Los Univocacionales: Fuerza evangelizadora de transformació

Los Univocacionales: Fuerza evangelizadora de transformación,
hasta lo último de la tierra


Los Univocacionales: Fuerza evangelizadora de transformació


Dr. Jonatán Lewis.

La Era Moderna vio increíbles avances en la propagación de las Buenas Noticias acerca de Jesucristo. Iniciado por los valientes esfuerzos de pioneros como William Carey, Hudson Taylor y Cameron Townsend, los dos últimos siglos han visto la mayor parte de los pueblos del mundo presentados con el Señorío de Cristo y la salvación que el libremente ofrece. Los principales métodos utilizados—la organización de “sociedades” o “agencias” misioneras y el envío de misioneros eclesiásticos —han dado grandes resultados. Hoy por hoy, hay iglesias cristianas en casi todo el mundo. ¡Gracias a Dios por todo lo que Él ha hecho a través de estos misioneros para que el mundo conozca su Hijo!

Sin embargo, hoy sigue habiendo miles de grupos humanos sin testimonio del Salvador del Mundo. Son los pueblos o las “etnias,” “menos” o “no” alcanzadas. Se incluyen casi tres mil millones de personas en estos grupos que no tienen una iglesia viable para dar testimonio de Cristo. La gran mayoría de ellos se encuentran en países donde los métodos misioneros de la modernidad que dieron tanto éxito en los últimos dos siglos, están bloqueados por el hecho que muchos países ya no permiten el ingreso de misioneros religiosos. Son países cerrados a la propagación de religiones ajenas a las suyas y en muchos de ellos, prohíben el ingreso de misioneros religiosos y la actividad proselitista. En los casos más severos, hay una abierta hostilidad a la proclamación del Evangelio, y el establecimiento de iglesias está tajantemente prohibido.


La tarea restante

Usando pautas establecidas por algunos ministerios, se necesitarían tres millones de “iglesias” nuevas para cubrir las necesidades de los casi tres mil millones de personas en el mundo que no saben de Cristo . La suma total de los misioneros evangélicos de carrera de toda índole, procedente de todos los países del mundo no llegan a los 100.000. Y algunos calculan que menos del 10% de ellos trabajan entre estos grupos no alcanzados. ¿Cómo se establecerán tres millones de nuevos testimonios entre los no alcanzados (con todo lo que esto implica)?

La respuesta se encuentra en las noticias alentadoras que dado al crecimiento vertiginoso de la iglesia en los últimos treinta años, existen una proporción de 1.000 iglesias por cada uno de estos grupos de no alcanzados. Para poner esta cifra en perspectiva, en 1970, la proporción era de 150 iglesias por cada grupo no alcanzado y en 1900, 20 iglesias por cada grupo . La respuesta se encuentra en los millones de cristianos comprometidos que son parte de estas iglesias que por sus carreras, trabajos y ocupaciones, pueden llegar a estos pueblos como “piedras vivas” de la iglesia, dando testimonio en y por sus ocupaciones cotidianas.

Sin menospreciar el valioso trabajo de agencias misioneras tradicionales y la fuerza misionera profesional, las misiones tradicionales no son la respuesta. Simplemente, no son suficientes para enfrentar el desafío y por su naturaleza, no pueden trabajar justamente donde se necesita el mayor esfuerzo. Sin duda, tienen un rol importante y estratégico en el desarrollo de esta nueva era de misiones, pero la respuesta se encuentra en las iglesias y en una nueva forma de pensar en misiones. Ninguna organización centralizada va a poder “dirigir” a esta enorme fuerza misionera. Sabemos que la evangelización mundial se va a realizar porque Dios no nos deja ninguna duda al respecto (Mateo 24:14). Pero se va a realizar porque el Espíritu Santo está orquestando un movimiento masivo de miles de misioneros “laicos” y los está enviando por todo el mundo.


Misiones espontáneas

Nuestro mundo experimenta unos cambios acelerados provocados por fuerzas tecnológicas e ideológicas identificadas con términos como el “pluralismo,” la “globalización,” y el “postmodernismo.” Estos enormes cambios no solo afectan el mundo sino también a la iglesia. No está contemplado dentro de esta monografía entrar en el desarrollo de estos temas y trazar sus efectos. Es suficiente decir que ya hemos entrado en una nueva era que demanda grandes cambios en la forma que pensamos y cumplimos la misión que Cristo nos encomendó hace 2.000 años.

Uno de los impactos mas importantes del pensamiento postmoderno, es una iglesia que se ha vuelto menos institucional, menos dogmática y mas conciente de su responsabilidad social. En todo el mundo se levanta en la iglesia una inquietud por un servicio que abraza el evangelio cristocéntrico histórico, pero que no se conforma simplemente con la propagación institucional de la iglesia, sino que busca una legítima y coherente expresión del amor de Dios a través de obras tangibles entre los pobres, los afligidos, los marginados, y los explotados. Estos cambios han impulsado una explosión espontánea de acción social y misionera desde iglesias locales en todo el mundo, hacia todo el mundo.

Esta explosión en su aspecto misionero transcultural, ha sido grandemente apoyado por un mundo globalizado donde existe una gran facilidad de viajar, transferir fondos, y comunicarnos instantáneamente. Y para ser misionero en esta era postmoderna, ya no es requisito una preparación formal o eclesiástica. ¡Cualquiera lo puede ser! Cientos de miles de hermanos son enviados de sus iglesias locales anualmente para servir en la obra transcultural a corto plazo. Muchos de estos misioneros han descubierto que sus ocupaciones sirven como medio para comunicar el amor de Dios y expresar su mensaje en forma tangible como médicos, enfermeros, maestros, albañiles, carpinteros, ingenieros, negociantes, estudiantes, deportistas, artistas… ¡y muchísimas ocupaciones mas!

Sin duda, esta fuerza ha sido muy importante en la propagación del evangelio en las ultimas dos décadas y lo seguirá siendo a medida que ganamos experiencia para manejar sabiamente esta fuerza. Las misiones de corto plazo que son de mayor ayuda al movimiento son las que desarrollan una relación estable entre las iglesias enviadoras, y las iglesias, los misioneros, u otras instituciones en el campo, enviando su gente repetidamente al mismo lugar. En el transcurso de los años, relaciones se establecen y la obra se avanza.



Una fuerza escondida

Dios ya ha puesto testimonio entre los no alcanzados, no únicamente por la evidencia empírica descrita en Salmos 96, sino también por colocar personas claves entre ellos que tienen todo lo necesario para dar testimonio de Cristo. Aun en los países del mundo mas cerrados a la proclamación del evangelio, hay miles de asistentes sociales cristianos trabajando para Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Miles más trabajan para empresas comerciales internacionales. En otros países existen importantes poblaciones de inmigrantes cristianos. De hecho, en todos los países del mundo hay extranjeros cristianos que están allí radicados por sus trabajos. La Península Arábiga es uno de estos lugares tajantemente cerrados al evangelio, que emplean “accidentalmente” cientos de miles de cristianos expatriados. ¿Qué rol jugaran en la evangelización mundial?

Lamentablemente, muchos de estos “misioneros accidentales” no han descubierto la razón por la cual Dios les ha permitido vivir en estos lugares. No lo saben porque su concepto de quienes son ha sido formado por nuestras sociedades y reforzados por nuestras iglesias que les han enseñado a separar lo “sagrado” de lo “secular. ” Creen que ser testigos de Cristo es algo que requiere un llamado especial y una preparación eclesiástica formal para “predicar.” Creen que el enfoque de la vida cristiana es la iglesia y el templo, no sus trabajos. Creen que están allí simplemente por razones económicas o por fuerza mayor. No son religiosos profesionales y por ende, no se ven como agentes del reino de Dios. No saben que su trabajo puede ser el medio que Dios utilizará para la salvación y transformación de estos pueblos.

Las Filipinas es un país que exporta unos ocho millones de obreros contratados. Con una población evangélica encima del 6%, se calcula que más de 500.000 evangélicos trabajan en el exterior. Aunque se encuentran estos filipinos en 160 países del mundo, la mayoría se emplean en la península arábiga. El movimiento misionero nacional de las filipinas ha encarado un proyecto para concientizar y equipar 100.000 de estos obreros para realizar intencionalmente, un papel en la evangelización de estos países. Otro movimiento misionero nacional que ha reconocido la importancia de enviar a través de profesiones y oficios es el movimiento Coreano. El 40% del movimiento ya ha encarado esta modalidad y han adoptado la meta de preparar 100.000 mas.

De nuestro contexto iberoamericano, hay millones de emigrantes y contratistas en Europa y otros países como Japón, con muy pocos evangélicos. Pero en este caso, no hay un énfasis desde Iberoamérica en este modelo de misión. ¿No es hora que nuestro pensamiento cambie acerca de cómo realizar el discipulado de las naciones, utilizando estos medios a nuestra disposición? La diáspora iberoamericana supera por muchísimo los misioneros que enviamos como continente, sin embargo, contribuye relativamente poco a la obra misionera mundial.


La estrategia bivocacional

La empresa misionera mundial ha enfrentado el dilema de los países de “acceso restringido” con una “estrategia” denominada el misionero “bivocacional,” o “biocupacional.” Esta estrategia emplea personas que han seguido el mismo proceso de preparación que los misioneros tradicionales. Son capacitados en seminarios e institutos Bíblicos, pero entran a países “cerrados” a misioneros religiosos con otras identidades ocupacionales. Algunos se preparan bien para ejercer estas ocupaciones alternas, y otros se aferran de cualquier cosa que se les presenta para entrar y quedarse. La mayoría se afilian con una agencia misionera. En muchos casos, también son sostenidos por iglesias como los misioneros tradicionales.

Esta estrategia bivocacional se ha encontrado con un número de problemas y criticas que paulatinamente se buscan corregir. En muchas instancias, la ocupación que se elige no coincide con las habilidades o la experiencia y la capacitación del la persona. Por ende, no es una persona exitosa en su trabajo y eso se ve claramente por sus vecinos que cuestionan su legitimidad. En un país del norte africano, un hermano conocido cuenta que sus vecinos creen que está empleado por la CIA o que es un narcotraficante. Hace años que se presenta como un estudiante realizando un estudio postgrado. Fue la verdad, pero su plazo para que termine su estudio ya venció y no produjo su tesis porque realmente no estaba trabajando en ella. Ha encontrado otra forma de permanecer en el país como residente, pero sus vecinos y la policía están convencidos que vive una doble vida. En un país cercano, un hermano se anotó como agente de importación y exportación pero nunca realizó esta actividad. Eventualmente, fue expulsado. Este tipo de incoherencia no solo invalida al mensajero frente sus vecinos y las autoridades, pero a menudo produce una crisis ética en el mismo misionero. ¿Cómo puede estar proyectando una “cuasi identidad” para proteger sus propósitos reales? Hay argumentos que justifican esta posición, pero no todos los misioneros se sienten éticamente cómodos y a veces crea barreras en la gente que observan incoherencias en su estilo de vida y sus ocupaciones.

Gradualmente se va corrigiendo este problema. Algunos buscan un acercamiento al envío que parte de personas legítimamente preparadas para la ocupación que van a trabajar y una legitima realización de esa ocupación. Pero esto tiene ciertas limitaciones. No se puede emplear cualquier profesión cuando se trata de un empleo o trabajo internacional. Cada país limita y reglamenta la residencia y el empleo de extranjeros. Pero estos problemas pueden enfrentarse con estrategias bien armadas con información y conexiones pertinentes, y que se especializan en la colocación de personas hábiles que reúnen los requisitos necesarios.


Un nuevo modelo de agencia

Este nuevo acercamiento ha tenido cierto grado de éxito, especialmente por entidades cristianas que se especializan en reclutar, orientar (a veces capacitar), y colocar en países específicos, personas dentro de ciertas profesiones como profesores de idioma (mayormente ingles), personal medica, ingenieros, administradores, etc. Estas organizaciones no niegan que son cristianas. A veces son solicitadas justamente porque los que han enviado son respetuosos, viven vidas moralmente sanas, y son excelente empleados. Son de bendición. Típicamente, estas organizaciones se especializan en una región o país. Recientemente, también ha surgido un énfasis en el armar negocios como medio de misión. El modelo promueve el establecimiento de pequeñas empresas (manufactura para la exportación, restaurantes, etc.) que emplean gente del país y son vistos por el gobierno como un aporte a su economía. La obra de evangelización se realiza en forma natural como consecuencias de las relaciones establecidas.

Estas organizaciones se identifican ante gobiernos como empresas o agencias de trabajo con un fin de proveerles con personal o empresas que ellos piden o por lo menos, aceptan. En función a las iglesias, se identifican como un ministerio porque su fin es colocar cristianos en países de acceso restringido, con el fin de realizar un trabajo de evangelización. Pero su meta clara en ambos casos es proveer servicios que esos países piden o valoran, y que los que se envían hacen un aporte a la economía o a la sociedad según su actividad. No hay ninguna incoherencia entre su identidad principal y sus actividades.

En la opinión de este autor, hay que explotar en mayor grado estos nuevos modelos de envío misionero porque además de crear un entorno coherente para el obrero, también se dirige al problema de su sostén económico. El modelo plantea una respuesta para los países con economías débiles o inestables que intentan mantener el modelo financiero de envío misionero, que depende cien por ciento de las ofrendas de iglesias. La utilización de agencias que colocan a personas con empleos que ofrecen un sostén (por lo menos parcial), permite una dinámica con un mayor factor de viabilidad y puede fomentar una multiplicación en el número de obreros que se puede envirar.


Trabas conceptuales

El gran potencial de estos modelos no se captará por la iglesia hasta que no se corrige una profunda y falsa dicotomía existente que divide el mundo en “laicos” y “cleros”, y actividades “seculares” y “sagradas.” Se critica este acercamiento misionero biocupacional por el hecho que al tener que “trabajar en lo secular” se presume que el misionero no tendrá el tiempo para dedicarse a la “obra del Señor.” Esto es cierto si uno interpreta que la misión es dedicarse a la organización y el mantenimiento de iglesias y templos como otros elementos religiosos institucionales. El tener que trabajar en otra cosa va a robar tiempo para estas actividades eclesiásticas.

Pero esta visión de la obra misionera tiene poco sentido en países donde estas actividades están prohibidas. En estos pueblos, la iglesia (si existe) típicamente se reúne a escondidas en casas de familia. El énfasis se da en estudios bíblicos y el discipulado personal uno a uno, no en el levantamiento de la iglesia institucional. El trabajo es un medio de servicio que da oportunidad de demostrar la vida cristiana, crear relaciones y poder testificar. El trabajo también es su “ministerio” ya que lo hace con el motivo de hacer un aporte al país y esa sociedad. Lo hace también para Dios. (Se escucha de empresas que emplean cristianos a propósito porque los dueños creen que Dios los bendecirá por causa de ellos.) La evangelización se hace por amistades y en la mayoría de los casos, es más eficaz que el acercamiento evangelístico por religiosos cristianos.

Por ejemplo, un matrimonio conocido de profesores de inglés fueron a Taiwán por invitación de una misionera pariente que había sido parte de un esfuerzo misionero a una etnia taiwanés por cuarenta años. La misión no había establecido ninguna iglesia y la gente se había tildado por los misioneros como “duros e inaccesible.” El matrimonio enseñó inglés en un colegio donde pudieron crear amistades con alumnos e invitarlos a casa. Allí pudieron dialogar acerca de Cristo informalmente. Algunos estudiantes aceptaron a Jesús como Señor y comenzaron a evangelizar a sus compañeros. Antes de terminar su contrato de empleo de dos años, ayudaron a organizar este grupo como iglesia. De esa iglesia han nacido siete iglesias mas—todos sin ninguna intervención por los misioneros religiosos. Sin duda, ellos prepararon el campo con sus años de servicio fiel, sus lágrimas, y sus oraciones. Pero su acercamiento “religioso” les fue una gran barrera en un país donde el cristianismo se percibe como parte de un imperialismo occidental. Aunque el proselitismo se permita, las barreras sociales crean una tremenda resistencia a la conversión.






Un pensamiento distinto

Si el evangelio correrá hasta que sea predicado a todas las naciones, es evidente que va a ser a través de personas de bajo perfil, los que históricamente llamamos “laicos.” Para apoyar este movimiento espontáneo del Espíritu y concientizar a los misioneros “accidentales,” hay que romper de una vez con esta dicotomía que promueve una actitud pasiva hacia el ministerio en nuestras congregaciones, y sigue enclaustrando una gran parte del esfuerzo evangelizador dentro de nuestros templos. Por décadas, esta distinción entre “laicos” y “clérigos”, lo “secular” y lo “sagrado,” ha impedido la reproducción espontánea de la iglesia. Sin duda, la profesionalización del liderazgo de la iglesia fue necesario en un momento histórico y puede contribuir al desarrollo de la iglesia hoy día. Pero lamentablemente, en muchos casos tiene el efecto opuesto y llega ser una piedra de tropiezo para la evangelización de los pueblos .

Es importante que esta perspectiva se tome en las iglesias, porque la misión es de Dios (Miseo Dei) y la iglesia es su agente de misión. De allí parten “las misiones.” Si no hay transformación del pensamiento en nuestras iglesias, no vamos a ser parte de cómo el Espíritu está moviendo a la iglesia hoy día. Esta transformación comienza en la iglesia y produce un movimiento misionero espontáneo que transforma el mundo en sus “parroquias ” y localidades y por extensión, en sus países, continentes, y en todo el mundo. Comienza con una clara visión de pastores y líderes que prepara y libera a su congregación a cumplir con el ministerio fuera de las cuatro paredes de la iglesia.

Líderes eclesiásticos deberían avalar y proclamar fuertemente los conceptos bíblicos de vocación cristiana y el sacerdocio universal del creyente. Hay que fomentar en nuestras iglesias un movimiento que despliega un solo llamado divino expresado a través de todas nuestras ocupaciones y quehaceres cotidianos. Esto va mas allá de un mero comportamiento cristiano. Es cada creyente involucrándose con lo que Dios está haciendo en su entorno familiar, vecinal, y laboral.

Esto no es una denuncia del pastoral profesional, sino un llamado al reconocimiento que nuestros pastores no son los únicos ministros, sino los específicamente encomendados por Dios para equipar a los “santos” para la obra del ministerio (Efesios 4:11). Los hermanos que se congregan no son simplemente los receptores del ministerio. Son los “santos” que cumplen con la agenda transformadora del Reino de Dios en sus familias, sus vecindarios, sus trabajos, sus sociedades y en todo el mundo.


Una sola vocación


En las Escrituras, los términos “llamado” y “vocación” están ligados inseparablemente. Todos somos llamados a una sola vocación—el servicio a Dios y al prójimo. Efesios 4:1-6 expresa claramente la unidad de los que siguen esta “vocación.” Esto no está pautado solamente para darnos un sentido de unidad como iglesia “católica y universal.” El pasaje ilustra el concepto relacionando cada ente de la Trinidad con algún aspecto de la manifestación divina, pero aseverando la indivisible unidad entre Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta expresión debe reflejarse en la vida integral del creyente. Aunque la vida se compone de varios aspectos funcionales, somos una “nueva creación” en la cual todas nuestras ocupaciones son una sola expresión de la vida divina que recibimos al renacer. Es realmente inconcebible dividir nuestra vida espiritual de la vida cotidiana. Es incoherente pensar que hay partes de nuestras vidas donde no se expresa La Vida que Dios nos da por el Espíritu. Este dualismo es la fuente de la hipocresía de la cual a menudo nos acusan los que no son parte de la iglesia.

En la esfera misionera, pretendemos introducir el término “univocacional” para corregir las deficiencias de los términos “biocupacional” o “bivocacional” que se han usado históricamente para referirse a personas que utilizan ocupaciones “seculares” para poder entrar a campos misioneros y realizar la obra misionera. La mayor deficiencia en estos términos es que refuerzan la suposición que la vida se divide entre lo que hacemos para Dios, y lo que hacemos para generar los recursos necesarios para vivir o en estos casos, para permanecer en un país “cerrado” y realizar una actividad que a veces es “ilegal.” Son términos que reflejan una visión dualista dentro del cristianismo y que se manifiesta a veces en una crisis de identidad en el misionero y en una problemática ética.

Los filósofos nos dicen que este pensamiento dualista fue heredado de los griegos y que ya es una parte inherente del pensamiento “occidental.” Pero la Biblia enseña una visión distinta—una visión integral de la persona (Lucas 10:27). Si una persona está sometida a la voluntad de Dios, todo lo que hace es “sagrado” porque Dios lo santifica. El término “univocacional” se basa en una teología que afirma que la vida cristiana es una sola expresión vocacional del llamado divino, a través de todas las ocupaciones y quehaceres cotidianas. En el ámbito misionero, definimos a los univocacionales como:

“Discípulos de Cristo, cumpliendo su única vocación sacerdotal a través de todas sus ocupaciones, en todos los lugares del mundo donde viven y trabajan.”


Somos santos

Dios nos decreta “ser santos” (I Pedro 1:15-16). No es “opcional.” Dios no nos pide que seamos santos únicamente cuando vamos al templo o por algunos momentos durante el día cuando oramos o realizamos un devocional. La santificación es una actitud que sacrificadamente pone sobre el altar todo lo que somos, hacemos y tenemos en servicio a Dios (Romanos 12:1-3). Al ponerlo sobre el altar, se santifica y Dios lo usa para su gloria.

Para realizar este mandamiento, Cristo nos dio el Espíritu Santo cuando renacimos espiritualmente, y la promesa que el estaría con nosotros y en nosotros (Juan 14:17). El caminar en el Espíritu es la vida “normal” del creyente (Gálatas 5:16-26). Llevamos a cabo esta vida “santificada” donde sea que vayamos. Se expresa a través de todas nuestras ocupaciones. Somos creados para “buenas obras” que manifiestan el amor de Dios en todo lo que hacemos a favor de los que nos rodean (Efesios 2:10).

En este sentido, el misionero univocacional reconoce su rol sacerdotal. Es en primer lugar el “portador” del Espíritu Santo y la expresión tangible del Espíritu por su vida. Como alguien dijo: “Tu eres el único Cristo que la gente podrán ver.” En segundo lugar, es el “portador” del sabio consejo divino provisto en la Biblia (Colosenses 3:16). Da la palabra justa en el momento justo. En tercer lugar, es el “portador” del poder de Dios a través de la intercesión (Santiago 5:16). Dios obra a través de la intercesión.


Un sacerdocio real

En Éxodo 19, Dios establece su Pueblo como un “real sacerdocio.” Luego, en 1 Pedro 2:9 reafirma este concepto: Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Es algo que nos distingue de otras religiones. Todo el pueblo de Dios está encomendado para funcionar como sacerdocio—no solo algunos. Dios quiere que todos sus hijos experimenten su poder en el servicio sacerdotal.

Sin embargo, la iglesia hoy día depende en gran parte de pastores y cleros y se propaga la noción que estos son los únicos “ordenados”—personas con un llamado especial para realizar la obra del ministerio. Sin embargo, está claro en Efesios 4:11 que la función principal de los lideres de la iglesia es equipar a los santos para la obra del ministerio. Si hay algún reconocimiento entre ellos, es por tener las calificaciones (experiencia y testimonio) para enseñar a otros como realizar el ministerio.

Cristo no estableció jerarquías eclesiásticas. Estableció áreas de funcionamiento (Efesios 4:11) y dotó a los santos para que funcionen dentro de ellas. Los más maduros y experimentados guían y enseñan a los demás. Los ministerios del apóstol (misiones), profeta (predicación), evangelista (testificar a inconversos), pastor (cuidado del rebaño), y maestro (enseñanza) se complementan perfectamente en el desarrollo del cuerpo de Cristo, cuya misión es la evangelización transformacional de las naciones. Describe un proceso continuo de preparación del Pueblo de Dios para la expansión del Reino de Dios. Los más experimentados guían este proceso, equipando los hermanos para realizar el ministerio.

El sacerdocio real del Pueblo de Dios es un concepto que claramente pone la responsabilidad del ministerio en las manos de todos los hermanos. Muchos de nuestros programas enfocan en el desarrollo de líderes para el trabajo dentro de nuestras estructuras eclesiásticas. Pero esto también puede ser una trampa porque no hemos entendido que la mayor parte del ministerio de la iglesia se realiza mas allá de las paredes de los templos. Si la iglesia no está impactando a la sociedad, cae muy corto de lo que Dios espera de ella. La tarea de la iglesia es ser sal y luz en el mundo. Esto es el evangelismo, no la expansión de nuestras instituciones eclesiásticas. Esta expansión se da como consecuencia de una evangelización coherente e integral.

No todos pueden preparar sermones y predicar públicamente. No todos pueden enseñar la Palabra formalmente. Pero todos pueden predicar y ensenar con sus vidas. Pueden ministrar en sus propias esferas de influencia a personas que no son parte de la iglesia. Pueden basar sus acciones en el ámbito cotidiano en los valores, la ética y moral cristiana. Pueden ejercer su rol sacerdotal a quienes Dios les ha dado como “parroquia”—sus familiares, sus vecinos, y sus compañeros en la escuela o el trabajo. Pueden manifestar la vida que tienen en Cristo viviendo coherentemente, discerniendo donde el Señor está trabajando en su entorno y permitiendo que el los use como su agentes del Reino.

Si la iglesia va a cumplir su rol como agente evangelizadora de transformación, el poder de Dios tiene que fluir al mundo por medio de todo el pueblo de Dios. Cada creyente tiene que ser equipado para realizar su rol sacerdotal en los lugares del mundo donde puede ejercer una influencia. Este rol de equipar a los santos para este fin es el cometido primordial de los líderes de la iglesia.




Una evangelización distinta

Cuando estuve en las Filipinas trabajando con un proyecto de proveer capacitación a los miles de hermanos que salen como trabajadores contratados, una de las pautas sugeridas fue de darles un curso sobre doctrina cristiana para poder “predicar” a los musulmanes. Internamente pensé: ¿Cómo vamos a preparar a empleadas domésticas a deliberar y debatir doctrina con los árabes musulmanes? Pero la sugerencia es lógica porque seguimos creyendo que dar testimonio es esencialmente “dialéctico.” El acercamiento apologético a la evangelización apunta a que la persona cambie de opinión, se convierta de corazón, y que le podamos llevar a iglesia evangélica. Pero este autor como tantos otros, quiere destacar el hecho que el testimonio tiene otros componentes que tal vez necesitan ser priorizados. Afirmamos la necesidad de predicar la Palabra. Pero hay otros aspectos del trabajo evangelístico que tal vez se han ignorado en el afán por predicar.

¿La gente realmente se convierte por la polémica doctrinal? Muchos hermanos se sienten inseguros al enfrentarse con este desafío. Temen las reacciones negativas de la gente, y las preguntas que no están preparados para contestar. Y la verdad es que hay muchas preguntas que son difíciles. Aun los más preparados se pueden encontrar en debates interminables. Al final, tenemos que admitir que aceptemos mucho por la fe pura y sencilla, y nada mas. “Cristo me ama, si lo sé” es una aseveración de fe, no una afirmación principalmente intelectual. Así que el debate como herramienta de evangelización tiene sus limitaciones. Y ponerlo como piedra principal en la evangelización, sigue dando énfasis en un acercamiento intelectual a la conversión, que en nuestra era postmoderna puede ser contraproducente.

No es que conocer y saber defender nuestra doctrina cristiana no sea importante. Más de un cristiano ha sido vencido por los argumentos de un ateo o musulmán que se prepara específicamente para atacar al cristianismo y derribar al creyente. Pero se supone que hay amplia oportunidad para realizar este trabajo en nuestras reuniones si realmente nos dedicaríamos a equipar los santos para la obra del ministerio . El fracaso no sucede porque no enseñamos doctrina en nuestras iglesias, sino por la falta de integración de fe con la vida cotidiana. Mantenemos un culto abstracto y efímero. El equipamiento del creyente para la obra del ministerio abarca la integración de fe y vida, como una de las metas mas importantes del proceso.

Al llevar este concepto del cristianismo como doctrina y de la evangelización como apologética al campo misionero, el tema se pone aun más agudo. El cambiar de una religión a otra nunca es fácil. Y en muchos lugares del mundo es ilegal y a veces lleva una pena de muerte. Por ende, nuestros intentos de “convertir” a la gente en estos países siempre son causa de percusión. El problema no radica en que la gente acepte a Jesús como Mesías o Señor, sino en que el énfasis a menudo se da en la conversión inmediata de la persona a nuestra religión cristiana con todas sus asociaciones foráneas y bagaje cultural. ¿Por qué tiene que cambiar una persona de sus costumbres culturales y aun religiosas para seguir a Jesús el Mesías? De hecho, hoy día existen movimientos de Judíos Mesiánicos, Musulmanes Mesiánicos, e Hindúes Mesiánicos.

¿Se puede hacer el trabajo de evangelización sin pedir que la gente de golpe cambie de religión? Y si es posible, ¿Cómo se hace? Estas preguntas son parte de un nuevo debate misionológico en la cual no vamos a entrar aquí. Es suficiente decir que creemos que la evangelización es más que el proselitismo (el persuadir a una persona a cambiar de religión). Es poder de Dios para salvación(1 Corintios 2:1-5). Es nuestra tesis que un nuevo acercamiento debería darse en la evangelización por la demostración del poder de Dios a través de la intercesión personal como punto de partida. El énfasis doctrinal puede venir con el tiempo y debe hacerse con una alta sensibilidad cultural. Únicamente así veremos una explosión en el potencial de nuestras congregaciones para transformar a su entorno, y alcanzar los grupos aun sin testimonio viable del Señor Jesucristo.


La intercesión como herramienta principal

La herramienta más poderosa de la evangelización y a la vez menos desarrollada, es la intercesión. Se refiere al acto de interceder en forma directa y personal por las necesidades de otra persona. Generalmente, la oferta de orar por las necesidades sentidas es bien recibida por cualquiera (incluso gente de otras religiones). No se necesita un curso de apologética para hacerlo. Al hacerlo, no amenaza la identidad cultural de la persona. Y generalmente no produce rechazo. Al contrario, abre puertas al corazón de la gente.

La intercesión es uno de los roles fundamentales del sacerdocio. El cristiano realmente entendido y práctico en este rol encomendado por Dios, ofrece intercesión por sus familiares, por sus compañeros en el colegio o en el trabajo, por sus vecinos, y por cualquier persona donde se le presenta la oportunidad. Intercede por ellos en el nombre de Cristo e intercede junto con ellos cuando puede. Los bendice. Siempre muestra una preocupación cabal por la persona y por lo que ha provocado la intercesión. Esta intercesión abre brechas espirituales para que el Espíritu Santo haga su obra de convencerlos del pecado, de la justicia, y del juicio venidero de Dios (Juan 16:8).

Al interceder, se abren puertas espirituales imperceptibles. Abre puertas a que Dios obre sus milagros. Abre puertas para recibir el testimonio y un consejo del intercesor. Abre brechas en los muros de la mente y el corazón donde puede obrar el Espíritu Santo. Al orar con personas por sus necesidades, he visto que muchos se emocionan cuando el Espíritu de Dios les toca por primera vez. Y a través de la intercesión, Dios obra milagros espirituales, en sus emociones, y a veces físicos . La intercesión abierta introduce el poder de Dios a estas vidas. Es increíble que Dios nos eligiera para ser sus agentes en la manifestación de su poder en el mundo. Pero es un hecho que a veces ni siquiera tomamos en cuenta cuando se relaciona a la evangelización.


Células reproductoras

En Un Sistema de Movimiento , Bustle y Radi promueven una forma sistemática para ayudar a los hermanos en la implementación de la intercesión a favor de sus compañeros que no conocen al Señor. La pieza fundamental son células de intercesión todas las semanas donde los hermanos se juntan para interceder por las peticiones que han juntado a favor de sus compañeros y vecinos que no conocen al Señor. Periódicamente, se invita a estos mismos compañeros a una reunión de testimonio y acción de gracia donde se les presenta el plan de salvación. No nos sorprende que estas células a menudo se conviertan en “iglesias” caseras. Por testimonio de los autores, este método ha dado tremendos resultados en la propagación del evangelio en la zona andina. ¿No sería interesante si esto sucediera con misioneros accidentales en los países de acceso restringido?

Las iglesias que son explosivas en su crecimiento, son las que han implementado un sistema de células acompañadas por un proceso que capacita y libera a todos los hermanos (hombres, mujeres y jóvenes) a ejercer el ministerio. Al crear células que se reúnen exclusivamente para interceder por su “parroquia,” de pronto se verán nuevos hermanos entre ellos. Es una formula de evangelización imparable. No estamos hablando de células para hermanos que simplemente apoyan a su propio crecimiento espiritual, tan bueno como esto sea, sino grupos enfocados en la intercesión por los que no conocen a Cristo. Para fomentarlo, hay que mentalizar a nuestras congregaciones y equiparlos para este ministerio tan vital a la salud y crecimiento de la iglesia.

Cabe destacar que Cristo mismo nos dio este patrón en Mateo 18:18-20. En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.


Trabajar con Dios

Dios está trabajando continuamente alrededor nuestro. Sin ojos que ven y oídos que escuchan, no podemos verlo trabajando. El gran secreto del éxito en la obra espiritual es trabajar con lo que Dios ya está haciendo. Dios siempre está presente. Es previo. Cuando trabajamos simplemente con nuestra propia iniciativa y esfuerzo sin buscar lo que Dios está haciendo para prepara a personas por las circunstancias, hay poco fruto.

Discernir el dedo de Dios moviendo en nuestro entorno no es fácil. Lleva discernimiento espiritual. Es una práctica habitual. En las palabras del Hermano Lorenzo, es practicar “la presencia de Dios.” Sin este cultivado sentido, perdemos el punto de conexión espiritual donde Dios está trabajando con las personas e invita nuestra agencia humana. Sin Dios, no podemos hacer nada. Pero sin la agencia de su Pueblo, Dios no elige actuar. El así lo ordenó desde el principio. Increíblemente, nos pide nuestra colaboración en la evangelización del mundo. El nos dio una santa mayordomía por las almas que nos rodean. El nos encomendó la obra y nos toca a nosotros pedir su intervención para realizar juntos la extensión de su reino. Esto es la esencia de la intercesión.

También, debemos aliarnos con todos los que buscan el reino de Dios y su justicia. Dios es el precursor de la obra y está presente en todos lados. Trabajando en muchísimas formas y maneras. No seamos ciegos a quienes lo están adelantando. Aun Dios trabaja por medio de los que no tienen noción que él los está utilizando. Como dice un amigo, “Dios ha usado aun a Fidel Castro para preparar a unos excelentes futuros misioneros Cubanos.” Deberíamos enseñar a los seguidores de Cristo como ver a Dios obrando en nuestros lugares de trabajo, y tomar las oportunidades que el nos abre. Una herramienta valiosa para esta capacitación es Mi Experiencia con Dios (H Blackaby, 1993, LifeWay Church Resources).


Resumiendo

Los últimos dos siglos han visto un crecimiento vertiginoso de la iglesia evangélica. Pero aun la evangelización mundial no está terminada. Evangelizar a los 3.000 pueblos no alcanzados y establecer tres millones de iglesias entre ellos, únicamente puede completarse si está orquestada por el Espíritu Santo. Hoy se ve un movimiento masivo de “laicos” en todo el mundo que buscan impactar a la sociedad con su servicio. Miles de personas salen a experiencias misioneras de corto plazo. Además, cientos de miles de creyentes se encuentran entre los grupos no alcanzados en forma “accidental.” Pero su impacto no se siente porque la iglesia sigue propagando el concepto del ministerio como algo especializado para algunos. La división entre laicos y cleros profesionales sigue estorbando el proceso de la evangelización mundial y su meta transformacional.

En el ámbito misionero, el concepto del “univocacional” se introduce para destapar esta falsedad dicotómica. Hay que liberar a los santos y equiparlos como ministros de Dios para ser sal y luz donde sea que estén y en todas sus ocupaciones. Al hacer esto, crea un movimiento de misión espontánea desde nuestra “Jerusalén” hasta lo último de la tierra. Para realizar este cambio, hay que enfatizar el único llamado del creyente y el sacerdocio real del Pueblo de Dios. Los líderes de la iglesia tienen que dedicarse al equipamiento de los hermanos para la obra del ministerio. La herramienta en la cual hay que dar énfasis es la intercesión, porque es la herramienta que abre puertas a la obra de Dios en las personas. También abre puertas para dar testimonio y anunciar la salvación en Cristo. Células evangelísicas han sido tremendamente usadas para este propósito. Hay que trabajar con Dios, viendo las oportunidades que el nos presenta y así colaborar con él hasta lo último de la tierra. Es hora que nuestras iglesias abrasen esta enseñanza y larguen sus congregaciones al mundo, acompañando a Dios en lo que él está haciendo.

Frente a las trabas que se presentan a las agencias misioneras tradicionales que envían misioneros religiosos sostenidos por ofrendas de iglesias, se propone un modelo de misión que coloca personas en los países restringidos con profesiones, oficios y negocios como misioneros univocacionales. Estas agencias “de empleo internacional” necesitan especializarse en colocar personas en empleos específicos, que se buscan en estas naciones. Además, se recomienda que las personas que se envían se enfoquen en desarrollar la práctica de la intercesión como estilo de vida y herramienta principal de evangelización y transformación. La formación de grupos de intercesión es un ejercicio que se puede implementar en cualquier lugar donde se pueden juntar dos o tres seguidores de Cristo. En estos pequeños grupos se centraliza el poder de Dios para atar y desatar las fuerzas espirituales. Que el Espíritu de Dios nos permita ser parte de su gran movimiento hasta lo último de la tierra.

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