Bueno, esta es la continuación de mi post anterior:

El SPD y la Cuestión Homosexual
August Bebel (líder de los de Eisenacher y líder eminente del SPD) habló en el Reichstag muchas veces en defensa de los homosexuales y en contra de las consideraciones penales del código criminal. Se dice que en una ocasión dijo:
“Pero señores, no tienen idea de cuantos hombres respetables, honorables y valientes, incluso en las posiciones más altas, son llevados al suicidio año tras año, algunos por la vergüenza y otros por miedo a un chantajista.”
—Lauritsen y Thorstad, op cit.
Un caso defendido por los marxistas alemanes fue el de Oscar Wilde en Inglaterra, procesado en 1895 bajo la enmienda Labouchere de 1885 la cual declaraba como ilegales las actividades homosexuales. Eduardo Bernstein, principal teórico del ala derecha del SPD, escribió un artículo enjundioso defendiendo a Wilde en las ediciones de abril y mayo de 1895 del Die Neue Zeit. Bernstein comentó que:
“Aunque el tema de la vida sexual parezca de poca prioridad para la lucha económica y política de la Social Democracia, esto sin embargo no significa que no es obligatorio encontrar una norma para juzgar este aspecto de la vida social, una norma que se base en un punto de vista científico y en conocimientos, en vez de en conceptos morales más o menos arbitrarios.”
—Lauritsen y Thorstad, op cit.
Él rechazaba la idea de que la actividad homosexual fuera perseguida como “antinatural” y anotó que muy pocas de las cosas que los seres humanos realizan son “naturales” —incluyendo el sostener discusiones por escrito. Él decía que los juicios emitidos sobre lo que es natural o antinatural para los seres humanos son reflejo del nivel de desarrollo de la sociedad, en vez del de la Naturaleza, y apuntó que “las actitudes morales son fenómenos históricos”.
Bernstein anotó que en la mayoría de las grandes civilizaciones de la antigüedad (los egipcios, los griegos y los romanos) se practicaba libremente el amor homosexual y dijo que: “las relaciones sexuales entre individuos del mismo sexo son tan viejas y están tan diseminadas que no hay etapa de la cultura humana de la cual pueda decirse que estuvo libre de este fenómeno”. Él denunció que las teorías que consideraban la homosexualidad como una enfermedad, eran otra forma de moralismo, punto este que fue retomado por otro social demócrata, Adolf Thiele, en el debate sostenido en el Reichstag en 1905 sobre el tema. Karl Kautsky, que representaba el ala izquierda del SPD, también se pronunció contra la opresión de los homosexuales. Sin embargo, a pesar de las declaraciones públicas de muchos de sus representantes más prominentes, el partido como un todo no tomó una posición respecto al tema. Los fundadores del movimiento marxista compartían muchos de los prejuicios de su época sobre la homosexualidad. Aparentemente Marx se refirió al tema por escrito una sola vez, aunque en 1869 le había pasado a Engels un libro sobre el tema escrito por K.H. Ulrich, que fue la primera persona que trabajó seriamente en la liberación de la ley de la homosexualidad. No hay la certeza de que Marx haya leído el libro (con casi toda seguridad el Die Geschlechtsnatur des mannliebenden Urnings) que le prestó Wilhelm Strohn, un comunista alemán que vivía en Bradford. En carta a Engels de fecha 17 de diciembre de 1869 Marx le dice: “Strohn va a regresar a Bradford y quiere que le devuelvas el Urnings, o como quiera que se llame el libro del pederasta.” Engels había comentado el libro a Marx en una carta del 22 de junio de 1869. Antes de sus comentarios se quejó de que Wilhelm Liebknechtt, el alemán que pensaba como ellos, estaba siendo demasiado conciliatorio con los Lassallistas, que eran liderados por Schweitzer:
“El Urnings que me mandaste es una cosa muy curiosa. Estas son revelaciones extremadamente antinaturales. Los pederastas están comenzando a contarse y están dándose cuenta de que son un poder en este estado. Sólo les faltaba organización, pero según esta fuente aparentemente ésta ya existe en secreto, Y como tienen hombres tan importantes en los viejos partidos, e incluso en los nuevos, desde Rosing a Schweitzer, no pueden menos que triunfar. . ‘Guerre aux cons, paix aus trous-de cul’ será el slogan ahora [traducido por los editores de las Obras Completas de Marx-Engels como ‘Guerra a las vulvas, paz a los anos’] Es una suerte que nosotros, personalmente, seamos demasiado viejos para temerle a que, cuando este partido gane, tengamos que pagar un tributo físico a los vencedores. ¡Pero y la generación más joven! A propósito, sólo en Alemania puede suceder que un hombre como este pueda venir y convertir esa basura en una teoría y ofrecer la invitación introite [de entrar], etc. ... Si Shweitzer es útil para algo es para sacarle a este honorable hombre los detalles de otros pederastas en puestos claves, lo cual ciertamente no le sería difícil puesto que son hermanos de alma.”
En los trabajos que publicó, Engels sólo hizo tres comentarios moralistas y convencionales (todos dentro de una pequeña sección del segundo capítulo de su innovador Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado).

La Homosexualidad en la Rusa Zarista
En Rusia bajo los zares, el clima era relativamente liberal. Rusia no había experimentado la ola feudal de homofobia que había pasado por Europa Occidental. La dinastía de los Romanov a finales del siglo 19 estaba intentando implantar la industria capitalista, pero no estaba intentando implantar la familia nuclear proletaria. Había sólo dos artículos en el código criminal zarista que se relacionaban con la homosexualidad: el artículo 995 que prohibía el sexo anal (pero no otras actividades homosexuales) y el artículo 996 que tenía que ver con la violación homosexual de niños menores u hombres con retraso mental (vea Simon Karlinsky, Hidden from History: Reclaiming the Gay and Lesbian Past (Ocultos para la Historia: Reclamando el Pasado Gay y de las Lesbianas), Londres, 1989). Un historiador citado por Karlinsky alega que el único caso procesado bajo estos artículos en los años de 1890s estaba relacionado con un maestro de escuela que sedujo a un alumno de trece años—a los cinco años el maestro regresó a su trabajo.
En los 1890s hubo varios grupos destacados gay en Rusia. El pomposo Gran Duque Serguei Alexandrovich llevaba frecuentemente a sus amantes de turno a funciones públicas. El grupo centrado en Diaghilev no escondía su homosexualidad y había también un grupo importante de literatos gay que incluía a celebridades nacionales como Kuzmin y Kliuev. “Todas las personas conocían de su homosexualidad y esto no les traía problemas en sus vidas sociales o profesionales” (Karlinsky, obra citada). En este clima relativamente liberal, los bolcheviques (al igual que Marx y Engels anteriormente) no estuvieron obligados a tener en cuenta el tema de la opresión de los homosexuales y ni Lenin ni Trotsky se conoce que hayan escrito nada sobre este tema ni antes ni después de la Revolución de Octubre. Está claro, sin embargo, que Trotsky tenía una actitud relajada y tolerante hacia el tema. En Literatura y Revolución, publicada en 1924, escribió una crítica literaria de algunas poesías abiertamente homosexuales sin ningún tipo de prejuicio. También escribió una nota necrológica benévola—casi tierna—en la edición de Pravda del 19 de enero de 1926, sobre Serguei Esenin, un poeta abiertamente bisexual (vea Leon Trotsky on Literature and Art (Leon Trotsky sobre el Arte y la Literatura), Nueva York, 1972).

La Homosexualidad después de la Revolución Rusa
Después de la Revolución Rusa, el régimen repudió toda las leyes zaristas que se decía eran “contradictorias a la conciencia y a la legalidad revolucionaria” (Decreto sobre asuntos judiciales del Consejo de los Comisarios del Pueblo, 5 de diciembre [22 de noviembre] de 1917). Esto implícitamente eliminaba el carácter criminal de la homosexualidad y cuando se promulgó el nuevo código criminal en 1922 después de la Guerra Civil, se eliminó toda alusión a la homosexualidad.
Esta actitud progresista del nuevo régimen hacia la homosexualidad se materializó cuando se designó en 1918 a Georgui Chicherin, un conocido homosexual, como Comisario del Pueblo para las Relaciones Exteriores. Ningún estado burgués hubiera colocado a un hombre como ese a cargo de las relaciones exteriores. (La relación anterior y la correspondencia continua de Chicherin con el eminente poeta homosexual ruso Mijail Kuzmin fue documentada en: “Mijail Kuzmin: A Chronicle of His Life and Times (Mijail Kuzmin: Una Crónica de su Epoca y su Vida)” [en inglés] y en el volumen III de la colección completa de la poesía de Kuzmin Sobranie stikhotvoenii [en ruso], editada por Malmsted y Vladimir Markov, Munich 1977. Un relato sobre su forma de vestir poco convencional y de su estilo de trabajo como Comisario de Asuntos Exteriores puede encontrarse en One Who Survived: The Life Story of a Russian under the Soviets (Uno que Sobrevivió: La Vida de un Ruso bajo los Soviéticos), Nueva York, 1945).
La opinión científica en los comienzos de la Unión Soviética no estaba determinada por la “línea general”, muchos sexólogos soviéticos de esa época parecen haber tenido una actitud progresista respecto a la homosexualidad. En 1923 el Dr. Grigorii Batkis, director del Instituto de Higiene Social de Moscú, escribió la siguiente descripción aprobatoria del nuevo código legal:
“La legislación soviética se basa en el siguiente principio: declara una total ausencia de interferencia del estado y de la sociedad en los asuntos sexuales, siempre y cuando no se afecten los intereses de ninguna otra persona.
Con respecto a la homosexualidad, la sodomía y diversas otras formas de gratificación sexual, que en la legislación europea se consideran ofensas a la moralidad pública—la legislación Soviética las trata de la misma forma que el llamado coito “natural”. Sólo cuando se utiliza la fuerza o la coacción, como en general cuando hay un daño o menoscabo de los derechos de otra persona, es que se llevará a cabo un procedimiento legal.”
—Die Sexualrevolution in Russland (Berlín, 1925, aparentemente una re- publicación de un original en ruso de 1923, citado por Lauritsen y Thorstad, obra citada).
Al mismo tiempo, sin embargo, había otros profesionales que consideraban la homosexualidad como una enfermedad grave. En Sexual Life of Contemporary Youth (La Vida Sexual de la Juventud Contemporánea), publicada por la Editorial Estatal en 1923, Izrael Gelman afirmaba que:
“La ciencia ha establecido ahora con una precisión que no deja dudas [que la homosexualidad] no es mala voluntad o crimen, sino enfermedad... El mundo de un homosexual masculino o femenino está pervertido, es ajeno a la atracción sexual normal que existe en una persona normal.”
—citado por Karlinsky, obra citada.
Con el tiempo, a medida que la burocracia estalinista tomó poco a poco el poder dentro del estado soviético de los trabajadores, este punto de vista sobre la homosexualidad cobró influencia. Un síntoma del deterioro de la situación de los gay fue el rápido declinar de la influencia de Chicherin después de la muerte de Lenin en 1924. Cuando se publicó la Gran Enciclopedia Médica en 1929, la homosexualidad había sido totalmente ‘patologizada’. Los homosexuales se perseguían cada vez más—la revolucionaria alemana Clara Zetkin intervino a favor de alguna de las víctimas.
Finalmente, en 1933-34, la homosexualidad fue considerada formalmente como criminal. La re-introducción de una homofobia apoyada por el estado, al igual que los ataques al derecho de las mujeres que lo acompañaron (e.g. se volvió a considerar el aborto como actividad criminal) estuvieron dirigidos a reforzar la familia nuclear como la unidad básica de un orden social conservador.

Stonewall y Después
En las últimas décadas la visibilidad y el poder político de la población homosexual ha crecido considerablemente, particularmente en Europa, América del Norte y Australasia. Un factor importante de esta nueva situación ha sido las batallas políticas militantes que se han sostenido a favor de los derechos de los homosexuales, comenzando por los disturbios de Stonewall en la Greenwich Village de Nueva York en 1969. El movimiento de liberación de los gay de principios de los 1970s, agresivo y con mucha auto-afirmación, se desarrolló dentro del contexto de un movimiento general hacia la izquierda política y de una liberación de las actitudes respecto a la sexualidad en general. El crecimiento explosivo del movimiento de liberación de las mujeres durante este período cuestionó la legitimidad de la familia patriarcal “normal”. Algunos elementos del movimiento de las mujeres adoptaron el lesbianismo (“mujeres identificadas con mujeres”) como la expresión más consistente del feminismo.
El limitado progreso conseguido por los gays y las lesbianas está totalmente conectado con los cambios operados en la familia nuclear. El crecimiento del sector de trabajadores de oficina con empleos que pueden ser realizados por ambos sexos, la expansión masiva de la fuerza laboral femenina y la imposibilidad de mantener el estándar de vida con un solo salario (masculino) socavaron los estereotipos tradicionales del “lugar correcto” para los hombres y las mujeres en todo el mundo. Otro cambio importante—conectado con el aumento de la eficacia de las técnicas anti-conceptivas—fue el liberar la fuerza sexual de los adolescentes. Una actividad heterosexual generalizada de los adolescentes reduce el “peligro” de que los apetitos, que se han derivado hacia la actividad heterosexual, se deriven hacia la homosexualidad, y obvia la necesidad de medidas especiales para contrarrestar este “peligro”. La actividad homosexual sigue siendo potencialmente un ejemplo contra la familia nuclear, pero en las sociedades donde se tolera el sexo extra marital ese peligro es sencillamente uno entre muchos.
Sin embargo, la familia nuclear sigue siendo una institución poderosa en la sociedad capitalista moderna. Es allí donde se supone que se satisfagan las necesidades emocionales más importantes del individuo (el amor, la intimidad y la seguridad emocional). Incluso para aquellos cuya experiencia de la familia es sólo de dolor y alienación, el mito continúa ejerciendo una influencia considerable. Con la erosión de los estándares de vida de la clase trabajadora, el colapso de los servicios sociales y el incremento de los niveles de desempleo crónico dentro del corazón de las metrópolis imperialistas, la familia proletaria también se ha convertido en una fuente importante de apoyo para una parte sustancial de jóvenes adultos que de otra forma estarían desamparados. Es más, el control de los padres sobre una herencia potencial, al menos dentro de las clases trabajadoras y de la pequeña burguesía con suficiente afluencia económica como para tener propiedades o cualquier otra ventaja material, opera como un mecanismo disciplinario en forma muy parecida a como opera dentro de la burguesía.
Los logros registrados por los gay y las lesbianas en las últimas décadas son sustanciales, pero también son frágiles y reversibles. El sexo extra-marital y particularmente la homosexualidad todavía son ferozmente condenados por los fundamentalistas clericales y los conservadores seculares. La feroz oposición del Pentágono (y de la mayoría del Congreso) a los intentos de Bill Clinton de permitir que los gay y las lesbianas sirvieran en el ejército sirvió de recordatorio de cuán precarios son los derechos de los homosexuales. En agosto pasado el Senado de los Estados Unidos votó por inmensa mayoría a favor de “reducir el dinero federal para enseñar en las escuelas la aceptación de la homosexualidad como una forma de vida” (New York Times, 2 de agosto de 1994). Uno de los objetos citados como “material obsceno y ofensivo” entregado a los alumnos era un libro sobre una pareja lesbiana intitulado “Heather Has Two Mommies (Heather Tiene Dos Mamás)”.
A medida que la lógica de la competencia económica global obliga a los capitalistas a incrementar continuamente la presión sobre los niveles de vida de la clase trabajadora, los lazos que una vez unieron a las personas a la familia nuclear se estiran casi hasta romperse o más allá. Los homosexuales, los “humanistas seculares”, los que están a favor del derecho al aborto y las feministas, son tomados como chivos expiatorios de la destrucción de la “vida familiar” a medida que la recuperación de los “valores familiares” se convierte en el llamado de la reacción social.
Las zonas donde coinciden las campañas contra el aborto, la pornografía y los gay son el terreno natural para reclutamientos fascistas, que en estos momentos están en alza en Europa y Norte América. El ataque a homosexuales frecuentemente se utiliza como una herramienta organizativa para los fanáticos defensores de la irracionalidad y la desigualdad capitalista.

La Pandemia Mundial del SIDA
La epidemia del SIDA ha dado paso a una ola de pánico moral utilizada para alimentar el prejuicio contra los gay, para promover el miedo generalizado al sexo y reforzar la religión. La prevención, el cuidado y la investigación sobre el VIH/SIDA ha sido escandalosamente poco financiado por los gobernantes capitalistas del “Nuevo Orden Mundial”. Al igual que cualquier otro mal bajo el capitalismo, el SIDA afecta mayormente a aquellos que se encuentran en el punto más bajo de la escalera social. En el corazón del imperialismo los que más dependen de los servicios públicos de salud Nuevo Orden Mundial los pobres y las minorías oprimidas Nuevo Orden Mundial son los que más sufren. Las desesperadamente pobres neo-colonias, por supuesto, han sido mucho más afectadas que los países imperialistas y tienen discapacitados o moribundos un número creciente de la población de los grupos de edades productivas.
En años recientes los gays y lesbianas militantes han hecho campañas agresivas para recaudar más recursos para luchar contra el SIDA y han sacado a la luz algunos de los ejemplos más evidentes de la negligencia y el abuso. Nosotros respetamos el considerable valor mostrado por estos activistas al enfrentarse a la institución de los médicos y al estado y buscaremos oportunidades para trabajar en común con ellos en el futuro. Es de vital importancia que las capas sociales más profundas se involucren en estas luchas y que particularmente las organizaciones de la clase trabajadora acojan estos temas como una parte clave de la lucha por una asistencia de salud universal, gratis y con calidad.
Los marxistas reconocen, sin embargo, que no hay nada inherentemente revolucionario sobre la homosexualidad, ni en la lucha contra el SIDA. Los logros alcanzados por las lesbianas y los gay en las últimas décadas han llevado al desarrollo de una casta versátil y ascendente de profesionales homosexuales (muchos asociados con la industria del SIDA) que buscan desesperadamente la respetabilidad burguesa

Las Tácticas en el Movimiento Gay
Las tácticas de los grupos gay militantes varían considerablemente respecto a su efectividad. Un punto de vista, que involucra las muestras ostentosas de afecto entre gays en lugares inesperados, pretende choquear a los heterosexuales para que cambien su conciencia. Esto es inofensivo y ciertamente apoyamos el derecho de los homosexuales de no esconder su orientación sexual. Pero, como estrategia política presupone que la raíz de la homofobia se encuentra en la conciencia de los individuos en vez de en los requerimientos del orden social capitalista.
Otra táctica es la de pedirle a las lesbianas y a los gay que “salgan” en formas menos ostentosas—que sean desinhibidos respecto a su sexualidad en las actividades normales de su vida. Esta “salida” es considerada por la mayoría de los gay no tanto una estrategia política sino un paso personal hacia la autoestima y el ajuste personal, que debe realizarse por cada individuo en particular dependiendo de sus circunstancias. Todavía hay muchos homosexuales que tienen miedo de exponerse, que valoran su derecho a su privacidad y que no quieren salir.
Inevitablemente algunos funcionarios burgueses son homosexuales escondidos y muchos de ellos apoyan las políticas más homofóbicas. En años recientes los activistas gay han comenzado a realizar “salidas”, i.e. revelando públicamente las identidades sexuales de algunos homosexuales escondidos prominentes en la derecha. Esta táctica no es nueva. Era conocida en el primer movimiento por el derecho de los homosexuales en Alemania como “caminando sobre los cadáveres” y fue utilizada en los primeros años de los 1900s con resultados desfavorables (vea Steakley, obra citada, y Oosterhuis y Kennedy, Homosexuality and Male Bonding in Pre-Nazi Germany (La Homosexualidad y las Uniones Masculinas en la Alemania Pre-Nazi), New York, 1991).
Aunque los marxistas comparten el disgusto de los liberales gay con respecto a la mayoría de los elegidos para ser expuestos, así como la sensación de frustración por la falta de progreso respecto a los derechos de los gay, en general estamos en contra de esta táctica. Tiende a sumarle al miedo de ser expuesto, la carga de los homosexuales ocultos inofensivos y crea un clima que favorece el peor tipo de periodismo homofóbico y muchas reacciones contra los gay.

La Lucha Contra la Homofobia en la Clase Trabajadora
Es tarea del partido marxista inculcar la conciencia científica y guiar al proletariado a trascender el moralismo y la mistificación. Esto significa oponerse a la propuesta estalinista de la “familia socialista” y a las actitudes retrógradas respecto a las mujeres y a los homosexuales que le acompañan.
La homofobia, al igual que cualquier otro prejuicio de la sociedad capitalista, sirve para dividir, desmoralizar y disciplinar al proletariado y minar su capacidad de comprender sus propios intereses históricos. La participación común en la lucha de clases y la batalla por la justicia social y económica puede reducir la homofobia en la clase trabajadora y en otras capas de los oprimidos. Un partido revolucionario tiene que encarnar la conciencia científica de la sociedad como un todo. Debe tratar de incorporar a las personas que sienten la opresión del capitalismo en cualquiera de sus formas y conectar sus luchas a la necesidad de subvertir el sistema social del que se deriva la opresión. De igual forma que es útil tener camaradas de diferentes generaciones, con historias políticas diferentes y de diferente ascendencia cultural, las formas particulares de alineación de los hombres gay y de las lesbianas les da una variedad de perspectivas respecto a la sociedad burguesa que enriquecen significativamente la conciencia marxista colectiva de la vanguardia proletaria.

Contra el Sectorialismo y a favor de las Organizaciones Transicionales
Los marxistas luchan contra cualquier forma especial de opresión (ya sea de la mujer, de los negros, de los jóvenes, de los aborígenes o de los homosexuales) sin perder de vista que la raíz de toda opresión es la sociedad de clases. Los revolucionarios apoyan toda reforma que mejore la situación de los oprimidos, pero saben que al final la opresión social sólo puede ser eliminada a través de la lucha por una sociedad socialista---una sociedad basada en producir para satisfacer las necesidades humanas y no para obtener ganancias. Los marxistas reconocen, a diferencia de los sectorialistas, que debido a su posición económica estratégica, la clase trabajadora es el factor decisivo en la lucha por un cambio social fundamental. El intento de organizar los gay como gays, las mujeres como mujeres o los negros como negros inevitablemente nos lleva a cruzar las barreras de clases y a restringir la lucha dentro de la estructura de la racionalidad capitalista. Pero la opresión de los gay y de las lesbianas (en común con otras formas de opresión) sólo puede ser enfrentada con éxito a través de un programa que trascienda los límites del orden social existente.
Un partido revolucionario necesita organizaciones transicionales que enfoquen la lucha de los oprimidos y que alisten los elementos más políticamente avanzados a la lucha por el poder de los trabajadores. Donde exista la posibilidad de intervenir en una arena política significativa de los gay o las lesbianas, el partido revolucionario debe intentar crear una organización transicional para este trabajo. Las actividades de dicha organización, que sería parte de un movimiento revolucionario común con una disciplina común, estaría centrada en luchar contra la opresión de los gay y de las lesbianas además de proponer un programa que ligue a estas luchas con la necesidad de un gobierno de la clase trabajadora.

La Importancia Relativa de la Problemática Homosexual
El hecho de que los marxistas luchen contra todas las formas de opresión del capitalismo no implica que todas ellas sean igualmente importantes para la estrategia revolucionaria. La opresión de los gay y de las lesbianas no es del todo igual a la opresión de los negros en los Estados Unidos, por ejemplo, o a la de las mujeres. Los gay y las lesbianas no se concentran en zonas particulares o cruciales de la clase trabajadora, no constituyen una membresía numerosa o de fácil organización y además, la orientación sexual no es tan inmediatamente visible como la raza o el sexo. Es más, en general, no hay un componente económico importante relacionado con la opresión de los homosexuales—aunque sí hay una ventaja económica en no tener hijos, que en el clima social actual es frecuentemente concomitante con el hecho de ser gay o lesbiana.
No importa el progreso que se haya alcanzada en las décadas recientes, la homofobia sigue siendo un “punto caliente” para la derecha reaccionaria y una herramienta de poder para la defensa del status quo. Es vital que los marxistas abracen la problemática de la opresión de los hombres y mujeres homosexuales, pero no es un punto estratégico para la revolución socialista—como lo es, por ejemplo, la problemática de la mujer. La opresión de los homosexuales tiene sus raíces en los requerimientos del sistema capitalista y se puede alcanzar su liberación sólo a través de un empleo racional de la inmensa capacidad productiva de la humanidad para eliminar la pobreza, la ignorancia y la desigualdad social. En una sociedad sin clases, el estado, y junto a él la familia nuclear, comenzarán a marchitarse y a ser reemplazados por formas de asociación de los seres humanos que sean más libres y voluntarias, en las cuales la sorprendente plasticidad de la sexualidad humana pueda expresarse sin temor, prejuicio, ni la ansiedad con la que la sociedad capitalista patriarcal ha tratado tradicionalmente a las “desviaciones” sexuales.