Para los seguidores y para los muertos de frío e interrogantes
Para los estúpidos que no entienden lo que trato de decirme
Para los que cruelmente no leen la borra del café que se enfría
Para los que no pudimos dejar de ver cómo la vida se nos va escapando junto con la libertad...




Desde la melancolia de la yerba en el tacho de basura



El grifo soltó con toda furia
el agua de río hacia la pava,
es que garua siempre que los peces mueren
cuando caen del océano interno.

Tanto mentirte con cartas poesías,
en noche de humedad y de barro
por oscuros edificios de ascensores
con espejos en el techo
y recovecos y pasillos,
los mensajeros no entregarán más argumentos
en la terraza donde se intentan
suicidar tus héroes.

Sentir cómo cae cada gota
sin perder de vista el aroma de tu piel y de la yerba
y ver cómo la serpiente encantada
va dibujando sombras de agua desde tus manos
cuando tus labios mueven discursos imperfectos,
entre sonrisas y roces,
es vivir desde lo opuesto.

No te hartas
de fabricar escenarios nuevos
para perder de vista
tu demonio soga de seda,
y tus torpes movimientos de bailarina
con los que se divierte la sociedad
del capital con propiedad privada

Y vuelvo a verte, entre pelo negro, largo, originario,
y espejos cóncavos, reales, tetradimensionales
que magnifican todo lo que quizá puedas sentir,
desnudo,
nadando sobre tus inexistencias
(de lo que trato que incentives con tus brazadas)
oculto en el propio continente de abrazos falsos
y libre como una golondrina lela.

Es que intentan fijarte con estacas de cordura
en las habitaciones con barrotes del hospital
para que se te pase la euforia,
de verte, de verte libre,
Empapelado sólo con letras tuyas
y alimento necesario,
Criando los hijos de sus hijos
de la misma manera que vos,
Así como por intuición,
enamorándote de su corazón revolucionario
que por momentos parece tan inalcanzable.

Y el agua se te acaba,
(Las decisiones de qué está bien o mal)
y te sigo el relieve como esperando un hueso
entre fotos viejas de un ser demasiado querido
incinerándose de la bronca
recalcándote
de que todos sus días fueron iguales;
nada valdrá la pena así, ni diferente,
pero tus hombros se acurrucan y tus voces
te despiden fantasmas que desvelan
y cuelgan en tu pelo
tus dos piernas corriendo,
en reversa.