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el barroco

El periodo barroco musical abarca desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII. El nombre de dicho periodo era utilizado en sentido peyorativo por los críticos del estilo artístico de esta época, caracterizado por una abundante ornamentación que llevó a los creadores al llamado ‘terror vacui’ o miedo al vacío.

Sin embargo, musicalmente hablando no se debe más que a una concordancia con el periodo histórico, pero será una etapa revolucionaria en la historia que provocará numerosos cambios en la música que se conocía hasta el momento.

Lo primero a destacar de la música barroca es su utilización como instrumento de propaganda: por las monarquías absolutistas para fortalecer su imagen frente a su pueblo, y por la Iglesia de la Contrarreforma como método para apoyar sus planteamientos frente a las ideas luteranas y para influir emocionalmente al cristiano. Esto se debe en gran parte a que la música pasa a convertirse en signo de educación y abandona los recintos privados para pasar a ser escuchada de forma pública en grandes teatros, ya que de esta forma llegaba a un público más extenso de forma simultánea. Además su gran interés provocaba también que poetas y escritores participasen en su creación y que apareciera la crítica periodística y la especializada en los semanarios de la época.

La ópera destaca ampliamente entre las nuevas formas vocales profanas que se crean en la época, aunque también son reseñables la cantata o la zarzuela, típicamente española. La ópera responde a la idea de crear un efecto similar al realizado por el coro griego en el teatro, y aunque tuvo varios antecedentes en la Edad Media no cobra importancia hasta el nacimiento en 1670 de la ópera seria en Nápoles. Era una composición de carácter aristocrático creada para voces solistas (los castrati o sopranos varones) en la que la melodía predominaba sobre el texto, con temas mitológicos, y que se dividía en tres actos subdivididos a su vez en cuadros. La primera ópera completa conocida es ‘Eurídice’ (1600) de Jacobo Peri y Giulio Caccini. En este género destacan figuras como Scarlatti (1660-1725) o el genial Claudio Monteverdi (1567-1643), con operas como ‘Orfeo’ (1607) o ‘L’incoronazzione di Poppea’ (1642), donde nos da muestras de su llamado estilo agitado (combinar una declamación dramática con sorprendentes efectos en la orquesta).

En los intermedios de estas óperas serias fueron surgiendo lo que dio en llamarse óperas buffas, obras de carácter popular en las que personajes de clase media parodian a la aristocracia. Las formas musicales son más libres y las voces son naturales. La más famosa de estas óperas fue ‘La serva padrona’ (1733) de Pergolessi (1710-1736).
En cuanto a las formas vocales religiosas, cobraron una especial importancia el oratorio, la cantata y la pasión. La primera era una forma vocal religiosa de carácter narrativo que carecía de representación escénica. La cantata estaba compuesta sobre un texto religioso lírico en el que intervienen solos, orquesta y coros, y que está compuesta por arias y recitados (como las óperas). A diferencia del oratorio, el coro tiene poca importancia en la cantata. Por último, la pasión, que es una enorme cantata cuyo tema principal gira en torno a la Pasión de Cristo, hecha para la celebración de este suceso.

Pero también la música instrumental experimenta un cambio y por primera vez iguala su importancia con la música vocal. Aparece la sonata, la suite, el concierto… que siguen las técnicas que se emplean para la música coral: varios instrumentos actuando a modo de coro; contraposición de planos sonoros y timbres entre orquesta (tutto), grupo (concertino) y solo o solista (lo que se llama estilo concertato), contraposición de movimientos lentos y rápidos, uso del llamado bajo continuo (línea melódica del bajo que acompaña toda la canción); y monodia (tipo de canción de armonías simples y apoyada en una línea de bajo, que rechaza los complejos contrapuntos) en la que algún instrumento hace de solista.

La sonata, cuyo nombre significa música para ser sonada, presenta un claro contraste en sus movimientos (primero grave, después allegro, moderato y termina con vivo) y puede ser para un único instrumento, para un dúo, o para tres instrumentos. La suite es la unión en una sola obra de varias danzas de distinto carácter. Y el concierto es una forma orquestal formada por tres movimientos (allegro-lento-allegro) en la que se produce un diálogo de contraste entre el concertino y la orquesta. Puede ser concerto grosso si es para un grupo de instrumentos y la orquesta o concerto sólo si es para un solista y la orquesta.

También digna de mención es la relevancia de la música polifónica o de contrapuntos, de la que incluso aparecen nuevas formas como el canon, que consiste en la imitación o repetición literal del tema fundamental por parte de otra u otras voces que le siguen. También aparece la fuga, en la que encontramos un sujeto que establece el principio de la composición, un contrasujeto que supone la respuesta al sujeto, el cual no calla sino que continúa en ‘contrapunto’, y también suele haber voces, que son otras tantas líneas melódicas simultáneas a sujeto y contrasujeto.

En cuanto a las figuras más relevantes de esta época destacan Johann Sebastián Bach, Frederick Häendel, Antonio Vivaldi, François Couperin, Tomaso Albinoni, Giovanni Gabrielli, Arcangelo Corelli, Claudio Monteverdi, etc.

Fuente:
http://mundomusica.portalmundos.com/la-musica-en-el-barroco/

1 comentario - el barroco

@marianojavi
hola me dicen cuales son los instrumentos de la religion en el barroco