Adicción

Me siento como un cocainómano
que no ha probado una dosis de sus labios,
y aunque no ha pasado mucho tiempo
a mi me parecen como mil años.

Siento frío, sudo sin hacer nada,
solo con el simple hecho de pensar en ella,
todo se paraliza en mi cuerpo,
mi mente no puede escapar de esa prisión de letras
donde está tatuado su nombre en cada centímetro.

Quisiera volver a probar sus besos,
aunque fuera una sola vez,
una sola dosis más de su cuerpo,
una dosis fatal que acabe con mi sufrimiento.

Todo es un caos sin su figura frente a mi,
sin el rose de sus manos recorriendo mi pecho,
me siento tan desnudo ante todo sin ella,
ella…

Maldito frío incesante, los huesos me duelen,
y a pesar de eso estoy sudando.

Quisiera saltar de un edificio y así acabar con todo,
con mis pensamientos, con mis sentimientos,
dejar de existir para siempre,
pero aun así soy demasiado cobarde para ello,
simplemente no me atrevo.

Daría todo lo que poseo por tenerla una vez más
por hacerle el amor con frenesí, durante horas,
daría lo que fuera por morir entre sus brazos,
en una inhalación del aroma de su exquisito sexo.

Maldita sea, sigo sudando
como si ya estuviera quemándome en el infierno
y ni siquiera he muerto aún.

Las manos me tiemblan y no puedo detenerlas,
no he podido desde hace unas semanas,
cuando su amor me abandonó
se llevó consigo mi salud y mi cordura.

Del hombre que llegué a ser
ya solo queda un pobre despojo harapiento.

Malditas adicciones,
solo quisiera una dosis más,
solo una dosis de muerte.


Raúl G.B.