Esperanza bajo tierra
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Escribir cura.
Todo aquel que tenga costumbre de escribir lo sabe bien.
Escribiendo sacamos de nosotros todo aquello que pueda
hacernos daño, y lo convertimos en algo bello, o algo duro,
pero en algo que ya no nos puede afectar.

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Golpearon la puerta de mi habitáculo y miré el reloj. «¿Quién me importuna a tan temprana hora?», me pregunté. Entonces reconocí inmediatamente la voz del impetuoso Allan llamándome: «¡Señor Nyström! ¡Despierte!» Hundí la cabeza bajo la almohada, con la esperanza de que se fuera, pero insistió hasta que no pude más. «¡Entra y deja de gritar como un loco!», respondí malhumorado en tanto lanzaba la almohada al suelo.
El rostro de Allan tenía una expresión casi estúpida en la penumbra del habitáculo; respiraba de forma agitada y sus ojos, abiertos como platos, me observaban como si yo fuera un bicho raro al que nunca hubiera visto antes.
-¿Qué te pasa Allan? ¿Qué sucede que vienes como un loco a interrumpir mi sueño? ¿Es que acaso te ocurre algo grave?
El joven negó con la cabeza y tras tomar aire, respondió: «No Señor Nyström, he venido tan rápido como he podido porque la asamblea reclama su presencia. ¡Hoy es el día en que se decide si se envía al exterior al UE-1!»
-¡Maldita sea! ¡Absurda costumbre de tomar decisiones trascendentales a tempranas horas! ¡El hombre necesita tiempo para aposentar sus ideas una vez ha despertado! ¡Allan, no te quedes ahí parado mirándome como un monigote y prepara una infusión, ipso facto!
El agua templada de la ducha me aligeró el ánimo y la infusión me reconfortó. Salimos de mi habitáculo, dejamos atrás la zona de descanso de la colonia y, una vez alcanzada la plaza central, cuyo techo incandescente emitía una tenue luz correspondiente a la temprana hora que era, tomamos el túnel tn-04 en dirección a la sede de la asamblea.
-¿Tú qué opinas? ¿Deberíamos enviarlo al exterior? -inquirí al joven y atolondrado Allan.
-Creo que sí -respondió lacónicamente.
-¿Y me vas a decir por qué crees que sí? ¿O piensas que yo puedo leer tu mente, joven Allan?
El muchacho se sonrojó y, cuando estábamos a punto de entrar en la sede de la asamblea, respondió:
-Creo que deberíamos lanzar el UE-1 al exterior porque la vida aquí es siempre la misma.
¡Jóvenes!, exclamé alzando los brazos, ¡Siempre quieren cambios y aventuras! ¿Y los riesgos? ¡Cómo si no existieran! ¿Y dices que la vida aquí siempre es la misma? Allan, cuando alcances la edad en que la barba cubra tu mentón y hayas finalizado tu preparación, estoy seguro que verás las cosas de forma muy diferente.
Dejé a Allan en la sala de espera y me dirigí hacía la estancia en la que nos reuníamos los asambleístas. Yo era uno de los cinco que determinábamos, con nuestras decisiones, el destino de la colonia. Al entrar en la estancia, los otros cuatro silenciaron sus voces súbitamente y clavaron sus miradas inquisitivas sobre mí. Héctor, el más viejo, y porque no decirlo, el más feo -él mismo siempre nos recordaba que era el menos agraciado físicamente- se acercó a mi persona, golpeó mi espalda amistosamente y dijo:
-Estimado amigo Nyström, aquí nos tienes a todos reunidos discutiendo sobre qué hacer con el UE-1. Esperábamos tu llegada para escuchar tú opinión y, por fin, tomar una decisión. Hoy es el día en que vamos a determinar si el UE-1 será lanzado al exterior o no. Así que cuéntanos lo que piensas sobre este asunto.
Moví la cabeza, y dije:
-Primero os tengo que pedir perdón por mi tardanza; pero quisiera que, en un futuro no muy lejano, discutiéramos sobre a qué horas debemos reunirnos para determinar cuestiones de tal envergadura como la presente, ya que, el proverbio de nuestros antiguos “A quien madruga, Dios le ayuda”, es tan absurdo como caduco. Pero no quiero entrar ahora en una banal disertación filosófica que sólo sería como un zumbido de moscas para vuestros oídos. Vayamos a la cuestión que nos ocupa sin más vacilación y escuchad, si así queréis, mi opinión al respecto de lanzar el UE-1 al exterior.
»Yo me opongo a que el UE-1 sea enviado al exterior y os explicaré porqué. Nuestra colonia subsiste gracias a un frágil equilibrio, como bien sabéis, y nuestros esfuerzos tienen que centrarse, sin distracciones, en fortalecerlo en la mayor medida posible. Y, para lograr este fortalecimiento, ¿en qué asuntos tenemos que trabajar con mayor ahínco ? Os voy a citar dos de los más importantes: primero, mejorar el sistema de captación de energía proveniente del manto terrestre; los últimos fallos de suministro energético nos han evidenciado la necesidad de invertir nuestros recursos en esta compleja empresa; ¡sin energía, nuestros días están contados! Lo segundo es una cuestión puramente social; hay un descontento generalizado respecto a la política de control de la población, por lo que tenemos que analizar y tratar este asunto en profundidad: la imposición de la cesación a los sesenta años y permitir un único nacimiento por cada individuo que alcanza los cincuenta años está removiendo las conciencias de los colonos. No soy profeta, pero si no reaccionamos pronto ante este problema, os vaticino que en en breve nos enfrentaremos a una revuelta nunca vista en la colonia.
»Os aseguro que el lanzamiento del UE-1 no debería producirse, pues tenemos asuntos mucho más importantes y urgentes que resolver. Por añadidura, el envío de la unidad de exploración número uno al exterior, a parte de requerir enormes recursos, podría acarrearnos peligros innecesarios para nuestra comunidad. ¡No es el momento estimados amigos de realizar el lanzamiento! ¡Ahora no!
Entonces Kira, la única mujer de los cinco allí reunidos, de rostro lívido y mirada perspicaz, se levantó y tomó la palabra:
-Te conocemos bien estimado Nyström. No es necesario que te excuses y propongo a todos que la próxima asamblea se realice a horas más tardías. Una vez dicho esto, quiero aclarar que no pongo en duda la importancia de los asuntos mencionados anteriormente por Nyström, pero discrepo totalmente con él cuando resta importancia al lanzamiento del UE-1. El envío de la unidad exploradora al exterior supone algo maravilloso y muy falto en nuestra colonia: esperanza. Sí, no te rías Nyström, es así. ¿Cuántos siglos llevamos bajo tierra? ¡diez siglos! Y seguimos sin saber si nuestro planeta, cubierto por metros de hielo y sumergido en la noche perpetua, alberga más vida humana que la nuestra. Pero no es sólo eso; no tenemos la certeza de si en esta noche perpetua existe una luz, una claridad, en alguna parte de la superficie. Necesitamos esperanza, mis queridos amigos; estamos ávidos de ella, y el UE-1 nos la puede dar.
Para mi pesar, todos parecían estar de acuerdo con la opinión de Kira. En ese momento, Pavan, el más joven de los asambleístas, de pelo ralo, ojos hundidos y barbilla afilada, inquirió:
-¿Por qué podría acarrearnos peligros innecesarios el lanzamiento del UE-1 al exterior, amigo Nyström? ¿En qué te basas para afirmar tal advertencia?
Intenté ordenar mis ideas y respondí:
-Temo que exista ahí fuera vida humana.
Todos murmuraron y Pavan preguntó:
-¿Temes? ¿Por qué?
-Mis buenos amigos -empecé-, me cuesta creer que estemos solos en este planeta. Mil años atrás, antes de que la noche perpetua se cerniera sobre la tierra, la población mundial se movía entorno a los veinte mil millones de habitantes. En aquellos tiempos existían numerosos países, incluido el nuestro, parejos en conocimiento y tecnología, por lo que me parece verosímil la posibilidad de que haya en otras partes de globo asentamientos humanos. Mas no temo tanto que existan otros asentamientos humanos en el planeta como que estos se hayan desarrollado mucho más que nosotros.
-¿Qué problema tiene que hayan avanzado más que nosotros en conocimiento? -preguntó Roman, según mi opinión, el más ingenuo de los cinco componentes de la asamblea, pese a que su pelo empezara a blanquear.
-Un problema mayúsculo, estimado Roman. Cuando dos civilizaciones se encuentran y la diferencia de conocimiento entre ambas es grande, la más avanzada tiende a someter a la otra, pudiendo llegar al extremo de esclavizarla o exterminarla.
-¡Eso es absurdo Nyström!, -exclamó el joven Pava-. Te basas en pretéritos choques de antiguas civilizaciones que, en modo alguno, son aplicables a un hipotético encuentro de nuestra colonia con otro asentamiento humano.
-Dice bien nuestro amigo Pava -agregó el viejo Héctor-. Imaginemos que encontráramos un asentamiento humano cuyo conocimiento estuviera muy por detrás del nuestro: ¡nosotros no los someteríamos ni los exterminaríamos! ¡Todo lo contrario, lo ayudaríamos en todo lo que fuera posible!
Al escuchar las palabras del viejo Héctor, el desánimo me invadió, pues éste era el asambleísta más antiguo, y por lo tanto, sin duda, su opinión decantaría definitivamente el voto de los demás componentes de la asamblea.
Con aire de derrota, me senté y dije:
-Con vuestras palabras me doy cuenta que Kira tiene casi toda la razón cuando dice que “estamos ávidos” de esperanza, y digo “casi” porque yo no me incluyo. Parece que necesitéis confirmar, a toda costa, que no estamos solos en la tierra, y este ansia os está cegando.
-Eres demasiado pesimista, mi buen amigo Nyström -empezó Kira-. Tu discurso resulta excesivamente catastrofista, sin caer en la cuenta de que se puede abrir ante nosotros, gracias al lanzamiento del UE-1, un futuro luminoso para nuestra colonia. No negaré que existen ciertos peligros si llevamos a cabo esta empresa, pero ¡debemos arriesgarnos o perecer sepultados bajo estas tierras por culpa de nuestra pasividad!
La última sentencia de Kira fue aplaudida por mis amigos asambleístas y yo, sin poder hacer otra cosa, acepté mi derrota antes de que la votación se llevara a cabo.
Salí de la sala con gesto meditabundo y Allan, que me había estado esperando pacientemente, se puso a andar junto a mí y me preguntó:
-¿Cuál ha sido el resultado?
Sin detener mi andar, observé la indicación rotulada del túnel tn-4 que pendía sobre nuestras cabezas y respondí:
-El esperado, pero no el adecuado; el UE-1 será lanzado al exterior.
El muchacho no mostró ante mí el entusiasmo que le recorría por dentro ya que, aun dada su juventud, sabía respetar a los que opinaban de forma diferente a la suya. Por lo contrario, contemplando mi aire reflexivo, quiso indagar en mis pensamientos e inquirió vacilante:
-¿Y qué piensa, señor Nyström?
Mostré una sonrisa torcida y respondí:
-Ahora estaba pensando en que la historia de la humanidad es sumamente cambiante e impredecible. Hace mil años los hombres querían explorar el universo y empezaban a navegar a través del sistema solar, planteándose cuestiones existenciales tales como si habría otras formas de vida más inteligentes a la humana y los posibles riesgos que podrían surgir si se contactara con una de ellas. ¿Te das cuenta, jóven Allan? Y nosotros, mil años después, soñamos algo muchísimo más básico y próximo; anhelamos explorar nuestro propio planeta y encontrar otros asentamientos humanos. Pero lo más triste del asunto es que todavía no estamos preparados para convertir en realidad este anhelo, y pese a ello, lo vamos a intentar, con el gran peligro que conlleva para nuestra colonia.
Allan me lanzó una mirada cargada de interrogantes y entonces intuí que un torrente de preguntas brotarían de su boca. Sonreí y pensé: «mi esperanza está depositada en los jóvenes».


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