-Doctor Jiménez los pacientes de las camas 1, 4, 6, 9 y 12 de emergencias acaban de fallecer.
-Eso no puede ser. En la tarde solo tenían fiebre… no entiendo.
-Si doctor pero de un momento a otro comenzaron a convulsionar, a vomitar y todos sus signos vitales se detuvieron de un momento a otro, sin el menor aviso.
-Esa maldita enfermedad nos tiene de cabeza, ayer recibí una llamada de un colega en Estados Unidos y me dice que están igual que aquí, que están abriendo lugares específicos para todos los infectados que llegan con esta enfermedad ya que los hospitales están llenos de tanta gente infectada que no pueden con ellos, pero hay algo que me consterna, también me conto que los cuerpos de algunas personas que murieron, no se encontraron.
-¿A qué se refiere con eso de que no se encuentran los cuerpos?
-No lo sé, no me dio detalles de la cosa que me dijo pero esto es muy extraño, esta enfermedad se propago muy rápido, ni siquiera nos dio tiempo de prepararnos vaya ni siquiera hay avances en los estudios realizados, a veces pienso que ni siquiera se está respetando el convenio que tenemos con algunos hospitales para averiguar de qué se trata toda esta enfermedad. Pero hay algo mas, hay algo que están ocultando, todo ese caos y presencia militar en las calles no es normal y menos en los hospitales. Señorita tenga cuidado esto no es normal.
-¡Doctor, tiene que ver esto! es…es impresionante.


Las noches en este lugar son un infierno, ni siquiera tengo tiempo de salir a fumarme un cigarro. No he podido dormir desde que todo esto comenzó, no me siento bien conmigo al saber que no puedo hacer nada por esa gente que muere por una enfermedad que ni siquiera conocíamos, más bien que ni siquiera conocemos aun.
No hay señales de avances en las investigaciones de los demás hospitales vaya ni este ha tenido formidables avances. No he sabido nada del doctor Jiménez desde hace tres semanas, no he recibido ni una llamada de él y con el mundo vuelto loco la situación es más preocupante. Todo esto también me causa risa ya que no he dejado de escuchar distintas versiones que rayan en lo absurdo, los religiosos dicen que esto es como el diluvio, pero que esta vez en lugar de la lluvia que duraría cuarenta días, Dios nos mando una enfermedad que tal vez dure para siempre. Los escépticos piensan que solo es una enfermedad provocada por algún animal como lo es la gripe aviar. También se encuentran los que dicen que lo que está pasando es debido a algún gobierno que dejo escapar a propósito algún virus mutado, pero la más loca de todas las que he escuchado es la teoría de los que creen que existe vida extraterrestre ya que según ellos es el comienzo de la dominación mundial, es por eso que solo se infectan algunos.
Al revisar a algunos pacientes, lo que más de desconcierta son las marcas de mordiscos que traen en sus cuerpos, no sé si se deba a la transmisión de la enfermedad, pero, ¿Por qué un enfermo mordería a la gente? Es incomprensible, no entiendo la complejidad de esta enfermedad, no hay nada relacionado en ninguna parte, ni siquiera en los anales de la historia.
Lo más desconcertante de todo esto es el primer paciente, el doctor Noriega insistió en que lo mantuviéramos en este hospital, su familia aun pregunta por él y no podemos darles más largas, nos estamos arriesgando a que la familia entable una demanda por negarles la visita para con su familiar. Lo tenemos cerca del sótano del hospital, no entiendo para que el doctor Noriega lo quiere tal vez debimos deshacernos de él, tal vez el comportamiento del paciente fue lo que atrajo la atención de los doctores, nunca en mi vida había tenido que hacer esto, pero tenemos una corazonada que no se trata de nada bueno, desde hace mas de una semana que los signos vitales del hombre se detuvieron excepto el cerebro, es como si el cerebro siguiera funcionando pero de una manera un tanto retrograda ya que solo se hace latente una hostilidad, misma que crece solo cuando entramos a el cuarto ¿Cómo puede seguir vivo sin el corazón funcionando?
Unos leves golpes me sacan de mis pensamientos – doctor hay alguien que quiere verlo, ¿lo hago pasar?- era una de las enfermeras en turno, las pobres no han tenido tiempo de descansar – ¿Quién es?- al preguntarle, la enfermera solo se encogió de hombros- hágalo pasar por favor- no conocía al hombre en lo más mínimo y creo que él tampoco a mí. Aquel hombre caminaba envuelto en una gran confianza.
-Doctor Reyes mucho gusto, conocí al doctor Jiménez antes de que esto se saliera de control. Mi nombre es Esteban Mora- mientras me decía esto estiraba una de sus manos para saludarme.
-¿Como me conoce y quien le dijo en donde encontrarme?
-Mire doctor Reyes, no tiene de que preocuparse, el doctor Jiménez me dio instrucciones muy claras antes de morir y…
-¿disculpe?
-¿Acaso no sabía de la muerte del doctor? Mire fue muy especifico, a decir verdad no alcance a verlo cuando murió, recibí la noticia cinco días después y eso solo fue como un comentario por uno de los colegas del doctor Jiménez. No me quisieron dar detalles acerca de su muerte pero en cuanto me entere supe que tenía que venir con usted. Aunque ayude al doctor Jiménez en su investigación acerca de la enfermedad nunca quiso escuchar mi teoría, aparte de que el doctor Jiménez creía estar cerca de descubrir el origen de la enfermedad.
-Y su teoría ¿Cuál es? Dijo que el doctor nunca quiso escucharla.
-No, y no fue por tiempo o por su agenda llena, fue porque mi idea era un poco alternativa a lo que estamos acostumbrados los doctores. Mi teoría no trata solamente de una enfermedad en sí, mire este virus no se transmite por el aire ni por el agua, piénselo doctor hasta aquí todo parece normal ya que ningún virus conocido se esparce de esa manera. Este virus es como el VIH, solo se transmite por fluidos corporales.
-Sí, entiendo, ¿pero porque estas personas infectadas vienen con marcas de mordidas? Eso es lo que no entiendo, mire he visto la etapa inicial de esta enfermedad y ninguna persona infectada con esto tendría las ganas o la fuerza para causar una mordedura de tal magnitud.
-Exacto, ¿ha visto a alguna persona que haya muerto de esto?
-Sí pero…
-Mire doctor, ¿Qué hacen con los cuerpos de los que mueren por esto?- cuando me pregunto esto dude en decirle acerca del hombre que teníamos en aquel cuarto – doctor, no me diga que los guardan aquí.
-No…no, para nada, los entregamos a la familia.
-Mal hecho doctor Reyes, mal hecho. Usted sabia que el virus sigue aun después de muertos y que…
-¿Qué quiere decir con eso?
-Esta enfermedad mata a la gente para después traerlos de vuelta, en pocas palabras, todo este desastre, toda esta gente atacando a otra gente no es un enfrentamiento de las fuerzas policiales contra bandas radicales o rebeldes inconformes con su gobierno, todo esto es causado por los muertos, estos muertos se comen a los vivos y si estas personas sobreviven al ataque de estas criaturas, créame que no será por mucho tiempo ya que la infección los mata para después traerlos como esas cosas y estos a su vez atacaran a más gente- no sabía que pensar o que decirle, el hombre tenía una sonrisa de satisfacción dibujada en su rostro, estaba tan convencido de lo que decía que por un momento casi me creí su teoría que hasta cierto punto era estúpida.
-Vamos, piénselo por un momento doctor. Las personas que están al mando de esta sociedad que ya de por si estaba condenada a la destrucción se están aprovechando de lo que está pasando. Mientras ellos se están escondiendo en bunkers secretos, la sociedad se está yendo al carajo cada vez más.
-Mire le voy a pedir que se vaya, he tenido mucho trabajo, no he podido dormir bien y créame que esto no me está ayudando en lo más mínimo.
-Lo siento si herí su susceptibilidad pero es la verdad, son los muertos, aunque no me crea ellos son los culpables de todo, se va a acordar de estas palabras doctor Reyes, se lo juro que se va a acordar, solo espero que no sea demasiado tarde para nuestra especie.
Al irse Esteban Mora no pude hacer nada más que reír, era la teoría más excéntrica que había escuchado sobre la enfermedad, aunque en ese momento bastantes cosas llegaban a mi cabeza y la única idea que pude rescatar de tantas fue la de buscar al Doctor noriega para visitar a nuestro paciente estrella.
Cuando busque al doctor en su consultorio descubrí que no estaba, rápidamente comencé a preguntar por él a toda persona perteneciente al hospital pero nadie me daba razón de él. Enseguida, una idea cruzo por mi mente, el doctor Noriega se podría encontrar con aquel paciente. Rápidamente volví a mi consultorio para buscar las llaves de los cuartos del sótano, en cuanto tome las llaves salí volando del consultorio. El hospital estaba atiborrado de gente, en algunos consultorios se escuchaban gritos de dolor, esta enfermedad sin duda se estaba saliendo de control, quería creerle a ese hombre de que la enfermedad no se transmitía por el aire pero lo demás era basura, su teoría era estupidez de las grandes.
En la entrada principal del hospital las cosas estaban aun peor, en algunos pasillos, los cuerpos de la gente reposaban en el suelo frio retorciéndose de dolor, en otros, los doctores cubrían los cuerpos inertes con sabanas, era una escena increíble. Antes de entrar al cuarto el Doctor Noriega salió jadeando de ese lugar, por un momento me sobresalte e intente entrar al cuarto pero el doctor no me lo permitió. Nos alejamos de ese lugar pasando de nueva cuenta por el infierno que se había vuelto el hospital, los gritos aumentaron solo en breve momento que estuve abajo, el pánico se volvió inminente. Al llegar a mi consultorio, el doctor Noriega me mostro una de sus manos que no dejaba de sangrar, solo lo mire – el maldito se salió de control, no sé como logro quitarse los vendajes que le pusimos para amarrarlo, pero cuando llegue se me fue encima como un animal rabioso, no lo pude controlar y fue cuando el maldito loco me mordió la mano- en ese momento recordé las cosas que dijo aquel hombre, si era verdad de que el virus se transmitía por fluidos corporales, el doctor Noriega ya estaba sentenciado a muerte.
Acompañe al doctor a su consultorio y le recomendé que descansara y se tomara algún analgésico. Mantenía mi mirada clavada en el doctor Noriega – me voy a poner bien no te preocupes- me dijo entre una risa nerviosa, solo moví la cabeza de forma positiva y salí del consultorio pensando en la plática que mantuve con Esteban que no sabía ya si era un doctor en realidad o solo un loco más que arrojo todo este caos. Me quede parado afuera del consultorio y camine decidido a bajar para ver por mi mismo lo que había pasado abajo. El hospital poco a poco se encontraba inmerso cada vez más en un caos incesante, esta vez las paredes y el suelo presentaban enormes manchas de sangre, la gente corría con tremendas hemorragias y alaridos que saltaban en mis oídos. Una señora que apareció ante como por arte de magia, de su cuello brotaba la sangre que no se detenía, lo único que se me ocurrió fue tomar un trozo de sabana para intentar detener el sangrado, se aferro a mi brazo de una forma que me provoco dolor – doctor, por favor ayúdeme- me dijo entre sollozos y con la voz entrecortada y solo se me ocurrió decirle que intentara calmarse. Después de pasar por toda esa locura llegue y me quede parado en la puerta, pegue mi oído esperando escuchar algo, pero nada, puse mi mano en la manija pero por un momento dude, temí de lo que pudiera estarme esperando adentro.
No estaba convencido de lo que iba a hacer, algo me decía que las cosas estaban mal, no fue por la plática con aquel hombre, no fue por las cosas que me dijo, había algo más, algo que no me convencía del todo. Con un movimiento rápido entre al lugar, adentro no note nada fuera de normal, camine despacio y tratando de no hacer ruido. Afuera, los gritos llegaron a tal punto que me pusieron nervioso, quise regresar pero tenía que investigar qué era lo que había pasado. Todo el cuarto era un caos, lo que más me sorprendió fueron las manchas de sangre regadas en el piso, al voltear mi mirada vi que la persona que manteníamos encerrada se encontraba encorvada en una esquina, cuando él me miro, lentamente se levanto, mantenía esos ojos lechosos puestos en mí, no sabía qué hacer – tranquilo amigo, lo sacare de este lugar- le dije mientras me aleja de él, no sabía de lo que era capaz, no sabía si estaba enojado por todo lo que le había hecho el doctor Noriega.
El hombre no dejaba de hacer ese ruido que me ponía de nervios mientras caminaba hacia mí, vaya que el hombre se notaba mal, lo creíamos muerto y no puede ser que se mantenga de esa manera. Conforme se acercaba cada vez más su agresividad iba en aumento, tiraba manotazos tratando de agarrarme, solo retrocedí buscando la puerta, los nervios comenzaban a traicionare ya que en todos los años que he sido doctor, nunca vi nada igual. Al encontrar la manija de la puerta sentí un gran alivio, no aguantaba un momento más con ese hombre, parecía una especie de demonio.
Al salir de ese lugar cerré la puerta con llave pero, lo que sucedía afuera era peor. La gente corría con alaridos de terror, algunos otros, entre los pasillos se movían lentamente, les costaba trabajo coordinar sus movimientos, pero lo que hizo estallar mi cordura fue cuando al voltear hacia un consultorio, una persona atacaba incesantemente a un doctor mientras este intentaba quitárselo de encima sin resultado alguno. Parecía que los demonios se estaban escapando del infierno. ¿Qué estaba pasando con toda esta gente? Me preguntaba conforme caminaba intranquilo por los pasillos del hospital. Era cierto lo que dijo el hombre, tal vez estas personas estén muertas y de alguna manera siguen moviéndose, pero, ¿Por qué atacan a la gente? Era escalofriante la forma en que esta gente atacaba, mordiendo y rasguñando, tenía que salir del hospital no sin antes ir por el doctor Noriega.
Todo estaba en completo caos, no se podía caminar por los pasillos, no sin pasar a lado de las puertas que arrojaban brazos que intentaban agarrarme. Al llegar al consultorio del doctor Noriega, entre dejando atrás toda formalidad y buscándolo – ¡doctor, tenemos que irnos de este lugar!- no recibí respuesta alguna, miraba alrededor hasta que mis ojos encontraron unos zapatos asomándose detrás del escritorio. Al acercarme, el doctor presentaba un semblante aterrador, tenía los mismos ojos lechosos que el otro hombre y un líquido negro saliendo de su boca, pero estaba completamente muerto. – Las cosas no están bien- me dije y salí del consultorio con una preocupación que aumentaba y que concordaba con las palabras de aquel loco, ¿y si realmente las palabras de ese hombre tienen algún sentido?
No tenia cabeza para pensar en otra cosa, ni siquiera hice caso del desastre que reinaba afuera, solo camine hacia mi consultorio tratando de olvidar todo. Me senté escuchando la sinfonía de alaridos que de pronto se hicieron más fuertes y más y más. Algunos gritaban que seguían con vida, de pronto unos disparos se escucharon y por un breve momento dejaron en silencio todo afuera – doctor Reyes, doctor. Tiene que venir a ver esto- me decía una voz femenina desde la puerta – después- la puerta se cerro y por alguna extraña razón me levante para asegurarla desde adentro.
El caos creció, se podía escuchar, los disparos de igual manera crecieron, algunos golpes en la puerta, eran golpes desesperados seguidos por quejidos y rasguños. Me asome por la ventana y solo para darme cuenta que el caos no solo era dentro del hospital sino también en las calles la gente corría despavorida, a lo lejos se podían ver explosiones. Todos salían en tropel del hospital, unos caían y eran alcanzados por esa gente que se dejaba caer y les hacían dios sabe que dejando grandes manchas rojas en el piso. Detrás de la gente que corría despavorida salieron esas personas que se veían como si estuvieran poseídas, cojeaban y se dirigían a cualquier persona que pasara junto a ellos, cualquier movimiento los alertaba. Toda esa gente se notaba mal y lo peor de todo, esas personas, en su mayoría, se encontraban enfermos de gravedad en el hospital. Era como si hubieran abierto las puertas del infierno y todos los demonios estuvieran de fiesta en la tierra. No podía hacer otra cosa, solo me deje caer en mi silla con una sonrisa de incredulidad dibujada en mi rostro. Los muertos están volviendo a la vida, que estupidez.



un cuento dedicado a toda latinoamerica con todo cariño. y a cuidarse que la infeccion zombi esta creciendo