Alejandro Dolina (Cuentos Cortos)


Alejandro Dolina: Cuento corto

"El hombre que va a menos (boceto de una vida completa)"
El protagonista ha nacido con una dotación formidable. Es inteligente, valeroso, viril y apuesto.
Sin embargo, durante toda su vida disimulara estas cualidades, tal vez por no apabullar a los demás.
Fracasara en sus estudios por fingir desconocimiento, aun poseyendo erudición.
Renunciara a esplendidas mujeres y se casara con una verdadera bruja.
Retrocederá ante rivales que en realidad desprecia.
Cometerá injusticias para no sentir la soberbia de ser bondadoso. Se rodeara de amigos miserables y les hará el homenaje de parecerse a ellos.
Tendrá gustos exquisitos, pero los negara para mentir regocijo ante las cosas mas despreciables.
Una noche sentirá venir la muerte y no tendrá miedo, pero gemirá como un maula.
Jamás recibirá recompensa ninguna en este mundo, y tal vez tampoco en el otro.

El duelo o la refutación del horóscopo
Los dos hombres nacen el mismo día, a la misma hora.
Sus vidas no se cruzan hasta que son enamorados por la misma mujer.
Entonces se encuentran y pelean por ella. Uno de ellos obtiene la victoria y el amor. Al otro le corresponde el dolor, la humillación y quizá la muerte. Los astrólogos han previsto ese día el mismo horóscopo para los dos. Tal vez son erróneos los vaticinios.
O tal vez se equivoca uno al pensar que el amor y la muerte son destinos distintos.

Los deberes de Pedro
Pedro se sienta en los últimos bancos del aula, como corresponde a un chico que desdeña la educación y la vecindad de los poderosos. Las conspiraciones y los batifondos nunca lo hallan ajeno. Busca el riesgo de las transgresiones y la compañía de los mas beligerantes. A veces lo tientan el estudio y la inteligencia.
Entonces, como quien acepta un desafío, como una compadrada, resuelve arduos problemas de regla de tres y cumple los dictados sin tropiezos.
Un día, la maestra le acaricia el pelo tiernamente. El piensa:
-Ay, señorita... Si supiera como me gustaría regalarle una flor y darle un beso.
Pero Pedro sabe quien es y conoce su deber y su destino. Con una gambeta se aleja del afecto inoportuno y va a buscar la gloria allá en el fondo, donde los malandras se empeñan revoleando los tinteros para que se cumpla mejor el divino propósito del Universo.

El hombre que pedía demasiado
Satanás: Que pides a cambio de tu alma?
Hombre: Exijo riquezas, posesiones, honores, distinciones... Y también juventud, poder, fuerza, salud... Exijo sabiduría, genio, prudencia... Y también renombre, fama, gloria y buena suerte... Y amores, placeres, sensaciones... Me darás todo eso?
Satanás: No te daré nada.
Hombre: Entonces no tendrás mi alma.
Satanás: Tu alma ya es mía. (Desaparece).

La calle del bien y del mal
Como bien lo sabemos, la cuadra del Ángel Gris esta en la calle Artigas entre Bogota y Bacacay. Sucede allí algo muy particular: en una de las veredas no es posible ser bueno. En la otra es imposible ser malo.
Una noche pase con una muchacha rubia por la vereda oeste. La arrincone en un umbral oscuro, la bese con pasión y logre poseerla allí mismo.
Después cruzamos la calle. Y mientras caminábamos por la vereda oriental, le pedí que me olvidara y la abandone para siempre.
En la cuadra del Ángel Gris hay dos veredas. En una no es posible ser bueno, en la otra no se puede ser malo. Aun no tengo decidido cual es cual.

Historia del que espero siete años
Jorge Allen, el poeta, amaba a una joven pechugona de los barrios hostiles.
Según supo después, alcanzo a ser feliz. Una noche de junio, la chica resolvió
abandonarlo.
- No te quiero mas - le dijo.
Allen cometió entonces los peores pecados de su vida; suplico, se humillo, escribió versos horrorosos y lloro en los rincones.
La pechugona se mantuvo firme y rubrico la maniobra entreverándose con un deportista reluciente.
El poeta recobro la dignidad y empleo su tiempo en amar sin esperanzas y en recordar el pasado. Su alma se retemplo en el sufrimiento y se hizo cada vez mas sabio y bondadoso. Muchas veces soñó con el regreso de la muchacha, aunque tuvo el buen tino de no esperar que tal sueño se cumpliera.
Mas tarde supo que jamás habría en su vida algo mejor que aquel amor imposible.
Sin embargo, una noche de verano, siete años y siete meses después de su
pronunciamiento, la pechugona apareció de nuevo.
Las lagrimas le corrían por el escote cuando le confeso al poeta:
- Otra vez te quiero.
Allen nunca pudo contar con claridad lo que sintió en aquellas horas.
El caso es que volvió a su casa vacío y desengañado. Quiso llorar y no pudo.
Nunca mas volvió a ver a la pechugona. Y lo que es peor, nunca mas, nunca mas volvió a pensar en ella ni a soñar su regreso.