Cuentos y escritos varios de mi autoria
Buenas...
Este es mi primer post XD... y quería compartir con ustedes una recopilación de cuentos y relatos de mi autoría.
Cabe aclarar que yo soy músico, (menos mal

) pero de vez en cuando, y si se me viene una idea a la cabeza, me gusta escribir, y más que todo relatos cortos.
La temática de cada uno es muy variada. Al igual que el momento en que los escribí a cada uno. Y decidí organizarlos cronológicamente, desde el más temprano al más reciente. Aunque no están todos lo que he escrito, la verdad no tengo muchos más. Mi producción es muy modesta.
Además de esto, escribí una novela corta (inconclusa) llamada "Insanidad" ... de... bueno, supongo que se imaginan la temática XD jajaja, que quizás postee luego.
Bueno. Ya los canse

jajaja ... sin mas preámbulos!!!! Los escritos 
!!!!!!!

Nueve horas
Sentado bajo un frondoso árbol, esperaba su terrible destino. Se había levantado a la mañana y ya eran las nueve.
El esperaba pasar al otro mundo, en donde continuaría su tormento. Y digo continuaría, porque ya había estado en el anteriormente. Nueve horas le habían permitido. Nueve horas para disfrutar de ese hermoso lugar, pero el tiempo ya se había acabado. Deseaba quedarse en ese lugar para siempre, pero no podía, no podía quejarse, debía agradecer ese regalo.
Su situación en el otro mundo seria deplorable, llena de sufrimiento y angustias. Por eso no deseaba volver.
Miro su reloj de muñeca. Ya era hora, y con un choque de frió lo recibió el otro mundo. Se saco los diarios de encima, y salió del resguardo de una garita, en la que dormía esos gélidos días de invierno.

Genelipsis
Un joven caminaba solo en los albores del fin de los tiempos. Solo en el sentido total de la palabra. Estaba solo en el mundo. Era el último. Caminaba sin propósito ni rumbo u objetivo, pero seguía caminando, y seguiría solo por hacerlo. No era un ser vivo, desde el punto de vista religioso, porque su cuerpo tenia movimiento y voluntad, pero espiritualmente estaba vació, o sea, no tenía “alma”.
El mundo estaba en ruinas. El tiempo estaba helado aunque era una de las épocas más cálidas del año. El calentamiento global había pasado ya hacia miles de años, y ahora el sol era más rojo, más grande, y más frío; por lo que el planeta era helado. El hombre ya hacía bastante tiempo había logrado crear seres con vida, casi todos animales, algunos humanos, y otros mitad humanos mitad robots. Grande fue la sorpresa al darse cuenta de que estas creaciones a pesar de poder desarrollarse y evolucionar, no tenían emociones, ni nada que los motivara, no tenían instintos. Eran seres controlados por su mente, pero sin alma.
En algunas partes podían verse ciudades algo enteras, pero por supuesto despobladas. Un desequilibrio en el tiempo causado por los constantes viajes a través de él, había generados agujeros de gusano que de vez en cuando tragaban algún que otro pedazo de tierra, o ciudad, o cosas más grandes. El cielo era negro, pero no era de noche, sino que no había atmósfera y se veía la luz tenue del sol y el espacio. El joven era un ser controlado por su mente, mitad robot, mitad humano.
Jehová y la bestia ya habían juntado las almas que había en la tierra, las plagas seguían en el mundo y Jehová fue a buscar su génesis. Entonces Jehová se presento ante el joven. Este sin inmutarse, se detuvo, no por interés, no por respeto (porque podía deducir quien era), sino solo porque eso le impedía seguir caminando. Jehová observo al joven por un momento, el no se movió. Entonces Jehová levanto las manos, y los dos pasaron a un segundo plano, un plano en el que nada cambia, en el que la tierra parecía en realidad el segundo plano, y su plano el primero. El joven vio, no por interés, (sino porque lo tenía frente a sus ojos), como la materia oscura (agujeros negros) empezaban a desatar la implosión del universo. Toda la inmensidad se empezó a reducir a una velocidad tremenda, hasta que todo, quedo reducido a la cabeza de un alfiler. Después de eso, una explosión gigantesca dio lugar al nuevo universo. Jehová entonces empezó la creación nuevamente, y cuando tuvo todo listo se dirigió al joven y le dijo: tú serás el nuevo Adán que antaño cree del polvo y la tierra, tú no tienes alma ni espíritu, pero tampoco creare un alma nueva para ti. Dicho esto introdujo en el joven todas las almas de las personas desde el principio de los tiempos incluidos sus ángeles y los ángeles caídos, todos menos las de su unigénito y la bestia, y le dijo, todas las almas que posees serán tomadas por tus descendientes, ya que ningún alma se disuelva ni permanezca en un solo cuerpo. Realizada esta tarea, durmió profundamente al nuevo Adán, y retiro de su cuerpo su cerebro positrónico. Con el formo a la nueva Eva, pero esta era totalmente distinta, aunque su alma la hacía un ser vivo, no importaba de que material fuese.
Se dice, que este nuevo mundo fue mucho más prospero que el anterior, ya que los descendientes de los nuevos Adán y Eva nacieron sin una mente que interfiriera con su alma.
La inteligencia es maldad, y el único error de dios, fue permitirnos pensar como él.
El mundo estaba en ruinas. El tiempo estaba helado aunque era una de las épocas más cálidas del año. El calentamiento global había pasado ya hacia miles de años, y ahora el sol era más rojo, más grande, y más frío; por lo que el planeta era helado. El hombre ya hacía bastante tiempo había logrado crear seres con vida, casi todos animales, algunos humanos, y otros mitad humanos mitad robots. Grande fue la sorpresa al darse cuenta de que estas creaciones a pesar de poder desarrollarse y evolucionar, no tenían emociones, ni nada que los motivara, no tenían instintos. Eran seres controlados por su mente, pero sin alma.
En algunas partes podían verse ciudades algo enteras, pero por supuesto despobladas. Un desequilibrio en el tiempo causado por los constantes viajes a través de él, había generados agujeros de gusano que de vez en cuando tragaban algún que otro pedazo de tierra, o ciudad, o cosas más grandes. El cielo era negro, pero no era de noche, sino que no había atmósfera y se veía la luz tenue del sol y el espacio. El joven era un ser controlado por su mente, mitad robot, mitad humano.
Jehová y la bestia ya habían juntado las almas que había en la tierra, las plagas seguían en el mundo y Jehová fue a buscar su génesis. Entonces Jehová se presento ante el joven. Este sin inmutarse, se detuvo, no por interés, no por respeto (porque podía deducir quien era), sino solo porque eso le impedía seguir caminando. Jehová observo al joven por un momento, el no se movió. Entonces Jehová levanto las manos, y los dos pasaron a un segundo plano, un plano en el que nada cambia, en el que la tierra parecía en realidad el segundo plano, y su plano el primero. El joven vio, no por interés, (sino porque lo tenía frente a sus ojos), como la materia oscura (agujeros negros) empezaban a desatar la implosión del universo. Toda la inmensidad se empezó a reducir a una velocidad tremenda, hasta que todo, quedo reducido a la cabeza de un alfiler. Después de eso, una explosión gigantesca dio lugar al nuevo universo. Jehová entonces empezó la creación nuevamente, y cuando tuvo todo listo se dirigió al joven y le dijo: tú serás el nuevo Adán que antaño cree del polvo y la tierra, tú no tienes alma ni espíritu, pero tampoco creare un alma nueva para ti. Dicho esto introdujo en el joven todas las almas de las personas desde el principio de los tiempos incluidos sus ángeles y los ángeles caídos, todos menos las de su unigénito y la bestia, y le dijo, todas las almas que posees serán tomadas por tus descendientes, ya que ningún alma se disuelva ni permanezca en un solo cuerpo. Realizada esta tarea, durmió profundamente al nuevo Adán, y retiro de su cuerpo su cerebro positrónico. Con el formo a la nueva Eva, pero esta era totalmente distinta, aunque su alma la hacía un ser vivo, no importaba de que material fuese.
Se dice, que este nuevo mundo fue mucho más prospero que el anterior, ya que los descendientes de los nuevos Adán y Eva nacieron sin una mente que interfiriera con su alma.
La inteligencia es maldad, y el único error de dios, fue permitirnos pensar como él.

Espejo
Estaba el hombre mirándose al espejo, el no sabía cómo era el espejo, o hasta donde llegaban sus bordes, porque era tan grande que solo podía verse a el mismo, pero a el no le interesaba saber hasta dónde llegaba... en realidad, no estaba seguro de que fuera un espejo, de que esa enorme pared en la que alguien del otro lado, imitaba sus movimientos. Pero él no se movía, porque simplemente no tenía sentido hacerlo.
Cuando vio al espejo, pensó en que se veía a sí mismo, pero él la veía a "ella". Hermosa y deslumbrante era, su adoración, su todo, y sin ella, no había nada, ni siquiera el existía. Veía a ella como su reflejo, y él era feliz, pero no se podía ver a sí mismo.
Paso el tiempo, y el entristeció, porque el espejo (o lo que le mostraba) empezó a deformarse, a contorsionarse, a desfigurarse, y ella se hacía difusa. Entonces el volvió a dudar, porque no sabía si el espejo estaba mal o su vista estaba fallando. El sentía dolor, y en las últimas instancias, en las que el espejo le ofrecía un reflejo tormentoso, se dio cuenta de que la iba a perder... cuando supo el destino próximo, se acerco con desesperación al espejo, y lo golpeo con todas sus fuerza, creyendo que podía salvarla a "ella" atrapada del otro lado, atrapada del otro lado irreal y tempestuoso.
Dio entonces tantos golpes al espejo, que este se rompió.
El entonces sintió un dolor terrible, y sintió como que había despertado de un sueño, y "ella" era el sueño. Pero cuando vio a su alrededor, se dio cuenta de que no había sido un sueño. En todas partes había pedazos del gran espejo, pedazos grandes y pequeños, que tarde o temprano, la sabia, que tendría que volver a armar.
El espejo era tan grande como imaginaba, si es que eso se puede imaginar, pero como en el lugar que estaba al tiempo se lo deja de lado, llego a terminarlo antes de lo que esperaba.
Cuando lo termino, se volvió hacia atrás y miro su reflejo, era él.
Se había olvidado de como era el mismo, se había olvidado de el mismo, por ese amor que le tenía a ella, porque para él ella era todo, su mismo yo. Se dio cuento de que lo que importaba ahora, era de nuevo el, su verdadero yo. A pesar de que sentía una gran pena, porque ella había desaparecido.
Pero cuando vio hacia otro punto del espejo, se dio cuenta de que había un hueco, faltaba un pedazo, alguien, desde el otro lado del espejo, se lo había quedado para siempre.
Cuando vio al espejo, pensó en que se veía a sí mismo, pero él la veía a "ella". Hermosa y deslumbrante era, su adoración, su todo, y sin ella, no había nada, ni siquiera el existía. Veía a ella como su reflejo, y él era feliz, pero no se podía ver a sí mismo.
Paso el tiempo, y el entristeció, porque el espejo (o lo que le mostraba) empezó a deformarse, a contorsionarse, a desfigurarse, y ella se hacía difusa. Entonces el volvió a dudar, porque no sabía si el espejo estaba mal o su vista estaba fallando. El sentía dolor, y en las últimas instancias, en las que el espejo le ofrecía un reflejo tormentoso, se dio cuenta de que la iba a perder... cuando supo el destino próximo, se acerco con desesperación al espejo, y lo golpeo con todas sus fuerza, creyendo que podía salvarla a "ella" atrapada del otro lado, atrapada del otro lado irreal y tempestuoso.
Dio entonces tantos golpes al espejo, que este se rompió.
El entonces sintió un dolor terrible, y sintió como que había despertado de un sueño, y "ella" era el sueño. Pero cuando vio a su alrededor, se dio cuenta de que no había sido un sueño. En todas partes había pedazos del gran espejo, pedazos grandes y pequeños, que tarde o temprano, la sabia, que tendría que volver a armar.
El espejo era tan grande como imaginaba, si es que eso se puede imaginar, pero como en el lugar que estaba al tiempo se lo deja de lado, llego a terminarlo antes de lo que esperaba.
Cuando lo termino, se volvió hacia atrás y miro su reflejo, era él.
Se había olvidado de como era el mismo, se había olvidado de el mismo, por ese amor que le tenía a ella, porque para él ella era todo, su mismo yo. Se dio cuento de que lo que importaba ahora, era de nuevo el, su verdadero yo. A pesar de que sentía una gran pena, porque ella había desaparecido.
Pero cuando vio hacia otro punto del espejo, se dio cuenta de que había un hueco, faltaba un pedazo, alguien, desde el otro lado del espejo, se lo había quedado para siempre.

Espinas
-
Joven, tiene algo en la frente... ¡Joven!
-Si perdón... Estoy buscando cambio...
-Tiene algo en la frente
-si un grano ya se, ¿cuánto era?
- no es un grano, es algo blanco.
- . . .
Busque ese algo blanco en mi frente, pero mi mano toco algo antes de lo que esperaba, un centímetro quizás, antes de mi piel. Sentí una punta semirrígida, de superficie suave, en su totalidad algo más solida. La tome con tres dedos, y era realmente demasiado grande para ser un grano o cualquier otra cosa normal.
Hice fuerza hacia abajo, y la quebré. Esta cosa se veía como una raíz de ginseng, pero como hecha de merengue, solo que con menos imperfecciones que una raíz de ginseng; sin los bracitos, y más compacta y dura que un merengue, y de un blanco perla.
Ver eso en mi mano, me dio una curiosidad primeramente, que luego pasó a ser asco, ya que no me gusta ni el merengue ni el ginseng, naturalmente.
Lo deje caer al suelo, y sin prestarle más atención de la debida, le pregunte de nuevo a la chica que atendía la verdulería: - ¿Cuánto es?
Ella siguió viéndome la cara durante todo el proceso, pero cuando yo alce la vista para preguntarle, su rostro expreso asombro y repulsión al mismo tiempo. Lentamente me dijo: - $ 6.40
Le estaba pagando justo, con un billete de 5 pesos, una moneda de un peso, y cuatro monedas de 10 centavos. Pero ella no me alcanzaba la mano, y seguía con los ojos en mí, mirando a mi frente de forma esquiva, y yo impacientado por esto, le deje el dinero sobre el mostrador y me fui.
Al día siguiente creo, me levante, fui al baño, y al verme en el espejo, vi algo me que produjo una curiosa sensación, una mezcla de asombro, asco, extrañeza; algo muy particular, y ciertamente malo, negativo, aborrecible.
Tenía una de esas “espinas”, media gorda, que me había sacado en la verdulería el día anterior, pero ahora me había salido de un costado de la nariz. Y en donde antes estuviera la primera, en la frente, ahora tenía un hueco. Esto ya si me pareció raro, no por que tuviera un hueco, sino porque dentro de eso, estaba negro… totalmente negro. Ningún cerebro, ni hueso, ni nada dentro, solo una negrura.
Me arranque el trozo de la nariz, y de nuevo, negrura, y sin dolor ni nada, aunque si un poco de picazón.
Me fui a acostar de nuevo, y tuve un poco de miedo por la extrañeza de la situación, y eso que yo no soy para nada miedoso.
Pasaron los días, y la cara se me fue cubriendo de negrura muy de a poco. Yo no salía por supuesto, y una mañana, después de dormir más de lo necesario, me desperté, y abrí el ojo.
Intrigado ante este descubrimiento de que podía abrir un solo ojo, y sin animarme a tocarme, fui corriendo hacia el baño para verme en el espejo, y ciertamente, una gran espina, me había salido del ojo izquierdo.
De repente, se me vino la imagen de mi rostro cubierto de esas extrañas espinas, como raíces, que siempre salían derechas, rectas, hacia adelante. Esa imagen me aterro y perturbó como nunca otra cosa lo había hecho anteriormente. Soy algo insensible.
De repente, no me pude sacar esa imagen, como un cuadro surrealista impregnado en mi retina. Y aunque recurrí a toda mi fuerza de voluntad, no podía eliminarla. Era un gusto morboso, que no me gustaba paradójicamente, pero que me tentaba igual.
El rostro comenzó a picarme, y aterrado, empecé a ver que la espina de mi ojo crecía hacia adelante, y de a poco en grosor. La rompí nuevamente, la rompí, pero sin que casi lo notara, otra me estaba saliendo del lado derecho de mi frente. Y empecé a desesperarme.
Sentía una incomodísima comezón en toda la cara. Ahora unas tres me salían de la nariz y cerca de la boca. Empecé a rascar y a romper enérgicamente, pero salían nuevas de todos lados. Al arrancarme una grande del medio de la nariz, repentinamente, se me salió todo el pedazo, la nariz, atravesada por la espina. Y dentro era horrendo, de la negrura se veían miles de puntas blancas que se acercaban.
Sentí una repugnancia y pánico supremo, y me descontrole, pero mientras más me arrancaba y rompía, con más fuerza salían las espinas.
Tirado en el suelo ya sin ojos, ahogado de espinas en mi boca, seguí rompiendo y arrancando, hasta que no pude más.
Con espinas en mi rostro.
Con espinas en mi rostro.
Con espinas en mi rostro.
Con espinas en mi rostro.
Con espinas en mi rostro.
Con espinas por rostro.
Escribo esto con este rostro y para siempre lo tendré, ya que si me lo arranco, solo quedara negrura.
-Si perdón... Estoy buscando cambio...
-Tiene algo en la frente
-si un grano ya se, ¿cuánto era?
- no es un grano, es algo blanco.
- . . .
Busque ese algo blanco en mi frente, pero mi mano toco algo antes de lo que esperaba, un centímetro quizás, antes de mi piel. Sentí una punta semirrígida, de superficie suave, en su totalidad algo más solida. La tome con tres dedos, y era realmente demasiado grande para ser un grano o cualquier otra cosa normal.
Hice fuerza hacia abajo, y la quebré. Esta cosa se veía como una raíz de ginseng, pero como hecha de merengue, solo que con menos imperfecciones que una raíz de ginseng; sin los bracitos, y más compacta y dura que un merengue, y de un blanco perla.
Ver eso en mi mano, me dio una curiosidad primeramente, que luego pasó a ser asco, ya que no me gusta ni el merengue ni el ginseng, naturalmente.
Lo deje caer al suelo, y sin prestarle más atención de la debida, le pregunte de nuevo a la chica que atendía la verdulería: - ¿Cuánto es?
Ella siguió viéndome la cara durante todo el proceso, pero cuando yo alce la vista para preguntarle, su rostro expreso asombro y repulsión al mismo tiempo. Lentamente me dijo: - $ 6.40
Le estaba pagando justo, con un billete de 5 pesos, una moneda de un peso, y cuatro monedas de 10 centavos. Pero ella no me alcanzaba la mano, y seguía con los ojos en mí, mirando a mi frente de forma esquiva, y yo impacientado por esto, le deje el dinero sobre el mostrador y me fui.
Al día siguiente creo, me levante, fui al baño, y al verme en el espejo, vi algo me que produjo una curiosa sensación, una mezcla de asombro, asco, extrañeza; algo muy particular, y ciertamente malo, negativo, aborrecible.
Tenía una de esas “espinas”, media gorda, que me había sacado en la verdulería el día anterior, pero ahora me había salido de un costado de la nariz. Y en donde antes estuviera la primera, en la frente, ahora tenía un hueco. Esto ya si me pareció raro, no por que tuviera un hueco, sino porque dentro de eso, estaba negro… totalmente negro. Ningún cerebro, ni hueso, ni nada dentro, solo una negrura.
Me arranque el trozo de la nariz, y de nuevo, negrura, y sin dolor ni nada, aunque si un poco de picazón.
Me fui a acostar de nuevo, y tuve un poco de miedo por la extrañeza de la situación, y eso que yo no soy para nada miedoso.
Pasaron los días, y la cara se me fue cubriendo de negrura muy de a poco. Yo no salía por supuesto, y una mañana, después de dormir más de lo necesario, me desperté, y abrí el ojo.
Intrigado ante este descubrimiento de que podía abrir un solo ojo, y sin animarme a tocarme, fui corriendo hacia el baño para verme en el espejo, y ciertamente, una gran espina, me había salido del ojo izquierdo.
De repente, se me vino la imagen de mi rostro cubierto de esas extrañas espinas, como raíces, que siempre salían derechas, rectas, hacia adelante. Esa imagen me aterro y perturbó como nunca otra cosa lo había hecho anteriormente. Soy algo insensible.
De repente, no me pude sacar esa imagen, como un cuadro surrealista impregnado en mi retina. Y aunque recurrí a toda mi fuerza de voluntad, no podía eliminarla. Era un gusto morboso, que no me gustaba paradójicamente, pero que me tentaba igual.
El rostro comenzó a picarme, y aterrado, empecé a ver que la espina de mi ojo crecía hacia adelante, y de a poco en grosor. La rompí nuevamente, la rompí, pero sin que casi lo notara, otra me estaba saliendo del lado derecho de mi frente. Y empecé a desesperarme.
Sentía una incomodísima comezón en toda la cara. Ahora unas tres me salían de la nariz y cerca de la boca. Empecé a rascar y a romper enérgicamente, pero salían nuevas de todos lados. Al arrancarme una grande del medio de la nariz, repentinamente, se me salió todo el pedazo, la nariz, atravesada por la espina. Y dentro era horrendo, de la negrura se veían miles de puntas blancas que se acercaban.
Sentí una repugnancia y pánico supremo, y me descontrole, pero mientras más me arrancaba y rompía, con más fuerza salían las espinas.
Tirado en el suelo ya sin ojos, ahogado de espinas en mi boca, seguí rompiendo y arrancando, hasta que no pude más.
Con espinas en mi rostro.
Con espinas en mi rostro.
Con espinas en mi rostro.
Con espinas en mi rostro.
Con espinas en mi rostro.
Con espinas por rostro.
Escribo esto con este rostro y para siempre lo tendré, ya que si me lo arranco, solo quedara negrura.

Improvisación sobre un escenario y un personaje
Recuerdo que una vez había un hombre en un bosque.
No estoy seguro de cómo era ese hombre, y tampoco se en que bosque estaba, solo sé que portaba un rifle y parecía nervioso. La cuestión es que estaba perdido, y en un momento dado, se cruzo con un feroz lobo. El gran animal, lo miro con ávidos y brillosos ojos en la oscuridad de la noche. El hombre reacciono tarde, y salió corriendo despavorido; tal vez por miedo o porque no tenía municiones, no uso el rifle. El lobo, siguió su camino, hacia otro lado, ya que estaba buscando a su manada, y aulló en la noche llamando a su familia. El hombre escucho el aullido, y en su ignorancia y terror, invento para sí mismo una deducción errónea, creyendo que el lobo llamaba a su manada para cazarlo a él y alimentarse. El hombre se desespero más aun, y mirando hacia atrás, tropezó con una piedra trabada en una raíz, y golpeo su cabeza con un árbol. Todavía no se si aquel hombre yace inconsciente o está muerto al lado del árbol, el asunto es que yo no supe nada más de él. Siguiendo ahora, diré que yo no soy el lobo, ni tampoco soy el hombre, pero tampoco estoy seguro de quien soy, yo.
El lobo aulló un par de veces, hasta que escucho otro aullido que no era el suyo, y que no era su eco (los aullidos de un lobo no producen eco por ser de una frecuencia especifica, de casi nula reverberación). Siguieron comunicándose y escuchándose cada vez más cerca, el lobo se encontró con su compañera, su hermano y su lobezno. Lentamente caminaban, y eso no le gusto al lobo. Caminaban lentamente ya que esperaban a la madre, que herida de un balazo en la espalda, caminaba con dificultad. El lobo se acerco temeroso a donde se encontraba su compañera. Ella levanto la vista sin verlo en realidad, y en su último momento, tocio sangre hacia el suelo, y desplomándose cansada; murió.
El lobo se fue solo en la oscuridad, abandonando para siempre la manada, tan triste como se lo permitía entender su mente. Deseando saber quien había matado a su compañera.
Recuerdos de la infancia
Esa noche me asustaba.
Una vez al año, esa noche llegaba, era diferente, y por eso me asustaba.
Mi mama antes me decía que saliera, que me divirtiera con otros niños, que no me iba a pasar nada. Pero cuando veía por la ventana. Cientos de monstruos rondaban. Y muchos golpeaban nuestra puerta queriendo entrar. Y yo les temía mucho.
Eran horrendos y de mil formas. Me daban miedo.
Una de esas noches horrendas, mi mama me dejo quedarme en mi pieza. Y ella salió a ver a la abuela. Que vive al frente.
Solo en mi pieza, escuchaba los sonidos que los monstruos hacían, que iban y venían por ahí.
Después de un tiempo solo en la pieza, se me pasaron un poco los nervios y el miedo. Pero cuando ya parecía que había terminado, sentí el sonido de la puesta principal de la casa abriéndose.
Tuve terror, y por un momento, me quede inmóvil. Esperando no escuchar otro sonido más.
Después de unos segundos, escuche unos pasos. Y me lamente, y siguió luego una enorme ansiedad. ¡Algo había entrado a la casa!
El sonido veía de lejos, pero definitivamente de dentro de la casa. Y mama no estaba. Nadie estaba.
Lo primero que hice fue echarme hacia atrás, acurrucarme en la esquina de la cama junto a la pared, pero los ruidos de esa cosa dando vueltas por mi casa eran más que insufribles. Unos interminables minutos estuve así; pegado al la pared, en la esquina de mi habitación, sin hacer ni un sonido, por lo que gracias a mi cautela, es monstruo no se percato de mi remota presencia.
Pero entonces, tome una decisión, y fui valiente, porque a pesar de mi miedo, logre moverme de donde estaba. Recordé entonces, que mi padre guardaba un rifle en uno de los espacios superiores del placar de su pieza.
Con un gran miedo y extrema cautela, me moví hasta la puerta de mi habitación, que separada por un pasillo, estaba enfrentada a la de mis padres. Junte coraje, y cruce rápidamente hacia la habitación de mis padres, para buscar el rifle, que encontré rápido. Estaba en donde esperaba, y cerca, halle las balas y el cargador. Baje del placar, y pise suavemente la cama. Entonces, por culpa del ruido de mi frenesí buscando el arma, la criatura pudo escucharme, y pude notar que se acercaba despacio. Descubrió donde estaba.
Me metí bajo la manta de la cama, y puse el cargador en el rifle. Transpirado, sentía los pasos cada vez más cerca. Más cerca. Saque entonces el rifle por debajo de la colcha, y entonces, asomándome yo también para apuntar. Lo vi.
Lentamente, muy lentamente, una horrorosa cabeza, monstruosa, abominable; se asomaba de acostado por la abertura. ¡Me había visto! Yo aterrado y aguantando la respiración… dispare.
Después de la interminable espera del miedo y la incertidumbre, me asome por debajo de la colcha de nuevo. Mojado yo; y la cama. Allí estaba el monstruo horrible. Muerto. Pero algo me sorprendió. El monstruo, la abominación, era mucho más pequeña de lo que había imaginado. Todavía con el rifle en mis manos, por temor, me levante de la cama y vi el charco de sangre que seguía creciendo desde su cabeza. Cuando vi más de cerca, note que su rostro estaba como salido. Y no parecía para nada real. Pero antes de poder ver que ocultaba, sentí la voz de mi madre, que me llamaba.
Cuando me vio al final del pasillo, con el rifle en mi mano, y el monstruo, el charco de sangre en el piso y manchando mis pies, una expresión de horror y trágica fatalidad pareció quemarle la cara. Dio un gemido rápidamente interrumpido por un grito desesperado. Entonces ella me grito desgarrada en llanto.
! Tu hermano ¡ ! Mataste a tu hermano ¡
Una vez al año, esa noche llegaba, era diferente, y por eso me asustaba.
Mi mama antes me decía que saliera, que me divirtiera con otros niños, que no me iba a pasar nada. Pero cuando veía por la ventana. Cientos de monstruos rondaban. Y muchos golpeaban nuestra puerta queriendo entrar. Y yo les temía mucho.
Eran horrendos y de mil formas. Me daban miedo.
Una de esas noches horrendas, mi mama me dejo quedarme en mi pieza. Y ella salió a ver a la abuela. Que vive al frente.
Solo en mi pieza, escuchaba los sonidos que los monstruos hacían, que iban y venían por ahí.
Después de un tiempo solo en la pieza, se me pasaron un poco los nervios y el miedo. Pero cuando ya parecía que había terminado, sentí el sonido de la puesta principal de la casa abriéndose.
Tuve terror, y por un momento, me quede inmóvil. Esperando no escuchar otro sonido más.
Después de unos segundos, escuche unos pasos. Y me lamente, y siguió luego una enorme ansiedad. ¡Algo había entrado a la casa!
El sonido veía de lejos, pero definitivamente de dentro de la casa. Y mama no estaba. Nadie estaba.
Lo primero que hice fue echarme hacia atrás, acurrucarme en la esquina de la cama junto a la pared, pero los ruidos de esa cosa dando vueltas por mi casa eran más que insufribles. Unos interminables minutos estuve así; pegado al la pared, en la esquina de mi habitación, sin hacer ni un sonido, por lo que gracias a mi cautela, es monstruo no se percato de mi remota presencia.
Pero entonces, tome una decisión, y fui valiente, porque a pesar de mi miedo, logre moverme de donde estaba. Recordé entonces, que mi padre guardaba un rifle en uno de los espacios superiores del placar de su pieza.
Con un gran miedo y extrema cautela, me moví hasta la puerta de mi habitación, que separada por un pasillo, estaba enfrentada a la de mis padres. Junte coraje, y cruce rápidamente hacia la habitación de mis padres, para buscar el rifle, que encontré rápido. Estaba en donde esperaba, y cerca, halle las balas y el cargador. Baje del placar, y pise suavemente la cama. Entonces, por culpa del ruido de mi frenesí buscando el arma, la criatura pudo escucharme, y pude notar que se acercaba despacio. Descubrió donde estaba.
Me metí bajo la manta de la cama, y puse el cargador en el rifle. Transpirado, sentía los pasos cada vez más cerca. Más cerca. Saque entonces el rifle por debajo de la colcha, y entonces, asomándome yo también para apuntar. Lo vi.
Lentamente, muy lentamente, una horrorosa cabeza, monstruosa, abominable; se asomaba de acostado por la abertura. ¡Me había visto! Yo aterrado y aguantando la respiración… dispare.
Después de la interminable espera del miedo y la incertidumbre, me asome por debajo de la colcha de nuevo. Mojado yo; y la cama. Allí estaba el monstruo horrible. Muerto. Pero algo me sorprendió. El monstruo, la abominación, era mucho más pequeña de lo que había imaginado. Todavía con el rifle en mis manos, por temor, me levante de la cama y vi el charco de sangre que seguía creciendo desde su cabeza. Cuando vi más de cerca, note que su rostro estaba como salido. Y no parecía para nada real. Pero antes de poder ver que ocultaba, sentí la voz de mi madre, que me llamaba.
Cuando me vio al final del pasillo, con el rifle en mi mano, y el monstruo, el charco de sangre en el piso y manchando mis pies, una expresión de horror y trágica fatalidad pareció quemarle la cara. Dio un gemido rápidamente interrumpido por un grito desesperado. Entonces ella me grito desgarrada en llanto.
! Tu hermano ¡ ! Mataste a tu hermano ¡

Espero que alguno les haya gustado. Y tambien espero críticas y comentarios... Que siempre ayudan!! Gracias por leer



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