Apoyada en tu regazo, me quedé atontada por esa encantadora sonrisa. Cada vaivén de tus labios asoma fantásticos arcoíris que nacen y mueren en mi alma. No sé qué haría sin ti, la luz que proporcionas se transformaría en penumbras y el día caería de una manera estrepitosa y sin contemplaciones viviría un invierno eterno. No me dejes nunca, sigamos el sendero que hallamos con tantas dificultades. Mi espíritu jovial se encadenó a tu ser, y ambos ruegan sentir y vivir más allá de este mundo. Los dos poseemos la llave para abrir este candado ilusorio, hace tiempo tomé la decisión, y con una fuerza sedienta de deseo la arrojé al océano. Ahora es tu momento, recuerda que tienes una oportunidad, no la desperdicies, solo sabrás que te amo de aquí a la eternidad.



GRACIAS