Hola a todos! quería compartir con ustedes algunos relatos y frases de grandes personas, que a través del arte de la escritura saben llegar al corazón ( y por que no al alma) de las personas. Comencemos:



Papá olvida por W. Livingston Larned.




Papá olvida es una de esas piecitas que – escritas en un momento de sentimiento sincero- da en la cuerda sentimental de tantos lectores que termina siendo un trozo favorito. Desde que apareció por primera vez hace uno quince años, ha sido reproducida, nos dice el autor, W. livingston Larned, en centenares de revistas y diarios del país entero, también se la ha publicado infinidad de veces en muchos idiomas extranjeros; he dado permiso para que se la leyera en aulas, iglesias y conferencias, se la ha transmitido muchas veces por radiotelefonía, ha aparecido en revistas y periódicos de colegios y escuelas.

Escucha hijo: voy a decirte esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. He entrado solo a tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.

Esto es lo que pensaba, hijo: me enojé contigo. Te regañé cuando te vestías para ir a la escuela, porque apenas te mojaste la cara con una toalla. Te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.

Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado. Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “¡Adiós, papito! “ Y yo fruncí el entrecejo y te respondí: “¡Ten erguidos los hombros!”.

Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle.
Tenías agujeros en las medias. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí. Las medias son caras, y si tuvieras que comprarlas tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso.
¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido? Cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta. “¿Qué quieres ahora?” te dije bruscamente.

Nada respondiste, pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aun el descuido ajeno puede agotar. Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.

Bien, hijo, poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mi un terrible temor. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender; esta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de tí. Y medía según la vara de mis años maduros.

Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.
Es una pobre explicación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto.

Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. No haré más que decirme, como si fuera un ritual: “No es más que un niño, un niño pequeñito”.


En lugar de censurar a la gente, tratemos de comprenderla. Tratemos de imaginarnos por qué hacen lo que hacen. Eso es mucho más provechoso y más interesante que la crítica; y de ello surge la simpatía, la tolerancia y la bondad. “Saberlo todo es perdonarlo todo”.



SI YO VOLVIERA A NACER




Emma Bombeck fue una reconocida periodista de los años 70 hasta los 90, su muy reconocida columna era publicada en más de 900 periódicos en Estados Unidos y Canadá, escribía sobre su vida de ama de casa, todo con un toque de humor.

A sus 20 años fue diagnosticada con una enfermedad en los riñones pero logró sobrevivir con ella, cuando se casó le dijeron que no podía tener hijos por lo cual adoptaron, pero poco después ella salió embarazada y tuvo un hijo, al otro año tuvieron otro, se dedicó su vida entera a su casa y desde su habitación escribía sus columnas. Luego se hizo bien famosa y fue de las columnistas mejores pagadas llegando a ganar hasta 1 millón en un año.

Se sometió a una mastectomía en 1992 después de ser diagnosticado con cáncer de mama y en 1996, fue llevado a un San Francisco hospital por un trasplante de riñón , que se llevó a cabo el 3 de abril. Sin embargo, las complicaciones desarrolladas y murió el 22 de abril.

Cuando ella se enteró que tenía cáncer escribió esto, lo comparto con Ustedes que considero que hoy más que nunca debemos de aprender a valorar lo que tenemos.


SI YO VOLVIERA A NACER


Hace tiempo alguien me preguntó si yo cambiaría algo en caso de que tuviera la oportunidad de volver a nacer.
No, contesté, sin embargo, comencé a pensar…

Si volviera a nacer, hablaría menos y escucharía más.
Invitaría a mis amigos a cenar aún cuando el mantel estuviera manchado y el sofá desteñido.
Comería rosetas de maíz en la sala “elegante” y me preocuparía mucho menos por la basura cuando alguien quisiera encender la chimenea.

Dedicaría un tiempo para escuchar al abuelo divagar sobre su juventud.
Nunca insistiría en que subieran las ventanillas del automóvil en un día de verano, sólo por que mi cabello estuviera recién peinado.

Encendería la vela en forma de rosa antes de que se derritiera de tanto estar guardada.
Me sentaría en el césped con mis hijos sin preocuparme de las manchas que éste pudiera dejar en mi ropa.
Lloraría y reiría menos al estar frente a al televisor…y más frente a la vida.

Compartiría más responsabilidades con mi esposo.
Me metería en cama cuando me sintiera enferma, en lugar de pretender que la Tierra se detendría si yo no estuviera en actividad.
Nunca compraría algo sólo porque fuera práctico, porque disimulara la mugre o porque estuviera garantizado de por vida.

En lugar de desear que terminasen de una vez por todas los nueve meses de embarazo, disfrutaría cada momento y admitiría que la maravilla que crece dentro de mí es mi única oportunidad en la vida para ayudar a Dios a realizar un milagro.

Si mis pequeños me besaran impetuosamente, nunca les diría “Más tarde. Ahora lávate para al cena”.
Diría más a menudo “Te amo”, “lo siento”; pero más que cualquier otra cosa le daría otra oportunidad a la vida, capturaría cada minuto…no sólo lo vería sino que realmente lo miraría…lo viviría…y nunca lo devolvería.
Erma Bombeck.





La vieja malhumorada



Cuando una viejita murió en la sección para el tratamiento de enfermedades de la vejez en una pequeña clínica cerca de Dundee, en Escocia, todos estaban convencidos de que ella no había dejado nada de valor.
Después, cuando las enfermeras revisaron sus míseras pertenencias, encontraron una poesía. Su calidad y contenido impresionaron tanto al personal, que todas las enfermeras querían una copia de la misma.

Una de ellas se llevó la copia a Irlanda. La única herencia que esta viejita legó a sus sucesores se hizo pública en la emisión de Navidad de las Noticias de la Unión para la Salud Mental de Irlanda del Norte. Este poema, sencillo pero elocuente, se presentó también con diapositivas.

Así esta menuda viejita de Escocia, sin posesiones materiales que legarle a este mundo, es la autora de este poema “anónimo” que circula por Internet.


La vieja malhumorada

Qué ven hermanas?
Qué ven?
Qué piensan
cuando me miran?
Una vieja malhumorada,
no demasiado inteligente,
de costumbres inciertas,
con sus ojos soñadores
fijos en la lejanía.
La vieja que escupe la comida
y no contesta
cuando tratan de convencerla
“Dele, haga un pequeño esfuerzo”
La viejita, quien ustedes creen que no se da cuenta de las cosas que ustedes hacen y que continuamente pierde el guante o el zapato.

La viejita, quien contra su voluntad,
pero mansamente les permite
que hagan lo que quieran,
que la bañen y alimenten,
sólo para que así pase el largo día.
Es esto lo que piensan?
Es esto lo que ven?
Si es así, abran los ojos, hermanas,
porque esto que ustedes ven no soy yo!
Les voy a contar quién soy,
cuando aquí estoy sentada tan
tranquila,
tal como me ordenan,
cuando como por orden de ustedes.
Soy una niñita de diez años
que tiene padre y madre,
hermanos y hermanas,
que se aman.
Soy una jovencita de dieciséis años,
con alas en los pies,
que sueña que pronto
encontrará a su amado
Soy una novia a los veinte,
mi corazón da brincos,
cuando hago la promesa
que me ata hasta el fin de mi vida.

Ahora tengo veinticinco,
tengo mis hijos,
quienes necesitan que los guíe,
tengo un hogar seguro y feliz.
Soy mujer a los treinta,
los hijos crecen rápido,
estamos unidos con lazos
que deberían durar para siempre.
Cuando cumplo cuarenta
mis hijos ya crecieron
y no están en casa,
pero a mi lado está mi esposo
que se ocupa de que yo no esté triste.
A los cincuenta, otra vez,
sobre mis rodillas
juegan los bebés,
de nuevo conozco a los niños,
a mis seres amados y a mí.
Sobre mí se ciernen nubes oscuras,
mi esposo ha muerto,
cuando veo el futuro
me erizo toda de terror.
Sobre mí se ciernen nubes oscuras,
mi esposo ha muerto,
cuando veo el futuro
me erizo toda de terror.
Mis hijos se alejan,
tienen a sus propios hijos,
pienso en todos los años que pasaron
y en el amor que conocí
Ahora soy una vieja.
Qué cruel es la naturaleza!
La vejez es una burla
que convierte al ser humano
en un alienado.
El cuerpo se marchita,
el atractivo y la fuerza desaparecen,
allí, donde una vez tuve el corazón
ahora hay una piedra.
Sin embargo, dentro de estas viejas ruinas
todavía vive la jovencita.
Mi fatigado corazón, de vez en cuando,
todavía sabe rebosar de sentimientos.
Recuerdo los días felices
y los tristes.
En mi pensamiento vuelvo a amar y vuelvo a vivir mi pasado.
Pienso en todos esos años
que fueron demasiado pocos
y pasaron demasiado rápido,
y acepto el hecho inevitable
que nada puede durar para siempre.
Por eso, gente, abran sus ojos,
abran sus ojos y vean!
Ante ustedes no está
una vieja malhumorada
ante ustedes estoy YO!!


Recuerden este poema la próxima vez que se encuentren
con una persona mayor y a quien tal vez esquiven,
sin mirar primero su alma joven.
Todos vamos a estar algún día en su lugar.




Tratando de ver a Dios por Mahatma Gandhi.




Estoy tratando de ver a Dios a través del servicio a la humanidad, puesto que sé que Dios no se halla en el cielo, ni tampoco en lo bajo, sino dentro de cada uno. Si puedo persuadirme a mí mismo de que lo he de encontrar en una cueva del Himalaya, hacia allá me encaminaría de inmediato. Pero, sé que no podré encontrarlo a El fuera de la humanidad.
Mahatma Gandhi.



"No hay caminos para la paz; la paz es el camino."




"Un minuto que pasa es irrecuperable. Conociendo esto, ¿cómo podemos malgastar tantas horas?"

"Quisiera sufrir todas las humillaciones, todas las torturas, el ostracismo absoluto y hasta la muerte, para impedir la violencia."

"Más que los actos de los malos, me horroriza la indiferencia de los buenos."


"No debemos perder la fe en la humanidad, que es como un océano; no se mancha poque algunas de sus gotas estén sucias."




Espero que les haya gustado y les sirva para reflexionar y expandir la conciencia

Saludos

H2o.