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Mi amor en tus ojos... (Propio) - (Relato)

Mucha gente piensa que el amanecer de los sueños se encuentra en el demasiado a menudo vacío que nuestro dormir produce. Yo sé que se equivocan. Las más hermosas visiones nacen de la luz y crecen en la conciencia que en el sereno pensar reside. Nuestra fantasía suele ser su amorosa madre y en un abrazo de nuestros anhelos amamanta nuestra imaginación para alimentar aquellas percepciones que en nuestros deseos viven, para ver crecer aquellas sensaciones que nuestros sentimientos desean. Ayer me hallaba en el cole. Esperaba no me acuerdo qué, quizás aquello que el tiempo nunca trae y que aguardamos por rutina. La música de la radio del chofer coqueteaba con mi alma enamorada y en un cerrar de mis ojos hallé los tuyos. Tus negras pupilas habían sublimado su extensión y en mi campo de visualización soñadora habían inundado todos los prados. Era aquel un maravilloso lago que acercaba mi fantasear al infinito y que me convidaba de manera extremadamente tentadora a un baño. Entonces me sumergí en sus aguas y empecé a nadar en tu cristalina visión. No sentía frío. Mi cuerpo sumergía sus movimientos y con cada brazada la tibia agua de tu tierno mirar acariciaba dulcemente mi temeroso viaje hacia tu subconsciente. Ningún destino me guiaba, ningún propósito me orientaba. Tan sólo suspiraba por nadar en tu mirada sin haberme de esconder. Todo mi amor necesitaba hacía ya demasiado una delicia así y en el estanque donde tus lágrimas debían mojar tus emociones relajaba sus penas empapando sus esperanzas. Me sentía cómodo, tranquilo, y poco a poco iba relajando mis movimientos para poder constatar aquello que intuía: ¿en la quietud me hundiría en las profundidades donde yacen tus recuerdos y percepciones? ¿Hallaría quizás la secreta gruta subconsciente donde amagaste la verdadera razón de tu coqueteo con mi corazón? Pero no... No me hundí. Mi cuerpo inmóvil flotaba incomprensiblemente... Y lo capté, entendí que incluso para mis sueños el seguro que protegía la intimidad de aquel, tu secreto, estaba alerta. Podría haberme sentido frustrado y concluir aquel increíble chapuzón en las aguas de tu mirada pero no lo hice. Porque seguía sintiéndome tranquilo, profundamente relajado. Y me dejé llevar un rato más, unos minutos, y en la placidez de aquel delicioso paisaje comprendí lo que ya debía saber: a veces es inútil remover en la hondura de las intenciones y eso no debe hacernos sentir fracasados. El desengaño que reside en una verdad conocida no tiene fundamento en el reino de la ignorancia. Porque mientras así sea las instintivas percepciones y las suposiciones que nacen de los anhelos reinarán en nuestro corazón, pudiendo llegar a ofrecerle el más paradisíaco cielo. Y en la superficie de tus ojos ondulaban nuestros recuerdos, dibujando cual gota de lluvia que estalla en el agua unos concéntricos círculos que en un engrandecer de su tamaño iban presentando el diseño de tu trato conmigo y que en un alejarse de su perímetro iban acariciando mis esperanzas de ser correspondido. Y aquel día lo aprecié, otra vez, mejor que nunca: me miraste con admiración, me contemplaste con estima, me atisbaste con curiosidad, me observaste con respeto, me percibiste con simpatía, me descubriste con ternura y me distinguiste con tu confianza. Fue un inmenso placer, otro más que te debo, y sumergido en él me abandoné, resigné todo mi ser para que se impregnara un poco más de aquella maravillosa esencia que el amor le mostraba ya hacía mucho.

Mi amor en tus ojos... (Propio) - (Relato)

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