Océano de pis




La acción arruina el intento. El futuro en tacos altos y el pasado sigue siendo cemento fresco. Huellas en el camino, resbalando, siendo llevadas por el viento.

Pulmones negros y marchitos. Te miro y me seco. Estoy áspera, vacía. Aquí no hay nada, el silencio es tan fuerte que me arranca los dientes. Te miro, tu reflejo en mis lentes de sol y es de noche.

No puedo ver. Por primera vez en mucho tiempo siento ganas de llorar y ahora que lo deseo no puedo. Es una mierda. Las luces me vuelven loca y mi estómago es un secarropa. Las náuseas, invadiéndome como un estúpido inglés, pretendiendo ganarme. Soy capaz, la porquería no va a salir.

Aquí, no estoy. No ahora, ni nunca.. Petrificada, cautivada con la verdad. Soy una grieta en el espejo, una segunda cara que nunca nadie usaría. O tal vez algo más permanente, una herida así como un océano. Corriendo bajo la piel.

Como me atrevo a ser tan arrogante. Lo suficiente para pensar que mi deseo tiene algún peso cuando es medido en una balanza tan infinita. Como podría siquiera seguir existiendo luego de tal pecado como el de la esperanza.

La esperanza mata, es ciega. Se parece al amor. Uno cree que si pone todo sobre eso va a mejorar, darte la felicidad, la compañía. Lo que sea que pretendemos que nos del amor o la esperanza. Ambos son mentiras inyectadas.

Un bloque duro de carne para digerir. Cuanto más lo mastico más duro es de tragar. Solia ser tan hambrienta, tan vorazmente joven. Un conejo coqueteando con los galgos. No soy capaz de pensar en ser atrapada.

Soy una sirena confinada en un océano de pis. No, no puedo ahogarme. Pero desearía que pudiera, solo un momento. Una vida en segundos.