La edad de oro del cine argentino (1930/1950)

Hacia finales de la década de 1920, la Argentina había tenido un desarrollo cinematográfico tan rápido y marcado que era el principal exportador de cine de Latinoamérica, únicamente rivalizado por México. Con la depresión de los años 30, el país se vio obligado a reemplazar los insumos y maquinarias traídas del exterior, dando lugar al auge de la industria cinematográfica nacional. Impulsadas por esta situación, una tras otra fueron apareciendo las grandes productoras, que generaban películas en forma ininterrumpida. Tal vez el ejemplo más claro es el de Angel Mentasti, quien organizó industrialmente su negocio mediante la producción en serie de películas para obtener mejores condiciones de exhibición: si una película fracasaba, tenía lista la siguiente para compensar. Al mismo tiempo, se levantaron los gigantescos estudios Lumiton, emulando a sus pares de Hollywood como sitio de filmación.

Fue Ferreyra quien, en 1931, tuvo el mérito de estrenar el primer filme argentino con sonido: “Muñequitas porteñas”. A éste le siguió el notable éxito de “Tango”, de Moglia Barth (1933), que reportó cuantiosas ganancias a Mentasti. El crecimiento fue vertiginoso: mientras que en 1932 se estrenaron apenas dos filmes, para 1939 la cifra había crecido a 50. El historiador del cine Octavio Getino sostiene que las razones de este éxito se deben a la existencia previa de una experiencia industrial, técnica y comercial en el país, que se sumaron a las temáticas dirigidas a la sensibilidad popular, que lograron ganarse el favor de las masas de trabajadores urbanos recién llegados del interior o provenientes de la inmigración europea.


La edad de oro del cine argentino (1930/1950)Primer película con sonido en la Argentina.






La década de los años 30 nos otorga importantes ejemplos del cine como respuesta a la realidad social. Conviviendo con una producción destinada al consumo de las clases medias y altas, caracterizada por comedias livianas, protagonistas ingenuas y escenarios fastuosos –el llamado “cine de teléfonos blancos”‐; encontramos a realizadores preocupados por los valores populares y la identidad nacional. A esta línea perteneció el gran Mario Soffici, la principal figura de este período. Su afán de indagar en temas nacionales puede verse en obras como “Viento del norte” (1937), drama sobre los conflictos de la vida en el campo, “Kilómetro 111” (1938), sobre la explotación rural en el marco del manejo extranjero de los ferrocarriles nacionales, y “Prisioneros de la tierra” (1939), abierta denuncia de la explotación en los yerbatales de Misiones. Soffici incluso se atrevió a denunciar el fraude electoral, nefasto protagonista de la “década infame”, en películas como “Ya tiene comisario el pueblo” (1936) y “Héroes sin fama” (1940).


ARTE.


Como la otra cara de la misma moneda, y en respuesta a las temáticas rurales de Soffici, encontramos el cine de Leopoldo Torres Ríos, dedicado básicamente a la vida urbana y su problemática. Su filme más destacado de esta etapa fue “La vuelta al nido”, de 1938. Por último, “La guerra gaucha”, de Lucas Demare, fue la primera obra épica sobre episodios de la historia nacional. Para el investigador y periodista Eduardo Kimel: “‘La guerra gaucha’ define en sí misma una serie de cualidades que no podía proveer otro cine que no fuera argentino: escrita por un argentino, la geografía es argentina, el director es argentino, la historia es un tema argentino. No es casual su éxito”.


Argentina


Otro de los cineastas que se preocuparon por la identidad nacional y la problemática cotidiana del argentino medio fue Manuel Romero. Para Kimel, las obras de este director mostraron problemas concretos de la vida cotidiana y construyeron arquetipos totalmente realistas. Esto se ve, por ejemplo, en el amplio espacio que el cineasta otorgó a la nueva mujer, aquella que en los 40 se integraba al mundo laboral y adquiría nuevos derechos.


1942 marcó el punto más alto de la historia del cine argentino a nivel producción. Hacia ese año, funcionaban en el país cerca de 30 estudios, que daban trabajo a más de cuatro mil personas, y los 56 filmes realizados marcaron un hito que no volvería a ser alcanzado. Hacia mediados de los años 40 se produjeron en el país importantes convulsiones sociales. La llegada de Perón al poder permitió que grandes sectores populares adquirieran por primera vez en la historia protagonismo en la vida política nacional y que la “Argentina invisible” –según las palabras de Leopoldo Marechal‐ hiciera su irrupción en el escenario social. Este fenómeno generó en muchos casos el rechazo de las clases medias y altas y una oposición política irreductible, que negó sistemáticamente legitimidad al régimen gobernante.


Así, pese a que existió un cine propagandístico, destinado a difundir la obra peronista, la producción comercial buscó mantener el favor de las clases pudientes, dando lugar a la proliferación del “cine de teléfonos blancos”, en las sofisticadas películas de realizadores como Francisco Mugica u otros directores dedicados a la comedia ligera. De más está decir que no hay en estas películas “descamisados” ni “cabecitas negras” (calificativos con los que se denominó a los trabajadores peronistas).


En franca oposición a esta tendencia encontramos a “Las aguas bajan turbias” (1952), la principal obra de Hugo Del Carril, uno de los pocos cineastas que explicitó su militancia peronista. Con su profunda crítica social y su denuncia de la explotación de los trabajadores, la película es heredera de la tradición de Soffici. Sobre ella, Kimel dirá que “describía una situación de explotación abrumadora y mostraba la rebelión frente a esa explotación. Fue percibida por el colectivo social como una síntesis de una situación que le había pasado al país y de la cual estaba saliendo, la de los trabajadores”.
A su vez, el proteccionismo gubernamental, que obligaba a la exhibición de películas nacionales en todos los cines del país, permitió a la industria mantener elevados niveles de producción. Sin embargo, tras el derrocamiento de Perón se eliminaron las disposiciones proteccionistas y comenzó el ingreso en torrente de filmes extranjeros. El impacto en la industria local fue inmediato: en 1956 se filmaron sólo 12 películas, a la vez que creció la cantidad de extranjeras, que alcanzaron en 1957, la nunca antes vista cifra de 697 estrenos.






Cine




De este modo se cerraban dos décadas en las que la población argentina se inclinó en masa por las películas nacionales. Como había ocurrido en forma incipiente con Yrigoyen, pero ahora consolidado con Perón, un gran sector de la población –básicamente los estratos obreros y populares‐ concurría al cine para encontrar reflejos de su realidad cotidiana. Pero a mediados de los 50 se abriría una nueva etapa: el cine de las dictaduras y el declive de la producción nacional.





Bueno, este post lo cree con el fin de que todos sepan que el cine argentino no es tan malo como se dice, tuvo su epoca de gloria, y se puede llegar a dar nuevamente, eso espero, asi crece nuestra cultura.
Comenten si les gusto, gracias por pasar.


Saludos

24 comentarios - La edad de oro del cine argentino (1930/1950)

@osorojo011 +1
Muy bueno, me sirve esta info
@MattSynest +1
Pide y te sera dado!
jaja, te dejo 10 y lo recomiendo, suerte
@zxio +1
porque no?
@AngeloZommbie +1
Excelente post.
Que mal que no tenga puntos ahora.
Mañana te los doy por seguro
Reco +1
@jatbXX7
bueno ahi t dejo los q t faltan para nfu
no hagas spam por MP porq t pueden denunciar
@Bocablo +3
"El cine argentino no es tan malo"?? El cine argentino es muy bueno, y lo de la edad de oro... es subjetivo... en los 70, 80, hubo grandes peliculas tambien, y hace unos 15 años que estan saliendo muchos directores nuevos con peliculas buenisimas.
@FrancoMazzoni13
Gracias a vos Pase de año espero que sigas haciendo Tan buenos post Chauu