-El colchón que me compré es tóxico. -Pero Fer, ¿Cómo va a ser tóxico un colchón? -repliqué. -Si, es el olor. No se como explicarlo ahora, esta noche en casa te vas a dar cuenta solo. Reí y pensé a la vez, ¿Cómo será un colchón tóxico? ¿Por qué existiría? Cualquiera podría decir que lo más lógico, sería pensar primero, que al no conocer nada sobre colchones, lo más probable es que haya una explicación lógica conociendo la composición de su relleno. Cierto producto en mal estado, o quizás hasta prohibido, vaya uno a saber. Pero eso no hace falta ni pensarlo, está situado en el pensamiento lógico profundo, esa parte de la cabeza donde todo razonamiento lógico ya ocurrió antes de empezar a pensar siquiera, en el mismo momento que uno choca con la situación a analizar. En ese mismo milisegundo de existencia, el razonamiento lógico ya maduró allá en el fondo. La velocidad con que uno logra pasar la información lógica desde ese abismo a la parte conciente del cerebro, es lo que mide el poder mental de cada uno. Y prácticamente en el total de los casos, ese pensamiento atraído desde las profundidades, es verdadero y correcto, pero aburrido. Por lo tanto, preferí pensar, que acaso un grupo de narcos pasase heroína por la aduana dentro de los colchones, y el destino nos bendijo con un negocio millonario. Los imaginé en el barco, llegando desde algún cultivo al sur de Vietnam y viendo por primera vez la costa latinoamericana, el control en la aduana, el miedo, el error del infiltrado al confundir una mancha con el blasón que identificaba los viles colchones. El camión transportando diez millones de dólares en heroína a la casa de muebles, el vendedor recomendándoselo a amigo, el encanto del primer mueble en la casa nueva, el llamado a los padres, la sorpresa al acostarse, el dolor de cabeza a los cinco minutos, el colchón parado en el balcón, el descanso en el inflable de dos plazas, el dolor de cuello al despertar, la ida al trabajo, las ganas de contar lo ocurrido para recibir las respuestas que el miedo y la inseguridad acarreados desde la infancia, no pueden conferir. -El colchón que me compré es tóxico- le dijo a un compañero. Reí y pensé a la vez, ¿Cómo será un colchón tóxico? ¿Por qué existiría? Quizá fuese un ataque terrorista. Imaginé a sendos líderes eligiendo el químico mortal sentados sobre la tierra, de espaldas a la puerta del bunker, oculto sobre la zona más encaramada de la ladera norte de los montes Zagros. Polemizando acerca de la muerte y fumando un veguero...
Fuentes de Información
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