La noche boca arriba (Rómulo Gallegos) Se imagina usted amigo lector que un día se diera cuenta que su vida real no fuera más que un sueño, una fantasía y que en verdad usted, sí amigo, usted fuera un indio o un poblador de una cultura muy antigua. Esto es lo que presenta el fascinante cuento del aclamado escritor Julio Cortázar llamado La noche boca arriba en el que nos encontramos frente a un desdoblamiento. En un primer plano la historia comienza con un ambiente ubicado en la modernidad representada por una ciudad llena de enormes edificios y por el personaje anónimo que se haya viajando en una motocicleta, y que luego despertará en un hospital al sufrir repentinamente un accidente automovilístico, al evitar atropellar a una mujer que cruzó la autopista descuidadamente. Y el otro plano se ubica en la antigüedad prehispánica reflejada por un moteca (indígena perteneciente a una tribu azteca) que estaba ocultándose en la selva oscura y solitaria al hallarse envuelto en una batalla llamada: “La Guerra Florida” que era una especie de cacería que llevaban a cabo los aztecas para ofrecer sacrificios al Sol. Esos dos planos se conectan en el mismo momento del accidente y es a partir de allí, que se mezclan hasta confundirse, e incluso al punto de no saber cuál es la realidad ni cuál es el sueño en la historia. Talvez puede verse esto como la lucha del hombre: entre su materialidad y su espiritualidad, el dualismo en busca de su esencia . Es ir en busca del inicio y fin de las incógnitas que persiguen al hombre desde el mismo momento de su concepción hasta su fin terrenal, nada menos que su muerte. En el cuento, se enfatiza que olía a guerra , y que este olor era el más temido por el indio moteca. Y ¿por qué temía? Es claro, porque era inevitable que batallara y él solo tenía que hacerlo, pues era el camino hacia su destino y tal vez, porque no, al encuentro con la verdad que resolviera todas sus dudas. Es evidente que el personaje moteca estaba consciente de su circunstancia, pero quería huir, y al saberse despojado de su amuleto protector se dio cuenta que estaba definitivamente perdido. Era necesario acabar con la dualidad, anular los contrarios, a través del esfuerzo sostenido en el seno del hombre para alcanzar su liberación, y la posibilidad de salvarse del dualismo reside en estar consciente de ella, y así hacer de la materia un combatiente activo en la guerra florida . Si no es así, si el espíritu es confundido con la materia, se extravía entonces en ésta, y el trofeo de la guerra se pierde. El hombre del hospital sabía que el moteca existía en sus pesadillas, quería evitarlo manteniéndose despierto; el moteca, cuando lo llevaban los acólitos al teocalli, luchaba por despertar apretando los párpados, gimiendo por volver al hospital, es decir que él también sabía del otro. El hombre completo era consciente de la dualidad que lo conformaba, estaban en la batalla, pero la muerte del moteca era inminente —aunque en el relato no se consuma—. El sufrimiento al que está subordinado el indio es enorme, sabía de su próximo fin. El dolor de la existencia, el conocimiento de la muerte es lo que provoca el desafío contra la vacuidad, él sabía que su compromiso era hacer florecer su corazón, cumplir con la tarea asignada por el solo hecho de existir. Y en el momento en que se logra un entendimiento, surgido de la autorreflexión, entonces se ha satisfecho la existencia tanto individual como colectiva. La purificación en La noche boca arriba reside en la lucha. Existe en la diégesis un reconocimiento que representa siempre una lucha furtiva entre los dos constituyentes del cuento. La guerra florida de cada hombre, una guerra consciente y secreta capaz de confundir a los enemigos como en las batallas sagradas del cielo y la tierra, del ser y de la nada. A pesar de que el narrador resuelve al final del relato, que en realidad el soñador no era el hombre del hospital sino el indio moteca, la ambivalencia queda abierta, por esa ida y vuelta soñador-soñado-soñador, en las que cada momento refleja una constante lucha entre el sueño y la realidad, entre lo que le pasaba verdaderamente y lo que él deseaba que sucediera, un claro conflicto existencial entre lo que es y lo que queremos que sea. Este relato posee una clara tendencia existencialista, puesto que el Existencialismo , entendido como expresión de un estado de conciencia y sentimiento del hombre, se he ocupado de la preocupación agobiante que resulta de la reflexión acerca de la condición humana. El hombre se siente solo y afligido porque sabe que debe ser más , ser verdaderamente él, y ser en los otros a la vez. La lucha por el reino también se manifiesta a cada confusión, a cada renuncia, en cada atajo, en cada experiencia que trasciende hacia la legitimidad del hombre. El encuentro del ser humano con su reino será auténtico el día en que su problema ontológico, su libertad y su destino lo hayan trascendido, cuando la autoconciencia sea el arma más eficaz para la conquista de la realidad que es, a fin de cuentas, la dimensión humana.