santos, han abusado de niños o cometido algún delito especialmente grave. Podemos observar que en peregrinaciones como la del Rocío se montan jolgorios donde la gente bebe tanto que acaban más pa’yá que pa’cá, o incluso en Fátima o Lourdes se montan negocios (no vinculados a la Iglesia católica) para conseguir dinero o que cristianos que también deberían ser santos cometen delitos, se meten en juicios y denuncias por dinero y no se ve por ningún lado aquello de “a quien te abofetee en una mejilla, preséntale la otra.”

Pero, mientras dormían sus siervos, vino un enemigo, sembró cizaña y se fue; cuando brotó la hierba, produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Mt 13, 25-26.

En esta frase está resumida la Historia de la Iglesia; a lo largo de los siglos la Iglesia católica a producido frutos increíbles de santidad que todos conocemos. Cristianizó el concepto de democracia; suavizó las relaciones entre Amo y Esclavo de la antigua Roma/Grecia hasta eliminarlos por completo. Ha sido una fuente de luz para reyes y gobernantes de todos los tiempos, mostrándoles el concepto de justicia y bondad cristianas.

vaticano

Del seno de la Iglesia católica han aparecido grandes personajes que han revolucionado todos los ámbitos del ser humano: ciencia, filosofía, teología, tecnología, biología, genética, cultura, arte, etc. Grandes cristianos que han llevado hasta el heroísmo las virtudes cristianas llegando a ser santos, no solo de nombre sino en la práctica, entregando la vida por los más necesitados, los pobres, los enfermos, la humanidad en general. Gente que brilla en medio del mundo por su entrega al Señor.

En cambio, también existen en la Iglesia católica periodos de grandes (o pequeños) escándalos: las cruzadas; la Inquisición; los anti-papas; el nepotismo del Renacimiento; los abusos sexuales infantiles, la gente hipócrita que dice ser cristianas y luego se comportan como si no lo fueran; los fanáticos capaces de matar por imponer su fe; las guerras entre Protestantes y Católicos en Irlanda; de gente que dice ser católica pero no siguen, ni tienen la intención de hacerlo, las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia católica y del Papa, creando confusión entre la gente no católica que piensan que se puede ser católico sin creer en la Iglesia o que relativizan la Verdad diciendo que “todo vale mientras nosotros lo creamos así” o que “todo depende del color del cristal con que se mire”.

Sus siervos le dijeron: ¿Quieres que vayamos y arranquemos la cizaña? Mt 13, 28.

Muchas veces se nos dice (o nosotros mismos lo hemos pensado): “¿Por qué la Iglesia no hace algo contra todo este fraude?; ¿Por qué el Papa o los Obispos no rechazan públicamente manifestaciones totalmente paganas como algunas festividades del Rocío o los negocios de Fátima y Lourdes? ¿Por qué la Iglesia no excomulga a los sacerdotes que han abusado sexualmente de niños? ¿Por qué la Iglesia no hace algo más explícito denunciando y purificando su seno de toda esta gente que no son cristianas, que hacen más daño a la Iglesia que beneficio y que manchan su reputación en el mundo?”

Ojala fuera tan fácil el ejercicio de la justicia del hombre. Son los sistemas judiciales de los estados nacionales quienes deben encargase de encontrar una persona culpable o inocente, no la iglesia. Los estados tiene gigantescos aparatos judiciales (que utilizan innumerables cantidades de recursos) y aun así distan mucho de ejercer un perfecto ejercicio de la justicia. Entonces porque atacar a la iglesia por una función que no le corresponde y que ni siquiera es muy bien ejercida por los verdaderos responsables? En la sociedad moderna se presume la inocencia hasta que se demuestra lo contrario. No se puede condenar y destruir a una persona sin que la JUSTICIA lo haya encontrado culpable de un crimen.

No, dijo el Señor, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también la semilla. Dejad que la cizaña y la semilla crezcan juntas hasta la siega. Mt 13, 29-30a

injusticia

He aquí la misericordia y benevolencia del Señor Jesús. “Dejad que la cizaña y la semilla crezcan juntas”, no hagáis nada, solo preocupaos por actuar bien vosotros, no vayáis arrancando la cizaña que ha crecido entre vosotros, aceptar que tiene que pasar así: “yo soy el Señor; yo doy la muerte y la vida; y nadie escapa de mi poder”.

Pero, ¿entonces?, ¿qué cristianismo es este?! es que el cristianismo no es como el resto de religiones.

La mayoría de las religiones tratan de dar una explicación al mundo que les rodea y al sentido de la vida. Los hombres en su observación de la naturaleza y de las leyes que la rigen han tratado de explicarlas mediante la acción de diferentes dioses o energías que manejaban los hilos del mundo y del universo. Han tratado, como han podido, de explicar que la vida del hombre tiene que tener un sentido, que conceptos como bondad, armonía, justicia, derecho son conceptos anteriores a la existencia humana… pero el cristianismo.

El cristianismo es una religión “revelada”, no es una religión que surja del intento del hombre de responder a ciertas preguntas existenciales o de explicar los acontecimientos y leyes naturales. El cristianismo es una religión revelada, el conocimiento viene de arriba, no nace del hombre. No es el hombre el que busca entender la naturaleza y a Dios sino que es Dios mismo quien explica al hombre el funcionamiento de la naturaleza y la esencia de sí mismo.

¡El cristianismo es pura gracia de Dios! Es un acontecimiento único de la Historia de la Humanidad, que Dios se ha hecho hombre y ha vivido entre nosotros, como uno de nosotros, que ha muerto por nosotros y que ha resucitado para nuestra salvación. En el fondo el cristianismo es la noticia que de ¡DIOS ES UNA PERSONA QUE NOS AMA TAL Y COMO SOMOS!

catolica

La salvación ya nos la ha conseguido Cristo con su muerte y resurrección. Simplemente hemos de aceptarla (o no). Hemos de aceptar que Dios es una Persona, que nos quiere, que nos ha salvado… o no.

Cuando el cristiano experimenta que Dios es una persona real, que se puede relacionar con ella, cuando experimenta que ese Dios le ama, le ama profundamente y actúa en su vida y en los acontecimientos de su historia… este mismo amor de Dios va modificando su conducta. Porque el hombre está hecho para amar y para ser amado. Pero ¿cómo podemos amar si no sabemos lo que es el amor? ¿si jamás nos han amado verdaderamente?, siempre, por muy intenso y sincero que fuese ese amor, ha habido un deseo de reciprocidad y si, por cualquier causa, esa reciprocidad no se ha dado… nos han rechazado.

Pues se puede amar y se puede hacer de verdad. Pero primero hay que experimentar que existe Uno que nos ama, que nos ama tal y como somos, sin apariencias ni falsedades, y que nos ama siempre. Y la forma que ha tenido de demostrarlo ha sido su muerte en la Cruz.

¡No era necesario que Cristo muriese en la Cruz!

Dios, como Dios que es, podría haber chasqueado los dedos y habernos matado a todos y haber creado una nueva humanidad en un abrir y cerrar de ojos. O podría habernos obligado a ser todos buenecitos y perfectitos para siempre.

Pero Dios que nos ha creado libres, ha querido respetar nuestra libertad… y, sabiendo que el hombre solo es capaz de actuar bien cuando se siente amado, ha querido demostrarnos sin dar lugar a dudas hasta dónde llega su amor por nosotros; que aunque no seamos capaces de amar total y completamente, ÉL SI QUE NOS AMA TOTAL Y COMPLETAMENTE y por eso renunció a su dignidad de Dios y se hizo hombre, viviendo entre nosotros… renunció a su dignidad de hombre y se dejó insultar, azotar, vilipendiar y matar por los propios hombres (sus criaturas)… y resucitó al tercer día para enseñarnos dos cosas:

Que nos ama hasta morir por nosotros.
Que la muerte y el sufrimiento han sido destruidos y no tienen ya poder sobre nosotros.
Cuando el hombre experimenta realmente en su vida este amor de Dios, incondicional, verdadero y eterno… su vida poco a poco comienza a cambiar, ajustándose con cada día que pasa más a este nuevo amor que ha descubierto.

Si un cristiano no ha experimentado el amor de Dios en su vida, en seguida se percibe… vive de la apariencia pero realmente no es capaz de amar hasta la muerte, no es capaz de caminar por encima de las aguas (sufrimientos), no es feliz… porque en el fondo todavía no ha experimentado que Dios le ama. Y, como no sabe que Dios le ama… todavía busca ser amado y es capaz de hacer cualquier cosa para llamar la atención o para sentirse amado: es capaz de cometer pecados execrables con tal de sentir un poco de “gustirrinín” que rellene su vacío existencial, capaz de matar (incluso a bebés no nacidos indefensos) para sentirse poderoso y dueño de su vida, capaz incluso de hacer buenas obras, no por amor a Dios y a los demás, sino para que los demás le vean y digan que bueno es y… le quieran.

Por eso dirá San Pablo:

El amor de Cristo nos urge. Si uno murió por todos, todos murieron. Y murió por todos para que los que viven no vivan ya para sí mismos, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos. 2 Co 5, 14ss

El Señor es el dueño de la Vida y de la Historia, en la medida en que nos sentimos amados por Él debemos preocuparnos de responder con generosidad a ese amor con el que nos han amado… cada cual según la medida en que lo ha experimentado… y no juzgar al resto ni querer imponer una ortodoxia que pueda escandalizar la fe de los más débiles.

Al final, el Señor, dueño de todo, restaurará la justicia sobre la injusticia, la bondad sobre la maldad, la luz sobre la oscuridad, la salvación sobre la condenación:


Finalmente:
Cuando llegue el momento de la siega yo diré a mis segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla y luego recoged el trigo en el granero. Mt 13, 30b

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Texto escrito por Daniel Talavante con agregados mios

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