Analisis vinculos afectivos en Adolescentes [Para Padres]

adolescentes

EL PAPEL DE LOS VÍNCULOS AFECTIVOS EN EL DESARROLLO DE LOS ADOLESCENTES

El desarrollo evolutivo es un proceso narrativo que el niño o niña va construyendo desde la realidad física, incorporando los elementos de esta realidad, los estímulos, los modelos de referencia incluidos los de género y los esquemas que las figuras vinculares les van proporcionando y que le van a permitir empezar a desenvolverse y adquirir experiencia. La interiorización de los estímulos de la realidad se realiza a través de las relaciones vinculares.

Es como si construyera un relato, en el que los vínculos afectivos que establece van dejando huellas, muchas positivas, otras no tanto. Esas huellas quedan y hacen que el niño o niña afronten la experiencia de una forma determinada. Esta experiencia, a su vez, seguro modificará sus esquemas, sus modelos y su percepción de la vida, pero el modo en que llega a ella depende de haber tenido o no la base afectiva adecuada. Por eso vincularse a otra persona es un privilegio, porque conlleva la posibilidad de influir en su desarrollo, pero también una responsabilidad, porque la huella que deja en el psiquismo, el modelo que incorpora permanece y si es negativo, obliga a un trabajo terapéutico y personal posterior. Uno de los aspectos clave para los padres y madres, por tanto, es saber construir vínculos afectivos constructivos y positivos con sus hijos e hijas para proporcionarles la seguridad básica afectiva que sirve para generar crecimiento y autonomía en el niño o niña.

De este modo, los miembros de la familia que establecen vínculos afectivos con los niños y niñas les proporcionan modelos cognitivos de referencia sobre sí mismos y sobre los demás, un modelo de relación que conllevará una serie de expectativas. El esquema de creación del psiquismo del niño o niña sería el siguiente:

RELACIONES VINCULARES

MODELOS INTERNALIZADOS (huellas en el relato)

OTRAS EXPERIENCIAS DE RELACIÓN (percepción selectiva y modelos de conducta)

MODIFICA SUS MODELOS DE REFERENCIA(modifica el relato)

Pero la interacción con las personas con las que convivimos no garantiza la creación del vínculo afectivo. Los niños y niñas van a convivir con muchas personas, pero sólo con algunas de ellas van a construir relaciones únicas, significativas que van a configurar su desarrollo. Los padres y madres deberían ser parte de estas relaciones.

Si una familia, esté compuesta como esté compuesta, basa su convivencia en una mera interacción, ese sistema pierde sentido psicológico y evolutivo. El niño o niña no necesita vincularse a todas las personas que aparecen en sus vidas, pero sí necesita que las personas que deben constituirse en referente de su desarrollo lo hagan. Sin embargo, encontrarse unos padres que crían a un niño sin vincularse a él no es tan extraño, y los efectos sobre ese niño o niña son palpables. Y recordemos que vinculo y dependencia no son complementarios sino opuestos. El vínculo posibilita la seguridad y la autonomía, la separación, precisamente aquello que impide la excesiva dependencia de los padres.

vinculos afectivos

CREACIÓN Y ESTRATEGIAS GENERADORAS DE LOS VÍNCULOS AFECTIVOS
Las características que definen un vínculo afectivo son la implicación emocional, el compromiso en un proyecto de vida con continuidad, la permanencia en el tiempo y la unicidad de la relación. Los vínculos afectivos son personas que han constituido relaciones con el niño o niña en las que han invertido sus propias emociones, que han cultivado durante tiempo y con la que se han comprometido, generando un proyecto común de relación. Este proceso los ha convertido en personas únicas e insustituibles, en referentes de desarrollo para el niño o niña. Cada relación es diferente, con cada persona construyen un mundo de significados distinto. El proceso de construcción de un vínculo afectivo es un proceso de dos en el que cada una de las personas aporta, aunque sea un bebé, sus características diferenciales que hacen la relación única e irrepetible.

vinculos en adolescentes

Pero además no todos los vínculos, por el hecho de constituirse, son positivos. Existen relaciones afectivas negativas para el desarrollo del niño o niña, inseguras, ambivalentes o ausentes. Pero no debemos confundir la problemática con la ausencia de relación afectiva. El indicador de falta de vinculación no suele ser el conflicto sino la indiferencia, incluso en muchos momentos los padres y madres necesitan aprender a comprender y afrontar la agresividad como una muestra de afecto en negativo, para poder encauzarla de modo positivo sin destruir ni cuestionar la relación que los une a sus hijos e hijas.

Por tanto, pensemos en cuáles son las estrategias necesarias para construir un vínculo afectivo positivo, que dé seguridad al niño o niña, posibilite su desarrollo y llegada la adolescencia, su separación de sus figuras vinculares.

Las estrategias son las siguientes:

1. Hacer el afecto expreso: Para vincularnos a alguien, hace falta expresar nuestros afectos, no darlos por sobreentendidos. Esto con los niños y niñas es clave, ellos no saben lo que no se expresa, y cuando se hace, las cosas para ellos tienen un valor absoluto. Ese afecto se hace explícito a través de las palabras (halagos, reconocimiento en positivo..), las acciones (detalles, regalos, llamadas…) y/o físicamente (abrazos, besos, caricias..). Y es importante recordar que sólo con la edad aprenden a relativizar y a contextualizar las afirmaciones. Por eso las madres y los padres no pueden dar por sobreentendido su amor por ellos, porque entonces para ellos no existirá, ni cuestionarlo, con frases como “si haces esto, te voy a dejar de querer” habitual como reprimenda entre los padres. Siempre que hemos de sancionar una conducta, hemos de cuestionar la conducta, nunca a persona, ni la relación afectiva que nos une a ellos. Es la diferencia entre decir “lo que has hecho está mal” a decir “eres malo”. El afecto es algo que jamás se debe cuestionar, se debe cuestionar la conducta del niño, nunca el cariño que sentimos por él. Esa base de seguridad debe ser inviolable.
2. Generar un sentimiento de pertenencia: La vivencia que define un vínculo afectivo para cualquier persona es la incondicionalidad, no en el sentido de hacer lo que quiera sino de que haga lo que haga, se siente querida y aceptada por quien le ama, que el afecto y presencia de la persona no viene condicionada a mis características o acciones. Es la sensación de ser único, elegido, insustituible y especial: la persona y la relación Eso genera en el niño o niña el sentimiento de pertenecer a un sistema que va más allá de sí mismo, que lo ampara y lo acompaña. Los vínculos afectivos brindan seguridad a las personas porque les hacen sentir parte de algo y de alguien, les da un lugar en el mundo.
3. El conocimiento mutuo y el tiempo compartido: El tiempo es una condición imprescindible para la creación de un vínculo afectivo. No sólo en cantidad, sino un tiempo de calidad, en el que haya comunicación, conocimiento mutuo y actividades compartidas. Los vínculos afectivos se crean compartiendo esferas de relación y desarrollo en las que la presencia afectiva y física son imprescindibles. Conforme avanza el desarrollo el niño puede integrar mejor la ausencia física sin que eso dañe su configuración afectiva, pero durante las primeras fases de desarrollo y de la creación del vínculo afectivo la presencia física es un factor imprescindible.
4. El compromiso y el cuidado del otro: Las personas han de comprometerse, tanto en un proyecto de vida a largo plazo que posibilite la permanencia de la persona querida en la vida del niño o niña, que necesita una cierta seguridad sobre eso para vincularse, como en el cuidado del otro. Apoyar al otro en las dificultades, acompañarle, escuchar, dar consejo o sencillamente “estar ahí” son estrategias psicológicas de creación de un vínculo afectivo.

Los vínculos se crean y luego se cultivan, se siguen haciendo todas estas cosas por el otro porque estamos vinculados a él o ella, de modo que el sistema se mantiene y retroalimenta. En el momento que ese cuidado desaparece, se pierde, la relación se puede perder, pero la huella afectiva en el relato no. De este modo configuramos el psiquismo de un niño o niña o de otro adulto, huella a huella, aportando significados y modelos de conducta desde nuestra experiencia relacional a la interioridad, al psiquismo del niño o niña.

AUTORIDAD
Para lograr la educación y protección de los hijos e hijas, hace falta tener autoridad sobre ellos. Las personas necesitan unos límites para la construcción de su desarrollo físico, psicológico y social:
• Límites para establecer pautas de protección física en el crecimiento (higiene, protección física, alimentación, ejercicio etc.).
• Límites para generar su autonomía afectiva (seguridad, permitir la separación, permitir los errores y el daño).
• Límites para su integración social (respeto a los derechos humanos, reglas de convivencia, resolución no violenta de conflictos).

Las normas y límites no son un derecho de los padres sino un derecho y una necesidad de los hijos e hijas para su correcto desarrollo, pero para imponerlos no es necesario recurrir a la violencia. Las normas son creaciones sociales que garantizan esos límites protectores. Por lo tanto, la autoridad es un componente no negociable del proceso educativo y la ausencia de un entorno familiar que cubra estas tres funciones: vincular, socializadora y normativa con los niños y niñas es una forma de violencia para ellos y ellas.

Unas normas claras, coherentes con la conducta de los padres y madres, consistentes entre la pareja y en el tiempo, y dialogadas, conocidas y razonadas con el niño o niña, así como unos límites y unas consecuencias conocidas para el niño o niña de la vulneración de la norma son estrategias educativas esenciales que ha de cumplir el grupo familiar.

Es en este aspecto, donde en la adolescencia suelen surgir más problemas en la relación entre los adultos y los adolescentes, y donde es importante recordar el papel que los vínculos afectivos juegan en el desarrollo del adolescente, para poder ver más allá de las apariencias.

La adolescencia es una etapa de crisis en el desarrollo, entendiendo la crisis como algo positivo, algo que genera crecimiento. Es una etapa deseable y necesaria, cuando el o la adolescente es demasiado obediente y apegado tenemos un problema de desarrollo del mismo modo que lo tenemos si elige modos agresivos y destructivos de lograr su separación de las figuras vinculares.

Porque ese es el objetivo de la adolescencia: es el momento que permite al adolescente la separación de sus figuras vinculares. Pero para lograrlo ha de ser a través del cuestionamiento. Un cuestionamiento interno y externo, que paradójicamente hace más necesaria si cabe el sentimiento de pertenencia del que hemos hablado. En una etapa de cuestionamiento interno feroz, la aceptación incondicional de los padres se vuelve una tabla de salvación. No significa aceptar cualquier cosa por parte del adolescente, pero sí recordar lo siguiente:
• nunca debemos cuestionar el afecto que nos une a la persona ni a la persona en sí misma, sino sus actos.
• nunca debemos dar por supuesto el cariño, hacerlo expreso.

La indiferencia y no el conflicto es la manifestación de dificultad en el vínculo. Los conflictos tienen un origen vincular o proyectivo. Cuando nos peleamos con alguien o ese alguien se pelea con nosotros es porque se siente vinculado de alguna manera a nosotros o porque proyecta en nosotros algo que no tiene que ver con nosotros. Cuando los y las adolescentes cuestionan el mundo, lo hacen cuestionando sus referentes del mismo, aquellos a los que más unidos están. La agresividad en este caso debemos interpretarla como muestra de afecto en negativo, eso no implica justificar las conductas agresivas, sino comprender su origen. La sanción debe ser impuesta de igual modo, pero lo podremos interpretar de modo diferente a un ataque personal. En este aspecto, el mensaje ante la agresividad debe ser claro “así no”. No se trata de si lo que se defiende es válido o no sino del modo en que se defiende que de ser agresivo le hace inmediatamente perder legitimidad a la demanda.

Algunos aspectos importantes en los que incidir a la hora de hablar de normas y límites, aunque cada uno de ellos llevara mucho más desarrollo, son los siguientes:
• Para poder imponer un límite y una sanción, hace falta conocer a la persona, y para eso hace falta tiempo.
• La autoridad, como el afecto, se gana, no se puede dar por hecha.
• Hemos de diferenciar poder y autoridad.
• A veces la resolución de una situación no depende tanto de lo que hacemos o decimos como de cuándo lo hacemos: es necesario aprender a esperar
• Los límites deben ser pocos, claros, consistentes en el tiempo y coherentes entre los distintos agentes educativos y con la propia vida del educador. No se educa en lo que se dice, se educa en lo que se hace.
• Las sanciones que imponemos deben ser siempre relativa a la acción cometida y proporcional a ella.


De este modo, es importante recordar que cuanta más idealización previa ha habido de las figuras vinculares, más crisis y agresividad harán falta para lograr la separación. Es importante trabajar para lograr percepciones realistas de las personas, no familias ni personas ideales.

Y por último, es importante no confundir autonomía con independencia. Los vínculos afectivos posibilitan la seguridad que da fuerza a la persona para lograr y ejercer su autonomía, contrariamente a la dependencia que le impide el desarrollo. Pero la autonomía no es la independencia, ni de niño, ni de adolescente, ni de adulto. La presencia de los padres es imprescindible en la adolescencia como referente para configurar un mundo separado, independientemente del rechazo aparente de las figuras vinculares.

salud de adolescentes

Espero que les guste.
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