SAM



Solo les diré mi nombre porque es lo único que sé. Me llamo Samantha, pero los que viven conmigo me dicen Sam. No recuerdo cómo llegué a este plácido y a la vez extraño lugar.
Llevo una vida casi normal diría, como cualquier niña de 12 años que ve su vida atada a unas obligaciones no tan alegres. Cumplir con tareas escolares, hacerle caso a los padres y tener una conducta óptima según su visión, eran el significado de mi existencia.

Los atardeceres eran mis lugares de escape a todo trajín molesto. Sobre el árbol frondoso al costado de mi casa, colgaba una pequeña hamaca. Ese era mi sitio de descanso y cada vez que me sentía sola corría hasta allí, porque sabía que unos impulsos en ella me hacían sentir fuera de este extraño lugar. Era como volar sin alas, desvanecerse en el aire sin tener los pies aferrados a la tierra. No existía nada que me atrapara en esta existencia. Podía quedarme a vivir en ese estado que lamento no poder expresar con palabras más adultas ya que mi edad me lo impide.

Con el correr de los días supe que lo que sentía era normal, ya que no pertenecía aquí. Pero, cómo decirle a tus padres que no lo son y que soy solamente un pensamiento o una idea que se le cruzó a alguien por motivo de aburrición. Enterarte que no eres más que un sinfín de reacciones químicas combinadas con electricidad no es muy agradable que digamos, y más cuando no sabes cómo darles a entender a tus supuestos progenitores que no existes y que con un soplo fuerte del viento podrías desaparecer.

Todavía no logro responder a las incógnitas que llevo sobre mis espaldas, tampoco sé cómo me di cuenta de algo que tendría que estar fuera de mi frecuencia mental. Si es cierto lo que percibo, entonces quiere decir que estas palabras no son de mi propiedad, sino de alguien o algo más, que necesitó a través de mí comprender cómo era, y de qué trataba la vida de una niña común y corriente de 12 años.

Cómo llegué a esta casa, con estas personas, y por qué desaparecí mientras me hamacaba, no lo sé. Dudo de mis años conviviendo con estos seres que nunca conocí, muchos años para mí, apenas unos segundos para "Eso".

Solo sé que me llaman Sam, el resto se encuentra en blanco, como el color del paisaje en donde habité como un posible pensamiento. La hamaca no se volvió a impulsar, quedó destruida por el olvido y como yo, ya no existe más.




FIN