De escándalos y arte.

En su día fueron las obras más polémicas y escandalosas, aunque se han quedado ya desactivadas, pues si tomáramos el siglo XXI como punto de partida habría que incluir muchísimas más.

La vierge corrigeant l'enfant Jesus, Max Ernst.1926.

esculturas
La virgen maría castigando al niño Jesús delante de tres testigos: el propio autor, MAX ERNST, André Breton y Paul Éluard.

En la imagen vemos cinco personajes junto con una escena principal. Como nos indica el título, en ella se encuentra la virgen María castigando al niño Jesús. Detrás a la izquierda se encuentran tres testigos de la escena: el líder del surrealismo, André Breton, junto con Paul Eluard, otro gran poeta y de gran rango en dicho movimiento, y finalmente al Max Ernst mirando a través de la ventana la escena descrita anteriormente.

Lo más chocante en primera instancia es la lectura del título, junto con la temática que abarca. Es muy probable que de entrada no vemos a la virgen María representada en esa mujer si no hemos leído el título antes, ya que es una manera muy peculiar de retratarla. Vestida en rojo, con un pecho voluminoso, a la luz del Sol, agresiva, potente y dura. Viva y apasionada. Frente a la típica imagen de azul, dulce, suave, inocente, tímida, clásica. De la misma forma que ver al niño Jesús en tales condiciones, desnudo sobre sus rodillas, siendo azotado por ella, siendo castigado, des espaldas, desgraciado y con la aureola en el suelo, perdiendo en aquel momento su imagen más sagrada, no es usual. Y es que Ernst nos pone en una situación humana y real, en un mundo vivo, sin respetar la representación clásica, a dos personajes históricamente relacionados con lo divino, lo sagrado.

La relación de poder cambia. Tal y como destaca Foucault en sus obras, el poder no lo cede un individuo al soberano, no se le cede al divino por la humanidad, sino que es una relación de fuerzas, en las que el poder recae sobre todos y cada uno de los seres, nos reprime y a la vez nos potencia. Nos recuerda que a fin de cuentas se trata de un niño, que como puede serlo cualquiera, es castigado, desgraciado, desafortunado. Y no por ello él como ser también deja de tener la parte de poder que le pertoca. Cada uno tiene un poder sobre si mismo y luego, sobre los demás.

Aquí la lectura de Kant nos ilustra la importancia del individuo como humano, de la vulnerabilidad. El niño desnudo e indefenso frente a una madre, su superior, que le dicta y le ordena, y probablemente en consecuencia de no cumplir su cometido le castiga. El límite del individuo frente a su propia divinidad. Y ese límite lo convierte en humano. El ser humano como algo particular. La idea de lo débil y real de la vida de los seres destaca en la obra del filósofo, y la obra de Ernst nos devuelve esa idea de sujeto vulnerable que Kant repetía y repetía en sus escritos y en su pensamiento, así como la idea de que todos partimos de una misma base, y que nuestras inclinaciones y decisiones a lo largo de la vida vienen en función de nuestro entorno y sobretodo, de cuánto pongamos en práctica nuestra mente. Max Ernst critica como criticaba Kant, refiriéndome al acto de criticar en si.

Como defendía el mismo movimiento surrealista, llega un momento en que desaparece la sensación de las contradicciones posibles, en donde todo se confunde. Un momento en el que probablemente todo tenga un fondo, y seguramente muchos de esos fondos no seamos capaces de verlos jamás. No todo tiene su razonamiento lógico, no como mínimo teniendo presente la lógica humana que todos tenemos y conocemos (como destaca Kant, la lógica, razón humana, es limitada por el mero hecho de ser humanos). Un ser divino, sagrado, puede ser castigado, entonces. La virgen María puede ser corpulenta, puede ser dura, agresiva, excitante e incluso provocadora. Al hijo de Dios se le puede caer la aureola en sus momentos más débiles. Todo se confunde: los tres hombres tras la ventana que miran, pero no acaban de mirar, la mujer fuerte la representación de la cual siempre es más bien débil, el niño con aureola pero sin ella, espacios abiertos pero cerrados, un lugar alegremente iluminado en una escena cruel…

Provocador en la forma pero en el fondo respetando los dogmas cristianos, o a lo mejor no. No sabemos hasta qué punto Ernst quiere hacer una crítica de la imagen clásica que tenemos en la representación de la virgen María y el niño Jesús, o simplemente potencia los mismos escritos, donde siempre se ha reconocido la parte humana tanto de Jesús como de la virgen, y él nos representa esa parte de ellos. ¿Hasta qué punto pretende algo así? Puede llegarse a interpretar como una escena de alto contenido sexual, fetichista, donde un mirón observa al niño desnudo siendo azotado por una gran mujer. Como también es probable que se trate de un sueño que él tuviera una vez. Como también lo es que no sea ninguna de estas cosas.

Es aquí donde, remontándonos al origen del surrealismo e incluso del dadaísmo, llegamos a Freud, con la diferencia que él nos ofrece entre sentido manifiesto y sentido latente, la cual toma gran importancia en la interpretación de la obra de Ernst, como en muchas otras dentro del mismo movimiento surrealista y fuera de él. El sentido manifiesto, aparentemente incoherente presentando una historia narrativa, en este caso, lo que vemos: una mujer, con una aureola sobre la cabeza, con un niño sobre sus rodillas, un cielo azul, una ventana con tres hombres tras ella, un lugar con paredes sin techo, etcétera. El sentido latente hace referencia a lo que va más allá en la obra, lo que representa, lo que se puede interpretar, la huella que nos deja; en este caso, potencia la humanidad representada en lo relacionado con lo divino, la humildad, el intercambio de poderes entre los figurantes del cuadro… Un conjunto de contradicciones que se esfuman para finalmente dejarnos con una idea, un sentido, una huella en nuestra mente y en nuestro cuerpo tras haber visto la obra.

'Desayuno sobre la hierba. Edouard Manet. 1863'

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Detalles de la imagen 'Desayuno sobre la hierba. Edouard Manet. 1863'

Desayuno:
Este óleo representa el desayuno en un bosque, cerca de Argenteuil, con el Sena de fondo. El hecho de que una mujer estuviera desnuda mientras dos hombres estaban vestidos sin preocuparte, suscitó gran recelo incluso en el Salón de los Rechazados. Se veía como un ataque a la moral, mientras que para Manet es una liberalización del artista como individuo.
Ella:
Es la modelo favorita del artista, Victorine Meurend, para la cara, mientras que para el cuerpo utilizó como modelo a su esposa, Suzanne Lenehoff.
Técnica: Manet en este cuadro se olvida de convencionalismos para atacar el paisaje como manchas, sin profundidad ni perspectiva. Como si las imágenes estuvieran pegadas al fondo. No es por falta de técnica, sino por todo lo contrario, una reivindicación de la libertad de cada artista.
Mujer:
Una mujer está en el Sena. Curiosamente es igual de grande que las demás figuras, lo que hace una composición desproporcionada. Lo mismo que el paisaje a manchas, Manet hace esto para resaltar su individualidad artísticia, sin usar entonces la perspectiva.
Hombre:
Probablemente sea su cuñado, hermano de Suzanne. Está vestido de dandy, por lo que impacta más al lado de la mujer desnuda.
Hombre:
Es el hermano del artista. Al igual que el otro hombre, también se viste de dandi, y habla animadamente con el cuñado ignorando a la mujer desnuda. Lleva un gorro con borla en la cabeza, que curiosamente nunca se utilizan en exteriores.
Inacabado:
Contrastan zonas de manchas, con pincelada marcada, a otras donde parece que el cuadro no está acabado, como dándole atmósfera al igual que hacía Velázquez.
Influencias:
Para este cuadro, Manet se sedujo por El concierto campestre de Tiziano y El juicio de Paris, grabado de Raimondi.
Negro:
El uso del negro puro no era muy habitual por los artistas, siendo Manet muy criticado por ello.
Luz:
La luz está caprichosamente enfocada al grupo sin crear sombras. Esto es influencia de la estampa japonesa.



arte
Cristo crucificado de GEORGE GROSZ.

"Nadie como Grosz para representar la agitación y el combate, desde el arte, del capitalismo y el militarismo. Sus dibujos plasman unos sentimientos que nos sacuden a muchos en la sociedad actual."

‘El Libro de la Marquesa’ (Le Livre de la Marquise)
escandalos

La vida de la corte del siglo XVIII fue reconstruida por el pintor ruso Konstantín Sómov en 31 dibujos, pero en 1908 fueron publicados en Berlín solo en parte, porque la censura los consideró obscenos. Frivolidad, delicadeza, elegancia, erotismo y al mismo tiempo falsedad y, según el filósofo de la Ilustración Denis Diderot, la falta del gusto caracterizaban no solo el arte de la época de Luis XV de Francia, sino también a toda la sensación del mundo de 'la época galante'.
Comparar el culto ilimitado y refinado de la sensualidad de aquel tiempo con la actitud moderna al respecto, puede ser observada en nuestra galería.

rubens

‘El Libro de la Marquesa’ con todas ilustraciones de 1918 ha alcanzado gran interés entre la sociedad así, en las subastas de Internet hay algunos compradores que llegan a ofrecer alrededor de 5.000 dólares. Es una cierta crestomatía de la literatura erótica compuesta por Franz Blei, amigo y editor de Franz Kafka y de revistas pornográficas en el inicio del siglo XX. La antología de la prosa y poesía del siglo XVIII contiene entre otros las obras de Voltaire, fragmentos de 'Las amistades peligrosas' de Choderlos de Laclos y fragmentos de 'Las memorias de Casanova' de Giacomo Casanova.
Blei invitó al pintor ruso conocido por sus brillantes esbozos de bailes y mascaradas para colaborar en su proyecto. Ahora las pinturas de Sómov se consideran una de las obras maestras de la gráfica en libros. Con su mirada desde el inicio del siglo XX hacia una época pasada pero atractiva, mostró todo su encanto e ironía a la vez hacia el espíritu sibarita en el disfrute amoroso que reinaba en el siglo XVIII en Francia.

Max Ernst

Edouard Manet

El famoso bibliófilo Erich Gollerbach escribió: “En este libro se reflejó el culto de sueño del siglo XVIII con su desvergüenza encantadora, frivolidad y sensualidad tensa. Toda llena del espíritu de los detalles preciosos y ligeros, el amor de las noches que a veces encantadores, a veces sofocantes. De estilo estrictamente gráfico posee una armonía pintoresca única. Es su logro más alto y puede ocupar uno de los primeros puestos en la historia de los libros editados rusos”.
El ejemplar no dejó su actualidad. No solo por adelantar y pasar ciertos límites posibles del arte de aquella época (Sómov fue el primero que integró el tema erótico al arte ruso). “Parece que Sómov se permitió a sí mismo todo de lo que se abstenía el arte ruso”, destacaba el historiador de gráfica rusa Aleksei Sídorov. Los historiadores destacan que el autor poseía tanto el gusto gracioso y claro hacia la decoración de una pose, lo que es el signo del siglo XVIII, pero también “la melancolía de desconfianza hacia el progreso que caracteriza el siglo XX”.
Cabe mencionar también, que a pesar de la primera edición no completa de 1908 y la edición completa de 1918 se guardaron también los esbozos preparativos de Sómov. Esta rara colección fue vendida en 1998 a golpe de martillo en la casa de subastas MacDougall´s por 1,8 millones de dólares. Un lote de 122 obras que el mismo Sómov valoraba mucho aunque tenía la creencia de no ser convenientes para ser mostradas a las damas.

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«La matanza de los inocentes». Rubens.1610.

le livre de la marquise

Los archiduques, Alberto e Isabel Clara Eugenia, recibieron un año antes del regreso a Amberes de Rubens, a fines de 1608, una carta donde el joven pintor suplica a los príncipes españoles regresar a su patria dejando la fastuosa Corte de Mantua, donde trabaja para el duque, Vicente Gonzaga. Rubens había vivido desde 1600 en Italia aprendiendo con voracidad la inmensa riqueza de formas y colores que ofrecen los maestros antiguos y modernos en la cuna del Renacimiento, sin olvidar la arquitectura y la cultura, los titanes en movimiento de Miguel Ángel y los vibrantes colores de Tiziano. Unimos a esto el tenebrismo de Caravaggio y la luz interior de las preparaciones blancas de tradición nórdica.

Jamás se ha logrado una síntesis de valores para glorificar los ideales de la España del Siglo de Oro en cuyo dominio no se ponía el sol, según dicho habitual. En los años en que se pinta el lienzo de La matanza de los inocentes, Rubens está acogido en la Corte española de los Países Bajos con reconocimiento difícilmente igualado por mecenas alguno.

Rubens va a ser desde entonces el transmisor más fiel a los ideales devotos y políticos de la contrarreforma y del imperio con sus pinceles. El ímpetu de la composición en la tabla que tratamos, pintura de su primera época en Amberes, es suficiente para reconocer el reclamo convincente de las imágenes con la fuerza demoledora de un sermón de San Ignacio.

Rubens regresó a los Países Bajos por motivos que están bien sugeridos en sus cartas. Con la delicadeza propia de su exquisita educación, el pintor confiesa su incomodidad por los encargos de desnudos de amantes del duque que éste le propone. Rubens tiene un alto sentido de su arte.

Otro motivo de su marcha fue la enfermedad de su madre, que muere pocos días antes de llegar él. María Pypelmcle no era una mujer corriente. La ayuda desmedida para salvar de la muerte a su marido adúltero, reprimiendo su orgullo, y la entrega a la formación académica y humana de sus hijos fue admirable. Sus cartas son flores literarias, que los límites de este artículo nos obliga a renunciar a registrar.

Éstas son las razones de su vuelta. Dejó la divina Italia para asentar sus lares en el norte, una tierra en guerra continua con toda Europa. De hecho, era el campo de batalla donde se dirimían las ambiciones de España en lucha por el dominio universal. El fragor de las batallas, la miseria y la ruina que dejó tras sí el Duque de Alba estaban aún reprimidas en el alma de los flamencos, pero aquel año de 1609, las tornas cambiaron. Los archiduques españoles dieron un vuelco a la política de conquista en un admirable juego de reconciliación con el pueblo que el destino puso en sus manos.

Isabel Clara Eugenia dio libertades que su padre, Felipe II, difícilmente aceptaría; dejó al pueblo retornar a sus fiestas nacionales y reconstruyó con febril pasión las iglesias, conventos y mansiones públicas. Rubens fue nombrado de inmediato pintor de cámara de sus Altezas Serenísimas y con libertad de trabajar en todo sitio de Europa donde quisiese.

Fue una admirable decisión que hizo de este pintor un genio activo cuya influencia pasó con sus grabados más allá de los Alpes, pero fundamentalmente domina el poderoso triángulo de los Habsburgo en Europa.

Desde sus primeras obras fue el color el medio de expresión más eficaz como rapsodia del drama divino y humano, pero Rubens no fue un niño prodigio, no llegó de inmediato a fundir la visión de las cosas en la luz y la atmósfera, ni los cuerpos nacarados de sus ninfas en carne traslúcida en comunión con la naturaleza.

En la tabla de La matanza de los inocentes está en marcha hacia un camino de superación. Sin embargo nada puede comparársele en su patria. En esta pintura está probado su conocimiento de la arquitectura clásica, dominada la anatomía de los cuerpos por estudio directo de la escultura y los más osados escorzos que provocan inquietante terror nunca visto en los espectadores de aquel tiempo. Incluso del nuestro.

Aunque toma los modelos del mármol y la piedra, no cayó en reproducir esculturas coloreadas como hizo Miguel Ángel; Rubens las utiliza en los juegos compositivos, pero luego toma modelos reales que hacen palpitar bajo la epidermis vibraciones del alma.

El cotejo con los pintores romanistas de su tiempo -fríos y eclécticos- y los italianos fieles a la belleza ideal, marca un abismo difícil de salvar. Esto ha sido comprendido en esta pintura recientemente localizada, después de siglos donde se ha vendido a Rubens como un pintor superficial y comprometido con las modas y goloso vividor de universos ficticios.



El Juicio Final
De escándalos y arte.



El Juicio Final, es tal vez una de las obras más perfectas de la larga y activa carrera de Miguel Ángel. Llena del espíritu de Dios que crea y destruye, una obra única que domina con la espléndida audacia de su creador. Arriba, a la izquierda está Cristo, juez implacable, con la mano derecha alzada, en actitud de condenar. La Virgen, que está a su lado, aparece resignada a la hora de la justicia. Los demás personajes de la corte son los profetas, los apóstoles, los mártires. A la derecha del Mesías están los elegidos, a la izquierda los réprobos. En el cielo, entre los lunetos, están alineados los ángeles con los instrumentos de la Pasión.la izquierda, en la parte inferior de la escena de la resurrección de los muertos: un grupo de Ángeles, en el centro, que llevan el libro del juicio, tocan las trompetas, mientras de los sepulcros destapados salen los muertos para volver a encontrarse en el valle de Josafat. Mientras los buenos suben al cielo en medio de la rabia de los demonios, los malos son arrojados a los abismos, donde los esperan Caronte con la barca y Minos, el juez infernal. El hecho de que las figuras apareciesen desnudas según el gusto del Miguel Angel escandalizó a la iglesia que mandó una década después a un pintor conocido popularmente como ‘Il Braghettone (Daniele da Volterra) que añadiese unos taparrabos a todos los participantes.

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