Generalmente ocurre que cuando una persona desaparece de nuestras vidas, o se va lejos, (incluso a lugares tan lejanos que ni siquiera sabemos dónde quedan o si realmente existen), comenzamos a recordarla y a extrañarla muy a pesar de como haya sido su paso por nuestras existencias.



Mas allá de enojos, peleas, distancias, y desencuentros, (dicen) que el tiempo cura y sana heridas.
Pensamos en que algún día volverá y no faltara ocasión para un reencuentro. Y de no ser así, generalmente su recuerdo se escurre por las grietas de alguna anécdota o vivencia, sin que nuestro cerebro lo registre.



¿Pero qué ocurre cuando sabemos que esa persona nunca va a volver? que ese lugar tan lejano, pasa a ser inalcanzable, y que si alguna vez llegamos a él es porque ya en este mundo hemos cumplido nuestra tarea. ¿Qué hacer con todos esos recuerdos, esas anécdotas? ¿Qué hacer con esa historia compartida? ¿Donde guardar tantas palabras que esperábamos algún día decir? ¿Tantos abrazos a la espera de otros brazos? ¿Tantas miradas cómplices que reflejen un "te extrañé" y "acá estoy"?.



A veces la vida no nos da segundas oportunidades. Censura esos bises que exigimos y anula esas vueltas que necesitamos. Dejando un sabor amargo en la boca y un poco mas de vacío en el corazón.
Y lamentablemente aprendemos a conformarnos con que esa persona que ya no está, vuelva a escurrirse en algún recuerdo fortuito, para volver a extrañarla y así reiniciar el recurrente y agrio proceso de la memoria.




Así, persiguiendo sonrisas de payasos con lágrimas pintadas, entre tanto tono sepia, merezco y aporto mi cuota de color y dejo sentada la idea de que a pesar de tanto gris podemos soñar acuarelas. hoy es siempre todavía y toda la vida es ahora, y mientras el libreto nos llena de escenas, debemos actuar. Sufrir las ausencias es válido, pero más lo es vivir las presencias. Esas que están y que por el solo hecho de estar a veces obviamos en una distancia más lejana y dolorosa que cualquier viaje. ¿Para qué esperar a esa despedida con vicios de reencuentro? ¿Para qué extrañar cuando puedo disfrutar? ¿Por qué esperar?... si hoy te tengo acá.




Muchas personas parecen aguardar una distancia para añorar algún recuerdo, mientras por sus narices desfilan como fantasmas los que "hoy están". Aprendamos a verlos, a valorarlos, a disfrutarlos, para que el día que emprendan ese viaje obligado no queden cuentas pendientes... sino "recuerdos vivientes".




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