se trata de un conjunto de obras de Boris Vasilyevich Smirnov (1881-1954), un artista y pintor ruso. Esta colección se compone de noventa y nueve obras gráficas. El artista creó estos dibujos y acuarelas en 1904, cuando fue deportado a lo largo de la Gran Carretera de Siberia. La colección fue adquirida por el museo en 1950.
Durante muchos años su obra paso desapercibida. A lo que parece fue exiliado a Siberia como parte del contingente de reclutas que se negaron a incorporarse al servicio militar a finales del siglo XIX y principios del XX tras la histórica quema de armas previa al primer intento de derrocamiento del Zar en 1905 y que terminaría con el imperio Zarista en 1917.






























































Es necesario tener en cuenta que la inmigración a gran escala a Siberia sólo comenzó a mediados del siglo XIX y creció espectacularmente durante las últimas décadas del gobierno zarista. Esta oleada fue estimulada por el exceso de población en algunas regiones de la Rusia europea, la abolición de la servidumbre en 1861 y la construcción de la línea ferroviaria del Transiberiano, desde 1891 a los primeros años del siglo XX, que facilitó en gran parte el transporte y las comunicaciones. El exilio a Siberia como castigo a criminales y disidentes políticos se aceleró con el auge del movimiento revolucionario ruso en el siglo XX.

Entre 1900 y 1910 aproximadamente fueron construidas muchas carreteras para promover la colonización de las regiones de la taiga de Siberia, generalmente enlazando la línea principal del ferrocarril Transiberiano con ríos navegables y centros comerciales e industriales, toda esta obra fue mayoritariamente efectuada por presos políticos a cargo de la Administración de Reasentamiento.

Los dibujos y acuarelas efectuados por Smirnov durante su “peregrinación”, son casi bocetos a vuela pluma, pero el artista consigue con sus dibujos reflejar la experiencia que vivió, de forma en mi opinión magistral, observen la expresión de los ojos en los retratos de los presos y colonos (por obligación en general), con esa mirada de una cierta tristeza y resignación, podríamos decir “que reflejan el alma”. Los paisajes de la taiga siberiana están impregnados de la inmensa desolación de aquella zona del planeta. Recuerden que estamos hablando de una región que va desde los montes Urales hasta el río Amur extendiéndose 7 mil kilómetros de Oeste a Este y 3,5 mil kilómetros de Norte a Sur, eso es Siberia. Y ahora imagínensela en 1904 y se podrán hacer una idea de la fuerza moral del artista para efectuar su obra en aquellas durísimas condiciones.