La Leyenda de Metztli Prólogo [Propio]


Hola! Nuevamente les traigo una historia que estoy empezando a escribir, quisiera compartirla con ustedes y que me den opiniones, críticas, sugerencias, ya que es mi primer intento de escribir una historia de fantasía.

Cabe mencionar, que éste no es el primer capítulo, más bien es una justificación a lo que más adelante sucede en la historia y una introducción al mundo paralelo donde se desarrolla la misma.


México


El siguiente texto contiene partes de diferentes tradiciones y mitos mexicas, en especial la Leyenda del Quinto Sol, sin embargo, estos mitos los modifiqué para adaptarlos a la trama de la historia.

Dioses


En el principio era la nada, y después lo fue Todo. Los primeros seres en existir, hijos de la nada, fueron los dioses Ometecuhtli y Ometecihuatl. Padres creadores de todo lo que los ojos alcanzan a ver.

La pareja creadora tuvo varios hijos, de los cuales solo sobrevivió una hija: Coatlicue; Ometeotl le encargó ser el espíritu y cuerpo de la Tierra, para que ahí habitaran todos los seres que pudieran adorarla a ella y a los hijos de ella.

Habiendo encargado eso a su hija, Ometecuhtli y Ometecihuatl partieron a su morada para nunca jamás involucrarse con los demás universos hasta el fin de los tiempos

Coatlicue también tuvo varios hijos. Y llegó el momento que ella pensó que era vital la existencia de su contraparte celestial, si ella reinaba sobre la Tierra, alguien debería gobernar sobre los cielos.

Y no fue otra, más que su hija predilecta, Coyolxauhqui. Coatlicue la nombró Reina de los cielos y la llamó Metztli, había nacido el primer sol.

Le encomendó la tarea de crear cierta criatura que tuviera inteligencia propia y tuviera el conocimiento suficiente para rendirles tributo a los dioses.

Metztli Coyolxauhqui así lo hizo. Creó a los hombres de piedra. Inteligentes como ningún otro humano ha existido; pero carecían de sentimientos y no confiaban de nadie, ni de sí mismos.

La misma diosa celestial pecaba de lo mismo. En su reinado, sus sentimientos a las creaciones de su madre eran nulos. Mataba animales por diversión. Le fascinaba ver correr sangre por las laderas de las montañas y atormentaba a sus propias creaciones.

Coatlicue tuvo tres hijos destacados: Xipe Totec, Tezcatlipoca y Quetzalcoatl; y los bendijo prometiéndoles el trono que ocupaba Coyolxauhqui.

Sin embargo la diosa de los cielos era astuta, y en más de una ocasión, se salvó de ser muerta por alguno de sus hermanos. Era evidente la necesidad de un cambio.

Los tres dioses se reunieron y planearon acabar con el reinado del terror. En ese momento, la pluma de un colibrí cayó misteriosamente desde el cielo y fue a reposar en el vientre de Coatlicue. La diosa Tierra estaba embarazada nuevamente. Los rumores de un nuevo rey que estaba a punto de nacer se esparcieron por toda tierra y lugar de los hombres de piedra. Había miedo e incertidumbre.

Los rumores llegaron a oídos de Coyolxauhqui que envuelta en ira y confusión, animó y convenció a cuatrocientos de sus hermanos que el nuevo hijo iba a ser un dictador cruel y sanguinario. Ella les dio poderes especiales y los nombró Centzon Huitznahuac.

Coyolxauhqui y los Centzon Huitznahuac partieron a darle muerte al hijo antes que éste naciera. Sin embargo, antes de poder lograr su cometido, nació. Del vientre de su madre, salió vestido con armadura y lanza, listo para la batalla. Una hermosa armadura compuesta por plumaje de colibrí y vistosos colores. Además la extraña manera de portar la lanza con la mano izquierda. Aquel hijo fue conocido por el nombre de Huitzilopochtli.

Huitzilopochtli era fuerte y valiente como nadie más. Inmediatamente a su nacimiento, usó sus poderes para petrificar a los Centzon Huitznahuac para que no pudieran hacer nada a su madre.

El castigo para Coyolxauhqui fue peor. Huitzilopochtli la decapitó, alzó la cabeza en señal de victoria y el cuerpo de la reina quedó esparcido en el lugar. Fue la última vez que la reina hacía correr sangre. Su propia sangre.

Todos los dioses celebraron gustosos las nuevas. Había un nuevo rey. Y se le conoció con el nombre de Tonatiuh. Había nacido el segundo sol.

Tonatiuh Huitzilopochtli exterminó todo rastro de la existencia de los hombres de piedra. En su lugar, él creó a los hombres de barro.

Sin embargo, la belleza que representaba toda aquella revolución no duró mucho; puesto que Huitzilopochtli sabía mucho acerca del arte de la guerra, pero sabía muy poco sobre ciencia y tecnología, además sus creaciones carecían de inteligencia y se mataron entre ellos mismos. Huitzilopochtli dejó el trono.

Era el turno de Xipe Totec. Había nacido el tercer sol.

Tonatiuh Xipe Totec creó a sus propias criaturas. Los hombres de Luz. Sin embargo estos hombres carecían también de la inteligencia necesaria para sobrevivir, a pesar de contar con una extraordinaria capacidad de fé. Al poco tiempo desaparecieron, así como desapareció el reinado de Xipe Totec.

Los dioses miraron con asombro al nuevo rey. Tezcatlipoca. Había nacido el cuarto sol.

Tonatiuh Tezcatlipoca era diferente a sus hermanos. Obsesionado con el poder, llegó pronto a opacar la crueldad que alguna vez llegó a tener Coyolxauhqui. Creó a los hombres de fuego. Les otorgó una fuerza sobrehumana y los obligó a someterse a su voluntad, negándoles la posibilidad de adorar otros dioses.

El mundo se encontraba en una situación muy crítica. El reinado de Tezcatlipoca fue el peor reinado que ha existido jamás y los hombres de fuego solamente hacían y pensaban lo que Tezcatlipoca ordenaba.

Se libró una gran batalla entre los dioses, ya que hubo una gran división. Xipe Totec no quiso saber nada de guerra y se declaró neutral y se escondió en sus aposentos. La guerra divina duró mucho tiempo costando la muerte de muchas especies y muchos hombres de fuego.

Al final, Quetzalcoatl derrotó a Tezcatlipoca, confinándolo al Mictlan. El saldo final: muchas pérdidas por ambos bandos y la total aniquilación de los hombres de fuego. Había terminado el reinado de la oscuridad.

Después de la guerra, los Dioses se reunieron en Teotihuacan. El cargo de rey le correspondía a Quetzalcoatl, cargo que aceptó pero rechazó el ser Tonatiuh. Los demás dioses dieron el consentimiento y pasaron a decidir quién debería ser el nuevo sol.

Por los hechos anteriores se decidió que hubiera un rey, que en adelante se llamaría Tlahtoani y un sol, que sería el nuevo Tonatiuh.

Quetzalcoatl quedó a cargo del título de Tlahtoani. Creó a los hombres de maíz. Fuertes y débiles a la vez, y lo suficientemente inteligentes para comprender el mundo a su alrededor.

Los dioses dictaron que uno de ellos se debía sacrificar a sí mismo para que de su cuerpo naciera el nuevo sol. Pero nadie quería aceptar tal propuesta.

El mejor para esta tarea era Tecuciztecatl, fuerte, guerrero y líder nato; después de mucho, aceptó, animado por muchos otros que vitoreaban su nombre.

Los dioses se preguntaron qué pasaría si fallaba en su intento de sacrificarse él mismo. Así que pidieron un segundo voluntario. Y no fue otro que el humilde Nanahuatzin, débil, enfermizo y sin ninguna pinta de seguridad. Los dioses se burlaron de él.

Se mandó a construir una gran fogata al centro de Teotihuacan, era un fuego sagrado, hecho especialmente para hacer arder al dios sacrificado y de él nacer al nuevo sol.

Al ver el fuego, Tecuciztecatl tuvo miedo y al momento que se le indicó echarse al fuego, se rehusó. Una vez más y el mismo final, no pudo hacerlo por el pavor que le ocasionaba ver una fogata de tales dimensiones.

Avergonzados, los dioses le dieron la oportunidad a Nanahuatzin. Éste sin dudarlo, se arrojó a las flamas y su cuerpo fue consumido rápidamente por el fuego. Pronto se levantó una esfera brillante hasta el cielo y permaneció ahí, estática. Tecuciztecatl viendo todo esto, se aventó al fuego, en un acto de vanidad y envidia. Una nueva esfera salió de la fogata y llegó al cielo. Mucho más brillante que la primera.

Los dioses que habían visto todo, sabían que no podían existir dos Tonatiuh, además que dos soles mataría a las creaciones de Quetzalcoatl. Huitzilopochtli tomó un conejo, lo lanzó en contra del segundo sol, acertando y opacando su luz.

Todos los dioses estaban impactados con la imagen que tenían frente a sus ojos. Había un gran sol, producto del sacrificio de Nanahuatzin, y una esfera brillante pero opaca, nacida de Tecuciztecatl. Los dioses solo pudieron pronunciar una palabra: Metztli.

El sol opaco recordaba mucho la imagen del primer sol que había existido: el sol de Coyolxauhqui. Los dioses deliberaron que por el bien de las criaturas, los dos cuerpos celestiales permanecerían, sin embargo muchos opinaban que llegaría el día que la luna ostentaría el lugar del sol.

Se decidió mantener el cuerpo del Sol y la Luna como estaban, pero su espíritu se trasladó al cuerpo de dos humanos mortales o semi-dioses.

Un hombre para el espíritu del Sol y una mujer para el espíritu de la Luna. Así cumplirían el dúo armónico que había existido desde siempre.

Le confirieron el poder a los espíritus del Sol y la Luna, poder moverse al cuerpo de un recién nacido cuando su portador muriese.

Los dioses pronto se dieron cuenta que a pesar que los espíritus tomaban rumbos diferentes, siempre se volvían a reunir. Es decir, el hombre y la mujer portadores de los espíritus se unían en matrimonio.

Desde ese momento, muchos han sido Tonatiuh y muchas han sido Metztli.



Y sucede que en un pueblito llamado Villa Mujeres, una joven llamada Selene es la portadora del espíritu de la Luna, y ella aún no lo sabe.


Leyenda


Aztecas


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