El colibrí, la flor y la abeja (Cuento)

El Colibrí, la flor y la abeja

Y era se una noche donde la luna salio corriendo con la llegada del Sol.
-Vienes a verme, tierra
-Vengo y me voy, cuando quiera.

Un jardín, colmado de flores, y maleza. Pero una flor en especial, le atormentaba la cabeza, a Colibrí, que volaba indiferente entre la otra muchedumbre de pájaros sistematizados, el día se le puso de rosa, los colibríes, en estas épocas del año salen en busca de las flores, y bueno justamente, estamos en ese mes.
Cuenta, que esa flor, una flor de negros pétalos, no era una flor normal.
Es más seducía a todos los pájaros, cuando ellos se le asomaban y se ponían a cantar.
Suponía ser única, en ese jardín de fértiles tierras. Y no, no era así, por lo que se ve.
Los pájaros cuando les suda, se marchan sin ninguna duda. Y ella le costaba olvidarse, y le gustaba la amargura, e aquí, el sabor de aquella flor: Amargo, como un vaso de cerveza, tan refrescante, tan esbelta. Llegó primavera, y con ella, el olor a parejas de la mano, a besos de tierra mojada.
Colibrí, era joven, inexperto, en el campo de la fecundación. No hace mucho tiempo, todavía colgaba de la rama del árbol que le vio crecer. Aprendió a volar, y para que…
Un día, a una hora, el sol asfixiaba en el jardín de aquella flor, tan hermosa. Y Colibrí, que andaba volando ocasionalmente por ahí, escucho el susurro de la estela del olor de aquella flor: <<Vente conmigo>>. <<Pues claro, ha eso he venido>>. Se le acerco, le miró fijamente a sus adentros (Donde reside el néctar). Ya se saboreaba, ya le podía sentir el placer. Como si millones de manos lo estuvieran acosando, en la oscuridad de la noche, en un invierno.
Y susurrando le dijo:
-<<Te quiero, yo quiero de tu amorío>>.
Y la flor, como todas las flores, puta.
Sí a ellas les gusta, sentirse seducidas por los pájaros, por el Sol, y por el viento lento que corre, las despeina, y las deja plenas.
-<<Pues, ven>>
Solo procura, no perder la cabeza, en cuanto metas tu pico en mi néctar.
Recuerda, nadie quiere invierno después de primavera.
Y así colibrí sucumbió de la flor el néctar.
“Callaron todos los relojes, la tierra se derrumbaba desbocada, y sus alas no paraban de pantallear”.
Era el, la flor y la abeja.
Por cierto, en ese jardín abundaban las abejas, y ellas también son de esas que se vuelven locos por el néctar.
Pero, de entre tantos panales, había solo una que a colibrí le interesa.
Y a la flor, ni preguntarle, amaba el zumbido de esta, cuando estaba cerca.
“Ella fue mía, y será mía, los pájaros solo pueden verles de primavera, en cambio, si hay lluvia, o si el viento marea, yo igual puedo asolarla y beber de su néctar”.
Yo, siempre la tendré más cerca.
Y volvemos dentro la cabeza de Colibrí: Solo le quedaba volársela, y marcharse por dentro de ella.
Y después de ese encuentro:
Colibrí volvió a ser un pájaro carroñero.
Ya no le importaban las flores, ya le había quedado el amargo sabor de aquella que era negra.
Su néctar, le voló la cabeza. Y él a saber de la imposibilidad de hacerse de ella.
Prefirió volar solo, total, un pájaro ni siquiera piensa. Solo vive de los instintos y de la naturaleza.
No tiene recuerdos, son solo olvidos.
Y el olvidó, de a poco lo deja, anclado en los pétalos de las flores que saborea.

Fuentes de Información - El colibrí, la flor y la abeja (Cuento)

El contenido del post es de mi autoría, y/o, es un recopilación de distintas fuentes.

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