Hola, acá les traigo el segundo y el tercer capítulo de mi novela... antes de empezar, me gustaria mencionarles algo que me habia olvidado de aclarar en el primero. Estoy haciendo una trilogia, y ya termine de hacer la primera parte (que es esta). La trilogía se llama "los escritos de Ioleta", y cada parte se llaman: 1: "Las Crónicas de Pardillo" (esta que estoy publicando), 2: "La última crónica de los lamia" y 3: "La primera crónica de la princesa Ioleta". Ya tengo re-pensada la historia de cada una, y estoy trabajando en "La última crónica de los lamia", pero ya se que voy a relatar en cada una, y hasta estaba pensando en sacar uno adicional cortito de 10 capítulos al final llamada "Las crónicas de los Valmarinos". Tienen que leerlo para entender , y debido a la buena onda y los comentarios del primer capítulo, voy a seguir subiendo. Acá va, opinen y que lo disfruten

CAPÍTULO II: ONCE AÑOS DESPUÉS




Lotaro se sentía solo. Tan sólo como aquella vez en la que los padres los dejaron a él y a su hermano. Pardillo era el mayor. Aquella vez el tan solo tenía 4 años y Pardillo tenía 9. Su hermano lo había consolado y había cuidado de él. Si, Lotaro añoraba a Pardillo. Ahora mismo quería ir y pedirle perdón, pero no podía por que no sabía ni siquiera donde estaba. Después de once años era difícil saberlo. Pardillo Dimond, ese era su hermano. Él era Lotaro Dimond.
Lotaro contempló su puerta y toda su granja. Dunbar se había ido de allí, para ser el criado del Príncipe Valmarino, el rey de Valverde. Aquella provincia era tan importante que tenía su propio rey, a pesar de pertenecer al Reino de Ioleta. Sin embargo había mucha diferencia entre los dos monarcas. El Príncipe Valmarino era honesto, y dejaba entrar al Castillo de los Valmarinos (su castillo) a cualquier hombre o mujer, lo contrario del Príncipe Lucas.
En once años Lotaro había perdido a su hermano, sus criados Patricio y Jamal y también a sus dos peones de campo: Fabulus y Dunbar. Estaba sólo, sin hermano ni amigos, ni ayudantes ni criados.
Jamal. Ese era su mejor amigo. Lotaro recordó aquella vez en la que lo salvó de los perros de Nero (el lugarteniente del Príncipe Lucas). Patricio había desaparecido, sin dejar rastro de adónde ni porque se había ido. Jamal había muerto en manos del Príncipe Lucas. Por la misma razón que Fabulus. El ya no tenía a nadie. Todos por alguna razón se habían ido. Todos excepto uno. Pájaro Recadero. Lo habían llamado así por las noticias que traía, por todos los mensajes que traía. Pero el no era mensajero, hasta que lo convencieron de que lo sea. Así que podía verlo muy poco, como una vez al año. Su nombre real era Ruibal y su apellido era Arsénigus, pero Lotaro y otros lo habían bautizado como Pájaro Recadero. No lo conocían de otra forma.
Lotaro se acostó a dormir una siesta. Un golem se atravesó por debajo de su cama. Lotaro comenzó a recordar al hombrecillo de barro de Pájaro Recadero, Solemnio. Se parecía mucho a éste. Alguien llamó a la puerta.
Cuando Lotaro abrió la puerta reconoció esas cicatrices, el pelo negro oscuro, los ojos blancos cual círculos de papel.
- ¡Pájaro Recadero! -exclamó Lotaro con alegría-.
- ¡Pero si reconozco ese rostro mucho más que cualquier otro! ¿Cuánto tiempo ha pasado, Lotaro? -Lotaro se dio cuenta de que Pájaro Recadero quería disimular alegría, pero su rostro sin embargo no decía lo mismo-.



CAPÍTULO III: RUIBAL


Ruibal no podía ocultar su tristeza. Se dio cuenta de esto cuando a Lotaro se le remplazó esa cara de alegría por una de decepción.
- ¿Qué te pasa Pájaro Recadero, -Ruibal odiaba que lo llamaran así- porqué esa cara?
- Malas noticias amigo.
- Cuéntame -Ruibal, invitado a sentarse, negó con la cabeza y le indicó a Solemnio que volviera a su hombro. Sin vacilar, el hombrecillo de barro obedeció-.
- Es sobre Pardillo.
“Tonto, tonto y más tonto”, pensó Ruibal. No deseaba darle más tristeza de la que ya tenía a Lotaro.
- Yo tenía que ir hasta el Castillo de Io para enviarle al Príncipe Lucas un tributo de paz de parte del Príncipe Valmarino, -prosiguió explicando Ruibal a Lotaro- cuando vi en la horca un rostro familiar. En la primera estaba un viejo, en la segunda había un vagabundo y la cuarta estaba vacía, tan sólo pendía de ella un esqueleto.
- ¿Y que pasó con la tercera? -preguntó Lotaro-.
- Tu hermano, colgaba de ella -la expresión de Lotaro se tornó ausente, mirando fijamente al suelo, pero después de un rato levantó la cabeza y Ruibal contempló como se dibujaba una sonrisa en su rostro y reía débilmente-.
- Debes estar bromeando, si eso tiene que ser, tu siempre has sido así, “Ruibal el bromista” -Lotaro volvió a reír. Por primera vez lo había llamado por su nombre, aunque Ruibal presintió que también sería la última vez que lo haría-.
- ¡No estoy bromeando, Lotaro, -silabeó Ruibal- Pardillo fue ahorcado!
- ¡No es cierto! -“es más terco que una mula” pensó Ruibal-.
- Lotaro, se cuánto te duele aceptarlo, pero vine aquí por una razón, ¡Y esa razón es hacerte saber que Pardillo está muerto! ¿Por qué querría yo hacerte sentir mal sin razón alguna? -a Lotaro le saltaron las lágrimas y gritó tan alto que ni siquiera Ruibal pudo comprender su exclamación. Luego Lotaro comenzó a tirar las sillas, mesas y hasta su gaita-.

Pasaron unos momentos interminables de llanto y lloriqueo, hasta que el mensajero lo controló tomando a Lotaro por su pelo pardo.
- ¡Contrólate, Lotaro! ya han muerto uno de tus criados y uno de tus peones a manos de ese condenado Príncipe Lucas -Ruibal escupió ese nombre como si fuera una comida en mal estado- y ahora ha ahorcado a tu hermano. Además no me sorprendería que él estuviera detrás de la desaparición de Patricio -Ruibal lo soltó- ¿Cuánto tardaré yo en aparecer colgado de una de sus horcas, eh? ¿Puedes contestar a esa pregunta? -Lotaro bajó la cabeza- Eso pensé. No vine aquí solo para darte la noticia, vine a hacerte entrar en razón. Tienes que enfurecer a ese tipo y, cuando esté demasiado frustrado, atacarás. Asesinarás a ese monarca antes de que te asesine a ti. Tú eres muy habilidoso, inteligente y ágil, podrás escapar de todas sus artimañas. Le robarás todos sus tesoros para enfurecerle y se lo darás a quienes verdaderamente necesitan.
- Si, ¡Si, tienes razón Pájaro Recadero, eres un genio! -las lágrimas desaparecieron del rostro de Lotaro-.
- Si, ya lo sabía pero…
- Necesitaré un nuevo nombre, algo anónimo, que haga saber que no soy yo, algo que no me delate… ¡Ya lo tengo! Pájaro Recadero, desde a partir de ahora el nombre de Lotaro pasará al olvido, para ti y para todos, desde a partir de ahora llámame “El Hombre Secreto” -Ruibal no pudo contener la risa-.
- Si, claro. Tendrás que pensar un nuevo nombre Lotaro, no creo que vaya a funcionar mucho… oye, ¡Lo tengo! El nombre de Lotaro pasará al olvido, como tú dijiste, pero tu nombre anónimo, si es que quieres hacer memoria en tu hermano, será “Pardillo”. Nadie conocía a tu hermano, ni tampoco te conocen a ti. Te pondrás una máscara, un antifaz color pardo y usaras ropa color pardo. Así creerán que el nombre es debido al color de tu cabello, ojos, tu antifaz y tu ropa -Ruibal tomó respiración, como si hubiera estado tiempo bajo el agua-.
- Pájaro Recadero, realmente eres un genio. Tú serás el cerebro y yo seré el cuerpo, juntos seremos “La Pesadilla de la Realeza”. Me acompañarás a todas partes. Además lo haré en memoria de mi hermano -una lágrima recorrió su mejilla-.
- ¿Qué dijiste? Oh no, -Ruibal negó con la cabeza- muy lindo lo del bandido y el antifaz pero… yo no puedo acompañarte, lo harás tu solo ya que yo tengo mucho trabajo y…
- Vamos, Pájaro Recadero, -rogó Lotaro- por favor.
El mensajero vaciló un rato.
- Si, muy bien. Pero ahora hay que descansar, nos espera un largo viaje hacia nuestro destino -y dicho esto los dos se acostaron, uno en la cama y otro en un fardo de paja-.
Ruibal se sentía muy cómodo en su “cama”, a pesar de ser solo un fardo de paja. Mañana cambiarían las cosas. Los nobles gritarán y el Príncipe Lucas lamentará haber sido cruel.