Boom sojero deja dramáticas consecuencias

en Argentina II


El ambiente y la salud pública

Si se toma el mapa de la Argentina y se observan las regiones más afectadas por la sojización, se constata que la denominada Pampa Húmeda - que comprende las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe - es la más perjudicada. Pero ya comienzan a verificarse impactos muy dramáticos en las provincias de Salta y Chaco, ambos ecosistemas extremadamente frágiles.

"Toda la negociación de tierras y la negociación de la madera del bosque de El Impenetrable Chaqueño que desapareció, todo eso va siendo empujado por la soja. Primero viene la negociación de la madera y después llega la soja", señala Rulli. Cabe destacar que en la Argentina se talaron 5 millones de hectáreas de bosques y montes desde 1996 para el cultivo de soja.

El cultivo de soja avasalla y ya está entrando en Neuquén, provincia de la Patagonia argentina.

Según Rulli, la Argentina tendría que estar en emergencia forestal desde hace 10 años pero aún hoy la esfera gubernamental no habla del tema. La problemática ambiental a nivel del gobierno nacional argentino es responsabilidad de la Subsecretaría de Medio Ambiente que depende del Ministerio de Salud y Ambiente, cuyo secretario es Atilio Sabino, ex gerente del Ceamse, el mayor relleno sanitario contaminante de la provincia de Buenos Aires.

"En las provincias de Buenos Aires o Santa Fe, el deterioro del suelo va a demorar en evidenciarse porque son suelos muy ricos. Se puede haber perdido una tercera parte o la mitad del suelo pero de todas maneras, queda suelo y hay capacidad para poner fertilizantes químicos, cuando antes jamás se hubieran usado.

Pero hay suelos frágiles como los del desmonte del Chaco que dan para 2 o 3 cosechas y después va a quedar sólo el desierto", señala el miembro del GRR.

"Los gobiernos no hacen nada porque van detrás del interés de corto plazo de un gran negocio:
tres cosechas. Después se acabó. No tenemos un secretario de Medioambiente que diga nada. Y el exterminio de flora y fauna es angustiante para la gente que se preocupa por los ecosistemas", agrega.


Los efectos del monocultivo de soja y los agrotóxicos utilizados para su cultivo ya están quedando en evidencia, de forma dramática, en la salud de las personas. Una misión integrada por organizaciones de Ecuador, Brasil, Bolivia y España se hizo presente el pasado 20 de junio en la ciudad de Córdoba para registrar los impactos del cultivo de soja transgénica.

La llegada de esta misión respondió a la aparición masiva en los pobladores de esas zonas de enfermedades vinculadas al uso de agrotóxicos, entre ellas, casos de cáncer, lupus, malformaciones congénitas, alergias y asma. La delegación estuvo integrada por representantes del Foro Boliviano de Medioambiente, Bolivia Libre de Transgénicos, Federación Nacional de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, Terra de Direitos, Veterinarios sin Fronteras y Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas.

¿Qué ciudad para este campo y qué campo para esta ciudad?

En la Argentina y especialmente en la provincia de Santa Fe, la propiedad de la tierra está concentrada en los mismos niveles de principios del siglo XX. Ainsuain expone en su trabajo que "los planes económicos aplicados en distintos períodos de nuestra historia -como sucedió en los ‘90- han contribuido no sólo a mantener sino a profundizar el proceso de concentración de tierras".

"A tal punto esto es así, que tomando como base los Establecimientos Agropecuarios Productivos de más de 5.000 hectáreas, el censo agropecuario de 1913 mostraba que 5.300 terratenientes eran dueños del 48 por ciento de las tierras y el censo 2001 puso en evidencia que algo más de 6 mil propietarios controlan 50 por ciento de las mismas".


Tomando datos del Censo Agropecuario 2001, Ainsuain revela cifras sorprendentes: los 936 terratenientes más poderosos tienen 35.515.000 hectáreas y, en el otro extremo, 137.021 agricultores poseen 2.288.000. Sólo Benetton (900.000), Cresud (460.000), Bunge (260.000) y Amalia Lacroze de Fortabat (220.000) poseen 2 millones de hectáreas, superficie comparable al territorio de Bélgica.

De las 35 familias tradicionales que en el censo del año 1913 concentraban la mayor parte de las tierras, 30 siguen siendo grandes propietarios; entre ellos se destacan los Anchorena, con 40 mil hectáreas y los Gómez Alzaga con 60 mil.


La injusta distribución de la riqueza y el monocultivo de la soja han dejado como consecuencia que miles de campesinos y campesinas sean literalmente desterrados y cientos de pequeños pueblos y localidades borrados del mapa.

Según un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en el Gran Buenos Aires 8 de cada 10 personas desempleadas provienen de la agricultura. La dominación de los agronegocios genera más concentración de la población en grandes urbes, con un panorama de pobreza creciente, pues avanzan desplazando a las comunidades rurales.


"La soja ha despoblado el campo porque ha establecido un modelo de agricultura sin agricultores.

Ahora tenemos ciudades inmanejables, con mucha violencia, mucha inseguridad, sin trabajo, en las cuales faltan redes de gas, de cloacas, de agua, porque el Estado no da abasto para construir infraestructura urbana. La gente vive como puede.

Lo que ha habido es un cambio demográfico brutal, cerca del mil pueblos del interior han quedado prácticamente vacíos. Y la emigración continúa, no hay un día en que no haya nuevos despoblamientos consecuencia de la soja", destaca el representante del Grupo de Reflexión Rural.


Con la convicción de que "oponerse hoy al modelo de los agronegocios es hacer frente a la faceta más dinámica del neoliberalismo en el Cono Sur de América Latina", estos movimientos proponen recuperar el control sobre las semillas e identificar a las corporaciones que monopolizan la producción de los cultivos transgénicos y el control sobre los alimentos.

Pero también buscan confrontar las políticas estatales que promueven la penetración de estas empresas y denunciar las violaciones a los derechos humanos y actos de criminalidad económica por las que serían responsables.
Flavia Fascendini



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