Los autores siempre dicen que lo importante para el cumplimiento de los deseos es solicitarlos con emoción. Y de este tema ya hablé en particular en el artículo “las emociones positivas”.

Sin embargo lo que me he dado cuenta por medio de estos meses de investigación, es que a la emoción le preceden los sentimientos; y a su vez me percaté que los pensamientos en definitiva son sentimientos.

Con lo anterior quiero decir; si producimos pensamientos con sentimientos estaremos generando la emoción necesaria para la concreción de nuestros deseos.

Lo anterior se relaciona con las famosas afirmaciones, donde la mayoría por más que las repitamos como loro no nos llevan a ningún sitio, porque al pronunciarlas no las acompañamos del “sentimiento” de creer que es posible su concreción por el sólo hecho de repetir dichas oraciones en forma elaborada.

Para que se entienda lo anterior daré un ejemplo donde yo seré el conejillo de Indias:

Por ejemplo si yo digo: Yo soy el mejor autor/investigador de la Ley de la atracción, por más que lo repita quinientas veces, no dejará de ser una simple declaración de deseos utópica y Dios, el Espíritu Santo y Cristo, al escucharme se van a descostillar de la risa al igual que ustedes.

¿Y porqué sucede ello?. Porque al decirlo yo no lo puedo sentir. Y no hay forma de sentir decir una afirmación absolutista donde mi mente competitiva, ante tal afirmación me retruca diciendo: Cómo vas a ser el mejor si a diferencia tuya que todavía no publicaste ningún libro, hay autores que en cambio ya llevan publicados más de 30 libros y todos best sellers.

Porque por más que yo mismo me diga: Ya llevo publicado más de 80 artículos, soy el único que realiza esta investigación metafísica publicando sus propias experiencias. Y siendo a su vez el primero que mediante una técnica especial voy traduciendo la Biblia, demostrando que la misma es un libro de metafísica, eso sólo no será suficiente para que yo me “la crea” en el buen sentido de la palabra.

Sin embargo si hacemos un pequeño cambio en la utilización de las palabras, veremos como esos sentimientos contradictorios ante las afirmaciones que realizamos desaparecen, dándonos ahora sí la posibilidad de creer en lo que nosotros mismos nos decimos.

Por ejemplo si yo digo (para mi caso): Yo siento que soy el mejor investigador de la ley de la atracción. En esta afirmación no siento contradicción, porque aquí no entra a competir “la realidad” sino solamente los sentimientos.

Es decir, aunque ante el mundo yo no sea el “más importante” escribiendo sobre esta literatura, ese sentimiento personal no me lo pueda sacar nadie. Y el decirlo no contradice la verdad de nadie, porque al pronunciarlo no estoy dando una afirmación de la realidad, sino que estoy mostrando hacia afuera “mis sentimientos”.

Es como cuando un hincha de fútbol dice respecto a su equipo, aunque este vaya último en la tabla de posiciones: Siento que mi equipo es el mejor del campeonato.

Ya que el sentimiento de este hincha supera ampliamente la realidad de esa verdad incontrastable, porque ese sentimiento va acompañado de un amor incondicional hacia lo que es su deseo más íntimo (en este caso que su equipo sea el mejor).

Entonces volviendo a mis propias experiencias. Ese sentimiento que expreso, tampoco nació al escribir el primer artículo, sino que la sucesión de ellos (por aplicar la perseverancia) fue haciendo crecer de a poco, cada día más, ese sentimiento que supera en nuestro corazón a la realidad.

Incluso ese no había sido mi objetivo (tener ese sentimiento en particular) al comenzar con mi meta (publicar semanalmente un artículo sobre la ley de la atracción).

Con esto quiero decir que debemos trabajar por medio de una meta que nos guste, para ir creando ese sentimiento. Porque la palabra misma lo dice, el sentimiento hay “que sentirlo”.

Si yo, que no me gusta, ni nunca aprendí a jugar bien al tenis, digo: Me siento el mejor jugador del tenis del mundo. No sólo que no se condice con la realidad, sino que tampoco lo siento, ya que es algo que no me atrae.

De esta forma quiero ejemplificar que lo importante no es la verdad, sino el sentimiento que tengamos y que debemos aprender a engendrar por medio de nuestras metas.

Ahora planteo otro ejemplo, ya no hablando para mí sino en general; supongamos que ustedes se dicen (cuando en realidad no lo son): Yo soy millonario. Obviamente no se lo van a poder creer.

Pero si en cambio se dicen: Yo ya me estoy sintiendo millonario. En la mayoría de los casos no aparecerán contradicciones que nos hagan sentir un nudo en el estómago, por estar pronunciando como en el caso de las afirmaciones absolutistas, una gran mentira porque sabemos que en realidad en nuestro bolsillo no tenemos un peso.

En relación a lo anterior transcribo dos citas de Buda y Jesús:

Buda: “ Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”.

Jesús: En el Evangelio según San Mateo dice en 17,20:

20- Jesús les dijo: “Porque ustedes tienen poca fe. En verdad les digo: si tuvieran fe, del tamaño de un granito de mostaza, le dirían a este cerro: Quítate de ahí y ponte más allá, y el cerro obedecería. Nada sería imposible para ustedes.

Por lo tanto “sentir” los pensamientos es empezar a creer en ellos y creer en ellos es empezar a tener fe en nuestros deseos.

Y continuando en la profundización de este análisis, yo diría en mi propio entendimiento, que el sentir los pensamientos es esa sutil línea que separa nuestro deseo de su concreción.

Y si bien todavía no puedo decir con claridad y detalles como cruzar esa bendita línea, siento que con lo aquí expresado me he parado al lado de esa línea, que la mayoría de las veces se ve alejada.

Porque si bien una cosa es decir soy exitoso (aun sin serlo) y otra distinta es pronunciar yo me siento exitoso.

La primera expresión nos trae contradicción porque si es el caso, la vemos como una mentira; mientras que la segunda afirmación (si procede de nuestros sentimientos) se afianzará en nuestro corazón y en la medida que ese sentimiento se haga más fuerte, más cerca estaremos de pasar de sentir a ser, no por arte de magia, sino porque ello seguramente nos llevará a concretar sin saberlo otras acciones que influirán en definitiva en nuestros deseos.

Es decir, la construcción de esos sentimientos no es otra cosa que comenzar a tener fe en Dios, el Universo o como quieran llamarlo.

Y volviendo a la frase que transcribí más arriba de Jesús: ¿Qué diferencia hay entre mover un cerro y convertirse en millonario?

Como ven esa diferencia es sólo la “del tamaño de un granito de mostaza”.

Porque en definitiva la ley de la atracción no es otra cosa que lo que dice la Biblia, pero el tema pasa por entender primero esa “fe” (lo que considero personalmente que casi lo he logrado) y otra cosa muy distinta es aprender a ejercer esa fe.

La ley de la atracción en forma pragmática nos va dando las enseñanzas de la Biblia, pero sin ese manto que ocultaba la información a una primera lectura simplemente literal.

Y mediante la investigación que vengo realizando (apoyándome inicialmente en las declaraciones de otros autores y verificándolo en mis propias experiencias) es que vengo viendo la importancia de “los sentimientos” en este proceso.

Porque lo importante de todo esto es aprender a ejecutar la fe y salvo los casos pequeños o que inconscientemente he logrado aplicar, según he volcado en distintos artículos, el objetivo tras el cual voy es poder en forma clara, concisa y predeterminada, aprender a crear esos “sentimientos” que nos darán la fuerza y combustible para luego sí aplicar la fe en Dios, para que cada uno entonces pueda mover su propio “cerro”.

A partir de ahora y de aquí en adelante la verdad de la “Palabra” empieza a develarse, el que quiera entender que entienda.

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Desde Mar del Plata, Argentina, hacia todo el mundo, Walter Daniel Genga.