La homosexualidad vista como enfermedad o estilo de vida

Hace unos años, en Estados Unidos, un científico homosexual, cuyo nombre era, creo, Simon Le Vey (no confundir con un tal Anton de apellido idéntico o parecido, que es el líder de no sé qué iglesia satánica) estaba investigando la homosexualidad, tratando de demostrar que la misma tenía su origen en el cerebro. Cometió el error de difundir tal investigación antes de concluírla. Para qué lo habrá hecho... Gran alboroto en toda la comunidad homosexual de todo el mundo. No señor, yo no estoy enfermo, soy homosexual por elección, que patatín, que patatán... El pobre doctor decidió archivar sus investigaciones por siempre jamás, en visto y considerando que quienes más lo debían apoyar le demostraban en cambio un furibundo rechazo.


Soy consciente de que muchos homosexuales, tal vez la mayoría, no sé, no participaron de la protesta que forzó a este investigador a desistir. Haremos una salvedad con ellos. Ahora, a los otros, los que pusieron el grito en el cielo, no puedo menos que señalarles que semejante conducta es digna de paranoicos. En primer lugar debieron pensar que el infortunado investigador era también homosexual, y que no iba a tirar piedras contra su propio tejado. En segundo lugar, que la homosexualidad se originara en el cerebro no hubiera sido necesariamente indicio de que fuera enfermedad o anomalía. Los cerebros de las mujeres y de los hombres son diferentes, pero no implica que haya un mal que afecte a uno de los sexos. Mi pasión por escribir seguramente se deriva de mi configuración cerebral, pero esto no quiere decir que esté loco. Bah, lo estoy, pero mi locura y mi pasión por escribir corren por carriles diferentes. Tal vez el homosexual lo sea por elección, pero las elecciones nacen en el cerebro. Y en tercer lugar, si se descubriese que los homosexuales son enfermos, ¿cuál es el problema? Me parece una postura muy tonta ésa de temerle a una posible verdad. Al contrario, esa investigación hubiera podido poner punto final al eterno debate acerca de qué es la homosexualidad. Oportunidad perdida.


En cualquier caso, no parece del todo cierto que la homosexualidad es un estilo de vida que se elige. Hay una película que puede verse muy a menudo por cable, Golpe al sistema, cuyos personajes principales son homosexuales. Es una película muy interesante por varias cuestiones, pero aquí lo que nos interesa es que en el argumento figura un sicólogo que asegura haber descubierto un exitoso tratamiento contra la homosexualidad, lo que termina resultando un fraude. Entre sus pacientes hay uno cuyo móvil para dejar de ser homosexual es que tiene una mujer y una hija a quienes ama, aunque sus preferencias sexuales lo lleven por otros rumbos. Es obvio que este personaje no ELEGIA la homosexualidad. He sabido de casos similares en la vida real, aunque no muchos. Por lo tanto, no parece que la homosexualidad sea una elección; sí lo puede ser aceptarla.


¿Se puede dejar de ser homosexual? No es la cuestión de si se debe dejar de serlo, sino de si se puede. ¿Se puede? ¿Cuando menos mantener a raya la homosexualidad?


El problema es que he sabido de médicos que aseguran que sí se puede y otros que afirman lo contrario. Imposible saber cuál es la postura correcta, o incluso si hay una sola correcta. Tal vez alguno haya tenido éxito donde otros fracasaron. Y sin duda para los homosexuales que no deseen serlo la pregunta tendrá su importancia.


Como sea, es un hecho que la homosexualidad fue eliminada del catálogo de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, como acertadamente se decía también en el filme antes citado. Hay inclusive médicos que la avalan como algo natural, asegurando que se observan conductas homosexuales también entre los animales; pero por desgracia, esto no prueba nada. Entre los animales también se da el infanticidio, y no es que quiera equiparar la homosexualidad al infanticidio; pero sí digo que no necesariamente el hecho de que algo se observe en los animales es suficiente para aprobarlo también en los humanos.


Hemos visto en el post anterior que hay poca base para defenestrar la homosexualidad como algo moralmente reprobable, pero a la vez ni quienes defienden a los homosexuales parecen aprobarla del todo, porque siguen usando a modo de insulto términos que definen denigrantemente al homosexual. Suponiendo que de veras moralmente no haya nada malo en él y tampoco esté enfermo, ¿por qué la condición de homosexual sigue resultando insultante? ¿Prejuicios? Podría ser. Pero, ¿cuál es el punto de partida de los prejuicios? Al fin y al cabo, en Grecia al parecer se practicaba la homosexualidad sin problemas. ¿Cómo hemos llegado a esta extraña situación en que se es más flexible con el homosexual pero a la vez la idea de serlo él mismo sigue siendo insultante para el heterosexual?


Dos cosas son seguras: en primer lugar, habrá que ponerse de acuerdo. O reprobamos totalmente la homosexualidad y buscamos que se curen (admitiendo que estén enfermos) o se reformen (suponiendo que sean pecadores), o bien convenimos en que definitivamente no hay razón para que puto, trolo, o afines sigan voceándose insultante y despectivamente. Pues la cosa no acaba aquí. Entre los derechos que reclaman los homosexuales, está el de adoptar hijos. Yo estoy dispuesto a admitir que para un niño abandonado es mejor un hogar con sólo dos padres o dos madres que ninguno; estoy dispuesto a admitir que el niño o niña que adopten tal vez no se convierta en homosexual porque, al fin y al cabo, el homosexual es hijo de dos heterosexuales y no ha elegido esa orientación; estoy hasta dispuesto a admitir que esos dos padres o esas dos madres quizás serían capaces de dar al niño adoptivo más amor que ciertas parejas heterosexuales. Y aun así, me opongo rotundamente a que las parejas homosexuales puedan adoptar. ¿Por qué?: pues sencillamente porque ese niño adoptivo deberá crecer en una sociedad implacable que lo señalará como el hijo de dos putos o dos marimachos. Lo convertirán en objeto de despiadadas burlas que lo harán sentirse aislado y solitario. Y un niño es alguien vulnerable. Un homosexual tiene derecho a decidir lo que hará con su vida, pero creo que debe pensarlo muchas veces antes de incluir a otros en un posible calvario. Si la sociedad fuera menos cruel, yo no tendría problemas, por los motivos antes mencionados, en permitir que los homosexuales adopten. De manera que, insisto, pongámonos de acuerdo: los homosexuales son pervertidos, enfermos, pecadores y deben ser curados, reformados o lo que sea. O bien, no son nada de eso y deben suprimirse cuanto antes todas las burlas, prejuicios y crueldades que los marginan.


Porque antes que homosexuales son seres humanos y, como tales, merecen saber qué lugar ocupan en la sociedad. Y ése es el segundo punto al que quería llegar. Un ser humano puede ser bueno o malo, generoso o mezquino, hipócrita o sincero, valiente o cobarde, temerario o prudente, leal o traicionero, discreto o indiscreto, humilde o soberbio y muchas cosas más. Rara vez se está exclusivamente en un extremo del dial dentro de cada una de estas categorías; es decir, y por dar un ejemplo, se puede ser habitualmente sincero cayendo ocasionalmente en la hipocresía. Pero lo importante es que hay personas que intentan más duramente que otras estar en el lado positivo de estas polarizaciones. De ellas, algunas son homosexuales.


Y estas personas, más que nadie, merecen ser definidas con precisión. Que no tengan miedo a la verdad. Que no abucheen por temor a cualquier otra persona que, como el doctor Simon Le Vey, asegure tener la clave de lo que son. Y que, pecadores, enfermos o simples cultores de un estilo de vida diferente, recuerden que, ante todo, son seres humanos tan dignos como cualquier otro. Hijos de Dios.

4 comentarios - La homosexualidad vista como enfermedad o estilo de vida

@Matias__96__
EKELEDUDU dijo:Perdón, "Tremendo copiar y pegar": si el autor soy yo, como es el caso, puedo copiarlo y pegarlo en todos los sitios donde me venga en gana. Y lo hago.

ok perdon, no lo pense.