El Purgatorio, ¿Invento de la Iglesia Católica?

El Purgatorio, ¿Invento de la Iglesia Católica?


Por Ing. José Miguel Arráiz.

Introducción

Recientemente en uno de los foros en que suelo participar un hermano evangélico me hizo el siguiente interrogante:

Daniel Bores : …yo creo que el purgatorio no aparece ni explicita ni implícitamente en la Biblia, y es un invento de la iglesia católica para meter miedo a la gente, o para lo que sea.... Jesús mismo le dijo al ladrón que estaba crucificado a su lado: esta misma tarde estarás conmigo en el cielo...”

Para analizar este cuestionamiento he querido escribir estas pequeñas líneas:

¿Por qué los hermanos evangélicos se les dificulta aceptar la doctrina del purgatorio?

El problema de fondo que dificulta a los hermanos evangélicos a entender el purgatorio es que su sistema teológico está construido en una doctrina errónea: “La Sola Fide”, por lo cual me daré un pequeño rodeo para luego entrar a fondo en el tema.

Bajo esta doctrina la salvación es única y exclusivamente producto de la fe, las obras aquí se convierten en simplemente un producto de esta fe (una consecuencia) pero no son un requisito para salvarse.

Los católicos creemos que por la fe somos justificados por pura gracia de Dios:

“Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo,” Romanos 5,1

Pero luego de este punto las obras colaboran con la fe para llevarla a su perfección:

“¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por las obras, la fe alcanzó su perfección?” Santiago 2,22

“¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?” Santiago 2,14

“¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras es estéril? ” Santiago 2,26

Por eso la obediencia no es solo producto de la fe sino también requisito para salvarse:

“y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,” Hebreos 5,9

Y por eso dice la Escritura que se salvará quien persevere hasta el fin:

“Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.” Mateo 24,13

Para más detalles consultar: Estudiando la salvación a profundidad, por José Arráiz

Muerte


Una vez teniendo claro esto podemos entender que la etapa de Santificación producto de la justificación por la fe no puede ser excluida en el proceso de salvación, sino que es también indispensable pero a manera del traje del hombre nuevo en las bodas del hijo del Rey (Mateo 22) que si no se lleva puesto no se entra al banquete, teniendo claro por su puesto que el traje no compra en ninguna manera la entrada, que ha sido gratuita (gracia) ganada por los méritos de Cristo en la cruz. (Las obras no son moneda de pago por la salvación que es gracia, sino una colaboración del libre albedrío con la gracia que también es gracia, porque los méritos nuestros son dones de Dios)

Esta santificación que no es la justicia que se “imputa” como producto de la justificación por la fe, sino la que se “procura” producto de la colaboración del libre albedrío y la gracia santificante, es indispensable para salvarse ya que sin ella NADIE verá al Señor.

“Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12,14

Pablo aquí hablaba a creyentes, los cuales ya habían aceptado a Cristo como Señor y habían sido justificados por la fe, y por eso la santidad que se habla aquí es la santidad que se “procura” que viene producto de caminar por la puerta estrecha (Lucas 13,24), y exige también estar “en paz con todos”.

Para el cristiano evangélico hay aquí una contradicción en su sistema teológico, ya que piensa que alguien que es justificado por la fe (acepta a Cristo como Señor) y le es imputada la justicia de Cristo (Romanos 4,11) si llega a morir sin alcanzar “la santidad y paz con todos” inmediatamente va al cielo (a pesar de lo que dice Hebreos 12,14). Esto es como decir que en el cielo habrán ciegos, ya que es la única manera de que sin santidad se llegue allá (sin ver al Señor).

Por eso Pablo nos habla de que estas personas que aunque en el juicio de Cristo se salven justificadas por la fe, más no hayan alcanzado la santidad sufrirán una etapa de purificación previa antes de entrar al cielo.

“Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.” 1 Corintios 3,11-15

biblia


Analicemos en detalle el pasaje anterior:

“…la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego…”

Aquí se habla del juicio de Cristo que nos juzgará conforme hicimos en nuestra vida mortal, el bien o el mal (2 Corintios 5,10) y donde cada obra será probada.

“…Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa…”

Si esta obra está edificada sobre el cimiento: Jesucristo (Es una buena obra) recibirá la recompensa que Cristo tiene reservada para quienes le han sido fieles.

“…Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño…”

Aquí se habla de otro tipo de creyente cuya obra no fue buena sino que fue abrazada, a este se dice:

“El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.”

Más nótese que este tipo de creyente no fue condenado, porque dice: “El, no obstante, quedará a salvo”, pero para él salvarse será “más así como por fuego” (Literalmente según el texto griego).

A esta etapa de purificación “como por fuego” que sufrirán aquellos que murieron en gracia de Dios más no alcanzaron la santidad le llamamos “purgatorio”, y aquí es donde falla la argumentación de nuestro hermano Daniel Bores que afirma que el purgatorio no aparece ni explícitamente ni implícitamente, ya que implícitamente SI aparece, al igual que otras doctrinas que los cristianos evangélicos si consideran como verdaderas a pesar de que no están explícitas, como la Trinidad o el pecado original.

Cielo


¿Pero hay otros pasajes bíblicos que hablen implícitamente del purgatorio?

La verdad que 1 Corintios 3,11-15 no es ni mucho menos la única cita que habla de forma implícita del purgatorio, hay muchas otras, las cuales mostraremos a continuación:

“Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.” Lucas 12,47-48

Aquí vemos como un siervo que aunque hizo cosas dignas de azotes (pecados veniales) recibirán menos azotes que aquel que conocía la voluntad del Señor e hizo cosas menos malas. Nótese que se habla de un castigo que no es infinito ni indefinido (que sería el infierno) sino de un castigo limitado: “pocos azotes” o “muchos azotes” el cual también es una referencia implícita de la purificación del purgatorio.

“Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.” Mateo 12,32

Aquí Cristo habla de un pecado que no será perdonado ni en esta vida ni en la siguiente, dejando implícito que hay pecados que si serán perdonados (tanto en esta vida como en la siguiente). De lo contrario hubiera dicho simplemente “El pecado contra el espíritu Santo no será perdonado” o “no será perdonado en esta vida”.

Algo que sabemos es que en el cielo será imposible pecar, y de que no podremos entrar en el cielo con pecado (Apocalipsis 21,27). ¿Cómo Jesús entonces habla de pecados que serán perdonados en la vida venidera? ¿Y aclara que el pecado contra el Espíritu no? Porque Jesús deja implícito que hay pecados que serán perdonados en esa etapa de purificación en donde el hombre, una vez salvo, se prepara para la comunión eterna con Dios.

Y aquí ocurre otra dificultad en los cristianos evangélicos para aceptar esto, ya que en su sistema teológico no hay grados de pecados, para ellos todos los pecados tienen la misma gravedad y son de condenación, ocasionado por la interpretación literal de pasajes como Romanos 6,23, más Cristo implícitamente mostró que para diferentes grados de pecados hay diferentes sanciones:

“Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.” Mateo 5,22

Notemos que ante la primera falta “encolerizarse con el hermano” Cristo dice: “será reo ante el tribunal”, a la segunda falta “llamarle imbécil” Cristo dice: “será reo ante el Sanedrín”, y por último “y el que le llame renegado” la sanción más alta (La gehenna o condenación eterna). Vemos aquí a Cristo utilizando ejemplos de su tiempo para enseñar de forma sencilla que hay pecados más graves que otros, unos que son dignos de la Gehenna y otros que no.

“Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.” Mateo 5,25-26

“Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.” Lucas 12,58-59

Los pecados tienen una doble dimensión, contra el hombre y contra Dios (Por eso hebreos 12,14 habla de que para ver al Señor hay que “Alcanzar la paz con todos” y aparte “la santidad”). Y en los pasajes anteriores Cristo manda a ponernos de buenas nuestros hermanos mientras vamos de camino porque de lo contrario sufriremos un castigo del que no saldremos hasta que no hayamos pagado el último centavo, cosa que denota un castigo no infinito sino finito.


jesus


¿Pero, por qué tenemos que pagar por el pecado si Cristo ya pagó?

Aquí estriba otra gran dificultad para los hermanos evangélicos entender la doctrina del purgatorio, ya que piensan que como Cristo ha pagado por nuestras culpas, decir que hay una etapa de purificación adicional es desestimar los méritos de Cristo en la Cruz.

Una cosa es el perdón del pecado y otra su consecuencia temporal que permanece y que nos puede afectar en esta vida (y en la otra en Mateo 12,32). Ejemplo de esto por ejemplo lo vemos cuando el rey David pecó cometiendo adulterio con Betsabé (esposa Urías el hitita). Aquí Dios perdona a David y le dice:

“.» David dijo a Natán: «He pecado contra Yahveh.» Respondió Natán a David: «También Yahveh perdona tu pecado; no morirás.” 2 Samuel 12,13

Más luego agrega:

“Pero por haber ultrajado a Yahveh con ese hecho, el hijo que te ha nacido morirá sin remedio.»” 2 Samuel 12,14

Alguien podría preguntarse ¿Pero no perdonó Dios a David?, la respuesta es: Si le perdonó pero la consecuencia de su pecado permaneció, que fue la muerte de su hijo, sin contar otras consecuencias adicionales:

“Pues bien, nunca se apartará la espada de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado la mujer de Urías el hitita para mujer tuya. Así habla Yahveh: Haré que de tu propia casa se alce el mal contra ti. Tomaré tus mujeres ante tus ojos y se las daré a otro que se acostará con tus mujeres a la luz de este sol.” 2 Samuel 12,10-11

Otro ejemplo lo vivimos en carne propia en el caso del pecado original, ya que aunque Cristo nos ha redimido y ha pagado plenamente la paga del pecado con su muerte en la cruz, aún así nosotros sufrimos las consecuencias de dicho pecado ya que todavía tendremos que volver al polvo, tendremos que ganar el pan con el sudor de nuestra frente, y las mujeres siguen dando a luz con dolores de parto.

El purgatorio es simplemente la etapa final de la santificación. La santificación en esta vida involucra el dolor, "porque el Señor corrige al que ama y castiga a todo aquel que recibe por hijo" y "toda corrección, en el momento de recibirla, es motivo de tristeza y no de alegría" (Hebreos 12, 6.11), sin embargo nadie dice que ese sufrimiento contradiga los sufrimientos de Cristo. De la misma manera, el sufrimiento durante la santificación final de ninguna manera contradice los sufrimientos de Cristo ni implica que sean insuficientes.

Muy por el contrario, el hecho es que el sufrimiento que experimentamos en la santificación en esta vida, es algo que recibimos a causa del sacrificio de Cristo por nosotros. Sus sufrimientos pagaron el precio para que nosotros fuéramos santificados, y pagaron el precio para toda nuestra santificación tanto la parte inicial como la final. Por eso, en primer lugar, es a causa del sacrificio de Cristo que recibamos la santificación final. Si él no hubiera sufrido, no se nos daría la santificación final (ni la glorificación a la que lleva), sino que iríamos directamente al infierno. Por lo tanto, el purgatorio no implica que los sufrimientos de Cristo fueron insuficientes; ¡más bien el hecho de que se nos dé la santificación final del purgatorio es a causa de los sufrimientos de Cristo!

vaticano


¿Y es que te vas a hacer de la vista gorda con el caso del ladrón en la cruz?

Me imaginé que para este punto, si mi hermano Daniel ha llegado hasta aquí estaría pensando precisamente esto. La verdad no he olvidado el argumento inicial “el ladrón en la cruz”.

La verdad es que este cuestionamiento solo prueba que la persona que lo hace no conoce la doctrina del purgatorio. Esta no enseña que todas las personas tengan que pasar por el purgatorio, sino solo las que no han muerto en completa santidad y no han sido completamente purificadas. Y ¿Qué mejor purificación que morir en la cruz? ¿Qué mejor garantía que la promesa de Cristo? Recordemos que él siguió padeciendo hasta el final la consecuencia de sus delitos y murió en la cruz.

Para terminar les quiero compartir un debate que mantuvo mi amigo Luis Fernando Perez, (quien fue cristiano evangélico) y quien ahora convertido al catolicismo ha tenido ocasión de defender la doctrina del purgatorio.

iglesia


Fuente: http://www.apologeticacatolica.org

Fin

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