El Muerto
La Casa de Asterión
Los Teólogos
El Inmortal


El Muerto
El Muerto comienza relatando cómo Benjamín Otálora, un joven de 19 años que reside en Buenos Aires, hiere de muerte con una puñalada a un oponente y luego se embarca rumbo a Montevideo, Uruguay, con una carta dirigida a un tal Azevedo Bandeira. Al llegar a destino, no encontró al hombre que buscaba pero a la noche se topó con un altercado y uno de los individuos que participaba en él, resultó ser Azevedo. Otálora rompió la carta y se fue con quienes se encontraba bebiendo. A la mañana siguiente, Bandeira lo manda a llamar mediante uno de sus peones, y le comunica que partirían rumbo a Tacuarembó a buscar una tropa; Otálora acepta, y a la madrugada se encaminan hacía allí. A partir de ese momento pasa a formar parte de la tropa, se vuelve ‘hombre de Bandeira’, y comienza una vida nueva para él.
A lo largo del tiempo, Otálora descubre que entre los múltiples negocios de Azevedo, el principal es el contrabando, y logra ascender a contrabandista dándole muerte a uno de sus compañeros.
Un año después, Otálora vuelve a Montevideo y visita a Bandeira, quien se encontraba muy enfermo; lo enoja que alguien en sus condiciones le imponga órdenes. Comienza idear un plan para suplantarlo, ganándose la amistad de Suárez, el guardaespaldas de Azevedo, y a su mujer. Cuando cree que lo tiene todo y que logró completar su propósito, Bandeira manda a matarlo y Suárez se encarga de hacerlo.

La Casa de Asterión
En La casa de Asterión, éste empieza hablando sobre lo que se dice de él y sobre el laberinto en el que vive, del cual nunca salió pero siempre está abierto para todo aquel que quiera entrar. Si bien esto es así, Asterión se considera un prisionero. Cuenta que alguna vez se asomó a la calle, pero volvió a adentrarse en su casa por el temor que le causó la reacción de la plebe al verlo. También relata que cada nueve años entran a la casa nueve hombres, y que al correr alegremente a recibirlos, cada uno de ellos se muere al instante sin que él tenga que hacer nada. Uno de ellos le profetizó, antes de morir, que algún día llegaría su redentor y así pasó; Teseo fue quien lo “redimió”.

Los Teólogos
“Los Teólogos” principia relatando la manera en que los bárbaros entraron a la biblioteca monástica y rompieron los libros incomprensibles y los quemaron por miedo a que contengan blasfemias contra su dios, que era una espada de hierro. Solo un texto se salvó, y fue el libro duodécimo de la Civitas Dei, que relata que Platón enseñó en Atenas que, al cabo de los siglos, todas las cosas recuperarán su estado anterior. Un siglo después, Aureliano expresaba que la historia es un círculo y que nada es que no haya sido y que no será; mas su tesis fue impugnada por Juan de Panonia, quien la consideró una herejía y declaraba que el tiempo no rehace lo que perdemos; la eternidad lo guarda para la gloria y también para el fuego. Aureliano se sintió humillado y si bien pensó destruir o reformar su propio trabajo, terminó mandándolo a Roma sin modificarlo. Luego de esto, Euforbo fue condenado a la hoguera. Más tarde, se hizo presente otra herejía caratulada con el nombre de Histriones. Algunos profesaron el ascetismo; otros moraron bajo tierra, en las cloacas; otros se arrancaron los ojos, etc. Ciertas comunidades asentían el robo; otras, el homicidio; otras, la sodomía, el incesto y la bestialidad, pero TODAS eran blasfemas. Así, varias corrientes definieron a Dios y a toso lo relativo a él.
Tiempo después, Juan de Panonia fue acusado de profesar opiniones heréticas, y condenado a morir en la hoguera. Luego le tocó a Aureliano, cuando un rayo incendió los árboles y murió como había muerto Juan. “En el paraíso, Aureliano supo que para Dios, él y Juan de formaban una sola persona”.

El Inmortal
El inmortal relata la historia de un hombre que se dirigió a Tebas para emprender su trabajo. Estando allí, una noche se le acercó un hombre ensangrentado preguntándole sobre “el río secreto que purifica de la muerte a los hombres”, el cual se encontraba limitando a la Ciudad de los Inmortales. Antes del día, el hombre murió, pero aquél determinó encontrar dichos río y ciudad. Luego de recorrer vastos desiertos y de sufrir alucinaciones, se encontró dentro de un pozo cavado en la ladera de una montaña; cuando se despertó, reconoció que se hallaba frente a la ciudad que buscaba. Los individuos que allí vivían no tenían un aspecto temeroso, sino más bien repulsivo, no emitían palabra alguna, y la ciudad era una especie de laberinto sin fin.
El protagonista cuenta que transitó por la ciudad, y se topó con un palacio antiquísimo, interminable, atroz y complejamente insensato; piensa: “Esta Ciudad es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz.”


El inmortal es un poco más extenso pero creo que esa es la idea principal.
Saludos.