El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán Al Kamil

En agosto de 1219, Francisco de Asís desembarcó en Egipto a pocos kilómetros de la desembocadura del Nilo. En la víspera, el ejército cristiano de la quinta cruzada –comandada por el cardenal Pelagio y Juan de Brienne, rey sin trono de Jerusalén- había intentado una vez más, y sin éxito, doblegar la fortaleza mameluca de Damieta, en poder del sultán Al Kamil, hijo y heredero del todopoderoso sultán de El Cairo, Al Adil.
Se encontró con el escenario de una inmensa tragedia. El campamento cristiano –o lo que quedaba de él- mostraba las huellas de un sin número de calamidades. Primero, una brutal inundación como consecuencia de la irrupción de la estación de las lluvias; luego la peste y el hostigamiento de los mamelucos. Apenas unas horas atrás, en un nuevo y desesperado intento por vencer aquellas murallas, casi cien de los mejores guerreros de la Orden del Temple y del Hospital habían dejado su vida bajo los pendones desafiantes de Al Kamil.
La noticia de la llegada de Francisco causó una profunda conmoción en el diezmado campamento. La moral de aquellos miles de miserables soldados, aturdidos por la guerra y la peste no podían recibir un bálsamo mejor: Uno de los hombres más santos de la cristiandad, un icono de la paz y la piedad llegaba al centro de la llaga cruel en la que se consumían musulmanes y cristianos.
Tal era el grado de aquella calamidad, que hasta el duque Leopoldo de Austria –uno de los grandes campeones de la cruzada- hastiado de tanta muerte como no había visto en toda su vida, había decidido regresar a Europa con sus tropas, debilitando aún más al ejercito de Pelagio.
Pero este otro hombre venido de Asís no traía consigo refuerzos ni víveres para estas tropas hambrientas. Su aspecto tampoco se diferenciaba mucho del de los sorprendidos cruzados que se apretujaban a su alrededor para escuchar al monje más famoso de la cristiandad.
Francisco no podía comprender esta guerra que ya llevaba más de un siglo y que se devoraba lo mejor de ambas culturas. Permítaseme citar aquí una irónica y sombría reflexión del historiador: “Había venido a oriente creyendo, como otras tantas personas buenas e ingenuas habían creído, antes y después de él, que una misión humanitaria podría conducir a la paz”
El primer problema se presentó con el legado papal. El cardenal Pelagio sentía una gran preocupación acerca de cómo podría afectar a su autoridad la presencia de un hombre tan virtuoso y respetado. Pero lo que lo dejó estupefacto fue que Francisco le demandara una inmediata autorización para reunirse con Al Kamil.
Los hombres del sultán tampoco estaban muy seguros de la conveniencia de tal petición, pero la mayoría de los historiadores coincide en que finalmente concluyeron en que un hombre tan sencillo, piadoso y extremadamente sucio –por decisión propia- debía estar completamente loco.
El cardenal Pelagio, a su vez, quería continuar su guerra lo antes posible, por lo que decidió despacharlo con embajada y bandera blanca a la corte de Al Kamil lo antes posible. El sultán recibió al monje y lo escuchó atentamente; estaba íntimamente convencido –al igual que su huésped- de que la paz era necesaria, convicción esta de la que daría muestras en el futuro. Pero el principal escollo para esa ansiada paz era Jerusalén.

Al Kamil y Francisco mantuvieron extensas conversaciones. A Francisco le impresionaba que un hombre sabio y refinado como el sultán repudiase, por considerarlo una herejía, al dogma trinitario; mientras que Al Kamil, subyugado por el carisma de su iluminado visitante, lidiaba por tolerar su maloliente suciedad. Cuando las posiciones se tornaron inclaudicables, Francisco propuso al sultán someterse a una ordalía de fuego para demostrar la verdad de Jesucristo. Pero Al Kamil, encantado con su amigo cristiano, se negó a permitir semejante acto de fe, convencido del daño que esto le causaría al monje. Algunos historiadores afirman que la amabilidad del sultán fue la que el Islam impone a sus fieles para con los locos. Otros creen que, a sus ojos, Francisco era una suerte de “derviche” considerado un hombre santo en el mundo musulmán.
El destino y la trascendencia de estos dos hombres –paradójicamente unidos por sus anhelos de paz en medio de un mundo violento- siguió por senderos muy diferentes. Francisco regresó a Italia, predicó hasta su muerte -acaecida en 1226- y fue elevado a los altares en 1228 para ser venerado entre los grandes santos de Occidente. Solo un año después, en 1229, Al Kamil firmaba el tratado de Jaffa con Federico II, comandante de la sexta cruzada, y reconocía por diez años la soberanía de los francos sobre Jerusalén. Esta acción le valió la condena de todo el Islam por traición.
El líder egipcio Anwar el-Sadat sufrió –antes de ser asesinado mas de siete siglos después- el escarnio de ser comparado con Al Kamil, cuando selló la paz con Israel. Amin Maalouf en su obra sobre el punto de vista árabe de las cruzadas expresa: “Es cierto que las similitudes son perturbadoras. ¿Cómo dejar de pensar en el presidente Sadat al escuchar a Sibt Ibn al Jawazi denunciando, ante el pueblo de Damasco, la traición del señor de El Cairo, Al-Kamil, que tuvo la osadía de reconocer la soberanía del enemigo en la Ciudad Santa?

De una forma u otra, la originalidad del encuentro entre el santo y el sultán nos habla de una inmensa ausencia de diálogo entre ambas culturas que se combaten la una a la otra –con diferente suerte- desde que comenzó, hace catorce siglos, la expansión del Islam. Sin embargo, Maalouf coloca en el centro de la disputa al eje del conflicto: La soberanía sobre la Ciudad Santa, el control sobre sus santuarios, particularmente el antiguo emplazamiento del Templo de Jerusalén, que es el símbolo máximo de la alegoría masónica y razón de ser de la Orden de los Caballeros Templarios.
Paradójicamente, pesa sobre los templarios la sospecha de haber estrechado vínculos con el Islam tan intensos como sus combates.

Huston Smith- quizá el más grande de todos los especialistas en religiones comparadas del siglo XX- ha dicho: “...De todas las religiones no occidentales, el islamismo es la más próxima a Occidente; más próxima por su ubicación geográfica, pero también por su ideología, ya que desde el punto de vista religioso pertenece a la familia abrahamista, mientras que el filosófico descansa en los griegos... Pero pese a esta proximidad mental y espacial, el islamismo es la religión que más cuesta entenderse en Occidente...” Esta dificultad ha sido admitida por muchos americanos. Hace algunos años –mucho antes que los asesores del Pentágono imaginaran una bienvenida de música y flores para las tropas invasoras de Irak- Meg Greenfield escribía en Newsweek “...Ninguna otra parte del mundo es incomprendida por nosotros de forma tan desesperante, sistemática y tozuda que esa estructura religiosa, cultural, y geográfica conocida como Islam...”
La misma incomprensión invade al mundo islámico frente al fenómeno que, para ellos, ha representado siempre el Occidente cristiano. La realidad histórica pareciera confirmar la preeminencia de una relación de confrontación con el Islam por sobre una relación de comprensión e intercambio.
La civilización que se desarrolló en Europa, y que dio nacimiento a lo que llamamos Occidente, ha tenido en la base de su fenómeno histórico al cristianismo triunfante y a una sólida, metódica y permanente vocación expansionista. La francmasonería no sólo ha acompañado ese proceso sino que ha contribuido notoriamente a su construcción. El Islam, por su parte, constituye uno de los procesos expansivos más interesantes de la historia.

Philip Hitti, en su “Historia de los árabes” escribe: “...Alrededor del nombre de los árabes brilla ese hálito que pertenece a los conquistadores del mundo. No transcurrido un siglo desde que surgieron, se hicieron amos de un imperio que se extendía desde las costas del Atlántico hasta los confines de China, un imperio más grande que el de Roma en su apogeo. En este período de expansión sin precedentes, integraron en su credo, su idioma, y hasta su tipo físico, más seres extraños a ellos que lo que hasta entonces, y desde entonces ha logrado ninguna otra raza, incluidas la helénica, la romana, la anglosajona y la rusa...”[6]

Cuando Francisco de Asís y Al Kamil se reunieron en Egipto, estas dos culturas, con tiempos y desarrollos diferentes, ya manifestaban similitudes más inquietantes que sus diferencias. Ambas provenían del tronco abrahámico, en ambas existía una revelación excluyente, compartían la inclinación a la guerra y la conquista y ambas, antes y después intentarían expandir sus fronteras y su fe sobre la otra. Y si analizamos la relación de confrontación entre Occidente y el Islam, veremos que el mundo islámico no ha sido sólo el más próximo a Occidente sino su frontera misma, y que esta ha sido hostil durante toda su existencia.


Runciman, Steven; “Historia de las Cruzadas”, (Madrid, Revista de Occidente, 1957) Vol. II p.156
Maalouf, Amin; “Les croisades vues par les Arabes”
Smith, Huston; “Las Religiones del mundo” (España, Thassàlia, 1995) p. 231 y ss.
Greenfield, Meg; “Newsweek” (26 de marzo de 1979) p. 116


EDUARDO CALLEY


Luis Enrique Morales Rabadan JAJAJA.QUIEN LO IBA A CREER,EL TAL FRANCISCO Y EL AL KAMIL..LLEGARON A LA CONCLUSIÒN DE QUE ERAN HERMANOS ,QUE ESTABAN UNIDOS MÀS ALLÀ DE LAS CIRCUNSTANCIAS...



Exacto esa es la idea que briilló en la mente de FEDERICO II, que estaba retomando lo que a JUANA LA LOCA le valió el encierro y el mote, durante su almuerzo con San Francisco de Así...
Luisito, me alegra advertir tu perspicacia, tu intuición metahistórica. Para nombrar a algunos: Desde Juana La Loca, siguiendo con Federico II, Novalis, ha habido una línea poseedora de LA SOLUCIÓN del conflicto en el que están encenegados los contemporáneos. A Juana la encerraron, tildándola de Loca porque tenía claras ideas para la convivencia pacífica mundial-islámica y toda una voluntad de negociar con los musulmanes; a Federico II, el Estupor del Mundo, el Cruzado Incruento , por recuperar TIERRA SANTA SIN DERRAMAR UNA GOTA DE SANGRE, lo excomulgaron varias veces soportando la hostilidad de ejércitos teutones y templares que se le dieron vuelta alcahueteando para el Papa, el poder temporal y la burguesía, sobre todo Veneciana, CODICIOSA (tan codicioso como el marido de Juana). Federico tenía planes de gobierno mundial basados en lo ESTÉTICO por encima de lo religioso, moral, político, económico. Este, después de un almuerzo con SAN FRANCISCO, su amigo, en el que confesó su fracaso por no poder convertir a ni un musulmán, extrajo de lo que le sonsacó una idea que lo llevó a terminar más que amigo de SALADINO (el terror de europa)
Junto a Saladino se ensayó un borrador de estrategia y política pacíficas... Novalis, el protestante que llamaba a reconvertirse al catolicismo y clamaba por una Iglesia que fuera Autoridad Espiritual a la que estuviese sometida el poder temporal, no obstante pedía reconocimiento del ISLAM y cogobierno mundial pacífico, sacrificando intereses económicos y otros como Federico II proponía. Dejar de lado lo religioso y todo en pos de lo Estético, fusionándose SIN CONFUSIÓN, Cristianismo , Islam y todas las otras Tradiciones convivirían en paz planetariamente...Estas tesis fueron repudiadas y bajo la máscara del humanitarismo se impuso lo occidental a través de los productos judíos llamados CRISTIANISMO, MARXISMO, SOCIALISMO, etc Así la SOCIAL DEMOCRACIA arrasó con todo lo verdaderamente tradicional en la India, después de la acción del terrorismo Británico, imponiendo con bayonetas pastores prostentantes, ocultistas como los de la teosófica, así como los españoles habían impuesto la cruz con la espada en américa del sur..
Siempre he dicho que LA ETERNIDAD SIGUE ENAMORADA DE LAS OBRAS DE NOVALIS Enrique de Ofterdingen

Noble y verdadero es evocar a Novalis, actualísimo para quienes cortejan el sentido de la eternidad, Novalis es una confluencia de sinfronías atemporal y metahistórica; inefable puente entre Pitágoras:" La piedra es música cristalizada "y Nerval:" El espíritu crece detrás de la piel de la piedra" con su" La piedra es espíritu dormido". Puente entre El Estupor del Mundo oCruzado Incruento que en su Il Novelino, retoma la parábola del padre y los tres anillos, y Bocaccio que incluye a Melkisedec, y Meldenson, y Guenón, y Schuon con la única solución estética como quería Federico II, El Cruzado Incruento para el conflicto actual en el medio oriente...

al igual que EL ESTUPOR DEL MUNDO, EL CRUZADO INCRUENTO, FEDERICO II, tendemos a privilegiar el criterio estético y lo estético mismo aun como supraordinante
Y a quien clama por el terrorismo islámioco siempre les he dicho:

Si pensás que soy puerilmente anacrónico hacemelo saber por caridad, pero si no hubieran repudiado, traicionado al CRUZADO INCRUENTO, ESTUPOR DEL MUNDO, y si no hubiesen desestimado a gente como NOVALIS esto no estaría ocurriendo...

Se ríen , no lo quieren creer; desestiman...en eso persiste Occidente, en su occidere, su muerte. Nada aprendieron de las lecciones y advertencias de FEDERICO II, el STUPOR DEL MUNDO, EL CRUZADO INCRUENTO, ni de NOVALIS...piedra libre para la impúdica insolencia judía...: La ira de la Media Luna acabará con el gigante corrupto y fatuamente sandio y sin cabeza llamado occidente; pronto la agonía de esta anomalía cesará gracias a la medicina mortal de la indignación mahometana tan procurada por los judios y sus siervos.