Se oyen estoicos los sonidos
De las tapias cruentas
De recuerdos yertos desvelados,
Sin sueño.
Y mi cráneo de orquesta
Púdica y plétora
Contempla la dicotomía
Y las sinestesias figuras
Del que está sentado sobre su sillón de cuero.

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Tú corona se quema entre mis ojos,
Reina del Sol, dama del día.
Tú voz se pierde en el abismo
De los cuerpos mortales,
La calle ya no grita,
La luna inquieta nos permite volar
En un cielo impregnado de estrellas
Sumisas al vendaval.
El collar de espinas aprieta,
Mi ladrido embiste a la utopía
Que no duerme abrigada
De los vientos escandalosos
Que solo las etéreas trompetas del mar
Saben engendrar..
Sí supieras que te llevo en mi piel,
Sangrarías como este atardecer,
Acuchillado por la libertad de mi papel,
Solo nosotros pudriremos los abismos
Esculpiendo la comisura de nuestros raídos cuerpos
En un eterno quejido hedonista.
Mi soberbia libertad...

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Apréndase que la luz no es de nadie,
Y que no apaga cuando marchita
La tarde cae.
Apréndase que la radícula insostenible
Si se planta bien no se ha de torcer.
Apréndase que la flor muere
En las más suaves manos que nunca han de roer.
Apréndase que la sed no sabe beber.
Apréndase que los relojes no saben perder.
Y apréndase lo que no hay que aprender.

Imprégnese de vida perdida
De vida no vivida, imprégnese.


López Deiub, Franco Federico