epelpad

El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

Necrofagia populista

Necrofagia populista


La ostentosa exhumación del cadáver de Simón Bolívar, lejos de constituir expresión de fortaleza del régimen que gobierna Venezuela, aparece como una huída hacia delante y como un atajo ante sus crecientes dificultades. La desmesura del gesto no habla de su lozanía sino de acelerado desgaste.

Necrofagia populista


Nadie sospechaba que la utilización abusiva de la historia como arma política y la profundización de la “revolución bolivariana”, incluirían la exhumación ritual, la exposición pública -en cadena nacional televisiva- y la manipulación de los restos de un Bolívar redivivo.

“¡Viva Bolívar! No es un esqueleto, es el Gran Bolívar que ha vuelto”, proclamó Hugo Chávez aquella noche en la que, contemplando los huesos del Libertador, dijo sentir “su llamarada”, según explicó en su discurso de cinco horas.

Chavez


Apelando a la técnica de las dictaduras modernas, empeñadas en invertir hasta el grotesco el sentido de las palabras, el gobierno venezolano está convencido de que este acto no fue una profanación sino “un día de júbilo”, además de “un homenaje a la historia”.

“Confieso que hemos llorado, hemos jurado. Les digo: tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, pues puede sentirse su llamarada”, aseguró Chávez, en su cuenta de Twitter. Aunque es poco probable que una persona irradie llamaradas. Menos aún, 180 años después de muerta.

Chávez oró: «Padre Nuestro que estás en la tierra, en el agua y en el aire…Despiertas cada cien años, cuando despierta el pueblo… Cristo mío, mientras oraba en silencio viendo aquellos huesos, pensé en Ti. Y cómo hubiese querido que ordenaras como a Lázaro: ¡levántate Simón, que no es tiempo de morir! De inmediato recordé que Bolívar vive. Carajo. Somos su llamarada».

Venezuela

Explicó que junto al cadáver, enterrado en el Panteón de los Héroes venezolanos desde 1876, se había hallado una bota vieja, restos de la camisa que sirvió de mortaja a Bolívar y su “dentadura perfecta». El presidente venezolano anunció al país que construirá un nuevo panteón para depositar los restos de Bolívar en una urna de oro.

Conocer ‘las causas reales’ de la muerte del Libertador, es el pretexto de Chávez para ordenar esta exhumación. El presidente quiere demostrar que Bolívar no murió de tuberculosis como dice la “historia oficial”, a los 47 años, sino envenenado por enemigos. En la trama conspirativa, Chávez ve las manos del más sospechoso de ellos: Francisco de Paula Santander, reencarnado hoy en Álvaro Uribe.

“Aunque la turbulenta historia de aquel período demuestra que no hacía falta contar con extranjeros para apuñalarse por la espalda, la confirmación de la teoría conspirativa supondría la culminación del imaginario de Chávez: Bolívar asesinado por las oligarquías de Colombia y Venezuela con apoyo norteamericano”, dice Alfredo Semprún.

Los regímenes populistas usaron y abusaron de la historia escrita, reinventándola y reescribiéndola a su medida, para legitimarse y para adornar con ella su retórica. Manipularon muertos montando funerales, levantando monumentos, erigiendo altares laicos o mausoleos públicos donde venerar restos momificados.

bolivar


Pero el paso que el ritual populista no se había animado a dar, hasta ahora, era a abrir el sarcófago de un muerto, desplegando una minuciosa escenografía, iluminando el féretro con potentes reflectores, para que las cámaras desnudaran los huesos ante millones de espectadores.

Según Semprún, hasta ahora, Chávez se había contentado con la «exhumación» simbólica del patricio. Como esto no parecía suficiente, ante el agravamiento de las dificultades del país, Chávez decidió sacar literal, y espectacularmente, a Bolívar de la tumba.

Según Ernesto García Mc Gregor, de la Academia de la Historia, esta exhumación forma parte de una “campaña electoral” para ocultar los graves problemas que padece Venezuela. "Chávez quiere cambiar la historia para ser el héroe, el descubridor de la verdadera muerte de Bolívar. Chávez quiere cambiar la historia para quedar él como el gran héroe. ¿Qué importa si a Bolívar lo envenenaron con arsénico o se murió de tuberculosis? Lo que hizo ya tuvo su importancia”.

El ritual de la exhumación despertó sospechas: ¿Por qué el sarcófago se abrió después de medianoche de un día jueves? ¿Por qué las personas que estuvieron allí vestían de blanco, como en los ritos negros ocultistas de los babalawos que influyen en algunos gobernantes y dicen conocer el pasado, el presente y pueden predecir el futuro?

La “contra historia” de la que se sirven los populismos latinoamericanos, es uno de los principales componentes no sólo de su acción propagandística, sino de su justificación. La historia escrita es “arma de la política”, dice Juan José Real. Para José María Rosa es “un arma útil para la liberación”. La historia es “prisionera de la política”.

historia

Aludiendo a las técnicas de manipulación del mito, observa Ernest Cassirer que los nuevos mitos políticos son creaciones artificiales salidas de las manos de hábiles artesanos que han comprendido que el mito se fabrica “con los mismos métodos que cualquier arma moderna”.

Hacer de la historia un brazo beligerante de la política no es una originalidad de esos populismos. Sin admitirlo, ellos abrevan en las fuentes del totalitarismo convencido de que, como dice George Orwell, quien “controla el pasado controla también el futuro”, y el que “controla el presente controla el pasado”.

Algunos expertos dicen que la verdadera intención de la exhumación se relaciona con el propósito de crear una nueva figura histórica, a través de un ritual que contempla la unión de los huesos de Bolívar con los “restos simbólicos” de su amante, Manuelita Sáenz, para lograr el renacimiento de Chávez como el nuevo prócer de la historia de Venezuela.

La sesgada, simplista y maniquea versión bolivariana de Chávez suena extraña: antes que ser un factor de unidad interna y de integración latinoamericana, se presenta como un instrumento de división y reconcentrados odios al interior de Venezuela, y de confrontación ideológica con Colombia, Chile y Perú.

La incapacidad para concebir la complejidad, advierte Edgard Morin, “ha conducido a infinitas tragedias”. Según este paradigma, la política “debe” ser simplificante y maniquea. Lo es cuando se propone manipular y utilizar “las pulsiones ciegas”.

Si, como dice Morin, un pensamiento mutilante conduce a acciones mutilantes, las acciones políticas a partir de pensamientos políticos de esa naturaleza no pueden tener sino consecuencias trágicas. La guerra en los Balcanes es un ejemplo de las consecuencias de esa manipulación.

Al igual que los totalitarismos europeos de la primera mitad del siglo XX, estos populismos desoyen la invitación de Benedetto Croce a comprender el pasado "desde la serenidad de lo verdadero".

Con la exhumación de Bolívar, el revisionismo populista, al traspasar todos los límites, acaba de ingresar a lo esperpéntico. Con este hecho, la administración política de la historia entra en la faz de agudización de la enfermedad de la memoria, cuyo desenlace será la abolición de la historia.

No es suficiente ya reivindicar, apropiarse y obtener réditos con la figura de un prócer: ahora un gobernante puede erigirse, no sólo en su intérprete y en su heredero, sino también en su reencarnación perfecta.

exhumacion



Escrito por: Gregorio A. Caro Figueroa

Para: Iruya.com

Link: http://www.iruya.com/iruyart/showcase/necrofagia-populista-103357.html

1 comentario - Necrofagia populista