palabras de un hijo a su padre
-No me des todo lo que pido. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger.

-No me grites. Te respeto menos cuando lo haces; y me enseñas a gritar a mí también. Y yo no quiero hacerlo.

-No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

-Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo, pero también si es un castigo.

-No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mi hermana. Si tú me haces sentir mejor que los demás, alguien va a sufrir y si me haces sentir peor que los demás, seré yo quien sufra.

-No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide y mantén esa decisión.

-Dé jame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.

-No digas mentiras delante de mí, no me pidas que lo haga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentirme mal y perder la fe en lo que me dices.

-Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga el por qué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé.

-Cuando estás equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti, y así me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.

-Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos. Porque seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.

-No me digas que haga una cosa cuando tú no la haces. Yo aprenderé lo que tú hagas, aunque no lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

-Cuando te cuente un problema mío, no me digas "no tengo tiempo para bobadas", o "eso no tiene importancia". Trata de comprenderme y ayudarme.

-Y sobre todo , quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírte lo decir, aunque no creas necesario decírmelo.

poemas
Mi mejor regalo

Mi mejor regalo,
no fueron rosas arregladas en mi cumpleaños,
no fue una canción que provocara mi llanto,
no fue una poesía con hermosos versos,
no fue una cena romántica a la luz de las velas.

Mi mejor regalo,
no fue un paseo por la luna,
no fue una estrella del cielo,
no fue un arco iris con sus nubes,
no fue el rastro de un cometa.

No fueron mis ojos, no fueron mis manos,
no fueron los labios con los que te regalo un beso,
no fueron mis oídos, no fueron mis sentidos,
y aunque todo esto agradezco,
mi mejor regalo no fue eso…

El mejor regalo que he recibido
es este ángel del cielo que llamo mi hija,
la rosa más bella, la mejor estrella,
la canción y poesía
que le da sentido a mi vida.

Que me lleva a la luna
para alumbrar sus noches,
que pinta mi vida de colores,
que llena mis ojos,
que derrite mis manos,
y que toca mi corazón
suavemente con su amor.

Mi regalo eres tú…
Mi hija bella.



Siempre pienso en ti

Aunque no esté a tu lado,
aunque parezca que me he quedado callado
y que no nacen palabras para tí,
no es así, yo siempre pienso en tí.

Aunque hace mucho que no te he visto,
a recordarte cada segundo insisto,
y quisiera ver mis mañanas
adornadas con tu sonrisa de princesa.

Niña cariñosa, que opacas con tu belleza a las rosas,
y que las haces hermosas si tan solo las tocas,
que provocas mi alegría con tu mirada,
y de esa forma alejar la tristeza que en mí ocasiona
estar separado de tí.

Siempre pienso en tí,
niña que visitas cada noche mis sueños,
que son tan reales, pero que duran tan poco,
porque quisiera que los minutos se detuvieran,
y poder así pasar mucho tiempo sin que nadie interrumpiera.

En este día, quisiera darte un regalo,
algo único, que solo tu tuvieras,
bien sabes que tienes mi vida entera,
mi presente, mi futuro, mi pasado,

quiero darte de nuevo mi corazón,
que sepas que tu eres la razón
por la que cada día me levanto y lucho,
deseando poderte ver
y entre mis brazos decirte que todo mi ser
te dice que te quiere.

Aunque no esté a tu lado,
no me he quedado callado,
porque si así fuera hasta las piedras hablarían
y al oído te dirían:
Mi niña, siempre pienso en ti.

reflexiones

Papá , ¿cuánto ganas?
La noche había caído ya. Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos por no quedarse dormido; el motivo bien valía la pena: estaba esperando a su papá.
Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente, cuando se abrió la puerta; el niño se
incorporó como impulsado por un resorte, y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto:
-Papi, ¿cuánto ganas por hora? –dijo con ojos muy abiertos.
El padre, molesto y cansado, fue tajante en su respuesta:
-Mira hijo, eso ni siquiera tu madre lo sabe, no me molestes y vuelve a dormir, que ya es muy tarde.
-Si papi, sólo dime, ¿cuánto te pagan por una hora de trabajo? –reiteró suplicante el niño.
Contrariado, el padre apenas abrió la boca para decir:
-Ochocientos pesos.
-Papi, ¿me podrías prestar cuatrocientos pesos? –preguntó el pequeño.
El padre se enfureció, tomó al pequeño del brazo y en tono brusco le dijo:
-Así es que para eso querías saber cuánto gano, ¿no?. Vete a dormir y no sigas fastidiando, muchacho..
El niño se alejó tímidamente y el padre, al meditar lo sucedido, comenzó a sentirse culpable: "Tal vez necesita algo", pensó, y queriendo descargar su conciencia se asomó al cuarto de su hijo y con voz suave le preguntó:
-¿Duermes hijo?
-Dime papi, respondió él entre sueños.
-Aquí tienes el dinero que me pediste.
-Gracias papi –susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada, de donde sacó unos billetes arrugados-. ¡Ya completé! –gritó jubiloso-.
Tengo, ochocientos pesos..., ahora papá:
¿ME PODRÍAS VENDER UNA HORA DE TU TIEMPO?

Las cuatro velas



Cuatro Velas se estaban consumiendo lentamente

El ambiente estaba tan silencioso que se podía oír el diálogo entre ellas.

La primera dijo:

-¡Yo Soy la Paz! A pesar de mi Luz, las personas no consiguen mantenerme encendida.
Y disminuyendo su llama, se apagó totalmente.


La segunda dijo:

-¡Yo me llamo Fe! Infelizmente soy superflua para las personas, porque ellas no quieren saber de Dios, por eso no tiene sentido continuar quemándome.
Al terminar sus palabras, un viento se abatió sobre ella, y esta se apagó.


En voz baja y triste la tercera vela se manifestó:

¡Yo Soy el Amor! No tengo mas fuerzas que quemar. Las personas me dejan de lado porque solo consiguen manifestarme para ellas mismas; se olvidan hasta de aquéllos que están a su alrededor.
Y también se apagó.


De repente entró una niña y vio las tres velas apagadas.
-¿Qué es esto? Ustedes deben estar encendidas y consumirse hasta el final.

Entonces la cuarta vela, habló:
-No tengas miedo, niña, en cuanto yo esté encendida, podemos encender las otras velas.


Entonces la niña tomó la vela de la Esperanza y encendió nuevamente las que estaban apagadas.


¡Que la vela de la Esperanza nunca se apague dentro de nosotros!


hijos